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No digas que fue un sueño

"Si bueno es vivir, todavía es mejor es soñar, y lo mejor de todo, despertar" – Antonio Machado

Capítulo 13. Despertar

Juugo corría por los pasillos deteniéndose de cuando en cuando para apoyarse en la pared tratando de despejarse cada vez con más esfuerzo. No hacía mucho que se había separado de Karin y Suigetsu y el cansancio y somnolencia ya hacían mella en él.

Nuevamente, el gigantón se obligó a abrir los ojos y continuar. Pero como era de esperarse, al dar unos pasos más finalmente cayó al suelo incapaz de seguir. Sin embargo, en el preciso momento en el que sus ojos ya se cerraban, notó que algo se movía al girar la esquina y sacando fuerzas de algún lugar consiguió incorporarse apoyado precariamente en la pared y avanzar hasta allí.

—Ino… Ino no te duermas… —se oía la amodorrada voz de Shikamaru.

El chico estaba sentado en el suelo con la espalda apoyada en la pared, apenas despierto. Ino estaba recostada sobre él con los ojos cerrados y trataba de zarandearla para que despertara sin éxito. A su alrededor, el resto de los componentes del escuadrón, Shino, Tenten, Kiba y su perro Akamaru yacían tumbados en el suelo vencidos por el sueño.

—Mmm… —Juugo se arrodilló junto a él dándose cuenta de que no recordaba su nombre y en esas condiciones su cerebro tampoco colaboraba demasiado—, ¿estáis bien?

Shikamaru abrió los ojos enfocando al ninja de Taka.

—Kabuto ha usado algo para dormirnos a todos —consiguió mascullar el Nara—. Más atrás nos hemos encontrado a Neji, Chouji y Lee en el mismo estado… todos inconscientes.

—Planea usar el poder de Sasuke para matarnos —respondió Juugo dejándose caer a su lado—, y de paso conseguir al Kyuubi… Estaba intentando encontrar a Naruto… si se duerme, no sé qué podría pasar.

—Aunque le hubieras encontrado, no habrías podido hacer nada —dijo Shikamaru—. Lo que sea que esté usando Kabuto para dormirnos es muy potente.

Juugo asintió derrotado dejando que las últimas fuerzas le abandonaran y perdiéndose en las brumas del sueño sin poder evitarlo.

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—¿Crees que podremos andar? —preguntó Yamato girando pesadamente la cabeza hacia sus compañeros que al igual que él estaban sentados en el suelo.

—Lo dudo —contestó Sai con los ojos apenas abiertos.

—Pero debemos encontrar a Sakura-chan —exclamó Naruto reuniendo las energías que le quedaban— no podemos rendirnos así dattebayo.

—Ahora sabemos para qué servía la harina blanca de los Zetsu —masculló Hinata con los ojos entrecerrados apoyada sobre Naruto que la envolvía protector con un brazo—… Era para hacernos dormir.

—Kabuto lo tenía todo planeado —dijo Yamato—… maldito.

—Creo que lo único que nos queda es confiar en que Sasuke no se deje atrapar por ese jutsu —suspiró Sai.

—Él hará lo que sea por Sakura-chan incluso dejarse usar por Kabuto… ella le importa más que Konoha 'ttebayo —dijo Naruto.

—No pareces muy molesto por eso —comentó Yamato.

—Me alegra que Sasuke haya encontrado algo que le importe más que sí mismo —sonrió el rubio cansadamente—. No va a rendirse hasta que lo consiga, encontrará la forma… confío en él.

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La maníaca risa de Kabuto resonaba por todos los rincones de la casa escalofriantemente mientras señalaba la luna roja. Estaba usando el poder de Sasuke para proyectar el Sharingan en la luna tal como Madara había querido hacer, sólo que él no había necesitado el poder de los biju y lo que pretendía era llegar a los sueños de sus enemigos y acabar con ellos.

