Los personajes de Harry Potter son propiedad intelectual de J.K. Rowling.

Los personajes 'nuevos' dentro del mundo mágico son originalmente míos y propiamente son producto de una mente amante del mundo que JKR nos regaló, quizás existan algunos desperfectos que procuré sean mínimos. Esto tiene un fin puramente de entretenimiento.

Prólogo

La historia del presente.

Una mujer de cabello rubio, figura esbelta, estatura pequeña, ojos azules, nariz respingada, pómulos finos, piernas largas, cintura pequeña en resumen de gran belleza, daba vueltas en lo que se parecía ser la estancia de una gran mansión, donde los muebles eran color cerezo y los ornamentos de fina plata. Se le veía inquieta, algo molesta en realidad, lo sobresaliente era un pequeño frasco que tenía en la mano izquierda que sostenía con firmeza. De pronto un sonido en la entrada le alertó de que su marido por fin había llegado a casa, en pocos segundo le tenía en frente con una mirada curiosa respecto a la actitud de su mujer. Sin esperar a que este le cuestionara habló.

—Estoy en estado pero no quiero tenerlo. Sabes bien que nunca he deseado tener hijos.

—Alessandra, ¿es cierto lo que mis oídos escuchan? —inquirió incrédulo remotamente en su cabeza pensaba que aquella confesión de su mujer antes de casarse de no querer tener hijos sería solo un capricho momentáneo pero ahora realizaba que se había cegado a la realidad.

—Lo es Maurice, no quiero tener a esta criatura. — reafirmó con total seriedad tocando su vientre.

— ¿Ni siquiera por mi lo harías? Es mi hijo y si me amas como siempre pregonas, no lo harás.

— ¿En verdad deseas convertirte en padre?—cuestionó sin responder al argumento de su marido.— Porque solo por ti seguiría, sabes bien que yo no deseo hacerle lo mismo que mi madre me hizo a mí, abandonándome al cuidado de los sirvientes.

—Deseo convertirme en padre si, además puedes corregir el error de tu madre. —alegó persuasivo.

—No podré corregir nada Maurice porque mi corazón aún esta cegado por el rencor que le tengo a mi madre. Así que espero que tu si seas un buen padre.- agregó antes de dar media vuelta y retirarse a su habitación. Después de esa pequeña conversación Alessandra continuó su embarazo no con mucha alegría pero resignada, tampoco era como si asesinar al hijo del hombre que amaba le agradara así que estaba conforme con complacerlo. Maurice por su parte estaba feliz, desde joven había querido ser padre porque era el único heredero de una fortuna considerable y quería que al terminar su vida esta fuera disfrutada por sus hijos. Al nacer su hija se convirtió en un padre amoroso, la adoraba era la niña de sus ojos, le parecía lo más perfecto que jamás había visto. Ella y su esposa eran lo mejor de su vida. Al contrario de Alessandra quien desde el primer momento enfrentó sus conflictos…

—Alessandra, amor, la bebe llora, tiene hambre. — dijo Maurice con suavidad intentando despertar a su esposa quien dormía a su lado.

Cambiando de posición en la cama, murmuró. — Llama a la elfina y que ella se encargue alimente.

—Alessandra, la bebe aún es muy pequeña no ha cumplido ni tres meses aún necesita que la alimentes. —alegó un tanto desesperado por repetir la misma frase que de costumbre.

—Solo porque es tu hija, tráela de su cuna por favor. —contestó sentándose en la cama y abriendo su camisón.

—También es tu hija. — replicó cansado, entregándole a la pequeña para que esta la alimentara, sentándose a su lado en la cama.

-o-

El mismo día en que su marido y ella acordaron que ya era momento de que dejara de alimentar a la pequeña, Alessandra meditó largamente en las opciones que podía tomar. Finalmente llegó a la resolución de que no quería tener más hijos así que buscó a un pocionista calificado, recurrió a su ex colega pero este se negó rotundamente, así pues no le quedó de otra que asistir con su antiguo profesor de pociones con un pretexto un poco malo el problema o la ventaja es que el viejo Slughorn lo creyó.

