Mi primer fic. Espero que lo disfruten ^^

Los personajes de Inuyasha pertenecen a Rumiko Takahashi.

Los guiones son diálogos-

las letras en cursiva son pensamientos.


Bankotsu Saotome es el líder de un grupo de mercenarios. A pesar de ser el más joven, es el más fuerte y sanguinario.

Los shichinintai son unos asesinos despiadados, que viven sin descanso, constantemente perseguidos por su gran popularidad. Se ofrece una gran recompensa por atrapar vivo o muerto al líder y a lo que quedaba de su banda. Esto les a llevado a vivir una vida solitaria, fría, vacía y huyendo de su pasado.

Habían parado a comer, cuando el destello de una luz a distancia se hizo presente. Tan solo fue un segundo, pero suficiente para que el líder se percatara que alguien les había seguido.

-¿habéis visto eso?-dijo jakotsu.

-sí, nos han seguido-dijo tranquilamente el líder-, no tenemos por qué preocuparnos, ahora no puede sorprendernos.

-puedo preparar una trampa…-dijo mukotsu.

-esperaremos,-ordenó- ahora será mejor que nos escondamos y le preparemos una emboscada a ese pobre infeliz. Jakotsu y mukotu os esconderéis en aquellos pinos de la derecha. Renkotsu y suikotsu conmigo.

Ninguno de ellos se había asustado como era lógico. Se escondieron detrás de unos árboles, esperando impaciente el momento de atacar. El jinete se iba acercando, sin percatarse que ya sabían de su presencia.

-jefe...¿ese jinete no te recuerda a alguien?-preguntó suikotsu con un tono de voz suave.

-la verdad es que si…-contestó con el mismo tono y pensó-¿no era ese hombre con quien estaba hablando días antes renkotsu?.

No podía estar completamente seguro; lo único que podía afirmar con seguridad era que ese hombre a caballo le resultaba familiar. Intentaba recordar, pero si no veía su cara le resultaría imposible. Tal vez solo eran imaginaciones suyas, a lo mejor se parecía a alguien que tenía el mismo caballo.

-seguramente han aumentado el precio por nuestras cabezas-dijo renkotsu.

El líder cerró los ojos y dejó que sus oídos captaran cada sonido. Escuchaba el ruido de los insectos. Su mente contaba que llevaban escondidos una hora. El malhumor comenzaba a manifestarse en él, su escasa paciencia se agotaba. Escuchó el sonido de un arma disparar e instantáneamente abrió los ojos y observó el entorno.

-¡ban!-gritó desesperado jakotsu.

-vosotros quedaos aquí-dijo furioso.

Él no espero ni un segundo en acercarse el lugar donde su hermano había gritado. Se paro en seco al ver como aquel jinete había sido herido por la espada de jakotsu; este sujetaba la cabeza agujereada de mukotsu. Aquellas armas les hacían vulnerables.

-creo que esta muerto…-dijo apenado.

-será mejor que lo enterremos, no sabemos si ese cazador ha venido solo-dijo seriamente el jefe.

A su espalda podía notar la presencia de renkotsu. Llevaba días que estaba a la defensiva con él, se había aislado de sus propios ''hermanos'' y eso era motivo suficiente para desconfiara.

-esta es mi oportunidad de acabar con él-pensó renkotsu.

El mercenario se vio sorprendido cuando su hermano lo tomo del cuello y lo levanto unos centímetros del suelo.

-ban que haces…-dijo jakotsu confuso-¿ Y suikotsu? ¿Dónde está?

-desgraciado-dijo el calvo-¿ya lo sabías?

-eres demasiado despistado para ser tan inteligente, ¿te crees que no me he dado cuenta cuando te ibas al pueblo?-dijo mientras oprimía más el cuello-, nos persiguen y ofrecen dinero por nuestras cabezas.¿no crees que es raro que hayas ido varias veces al pueblo y hayas vuelto sin ningún rasguño?

-¿vas a matarme?-dijo entrecortadamente.

-no se ¿que tendría que hacerle a un traidor?-dijo mientras lo soltaba y este caía al suelo.

-¡Que me puedes recriminar tú si nos has usado para lo que te ha interesado!-gritó colocándose la mano en el cuello.