Los músculos de los brazos de Sasuke se tensaban mientras él trataba de liberarse de las cadenas con todas sus fuerzas. El metal chirriaba pero los eslabones de la cadena no parecían sufrir daño alguno y seguían apresándolo tan firmemente como siempre, impidiendo que se acercara a Kabuto.

De pronto, rápida como el rayo, Sakura se adelantó pasando junto a Sasuke y asestándole un inesperado puñetazo a Kabuto que hizo que atravesara la pared de la casa y cayera en el yermo suelo del desierto exterior antes de saber muy bien qué le había golpeado.

Ríete de eso, hijo de puta —siseó la pelirrosa con furia.

Kabuto se levantó tambaleantemente limpiándose un hilo de sangre del labio y le lanzó a Sakura una fulminante mirada mientras se ajustaba las gafas torcidas.

Ahórrate el esfuerzo, estúpida —espetó Kabuto con desdén al ver que la pelirrosa se preparaba para atacarle de nuevo—. No puedes hacer nada, sólo contemplar cómo mueren.

Un rayo iluminó el cielo dejando ver en él diferentes escenas, como si el firmamento se hubiera vuelto de cristal y pudieran ver a través de él cómo se mira por una ventana.

Sakura y Sasuke pudieron ver a través de la pared rota de la casa cómo el cielo les mostraba a sus compañeros en sus diferentes sueños. Neji parecía estar hundiéndose en arenas movedizas luchando por escapar; Karin de pie en el saliente de un acantilado pegada a la pared de roca con cara de pánico mientras el aire la azotaba tratando de tirarla abajo sin que ella pudiera aferrarse a nada; Kiba era atacado por un enorme y monstruoso lobo; Suigetsu trataba de escapar de un enorme tanque de agua en la que extrañamente se estaba ahogando a pesar de sus habilidades; Enemigos invisibles atacaban a Tenten que trataba de empuñar sus armas inútilmente pues sus manos las atravesaban sin que pudiera aferrarlas dejándola indefensa.

Uno a uno, todos estaban al borde de la muerte en sus sueños, Juugo, Shikamaru, Lee, Ino, Sai, Yamato, Shino, Hinata cada uno de una forma diferente luchaba por su vida en un mundo que no podían controlar.

Dobe… —murmuró Sasuke y Sakura giró la vista en la dirección en la que el chico miraba con alarma.

Allí estaba Naruto, reflejado en el cielo cómo los demás, parecía estar perdido en una densa niebla. De pronto, unas enormes serpientes se alzaron contra él atrapándolo en un apretado abrazo que le impedía respirar hostigándole para que dejara salir el chakra del Kyuubi.

Sasuke no podía oír lo que el rubio decía, pero podría jurar que sus labios habían pronunciado su nombre —seguido de "teme" pero eso era algo que prefería obviar—. Naruto estaba diciéndole algo y el Uchiha se dio cuenta de que no necesitaba oírlo para saber lo que su amigo le diría en un momento como ese. Imaginó la voz de Naruto como si lo tuviera al lado gritándole que no se rindiera, que era un Uchiha y no podía dejarse dominar por un estúpido imitador de serpiente, que creía en él "dattebayo"…

Las cadenas de Sasuke chirriaron más fuerte y las junturas que las unían a los grilletes y al suelo comenzaron a agrietarse mientras unas chispas eléctricas las recorrían.

¡Basta! ¡Déjalos! —gritó la pelirrosa al discípulo de Orochimaru cargando chakra en sus puños.

Apenas ha empezado —rió Kabuto—, y adivina quién es la siguiente…

Las maderas de la casa comenzaron a crujir amenazadoramente astillándose en afiladas puntas. Y antes de que la chica pudiera evitarlo, una de ellas le atravesó el hombro dolorosamente arrancándole un grito de dolor. Seguramente ahora, su cuerpo real tendría la misma herida sangrante.