—Sé que usted es un hombre calificado y es por eso que he acudido a usted profesor, mi embarazo fue muy delicado y casi muero a la hora del parto. —mintió. — Lo que menos deseo es que mi hija quede huérfana de madre si yo llegara a quedar de nuevo en estado. Por ello necesito que me prepare una pocion de esterilidad, no importa si es costosa, pagaré lo que sea pero lo que menos deseo es volver a quedar en embarazada, llegar a término y morir, porque debe de saber que una vez en estado jamás lo interrumpiría. —dijo intentando convencer al hombre de ojos claros, quien mortificado escuchaba.

—Alessandra…-dijo en tono escandalizado, mirándola fijamente un par de minutos antes de contestar a la petición. — ¿tienes conocimiento de que la anti génesis tiene una duración muy larga y que no podrás concebir de nuevo hasta que bebas la pocion reversiva o su efecto termine?

—lo sé profesor, por eso mismo es perfecta para mí, de hecho necesito dos dosis, porque al vencerse el plazo beberé la segunda, le repito no quiero dejar a mi familia. —

—Querida, yo no debería acceder a esto, suena muy poco escrupuloso. –señaló aún no tan convencido de ceder a la petición de su ex alumna.

—Quizás a usted le parezca así, profesor y no lo culpo, en realidad es una decisión que me ha costado mucho pero prefiero no tener más hijos a morir en el siguiente parto y dejar huérfana a mi hija y viudo a mi Maurice.

—Si lo pones de esa manera, aunque no me agrade mucho la idea, te ayudaré mi niña. –dijo resignado. —Solo prométeme que jamás de los jamases beberás la segunda dosis antes de que el plazo de la primera venza, porque de lo contrario quedarías estéril el resto de tus días.

—Se lo prometo profesor, si es necesario haré un juramento inquebrantable para que este seguro de mi palabra.- sugirió feliz porque el hombre prácticamente ya había aceptado.

—Nunca aceptaría que alguien hiciera un juramento inquebrantable conmigo querida Alessandra, pero al escuchar tu disposición a ello creo que puedo confiar en ti. Haré las dos dosis pero por favor después de que te las entregue, no le menciones a nadie que yo te ayude, aunque es por una buena causa no todo el mundo lo pensará así.

—Nadie lo sabrá, lo prometo.- aseguró. Al recibir los dos frascos con la pocion de inmediato bebió uno y guardó el otro en su bolsillo, agradeciéndole a su ex profesor y recompensándolo con una suma considerable se marchó de la momentánea residencia de este. Regresó ese día a su casa como si nada hubiera pasado, escondió el frasco restante en su habitación, donde lo olvidó. Al regresar su marido no se enteró de aquella clandestina salida.

Posterior a ese día para Maurice el tiempo paso muy rápido, para su esposa no tanto. Lo cierto era que aunque no le agradaba la idea de ser madre por sus fantasmas, cada día que pasaba y la pequeña crecía tomando mayor parecido con la belleza de su marido le agradaba más el tenerla cerca. Le parecía extraño pero algo dentro de ella comenzaba a crecer como un afecto innato hacía la bebé. Pocos meses antes de cumplir tres años la pequeña enfermó gravemente de pulmonía, Maurice estaba completamente preocupado y no se despegaba de la habitación de su hija. Lo sorprendente para su esposa y para él mismo fue que la pequeña llamó con urgencia mientras la enfermedad la tenía en cama pidiendo la presencia de su 'mami'. Reticente entró a la habitación que estaba pintada toda de color rosa, encontrando a su hija en la cama cubierta con una elegante colcha color perla. Tosiendo, pronunció apenas con dificultad al ver a Alessandra– Mami… -estiró sus bracitos para que su madre se acercara a ella y la abrazara, Alessandra sorprendida por la petición de la pequeña debido a que normalmente era más apegada a su padre, accedió. Se acercó a la cama, donde se recostó al lado de ella y la envolvió en sus brazos. Al paso de varios minutos sintió su vestido de seda mojado a la altura donde descansaba la cabecita de su hija. Un tanto preocupada acercó su mano hasta tocar el pequeño y delicado rostro de la criatura.

—¿Por qué lloras, Alessa? -cuestionó intrigada, no comprendía el motivo de aquel llanto, finalmente según ella había cumplido su deseo de estar a su lado así que le parecían sin sentido aquellas lágrimas.

—mami, ¿podque no me quiedes?-dijo abrazando con toda la fuerza que tenía a su madre mientras seguía empapando el vestido.

