Capítulo uno: Colisión

Nunca se dijo que Bart Simpson era un gran planificador. ¡La vida se encontraba en el momento y al diablo con las consecuencias! Con dieciséis años de edad, Bart odiaba admitir que ya podía ver las influencias de su padre en su personalidad. Cada vez que el pensamiento cruzó su mente, un estremecimiento involuntario recorrió su espina dorsal. Él no sería nada parecido a su padre, no si él tenía algo que decir al respecto. No era más que ... Bart. El mundo tenia que lidiar con él.

Para ser justos, no era avaricia o maldad lo que llenaba su corazón mientras miraba fijamente la televisión sentado al lado de su padre, Homero. Se trataba de simples celos. Ese mismo día su hermana, Lisa, había recibido una carta de su escuela. - ¡¿Durante las vacaciones de verano, incluso?- renegaba él en privado. La carta informaba de que debido a su "impresionante rendimiento académico" y "ejemplar ensayo", ella sería elegible para lo que llamaron ALP o Programa de Aprendizaje Acelerado.

"¡Pero ella ya es lo suficientemente inteligente!", quería Bart gritar a toda la familia, mientras ella se jactaba en la cena anterior. Ella pasaba todo su tiempo libre en la biblioteca o resolviendo complicadas ecuaciones matemáticas que hacían la cabeza de Bart dar vueltas de sólo mirarlas.

"¿Qué clase de persona hace eso?", pensaba el muchacho. "¡Demonios, incluso Einstein apestaba en matemáticas cuando él estaba en la escuela! ¿Cómo perderse de toda la diversión cuando ella podría estar fuera viviendo el mejor momento de su vida en las fiestas a las que nunca trato de ser invitada?", Bart renegaba en su mente. El joven suspiró y dio una mirada a su padre, Homero bostezó y agarró el control remoto para cambiar el canal cuando otro comercial interrumpió "Survivor".

-¿Para qué sigues viendo eso? -dijo Homero. Antes de cambiar el canal, Homero observa un comercial de la cerveza Duff. "¡Compre Duff!", indica la voz del comercial.

-Tráeme otra Duff, muchacho -indicó Homero, Bart se levantó y respondió:

-Ve tú mismo, Homero. Sabes regla de la mamá: "Si quieres algo lo suficientemente, tienes que levantarte". -Él chico sonrió al escuchar el gimoteo angustioso de su perezoso padre. Pero mientras se alejaba caminando no dejaba de lado el lamento en su mente.

-Ahh ... ¿por qué todo tiene que ser tan difícil? ¿Cuándo se va a inventar robots para este tipo de situaciones? ¿Marge? ¿Lisa?... ¿Alguien? -se quejaba Homero en el sofá.

Bart se perdió en su deseo de bajarle los humos a Lisa. No era lo suficientemente malo lo que sucedió, ella siempre tenía éxito y lo superaba en todo lo no relacionado con aspectos sociales. No, ella también tuvo que restregárselo en la cara. No directamente, por supuesto. Pero él sentía esos punzantes comentarios de ella acerca de su graduación, ella se graduaría antes de lo que él jamás podría. Eso le dolió más de lo que él admitiría, incluso para sí mismo. No podía dejar que eso suceda.

Sus pensamientos se dirigieron a una de las pocas cosas que aún tenía a su hermana, ser obsesivo en sus metas. Algo que él utiliza con frecuencia como influencia en esa la antigua rivalidad entre ellos, no importa cuan buena fuera ella, Bart era todavía dos años, su superior, y ninguna cantidad de estudios iba a cambiar eso. Pero hoy, con la llegada de esa carta, las reglas habían cambiado y aparentemente él estaba totalmente equivocado. Bart apretó los dientes al recordar la sonrisa de satisfacción que podría jurar haber visto en su cara mientras leía la carta a todo el mundo.

Pero Bart no estaba derrotado todavía. No mientras él todavía tenía su mejor ventaja sobre Lisa. "Sí", pensó, "Todavía sé su debilidad." Bart miró al segundo piso de la casa desde la base de las escaleras y se rió con regocijo infantil.

Lisa caminaba a través de su habitación por enésima vez ese día, revisando una y otra vez su material escolar. ¡En sólo unas pocas horas todo su futuro había cambiado! De repente ella se enfrentó con la posibilidad, no, la oportunidad de avanzar mucho más rápido en el mundo de los adultos. Tenía sólo trece años, pero eso no impidió que la gente de graduarse de escuela secundaria o la universidad, incluso a menor edad. Mira Doogie Howser, espera, mal ejemplo. Pero había un montón de otros y estaba segura de que todos tenían los nervios de última hora antes de comenzar a recorrer sus caminos hacia el éxito. Esto era normal, se decía a sí misma.