¡SAKURA! —gritó Sasuke tirando de sus ataduras con la fuerza de un caballo hasta que en ese momento un chasquido metálico recorrió las cadenas que lo ataban al tiempo que un chisporroteo eléctrico elevó su sonido como si de un Chidori se tratara.

Ante los ojos horrorizados e incrédulos de Kabuto, los eslabones de las cadenas tomaron un color al rojo vivo como si estuvieran puestas al fuego y se rompieron en mil pedazos liberando al muchacho que corrió hacia la pelirrosa sin perder un segundo.

No puede ser… es imposible que te hayas deshecho del control —mascullaba Kabuto retrocediendo un par de pasos.

¿Estás bien? —preguntó Sasuke ignorando a Kabuto mientras se arrodillaba junto a Sakura.

La pelirrosa asintió aun con una mueca de dolor mientras apretaba los dientes, la madera había atravesado su hombro izquierdo dejando una herida profunda que sangraba escandalosamente, pero no era nada que ella no pudiera manejar. Sin perder tiempo comenzó a emanar chakra curativo deteniendo el flujo de sangre ante la atenta mirada del Uchiha.

Destroza a ese imbécil —pidió frunciendo el ceño.

Hmp —Sasuke sonrió de medio lado levantándose y girándose hacia Kabuto que retrocedía a trompicones observando como a su alrededor todo el paisaje iba cambiando ahora que el Uchiha ya no estaba subyugado a él.

La Luna roja fue cambiando de color hasta ser blanca y varias estrellas aparecieron. Desde algún lugar se oyó el sonido del agua fluir en un río y poco a poco todo fue pareciendo menos amenazador.

¿Cómo? —preguntó Kabuto— ¿Cómo has conseguido romper esas cadenas y hacerte con el control del limbo? ¡Es imposible! ¡Yo controlaba tu poder y tu chakra!

Hmp…Tanto que dices saber y en realidad no tienes ni idea de cómo funciona esto —espetó Sasuke con desdén.

¿Qué? —exclamó dolido y furioso— ¡Yo cree el jutsu!

Y no te molestaste en comprenderlo —recriminó el Uchiha—. El verdadero poder no viene del chakra… aquí mandan las emociones.

Dicho esto un fuerte temblor sacudió la tierra haciendo que Kabuto tropezara y callera al suelo mirando a su alrededor confuso.

¿Creíste que podrías jugar con nosotros sin más? —preguntó Sakura que había logrado curarse el hombro y se erguía junto a Sasuke.

Cuando el Uchiha notó su presencia algo pareció comenzar a cambiar en el paisaje, el cielo empezó a clarear y a lo lejos pudo verse como unos tímidos rayos de Sol comenzaban a ganarle terreno a la oscuridad de la noche revelando que lo que antes había sido un desierto de piedras ahora era un prado tapizado de verde hierba.

Kabuto miraba a su alrededor con la furia de una fiera acorralada.

No podréis conmigo, mi poder es mayor que el vuestro —siseó con odio comenzando a mover las manos para formar sellos. Aunque Sasuke controlara el entorno, él aun tenía sus jutsus para atacarles, no acabarían con él tan fácilmente, se dijo acumulando su chakra.

Sasuke y Sakura se tensaron preparados para un ataque cuando, de pronto, Kabuto abrió mucho los ojos deteniendo sus movimientos y llevándose una mano al costado asombrado por el repentino dolor que sufría, y al despegarla estaba manchada con un oscuro líquido espeso… sangre.

¿Has sido tú? —preguntó Sakura a Sasuke anonadada. Ni siquiera se habían movido.

Yo no he hecho nada —respondió el Uchiha sin apartar los ojos de él.

Al parecer la herida de Kabuto había aparecido de la nada, como si una fuerza invisible le hubiera atacado sin que se diera cuenta.

No… —musitó el imitador de Orochimaru y sin más desapareció ante los sorprendidos ojos de la pareja.

