Tres días pueden cambiar nuestra perspectiva...

Con la circulación de su cuerpo fuera de peligro y el analgésico potente, debería de estar despertando alrededor de dos horas más tarde, así que espero y esperó. Pero al cumplirse ese plazo comenzó a preocuparse por primera vez en la noche.

— ¡Maldición! ¿Por qué no despiertas? — Gritó desesperado dirigiendo su mirada a la joven mujer que parecía estar profundamente dormida pero Severus sabía que eso no era un estado de sueño normal ya la hubiera despertado. Pasando sus manos por su cabello y odiando tener la necesidad de esto, bajo deprisa hasta la chimenea y se puso de rodillas para hablar por esta. — ¿Albus?

— ¡Severus! ¿Cómo esta todo? —cuestionó en aquel soso tono jovial que comúnmente adoptaba

— No despierta. —Respondió en un tono por demás grave.

A lo que más sobriamente el director respondió. —Le avisaré a Madame Pomfrey que sus servicios son requeridos.

Minutos más tarde, la chimenea se activó y para dejar pasar a una interesada medimaga. — ¿Dónde está ella, Severus?

Sin contestar verbalmente caminó a prisa hasta llegar a la recamara principal, seguido por Pomfrey, quien al llegar a la habitación colocó su maletín en el buró y comenzó a realizar hechizos que pudieran revelar la causa del estado de la paciente. Al tener idea de lo ocurrido, comenzó a cantar en tonos bajos por largos rato hasta quedar satisfecha con su trabajo y asegurar la estabilidad de la joven.

—Ya realizaste suficientes hechizos como diagnosticar a una docena de personas, ¿puedes decirme ya que rayos le pasa? —interrumpió Snape desde su lugar recargado en la pared.

—Al parecer recibió un fuerte golpe en la cabeza y el cuerpo como si la hubieran tirado de un segundo piso lo cual provocó algunas hemorragias internas, eso sumado a las heridas que tú curaste. Cualquier muggle hubiera tenido consecuencias irreversibles pero es obvio que su magia compensó el daño, por ello su núcleo está exhausto.

— ¿en conclusión? —preguntó cansado

—Se recuperará, pero necesita tiempo. Yo ya hice todo lo que estaba en mis manos para prevenir cualquier deterioro a su sistema nervioso y ayudar a su núcleo a recuperarse, ahora todo depende de ella. Deberás administrarle pociones para el dolor cada doce horas y darle una poción nutritiva una vez al día. Si en una semana no mejora, me temo que tendremos que transferirla a San Mungo, Severus.

—Gracias por venir. —dijo en un tono monótono.

—Es mi deber Severus. —respondió la medimaga mientras recogía sus cosas y antes de marcharse, agregó. — No te molestes, conozco la salida. —dicho esto, salió de la habitación y segundos después se escuchó la activación de la chimenea.

Exhausto, hechizó uno de los buros convirtiéndolo en un sillón, donde se tiró y dispuso a velar a la joven sin embargo, ha cierta hora de la madrugada, el sueño lo venció y no supo más de sí.

-o-

Muy temprano por la mañana, el ruido de la elfina apareciendo frente a él le puso completamente alerta. Dirigiéndole una mirada rápida a la joven inconsciente y notando que todo seguía igual, aclaró su garganta y preguntó. — ¿Qué pasa Vodka?

A lo que la servicial criatura movió sus orejas de manera nerviosa antes de responder. —Lamento despertarlo señor, pero el bodoque no para de llorar desde hace un rato y Vodka ya lo intentó todo. Lo limpió, le dio de comer pero no aceptó mucho, intentó incluso hacer magia para el pequeño mago pero ¡nada funciona! —Dijo haciendo énfasis en lo último dejando claro que si recurría a él era porque ya había agotado sus recursos y estaba desesperada.