En la cama en medio de la habitación estaba su hermana de ocho años de edad, Maggie, que mantiene una presencia alegre pero silenciosa, presencia que Lisa encuentra tranquilizadora. Junto a ella estaban esparcidos algunos artículos diversos que quedaron de cuando su madre, Marge, reunió todo el material escolar que habían pasado horas buscando en las tiendas de departamento de compras la semana anterior. Se detuvo un instante y tomó su nueva posesión más preciada, una calculadora gráfica serie A TI-92, que ella pidió durante todo el recorrido de compras. Se sentía un poco menos culpable por hacer a Marge pagar más de $200 ya que ahora había una manera de justificar el gasto de tanto dinero. Una de las clases de su nuevo programa tenía la reputación de ser muy avanzado, un curso de Cálculo a nivel universitario.

Lisa pasó el dedo índice sobre la carcasa de plástico endurecido y de mala gana colocó el caro dispositivo en uno de los bolsillos delanteros de fácil acceso en su mochila. Ella recogió el resto de objetos que había en su cama y los arrojó en la esquina junto a la mochila, podía esperar a más tarde para ordenarlos. Con un ronroneo profundo de satisfacción sonrió a Maggie, y ella tomó el inventario de su habitación. Fue ordenado innecesariamente hasta el punto de ser un acto obsesivo, una prueba de el nervioso estado de ánimo de Lisa con respecto a la escuela durante las últimas semanas. Su cama estaba hecha y perfectamente cuadrada con la pared, las cortinas fueron planchadas y enderezadas el otro día con ayuda de su madre, su escritorio fue limpiado en cada rincón, sobre todo su diario y la lámpara. Incluso el espejo que estaba sobre ella fue pulido y refleja exactamente de lo que estaba orgullosa, de si misma. En la pared entre la puerta y el escritorio, cerca de los pies de su cama era un conjunto de estantes que ella y su padre había creado hace años para todos sus premios y trofeos. Cada una brillaba con el brillo revelador de éxito y esfuerzo, incluso los segundo lugar.

-Todo Tiene que ser perfecto -murmuró, más para sí que a nadie en particular en lo que se ajusta la posición de uno de los premios.

-Oh, va a ser más que perfecto -La respuesta sarcástica de Bart hizo eco desde el pasillo fuera de su puerta abierta. Lisa hizo una mueca. Ella secretamente temía la reacción de su hermano a su "feliz" noticia.

-¿Qué quieres decir? -Maggie preguntó cuando Bart apareció a la vista en la puerta.

-Nada. No es nada -respondió el muchacho.

Lisa volvió a respirar profundo, esta vez para ayudar a la ventilación de ansiedad reprimida, y se volvió hacia al intruso de su hermano. "Bart debe sentirse pésimo con este asunto", razonó.

-Fuera de aquí, Bart. Yo no estoy de humor para juegos -exclamó Lisa.

-¿Qué? ¿No puede un hombre estar feliz con el éxito de su hermana pequeña? ¿No deberíamos todos estar contentos bañarnos con el resplandor de tu aurora, Reina Lisa? -Sus movimientos exagerados y el tono claramente revelan un sarcasmo y más que eso, hostilidad.

-No tengo tiempo para esto. Crece, Bart. ¿No puedes dejar pasar esta?

Él sonrió diabólicamente.

-¿Qué piensan tus amigos de esto? -Bart dijo poniendo en marcha su plan-. Tú... ya les has dicho, ¿no? Por lo menos dime que ya has llamado Allison para contarle de tu hazaña.

Esa frase hirió a Lisa. Allison había sido excluido de la consideración para el programa hace varias semanas porque había faltado a la escuela mucho antes del año. El trabajo de su padre recientemente les ofreció la oportunidad de viajar por todo el mundo y él había optado por llevar a su hija a lo largo de lo que había descrito como "los mayores eventos culturales en la vida de ella". Lisa recuerda con tristeza el día en que Allison se dio cuenta de que por cuatro miserables días no cumplía con los requisitos de asistencia previstos y, a pesar de que técnicamente ella no estaba en problemas debido a que las ausencias fueron aprobadas por el director Dondelinger, no se podría hacer una excepción por ella porque entonces la escuela tendría que "empezar a dejar todo tipo de pasar las cosas". O por lo menos, así fue como la secretaria de la escuela se los explicó a través de una llamada telefónica. Bart estaba pasándose de la raya y él lo sabía.