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—¡Ahh! —el grito de dolor de Kabuto resonó en la habitación.

—Si no te he matado, serpiente rastrera, es porque quiero que hagas que todos despierten… ahora.

—¿Qué? —preguntó el ninja desorientado agarrándose el sangrante costado mientras rodaba por el suelo—, ¿Quién…

—Sabes perfectamente quien soy y por desgracia para ti has conseguido que me enfade.

Kabuto consiguió a duras penas elevar la cabeza lo suficiente para avistar a través de los cristales de sus gafas a la persona que le había apuñalado mientras se encontraba inconsciente en el limbo de los sueños.

—Kakashi… —tosió.

El ninja copia le fulminó con una acerada mirada, tenía el Sharingan destapado lo que le daba un aire más agresivo y a pesar de la máscara se podía adivinar su expresión de rabia contenida.

—No me gusta que hagan daño a la gente que quiero —Kakashi le lanzó una patada al estómago que hizo que se encogiera de dolor— y menos aun a mis alumnos. Tú mantuviste prisionera a Sakura haciéndonos creer que había muerto, alguien como tú no puede imaginar siquiera el dolor que provocó.

—Pude matarla y no lo hice ¿verdad? —dijo Kabuto con voz ronca tratando de arrastrarse lejos de él.

—No te hagas el inocente conmigo —replicó Kakashi con desdén—. No creas que no sé lo que intentabas, coaccionaste a Sasuke y luego hiciste que todo el mundo se durmiera para poder matarles sin poner en riesgo tu repugnante pellejo.

—…¿Y tú no…? —Kabuto estrechó los ojos con comprensión—. La máscara.

Kakashi se limitó a mantener su mirada seria e intimidante sobre él. Ciertamente así era como el antiguo maestro del equipo siete se había librado del efecto soporífero de las esporas de los Zetsu. Al llevar su inseparable máscara, esta había evitado que inhalara el polvillo blanco que desprendían sus enemigos al morir. Por lo tanto, cuando todos sus compañeros habían comenzado a adormecerse, Kakashi seguía perfectamente y se había dedicado a buscar a Kabuto.

Cuando por fin le había encontrado, estaba en una habitación cerrada, sentado, dormido en medio de un círculo de símbolos que brillaba. Unos metros más alejado estaba Sasuke tumbado inconsciente sobre el suelo.

Tras acabar con los Zetsu que custodiaban la estancia, Kakashi se había apresurado a llegar junto a Sasuke tratando en vano de despertarle. Entonces había reparado en Kabuto, y no había dudado un segundo en hundir un kunai en su costado, estaba seguro de que en el limbo en el que estuviera sentiría el dolor. Se había contenido para no matarlo directamente, pues no podía arriesgarse a que sus compañeros no pudieran despertar si lo hacía.

—No me gusta repetir las cosas dos veces —dijo Kakashi seriamente—. Haz que despierte —ordenó señalando a Sasuke.

—Yo ya no tengo poder sobre el jutsu —replicó Kabuto escupiendo algo de sangre por la anterior patada del ninja—, no creo que tarde en despertar por sí mismo… Y cuando despierte me matará —finalizó con un susurro amargura.

—Creo que eso es algo que iba a ocurrir de todos modos—concluyó el shinobi de Konoha dando un paso hacia él.

—Espera, espera —pidió Kabuto alzando las manos con urgencia—. Si me matas, el conocimiento del jutsu morirá conmigo. Imagina lo que podría hacer Konoha con una técnica tan poderosa… Sería la más poderosa de las cinco naciones, podríais hacer lo que quisierais… evitar una guerra… conquistar un país… todo… ¿permitirás que tu aldea pierda un arma tan poderosa como esa?

Durante un segundo, Kakashi le observó inexpresivo.

—Hay poderes que nadie debería tener, ni siquiera Konoha —replicó el jounin haciendo que la leve sonrisa de esperanza que había aparecido en el rostro de Kabuto se desvaneciera al instante—. Demasiado poder corrompe y lo único que hace es alzar tiranos.