—Quédate con ella mientras voy a ver al enano. —ordenó en tono cansado, mientras se dirigía a la habitación adjunta a la suya, encontrando en ella al pequeño sentado en su cuna llorando bastante intranquilo. Al acercarse a la cuna y recargarse sobre el barandal que rodeaba esta el niño detuvo su llano y fijo su vista en el recién llegado. — ¿qué te pasa enano? Dime, ¿qué le has hecho a mi elfina? Es la primera vez que la veo al borde del colapso. —cuestionó al niño en tono de mofa, sabiendo a la perfección que este no le contestaría.

Sintiendo algo de seguridad al ver al hombre ahí, levantó los brazos como señal universal de que deseaba ser alzado en brazos. Gesto que no paso desapercibido por el pocionista quien negó con la cabeza sin utilizar palabras, lo que le costó el recomienzo de los llantos del niño quien comenzaba a sentirse muy ansioso.

Pensé que mi etapa de niñero había terminado cuando Draco dejó los pañales, veo que no.

Al repetir el gesto con los brazos, esta vez fue respondido por el espía quien lo agarró y con algo de torpeza lo colocó contra su pecho, a lo que en lugar de quejarse el niño se acomodo y comenzó a tranquilizarse.

Totalmente desconcertado con este gesto de familiaridad por parte del enano, solo atinó a sostenerlo con firmeza y caminar por la habitación de este en búsqueda de dormirlo, eso siempre funcionaba con Draco, no veía porque no intentarlo. Y así lo hizo hasta que escuchó la respiración del enano acompasarse, acto seguido lo desprendió de si con cuidado y colocó en la cuna procurando que no despertase. Al haberlo logrado regresó al lado de la joven que a diferencia de minutos antes se notaba algo inquieta como si estuviera teniendo alguna pesadilla, sin desear que sufriera más allá del dolor físico que ya tenía, se acercó hasta la orilla de la cama y tomó su mano tratando de tranquilizarla pero al parecer la pesadilla era demasiado intensa porque no funcionaba, así que apretó fuerte su mano y después murmuró. — Shhhhh… Todo está bien. — Eso pareció haber tenido mejor efecto porque al menos dejó de moverse y solo unas lágrimas resbalaron por las comisuras de sus ojos antes de quedarse quieta como antes, como si durmiera.

—Vodka, me voy a dar un baño, continua vigilándola por mí. Por cierto, el niño ya está dormido.

Acto seguido, desapareció por la puerta de la habitación hasta el baño donde realizó la rutina de cada mañana, salió y aparte de su bóxers, vistió solo un par de pantalones negros, una playera de algodón, unos calcetines y unos zapatos. Hecho esto, camino hasta la habitación principal donde tomó asiento en el sillón que había transformado la noche anterior y ordenó el desayuno aunque no tenía hambre, era vital el mantenerse fuerte y preparado para cualquier imprevisto. Mucho más ahora que estaba solo, como antes como siempre.

Habían pasado ya dos días y no había mucho movimiento por parte de Alessa y Severus comenzaba a impacientarse, no solo por lo que eso podría significar, si no porque había un enano que aclamaba por la atención de su madre cada vez con mayor insistencia y por lo mismo cada vez les era más difícil, a él y a la elfina, tranquilizarlo.

Al tercer día tanto la elfina como el pocionista estaban cansados, Snape había dividido su tiempo en hacer sus planes de trabajo para Hogwarts, velar a la joven y tranquilizar al enano cuando Vodka no podía (que para ser precisos era la mayoría del tiempo). Para ser realistas el mocoso estaba más inquieto que otros días y cada vez que Severus iba a ponerlo en la cuna comenzaba a llorar. Después de intentarlo unas cinco veces, el pocionista estaba más que harto, el chiquillo sí que podía ser persistente. Apenas tenía un par de minutos de haber logrado calmarlo por quinta ocasión y no deseaba repetir aquella odisea, así que cansado tomó asiento a lado de la cama donde se encontraba la joven y cerró los ojos buscando detectar alguna señal de que el niño despertaría. Mientras hacía estas contemplaciones se quedó dormido con el pequeño en brazos. Al fin el cansancio los había vencido a ambos, al inquieto niño y al exhausto hombre.