Aquellas palabras llenas de tristeza, pronunciadas por la pequeña que tenía en sus brazos, fueron lo que hacía falta para eliminar la barrera que había entre ella misma, su pasado y el afecto que sentía por su hija que se negaba a sentir por temor a repetir el error de su propia madre. —Alessa, no digas eso. Yo no soy una buena madre y lo sé. Pero jamás repitas eso porque si te quiero pequeña.- respondió a la par que dos gruesas lágrimas resbalaban por sus mejillas, abrazando aún con más fuerza a su hija hasta que esta se quedó dormida en sus brazos.

—No puedo creer todo el daño que te he hecho en tan poco tiempo. Apenas vas a cumplir tres años y yo ya te hice el daño que mi madre me hizo en toda una vida. Ahora más que nunca comprendo porque no quería tener hijos, yo no nací para esto. Ya te marque haciéndote creer que no te quiero pequeña y lo cierto es que… no es que no te ame pero a mí nunca me enseñaron lo que es tener a una madre cariñosa ¿Cómo puedo esperar yo ser una buena madre para ti? Pero la realidad es que ya estás aquí y no mereces sufrir por mi pasado, no más de lo que ya has sufrido con mi indiferencia. Desde ahora trataré de vencer mis demonios y hacerte feliz.

El día del cumpleaños número cuatro de la pequeña Alessa, sus padres le hicieron una fiesta grande lo cual era poco común y extraño para ella, le habían dicho que era un día importante, de hecho su tío 'dolphus' le había dicho que si se portaba bien con las visitas le regalaría una muñeca muy costosa y bonita, Alessa emocionada prometió ser buena. A la fiesta asistieron personas desconocidas pero los que llamaron su atención fueron una mujer y un hombre 'dubios' con un niño, sorprendida por ver al niño corrió a la habitación de su mami más no la encontró allí. Como toda niña se puso a curiosear aprovechando que no había alguien porque siempre le impedían 'jugar' después de varios minutos de aventura descubrió en un cajón al fondo del ropero de su mami un frasquito muy bonito con un líquido en tono rosado que de inmediato llamó su atención, con curiosidad innata pensando que era una especie de dulce y sabría rico, bebió todo el contenido. Cuando no quedaba ni una sola gota sintió un dolor en su pancita que desapareció varios segundos después, tomando ese malestar como una señal de que había hecho muy mal al tomar del frasco que estaba escondido en los 'tesoros' de su mami lo dejo donde lo había encontrado y salió corriendo de allí casi estampándose con la dueña de la pocion quien la levantó del suelo preguntándole que hacía adentro en lugar de estar con las visitas. Optando por no responder con toda la verdad por miedo a ser regañada utilizó como pretexto el primer motivo que la llevó hasta allí y le preguntó que quienes eran los 'dubios' y que hacían en la casa. Con una sonrisa Alessandra le explico que los adultos eran los papás del niñito y si todo salía bien, cuando ambos crecieran, el pequeño sería su esposo. Diez minutos pasó haciendo preguntas sobre que era un esposo, al estar contenta con la respuesta salió con las visitas y se comportó adorablemente. Un día después de su fiesta de cumpleaños apareció su tío con un paquete grande en los brazos y se lo entregó diciéndole que había sido tan buena niña que se lo merecía pero que debía acordarse de él siempre que la tuviera, porque gracias a él su vida estaría llena de lujos. Confundida la pequeña Alessa agradeció la muñeca y lo demás también aunque no entendiera nada de lo segundo. Y ni la misma Alessandra, ni mucho menos Maurice se enteraron de que, el mismo día del compromiso de su hija, esta había bebido una pocion que cambiaría su vida varios años más tarde.

Los años siguientes no fueron muy diferentes en la vida de la heredera de la fortuna Russenberg, su padre la adoraba y su madre también aunque no lo demostrase tanto. Fue así que con muestras de afecto no tan comunes por parte de su madre, más la debida atención por parte de ambos Alessa creció hasta convertirse en una niña hermosa e inteligente aunque algo reservada. El día en que una lechuza color gris le trajo la carta de Hogwarts ambos padres la felicitaron, ella estaba orgullosa, haría su sueño realidad estudiaría hasta convertirse en una bruja poderosa. Su primer momento en el colegio fue todo un descubrimiento para ella porque si bien había quedado en la misma casa que su tío y su mamá, ella hubiera preferido mil veces quedar en la casa a la cual perteneció su papá, Ravenclaw. Sin embargo resignada se convirtió en un miembro más de la casa de Slytherin donde se adaptó con gran facilidad aunque si la observaban con atención, notarían que ella aparentaba ser como sus compañeros, más en el fondo tenía algo que ningún otro Sly, tenía respeto por los demás así perteneciese a la casa que perteneciese. Era un hecho que nadie la conocía completamente, sus dos amigas Christine y Evangeline, aunque la primera era la más cercana, ambas eran su único contacto con sus compañeros de casa y compañeros en general, en realidad mantenía relación más cordial con sus profesores que con el resto de sus compañeros, exceptuando a sus dos amigas obviamente.