—Eso dicen los débiles y los estrechos de mente —siseó Kabuto.

—Konoha es suficientemente fuerte como para no necesitar a una alimaña como tú —contestó Kakashi al tiempo en el que el sonido del Chidori en su mano derecha comenzaba a llenar la habitación.

—Soy yo el que no necesita a Konoha —replicó con odio.

Kakashi lanzó su ataque que impactó con un estruendo en su objetivo que estalló en una nube de humo para mostrar después las astillas de un tronco. Kabuto había usado una técnica de cambiazo ocultando los sellos a la vista del ninja para así poder escapar.

Ahogando una maldición, el jounin se giró sobre sí mismo. Un rastro de gotas de sangre llevaba hasta la puerta cuyo marco estaba manchado del mismo líquido escarlata dónde Kabuto había puesto la mano para agarrarse.

—Tsk —Kakashi chascó la lengua con frustración y encadenó una rápida serie de sellos. No iba a dejar que ese desgraciado se escapara, no esta vez.

—Pakkun —llamó seriamente al perro ninja que apareció un segundo después frente a él con una nube de humo— tengo trabajo para ti.

—Lo imaginaba, nunca me llamas para darme los buenos días Kakashi, es una mala costumbre —dijo el perro con cara de aburrimiento—. Si buscas al mocoso Uchiha, está ahí y dormido además —apuntó con extrañeza.

—Esta vez no es por él —explicó el jounin con un ademán de mano—. ¿Ves esa sangre? Es de Kabuto. Necesito que me ayudes a seguir el rastro para atraparle.

—Eso está hecho —dijo Pakkun olfateando un momento antes de salir corriendo por el pasillo seguido de Kakashi.

Con rapidez recorrieron los intrincados túneles de la guarida girando en las esquinas sin vacilar en la dirección pues el olfato rastreador de Pakkun era infalible. No podía permitir que se escapara, y no sólo por lo que había hecho contra su equipo, sino porque no podía dejar suelto a un enemigo de Konoha con un jutsu tan peligroso entre manos, sabía que volvería a intentarlo y esa vez tal vez no tuvieran tanta suerte. Kabuto era inteligente y se repondría, por esa misma razón tenía que acabar con él.

Tras unos minutos corriendo vio luz al fondo, seguramente la salida de la guarida. Era de esperarse que Kabuto huyera hacia el exterior para escapar. Al acercarse más pudo ver la silueta del ninja al que perseguía apoyándose pesadamente en la pared para retomar el aliento un momento mientras se sujetaba el costado allí dónde Kakashi le había herido.

El jounin apretó el paso para seguirle hasta el exterior hacia el que Kabuto se escabullía renqueando. Kakashi se sorprendió de que pudiera siquiera caminar con una herida así, seguramente el poder de regeneración de Orochimaru tenía mucho que ver, aunque no era suficiente como para permitirle curarse por completo, en ese estado no podía enfrentarse a una batalla.

El Sol cegó los ojos de Kakashi un segundo cuando salió como una exhalación hacia la explanada de hierba que se extendía fuera de la guarida y se detuvo brevemente para acostumbrar su vista a la luz buscando a Kabuto con la mirada. De pronto, vio algo que le hizo pararse en seco.

Justo dónde comenzaba el límite de los arboles, había aparecido una enfervorecida multitud de aldeanos armados con palos, guadañas y horcas, que señalaban con ira a Kabuto, el cual se había detenido en mitad del prado, lívido como la muerte y miraba a la muchedumbre que pedía a gritos su cabeza como si quisiera despertar de una pesadilla en la que no sabía muy bien cómo había acabado.

—¡Es él! —gritó un muchacho que Kakashi reconoció como Toshi, el aldeano que había ayudado a Kabuto en el pasado— ¡Él provocó la epidemia!