Estaba confundida, no sabía dónde se encontraba ni porque se sentía cansada, incluso comenzó a ponerse nerviosa cuando recordó a Adrien y la improvista forma en cómo le había dejado, seguro ya estaría muy inquieto. Con dificultad abrió los ojos, parpadeó varias veces y miró a su alrededor sin poder creer lo que veía, enfocando sus ojos una vez más, fijó su vista en lo que parecía una ilusión. El pocionista se encontraba dormido sentado en un sillón al lado de la cama con Adrien en brazos igualmente dormido. Eso si que era algo para recordar, jamás imaginó que Snape pudiera dejar a un lado su armadura de hielo que le brindaba tanta seguridad, pero al parecer Adrien había sido mucho más insistente que de costumbre y había logrado algo que Alessa creía muy difícil. Sin darse cuenta una sonrisa se formó en su rostro al ver aquella conmovedora escena y deseó más que nunca tener papel y pluma para pintarlos, resignada solo continuó contemplándolos.

-o-

Tras los días tan tensos que había tenido, no había podido descansar y apenas ahora estaba entrando en un sueño reparador y así hubiera sido, aún con el enano recargado en su pecho, de no ser porque se sintió observado. Sabiendo a la perfección que no había nadie en la casa aparte de la elfina o la joven, decidió tomarse su tiempo para despabilarse sin despertar al enano. Fue en esos minutos que notó el cambio en el patrón respiratorio de la joven y supo que quien le observaba era Alessa. Aún con los ojos cerrados, murmuró. — Por fin despiertas.

Algo sorprendida por haber sido descubierta observándoles, atinó a preguntar. — ¿Cuánto tiempo estuve inconsciente?

Abriendo los ojos y fijando su vista en la joven, respondió. —Tres días.

— ¿Tanto tiempo? —repitió alarmada, eso explicaba porque se sentía como así, pero lo que más le preocupada era lo que había sido de Adrien sin ella, era verdad que ya estaba introduciendo frutas y verduras a su dieta, pero bien sabía lo renuente que el pequeño estaba a dejar el seno.

—Tranquilízate. Si te estresas no ayudará en nada a tu recuperación. — explicó Snape en voz baja procurando que el bebé siguiera durmiendo.

—Tienes razón, además lo único que debe importarme es que Adrien está dormido tranquilamente en tus brazos, así que todo estará bien. —Aceptó con una sonrisa cálida, mientras luchaba por mantenerse despierta.

—Parece que estas a punto de quedarte dormida, quizá lo mejor sea que llame a la medimaga. —pronunció sin esperar una contestación de la joven mujer, bajo a la sala e hizo una llamado por la chimenea. Minutos más tarde una mujer madura entraba en la habitación donde se encontraba Alessa.

—Qué bueno que despiertas jovencita, si hubieras tardado un par de días más me temo que hubiéramos tenido que transferirte a San Mungo, pero veo que eso no será necesario. Por el momento realizaré un chequeo general para saber tu condición actual y después uno especifico para ver como sigue ese golpe tan duro que te diste en la cabeza.— Dijo de prisa, sin permitirle pronunciar palabra, con lo que la joven prefirió guardar silencio en lugar de cometer alguna imprudencia.

