Creo que al fin me dí cuenta, la vida era como un barco en una botella. Trataba de navegar, seguir adelante pero... no podía sin aire.

Cada día para mí era más difícil. Intentaba gritar, pero a nadie le importa.

Ese día tardé más de la cuenta en llegar a clase. Tampoco es que alguien se hubiera dado cuanta de que hubiera faltado, claro.

O, al menos eso me parecía.

En clase ya era habitual estar siempre mirando a la ventana. Siempre viendo las mismas caras, pero sin importarme. Sin darme cuenta ignorando sus voces, desvaneciéndose.

Si, cuando la vida es como un barco en una botella... siempre se está sola.

Pero eso lo sentía desde que... se fue. Si, desde que me dejó.

Pero aunque se lo hubiera pedido, no hubiera cambiado de opinión.

Si, es verdad. Fue una estupidez pensar que un ser como él pudiera estar conmigo. Me reía solo de pensar que tal vez quisiera haber estado conmigo para siempre...

Llegué a casa en estado zombie. Cuando encontré aquello en el buzón.

Una rosa negra.

Estaba totalmente abierta, perfecta, con algunas gotas en sus pétalos por la lluvia. El caso fue que me la llevé a casa. Dejé la mochila (mojada también) en el suelo frío de la cocina para ir a por un vaso, o algo, con agua, para dejar la rosa. Cuando lo conseguí subí a mi habitación para dejarla.

Y, la verdad. La rosa me ayudó algo... a no pensar, distrayéndome.

Pero eso no duró para siempre, y enseguida las sombras llegaron.

Cada día veía ahí a la rosa. Sin hacer nada (obviamente), preguntándome quien la habría dejado en el buzón. Yo no sería capaz de haberme desecho de ella.

Rápidamente se me paso cierto nombre a la cabeza, pero deseché la idea. Ya había empezado a soñar.

A veces me lo permitía. Pensaba que Edward volvería por mi ventana, pidiéndome porque volviera con él. Se lo permitía a mi cabeza para que el corazón descansara un poco de tanta carga de todo lo que aguantaba durante el día.

¿Donde estaría él ahora? Seguro que muy lejos, viéndose con vampiresas súper-sexys y riéndose pensando como fue capaz de estar conmigo.

Fue ese día cuando me encontré otra rosa, en la entrada de casa. Resguardándose de la lluvia.

Al igual que la anterior, grande y con pétalos oscuros.

Subí a mi habitación de nuevo, para dejarla ahí. Decidí que lo mejor sería darme una vuelta por el pueblo.

Y de paso, visitar la casa Cullen...

Sacudí mi cabeza. No iría a por la casa. Lo más seguro es que hubiera desaparecido, como todos sus anfitriones. Dejándome claro que todo había sido un bonito sueño del que no me permitía a mi misma despertar.

Pero, antes de salir de mi habitación. Miré la nueva rosa. La que estaba casi seca. Tenía algo grabado en el tallo.

No pierdas la fe

No supe de quien era la letra. Pero era una bella inscripción que seguro que difícilmente un humano podría haber hecho sin dañar la rosa.

Sonreí, solo un poco.

Tal vez hubiera sido un hombre lobo... pensé tontamente. Lo que me recordó que Jake estaba buscando a la pelirroja...

¿Quién me mandaría a mí buscar amor o consuelo en criaturas mitológicas?

Al final acabé con diez rosas negras. Ninguna se marchitó, pero ninguna rebeló el secreto que las envolvía en su extraño color.