—¡A por él! —bramó otro.

—¡Esto es por nuestros hijos!

En un abrir y cerrar de ojos, la turba de campesinos se lanzó sobre el ninja que estando herido ni siquiera tuvo oportunidad de huir antes de que decenas de manos tiraran de él entre gritos de ira y venganza.

Kakashi se mantuvo al margen mientras los aldeanos tomaban su justicia condenando a muerte a Kabuto.

—Siembra vientos y recogerás tempestades, Yakushi Kabuto. Debiste recordarlo —murmuró el jounin con un último vistazo mientras giraba sobre sus talones para volver al interior—. La justicia no sólo pertenece a los ninjas.

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Los ojos verdes de Sakura se abrieron de pronto, sin somnolencia, simplemente pasó de tenerlos cerrados a abrirlos de pronto enfocando el techo. Estaba tumbada en el suelo, en el centro del círculo que ella misma había creado para entrar en el limbo de los sueños.

Cuando Kabuto había desaparecido, Sasuke y ella se habían quedado estupefactos, pues ninguno de ellos le había atacado directamente aun. Durante unos segundos miraron a su alrededor para asegurarse realmente de que su enemigo, por muy extraño que pareciera, no estaba allí. Entonces, el Uchiha mirándola extrañado había dicho que podía sentir su cuerpo real en la habitación de la guarida, que si se concentraba estaba seguro de poder despertar a la realidad. La pelirrosa había sonreído cálidamente.

—Creo que es el momento de dejar de soñar —había susurrado suavemente la chica mientras él la observaba con sus oscuros ojos.

Sasuke con una media sonrisa la había atrapado de la cintura y atrayéndola hacia él sin despegar la vista de ella, acercando sus labios hasta que estuvieron separados por escasos milímetros, haciendo que el corazón de la chica aleteara rápidamente.

—Despertemos entonces —musitó tan cerca de su boca que al mover los labios estos hicieron cosquillas en los de Sakura.

En ese momento, el mundo se había vuelto negro durante un segundo hasta que repentinamente sus ojos habían vuelto a abrirse mostrándole el techo de la habitación.

Lentamente, Sakura se puso en pie y miró a su alrededor. No había rastro de los compañeros de Sasuke notó extrañada, pues cuando ella les había dejado estaban prácticamente dormidos y no podían haber ido muy lejos antes de desplomarse.

Con pasos cautelosos salió de la habitación maldiciendo al recordar que iba descalza y comenzó a recorrer los sombríos y laberínticos pasillos de la guarida.

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—Kiba, Kiba despierta —Kakashi zarandeaba al muchacho que roncaba sonoramente en el suelo.

—¡¿Dónde está el lobo? —exclamó el Inuzuka incorporándose violentamente todavía algo agitado por la pesadilla que había sufrido.

—No hay ningún lobo, estúpido —dijo Ino rodando los ojos con paciencia—. Estabas soñando.

—Mi brazo derecho no dice lo mismo —replicó Kiba con el ceño fruncido enseñándoles un par de dentelladas marcando su antebrazo.

—¿Hemos despertado todos? —preguntó Shikamaru mirando a su alrededor.

Al parecer, Kakashi había reunido a su escuadrón y los había guiado hasta ellos pues a unos metros pudo ver como Neji y Lee ayudaban a Tenten, que parecía herida, a ponerse en pie mientras Chouji les miraba alternativamente a Ino y a él para asegurarse de que estaban bien.

—¡Kakashi-sensei!

Todos alzaron la cabeza rápidamente para ver como Naruto corría hacia ellos con esa típica energía inexplicable que le caracterizaba y nadie sabía de dónde sacaba. Tras él, Hinata, Sai y Yamato seguían al chico con un aire un poco más agotado.

—Naruto, frena —se apresuró a decir Kakashi extendiendo una mano ante el hiperactivo muchacho—, tranquilízate un poco.