-No, todavía no he hablado con ella. ¿Por qué te interesa? -gruñó la chica.

-Bueno, yo sólo quería saber. Pero dime algo, ¿has considerado la posibilidad de que te quedaras sin amigos cuando las clases inicien? -Bart la miró con atención y pudo ver que a ella no lo agrado en lo absoluto.

-¡Eso es ridículo! Por supuesto que seguiré teniendo amigos. Janey, que he conocido desde el primer grado. Alex sigue siendo una buena amiga y estoy segura que Allison no dejará de ser mi amiga por algo como esto- respondió Lisa para después mostrarle la lengua a su hermano en un infantil acto de enojo.

-Pero tú ya no tendrás clases con ellas. Tú estúpido las cases de tu estúpido "Alf" son independientes. -Finalmente Bart soltó bomba, aun conociendo lo susceptible que puede ser su hermana.

Era cierto, Lisa no la había notado hasta ahora, ella estaba tan contenta pensando en lo bueno que sería avanzar más rápido que ella no había considerado los aspectos negativos. Sus amigas entenderían, pero Lisa era realista. Esto sin duda afectaría a sus relaciones. Horas mirando dramas de mala calidad con su familia le habían enseñado eso, por lo menos.

-¡Basta, muchachos! -Maggie gritó, poniéndose de pie sobre la cama. Ella estaba visiblemente molesta por presenciar esa lucha de poder entre sus hermanos. Pero Bart no tenía intenciones de parar, continuó su ataque con más intensidad, como un tiburón que ha herido a su presa y entra en frenesí al oler la sangre en la agua.

-La verdad, ¿qué tan buen amiga puedes ser? Mira este lugar, no hay fotos, no hay recuerdos de tiempos felices. ¿Ninguno? Sólo algunos trofeos para demostrar lo "asombrosa" que eres. Vamos Lis, ¡esta habitación es tan acogedora como un habitación en el hospital! Tú realmente necesitas conseguir una vida. No podrías entender esto ahora, pero hay una diferencia entre las personas que no conoces y la gente a la que no les importas un comino. Eso es la secundaria. Disfrutala.

Bart miró a Lisa y observó el inicio de lágrimas en sus ojos mientras luchaba por mantener cualquier imagen de calma que aún quedara. Bart reconoció que tal vez, sólo tal vez había ido demasiado lejos.

Sin vacilar, él volteó el rostro y bajó las escaleras hasta la puerta principal, golpeando detrás de él mientras se dirigía hacia fuera, donde se podía observar el atardecer veraniego.

Unos momentos después de que Bart saliera de la habitación, Lisa y Maggie oyeron la puerta frontal ser abierta y cierrada rápidamente. Maggie miró a su hermana y se preocupo por el silencio de su hermana.

-¿Lisa? -preguntó Maggie suavemente, su voz apenas era un susurro.

-Lo siento, Maggie. ¿Podría tener algo de tiempo... a solas? -Los hombros de Lisa se balanceaba suavemente por los sollozos en silencio. La voz de la chica revela su tristeza, hace un momento Lisa estaba tan animada, ahora Maggie se pregunta cómo su humor pudo cambiar tan repentinamente, no parecía posible.

Ella había mirado siempre a su hermana mayor como un modelo a seguir, un ejemplo de cómo equilibrar sus travesuras con buenos hábitos. Pero ahora, mirando el frágil estado emocional de su hermana, Maggie se llevó a preguntarse por qué Lisa no hace lo obvio y tan sólo consigue algunos amigos más.

Esa fue una gran diferencia entre Lisa y ella, que Lisa no podía encontrar la manera. Maggie siempre había hecho amigos con facilidad. No es tan difícil, ¿verdad? Lisa era inteligente y bonita, así que ¿por qué no se ayudaba a ella misma?

A veces las simples respuestas son las más difíciles de encontrar y Maggie simplemente no entendía dónde encontrar la solución a esta. Esto fue algo que sólo su hermana podía hacer por sí misma.

-Está bien, Lisa -contestó ella, finalmente. Maggie saltó de la cama y se dirigió a la puerta, manteniendo sus pensamientos en privados.

Con pesar en sus ojos, Maggie cerró lentamente la puerta a una de las pocas personas en su vida que ella todavía respetaba, aceptando que todas las personas viven caminos diferentes.