A la rubia, Christine la conoció en la primera clase de herbologia de primer grado donde una planta agresiva le escupió en la cara y mientras todos sus demás compañeros se burlaban de ella, Alessa después de suprimir un pequeña risa se acercó y le ofreció un pañuelo con el cual limpiarse. Christine dudosa lo consideró pero siendo el ridículo de la clase, rechazar la ayuda de la única que se había apiadado de ella no parecía una opción considerable. Al siguiente día Alessa desayunaba al lado de un par de chicos de un grado superior que hablaban de Quidditch, cuando a la mitad de este la chica rubia del día anterior atacada por la extraña planta pidió permiso para sentarse a su lado. Alzando los hombros y brindándole una sonrisa amistosa le indicó que lo hiciera, la chica intentó romper el hielo un tanto presentándose, Christine Geneve era su nombre, Alessa creía haber escuchado ese apellido antes pero no comentó nada al respecto, guardando su curiosidad para después. Desde ese desayuno de presentaciones ambas se volvieron amigas.

Su encuentro con Evangeline no fue tan casual mucho menos afortunado, Evangeline era un año mayor que Christine y Alessa sin embargo desde que Alessa llegó al colegio ambas comenzaron una competencia insana y callada por ser la mejor, nadie sabía de la rivalidad entre ellas más que la propia Christine. Un día Evangeline ganaba cinco puntos para la casa, al siguiente Alessa ganaba diez, si una recibía un reconocimiento la otra luchaba por recibirlo también para finales de curso ambas eran las mejores dentro de la casa y competían solo con los de la casa de Ravenclaw. A principios de segundo curso de Alessa recibió la noticia de que su abuela paterna había muerto finalmente después de largos años de padecer una enfermedad desastrosa, Christine aún no regresaba de celebrar el cumpleaños de su padre, así que no tenía a quien contarle su pena. Estaba sola en la sala común, ya que todos se encontraban cenando, ya no logró contener las lágrimas y por varios minutos lloró en silencio, hasta de sintió una mano en su hombro, asustada volteó y encontró que se trataba de su archirrival. Molesta estaba a punto de gritarle que se marchara cuando esta pronunció unas palabras que jamás olvidaría. —Es cierto que siempre estamos compitiendo por ser las mejores pero debes saber todo lo hago porque en el fondo me gustaría ser como tú. Tienes dinero pero nunca lo presumes porque sabes que no lo es todo, al contrario de mi que yo lo acabo de comprender, eres más bonita y tienes buenas calificaciones sin matarte días y noches enteros por ellas. Yo en cambio si me mato por seguirte el paso y ser la mejor….. No sé por qué lloras ni me interesa en realidad pero debes de tener claro que no debe será tan malo, así se trate de muerte, a todos nos llega nuestro tiempo. - Palabras sabias en un momento difícil lograron que por lo menos su dolor se volviera más liviano, al llegar Christine la mañana siguiente le contó lo sucedido, entre sorprendida y confusa se disculpó por no haber podido estar allí para ella y con un poco de reticencia aceptó que no era tan mala la idea de tener a Evangeline 'cerca'.

Ni Evangeline ni Alessa dejaron de competir por ser las mejores lo cierto es que desde esa tarde ahora era una competencia sana y justa, cada una aceptaba la victoria de la otra. Y lo fue hasta el último día en que Alessa permaneció en Hogwarts.

El colegio para Alessa, Evangeline y Christine era divertido a pesar de las creencias populares, Less y Eva eran muy buenas en lo que se proponían mientras que Chrissy era la que vestía elegantemente y las ayudaba a vestirse para lucir bien y atraer chicos, aunque ninguna de los tres lo necesitara. La primera en perder su virginidad, fue Eva con un chico medianamente guapo llamado Justin dos grados mayor que todas.