—Pero… ¡¿Qué ha pasado dattebayo? —preguntó el rubio incapaz de contenerse—. Primero nos dormimos y hay esas horribles serpientes, con esos dientes y… de pronto puff… ¿y Kabuto?, ¿Qué pasa con Sakura-chan?

—Kabuto está muerto —contestó Kakashi con un suspiro— y Sakura…

—Está ahí —dijo entonces Neji con voz suave.

Todos los presentes contuvieron el aliento girando sus miradas para contemplar con asombro a la pelirrosa que acababa de girar la esquina y les miraba de igual manera, como si no pudiera creerlo del todo, como si en cualquier momento todo fuera a desvanecerse.

—¿Naruto? —llamó con voz temblorosa acercándose lentamente.

El rubio dio unos pasos hacia ella mirándola entre serio y conmocionado. Al llegar junto a la chica, la miró durante un segundo antes de abrazarla fuertemente apretándola hacia él como si temiera que fuera a desaparecer si la soltaba.

—Sakura-chan —dijo con lágrimas de emoción empapando su rostro—. No sabes cómo te he echado de menos dattebayo —consiguió pronunciar entre risas y llanto con una gran sonrisa de felicidad plasmada en el rostro.

—Naruto —repitió Sakura con la voz amortiguada por el abrazo de oso del rubio, llorando de también de felicidad.

En ese momento, la pelirrosa sintió que alguien la abrazaba también por la espalda. Y al girar el cuello vio a su antiguo sensei.

—Me alegro de que estés bien —dijo Kakashi con voz dulce—. Estoy muy orgulloso de ti, Sakura.

—Kakashi-sensei —dijo la chica sonriendo—, estás llorando.

—Se me habrá metido algo en el ojo —contestó el jounin sin inmutarse devolviéndole la sonrisa.

—¡Frentona!

—¡Mi bella flor de cerezo!

Como si de una ola se tratara, el resto de sus compañeros se abalanzaron sobre ellos, todos querían abrazarla, sonreírle o simplemente decirle lo contentos que estaban por que estuviera bien, lo mucho que les había entristecido pensar que estaba muerta.

La marea de gritos, abrazos y lágrimas fue como un torbellino de confusión y alegría desbordante hasta que en mitad del jaleo, la pelirrosa escuchó una voz que hizo que le pareciera que al resto de voces les habían quitado el sonido.

—Sa-ku-ra.

Con una opresión de emoción en el pecho, la pelirrosa se giró enfocando su mirada jade en el final del pasillo como si lo viera a cámara lenta. De pié, apoyándose con una mano en la pared, con el pelo más revuelto que de costumbre y una media sonrisa cansada en su rostro de rasgos altivos, conservando ese aire aristócrata a pesar de parecer salido de una escombrera, allí estaba. Sasuke.

El mundo se paralizó por unos instantes como si quisiera darles tiempo para reconocerse el uno al otro, pues aunque en sueños hubieran compartido tanto tiempo, la realidad era que hacía años que no estaban cara a cara, que no se miraban a los ojos o escuchaban sus voces.

¿Sentirían lo mismo ahora que estaban despiertos?, ¿había sido todo un sueño del que ahora habían despertado desvaneciendo lo que les había unido?. Las preguntas se agolpaban en sus mentes mientras se miraban el uno al otro tratando de encontrar alguna chispa de reconocimiento en los ojos del otro, algo que les indicara que hacer.

Sasuke trataba mantener su respiración pausada para así tratar de controlar su pulso que parecía haberse desbocado de un segundo para otro como si acabara de correr una maratón mientras Sakura seguía mirándole con sus ojos verdes por fin abiertos, brillantes y llenos de vida.

Entonces, la pelirrosa salió corriendo hacia él como si no viera a nadie más y él contuvo la respiración mientras se acercaba velozmente preparado para recibirla.

—Sasuke-kun —suspiró al tiempo que él la recogía en sus brazos dando un giro por el impulso.