Al terminar de revisarla arrugó el entrecejo, en verdad había varias cosas que no le gustaban, si bien la pérdida de sangre no había dejado secuelas y la mayoría de las heridas tampoco serían permanentes, había algo totalmente extraño en los resultados del análisis. Según esto la joven estaba bajo el efecto de un potente anticonceptivo (uno que solo remitiría con el antídoto o al concluir el tiempo máximo para el cual había sido creado) desde hace más de tres años, lo cual la confundía de sobremanera porque por otra parte al estudiar la enorme herida en el pecho de la muchacha notó que sus senos denotaban tener tiempo lactando, lo cual no era biológicamente posible o ¿sí? Sacudiendo la cabeza, prefirió continuar con la contusión y al encontrar su sistema nervioso más tranquilo y casi recuperado por completo, decidió que todo estaba bien, a excepción del gran acertijo que había encontrado en la muchacha. —Estas considerablemente mejor que hace tres días, de hecho me atrevo a decir que si guardas reposo pronto estarás como nueva.

Un tanto más tranquila al escuchar las palabras de la medimaga, atino a decir. —Gracias por venir.

—No agradezcas, pero si ten más cuidado. —dicho esto salió por donde vino y dejó a Alessa sola en la habitación un tanto confundida, ¿Qué historia le había dicho el pocionista para que no hiciera preguntas la medimaga? Mientras pensaba en esto, intentó torpemente levantarse de la cama pero solo consiguió sentarse. Frustrada comenzó a mover sus extremidades con intención de que estas regresaran a funcionar como antes, pero tal parecía que tres días inconsciente a consecuencia de un golpe en la cabeza no era algo a tomar a la ligera pues se sentía débil como si tuviera un mes postrada en la cama. Estaba en su segundo intento por ponerse en pie cuando escuchó la voz del pocionista

— ¿Te sientes con suficiente fuerza para levantarte de la cama?

Mientras consideraba la pregunta del hombre consiguió ponerse en pie aunque tambaleándose un poco. — No será tan fácil como lo es siempre, pero estaré bien.

—Nadie te está exigiendo que te levantes ahora mismo

Sin replicar se quedó ahí por varios minutos reuniendo fuerzas para evitar desvanecerse o algo así, luego alzó la cabeza con una sonrisa dibujada en el rostro. —Lo sé, pero parece que ese enano que tienes en brazos te tiene exhausto y no es para menos, puede ser muy insistente cuando se lo propone. Gracias por cuidar de él mientras yo no podía.

Con una sonrisa socarrona, solo cabeceó a manera de afirmación.

Sin desear tentar a su suerte estiró la mano, a la vez que pidió. — ¿Me ayudas?

Acercándose tomó la mano de la joven ayudándola a caminar. —Gracias. —murmuró mirándolo directo a los ojos, con torpes pasos eliminó el espacio que había entre ambos y sin esperar más rodeó la cintura del pocionista en algo parecido a un abrazo, presionando en el camino un poco al bebé que se movió tan solo para acomodarse de nuevo y continuar durmiendo.

Abrumando con lo sentimental de la situación, la razón le gritaba que saliera huyendo de ahí dejando al mocoso en brazos de su madre y a la joven sola con su convalecencia, al fin y al cabo el peligro ya había pasado. Pero no. Se quedó ahí y colocó el brazo que tenía libre en la cintura de la joven, intentando según el brindarle seguridad.

A pesar de que se sentía muy bien estar envuelta en los brazos de este hombre, con tristeza recordó lo distante que se había comportado con ella semanas antes así que recobrando un poco de orgullo se separó de él y sin mirarlo a los ojos, murmuró.— Tomaré una ducha antes de que despierte. —dijo descolocando un poco al pocionista con el repentino cambio de humor, quien por su parte prefirió dejar sus dudas para más tarde, cuando Alessa ya hubiera terminado su ducha y comido algo.

Habiendo ordenado a Vodka que le avisara cuando la joven estuviera en su habitación, caminó hasta la alcoba del enano, con suerte esta vez no se despertaría cuando intentase ponerle en la cuna.

Suspirando cansado, se resigno a que quisiera o no, necesitaba saber qué había pasado en la Mansión Malfoy.

n/a 10/05/2014 Ha pasado casi un año desde que subí el capitulo anterior, espero que se sigan por aquí porque esta historia continua. Gracias.