— ¿Qué sentiste? ¿Es tan bueno como cuentan las de séptimo? ¿Fue cuidadoso contigo?-cuestionó la rubia con demasiada curiosidad y algo de morbo.

—No les voy a mentir, duele pero si él es 'cuidadoso' el dolor pasa después de un rato y se vuelve… placentero.-respondió con un tiño rojo en las mejillas.

— ¿Entonces lo disfrutaste? ¿Cómo fue? Cuenta detalles. –insistió Chrissy

—No voy a contar detalles Christine! Lo único que les puedo decir es que después de la primera vez, la segunda es "pan comido". – dijo finalizando aquella conversación antes de marcharse a su habitación.

Chrissy le siguió con un chico muy guapo jugador de quidditch de la misma edad que Justin y aunque no fueron solicitados ella si relató detalles; Less por su parte no la perdió estando en el colegio, aunque estuvo a punto con Frederick primo del jugador de Chrissy, miembro de Ravenclaw.

Pronto las vacaciones invernales del quinto curso llegaron las tres como el resto de sus compañeros marcharon cada uno a sus respectivas mansiones. Chrissy, muy a su pesar, pasaría la segunda mitad de las vacaciones en casa de Evangeline porque sus padres visitarían a su hermana en Francia, Alessa también fue invitada pero decidió quedarse en casa ya que había extrañado su habitación y a sus padres. Lo que no sabía es que ya no regresaría al colegio al terminar ese periodo de descanso. La noche anterior a que abordara el tren de regreso a Hogwarts notó que un medimago visitó la mansión, intrigada por esto espero a que este saliera de la habitación principal y lo interceptó.

—Medimago, ¿podría decirme que sucede?

—Creo que esta en todo su derecho jovencita, finalmente es su madre. La señora Russenberg se encuentra en un estado de salud precario y quizás tarde más de una semana en sanar, si es que supera esta crisis. Le sugiero que no se aleje de ella, no por mucho tiempo. – dijo marchándose de inmediato sin permitir que la joven le cuestionase sobre la enfermedad de la cual se trataba ni los cuidados y lo peor era que con lo contrariada que estaba Alessa, no tuvo tiempo a reaccionar antes de que se marchara. Preocupada, después de pensarlo por un largo rato, decidió que no regresaría al siguiente día. No hasta que su madre sanara.

Alessandra sanó por completo tres semanas después de la primera visita del medimago, sin embargo su hija no quería despegarse de ella. Una semana transcurrió y en la mansión se presentaron los Malfoy alegando que deseaban averiguar el motivo por el cual la joven Alessa no había regresado a clases al terminar el periodo invernal o los días posteriores. Maurice el patriarca Russenberg, le explicó la situación a Lucius quien pareció tranquilo con la justificación, sin embargo exigió que se hicieran las pruebas necesarias para consolidar el compromiso establecido once años antes.

Los resultados de las pruebas no fueron solo sorpresivos para las dos familias, desastrosos para una de ellas y un gran desperdicio de tiempo para la otra. Los futuros contrayentes no pronunciaron palabra alguna mientras que los patriarcas no lo tomaron tan diplomáticamente. Desde ese día la vida de los Russenberg no fue la misma, no solo perdieron millones en 'recompensar' a los Malfoy si no que algunos miembros de la clase alta les habían dado también la espalda. Para la madre de Alessa, el panorama no se observaba mejor, acababa de ver el futuro de su hija derrumbarse ante sus ojos en cuestión de segundos y ahora se reprochaba que pensando era su culpa por no haberla deseado mientras la gestaba, quizás por eso la había concebido infértil, la culpa la tenía mal. Por su parte la joven estaba en estado de shock; desde pequeña jugando a las muñecas tenía claro que deseaba ser madre y tener mucho hijos, pero había guardado ese anhelo en el fondo de su corazón para cuando fuera el momento indicado. Ahora que tangiblemente se le había negado rotundamente aquella posibilidad ese anhelo se había convertido en un capricho insano e insensata, como todo adolescente, haría lo que estuviera en sus manos por conseguirlo.

-A-R-A—-D-S-

Después de este capítulo, algunos años pasaron, la vida de Alessa cambio radicalmente desde aquella tarde en que descubrió cierta verdad en su vida y nada fue igual después de eso.