El Uchiha dejó que Sakura se deslizara en sus manos hasta que pudo poner los pies en el suelo y sus rostros quedaron a la misma altura.

—Dime que esto no es otro maldito sueño —pidió Sasuke con sus ojos negros prendidos en los de la chica—. Que eres real.

La pelirrosa sonrió radiantemente con ternura ante las palabras del chico.

—No es un sueño, Sasuke-kun, los dos estamos despiertos…

Sin dejar que acabara la frase, el muchacho estampó sus labios en los de ella de forma brusca y repentina sin importarle que unas quince personas estuvieran mirando, pendientes de cada detalle. Él simplemente la besó y tal vez fuera por la certeza de que era real, pero fue mucho mejor que cualquier beso soñado y por el sentimiento con el que la chica correspondía aferrándose a su cuello y hundiendo los dedos en su cabello, supo que ella pensaba lo mismo.

Por fin estaban juntos, después de tantos sueños, de tantos años separados, del odio, la venganza y las lágrimas. Por fin podía besarla con la certeza de que no despertaría al segundo estando sólo en su cama. Porque ya no estaba solo, ahora todo volvía a encajar en su lugar. Había vuelto a casa.

En el momento en el que se separaron, todo pareció recobrar el sonido de nuevo, pues hasta sus oídos llegaron los silbidos de Kiba y las risas y gritos de los demás que jaleaban emocionados ante el emotivo rencuentro.

Sasuke notó una palmada en el hombro y se giró encontrándose con Naruto sonriendo de oreja a oreja.

—Te lo dije, Dobe —se jactó el Uchiha.

—Por una vez, me alegro de que tuvieras razón —admitió el rubio —. Y no me llames Dobe, Teme.

—Y tú no me llames Teme, idiota.

—¡Bastardo!

—¡Imbécil!

—Niños… —dijo en tono de paciencia Kakashi, que se las había arreglado para deslizarse tras ellos y poner una mano sobre la cabeza de Naruto y otra sobre la de Sasuke.

A unos metros de ellos, Taka observaba la escena desde antes de que Sasuke apareciera pues Juugo había ido a buscar a sus compañeros en cuanto había despertado. Suigetsu alzó las manos formando un recuadro cuadro con los dedos índice y pulgar como si fuera un fotógrafo o un director de cine tratando de enfocar.

—Me parece que esto ya lo he visto antes —dijo cuando consiguió cuadrar entre sus dedos la imagen que daba el equipo siete. Los dos chicos fulminándose con la mirada mientras su sensei posaba una mano en sus cabezas y la chica pelirrosa sonreía en el centro—. Aunque están un poco más creciditos.

—Es un buen final —opinó Karin encogiéndose de hombros con una leve sonrisa.

—Te equivocas —repuso Juugo—, es un buen inicio… Un nuevo inicio para todos.

FIN


Bueno ¿Qué os ha parecido el final? Por supuesto falta el epílogo con el que espero sorprendeos jeje

Me da mucha pena terminar esta historia, realmente cuando la empecé no pensaba que fuera a llegar a lo que hoy es, pensaba que sería más corta y no creí que os fuera a gustar tanto. Me alegro de haberme equivocado.

Espero que os haya gustado el esperado reencuentro de Sasuke y Sakura y hayáis disfrutado con el final.

Por supuesto, planeo escribir más fics pronto así que no me perderéis mucho tiempo de vista jeje.

Contestando a Ania Haruno, claro que puedes imprimir la historia, lo que no permito es publicarla en otro lugar, pero si quieres imprimirla eres completamente libre de hacerlo :D (y por supuesto que puedes tratarme de tu, si no me sentiría como una vieja jajaja)

Muchísimas gracias a todos los que habéis seguido la historia y sobre todo comentado vuestra opinión con un review :)

Nos vemos el martes que viene por última vez en este fic, con el epílogo: "Vivir"

Besos Ela.