Suikotsu se puso de pie, apoyando su mano sobre un árbol para mantenerse. La otra mano la tenía en la cabeza, mientras unas gotas de sangre caían por su frente.

-¡Suikotsu!-gritó jakotsu mientras corría hacia él.

-vamos intenta acabar conmigo si es lo que has deseado siempre-dijo sonriendo-ahora te demostraré que diferencia hay entre tú y yo.

-¡Borra esa sonrisa de tu cara!-dijo perplejo mientras su líder se ponía en posición de combate.

-¡sino atacas, ya lo are yo!-gritó dándole un puñetazo en la nariz para después darle otro en el abdomen. Renkotsu cayó en el suelo mientras un río carmesí salía de su nariz rota.

-¡Te mataré bankotsu! ¡Aunque sea lo último que haga!-dijo bebiendo el líquido de una botella para después escupir fuego. Bankotsu lo esquivó fácilmente y aprovecho para propinarle una patada en la cara. A continuación le pegó un puñetazo en el esternón provocando la rotura y unos chillidos desgarradores.

-creo que ya es hora de acabar con esto-dijo mientras crujía los nudillos.

-no lo entiendo…¡que es lo que nos hace diferentes!-dijo entrecortadamente, sintiendo como si le clavaran mil agujas en el pecho.

-¡Yo no traiciono a mis compañeros!-dijo mientras golpeaba con el puño la tráquea de este provocando que se fracturará y como consecuencia que se asfixiará y muriera.

-maldita sea, suikotsu esta herido y nosotros no tenemos ni idea de curar.

-¿y si lo llevamos a un médico?

-será arriesgado, pero no podemos dejarlo a su suerte.


Kagome higurashi es una doctora que tras muchas dificultades había logrado adquirir los conocimientos suficientes para curar la salud de las personas, gracias a su abuela kaede. Llevaba un año en aquel pueblo.

Los tiempos se habían vuelto muy violentos para vivir. Los hombres siempre eran heridos, con espadas o armas, tenían huesos fracturados, miembros aplastados. Pero no le importaba, era su vocación y quería ayudar a curar a las personas.

Ella estaba tomando un té, cuando alguien golpeó la puerta. Suspiro, y se levantó al abrir la puerta.

Había oscurecido pero pudo distinguir la forma de tres hombres, uno de ellos parecía estar herido, ya que uno de ellos lo sujetaba por el brazo.

-¿puedo ayudarles?-preguntó con cierta desconfianza.

-donde esta el médico-exigió el líder.

-yo soy la doctora.

-pero si eres una mujer…-dijo jakotsu.

-sí, lo soy-contestó molesta-, puedo ser tan buena como cualquier otro doctor. Así que entrad a dentro al herido.


Suikotsu yacía en un futón, mientras el líder de pie, observaba todo los movimientos de la doctora. Su otro camarada hacia guardia.

Ella añadía más madera al fuego, para calentar el lugar y hervir la olla con los instrumentos.

Sus manos temblaban, algo en ese hombre la inquietaba y hacía que estuviera nerviosa. Aquellos ojos azules no dejaban de vigilarla.

-le daré una infusión para disminuirle el dolor.

-No…-murmuró el herido-puedo aguantar. Odio los brebajes.

-Suikotsu no te hagas el duro-dijo el líder-, haz lo que tengas que hacer.

Ella se sorprendió por su autoridad y asintió.

El herido cerró los ojos y sonrió. Nunca dudaría en contradecir a su jefe, siempre le sería leal.

Cuando ella tocó otra herida que tenía en el costado, comenzó a sangrar. Tardó bastante en poder parar aquella hemorragia y en consecuencia, él cayó inconsciente.

-deberán de quedarse aquí unos días, hasta que sus heridas se sanen…

-mañana tendríamos que irnos-dijo bankotsu.

-la infección hay que curarla, sino podría morir, tan solo serán unos días-insistió.

Él suspiró y ella dedujo que era una afirmación.

Ninguno de ellos había conocido a una mujer doctor, hasta ahora. Se fijó en aquellos ojos chocolates sinceros, su cuerpo delgado y ese cabello azabache recogido con una coleta.

-no es nada del otro mundo-pensó.