Disclaimer: Los personajes no me pertenecen (más quisiera yo) le pertecen a J. K. Rowling (Jota Ka Roulin)… excepto los que ustedes no conocen, que son totalmente míos… aunque eso no signifique este orgullosa.


La nueva prefecta.

- No me gusta el quidditch, Mary. – dijo una pelirroja mientras intentaba concentrarse para que le saliera el Patronus.

- A ti no te gusta nada, Lily. – le reprochó su amiga, y compañera de cuarto.

Allí estaban, en quinto año, Mary MacDonald intentado convencer a la nerd de Lily Evans a asistir al primer partido de la temporada, Gryffindor contra Ravenclaw.

Lo cierto es que Mary era la única amiga de Lily. Punto.

La rarita – Lily – prefería quedarse en la habitación a practicar para los TIMO's antes que desperdiciar su valioso tiempo en mirar el estúpido juego con escobas voladoras. No le veía el atractivo, no le veía la gracia, una pelotita dorada que apenas se podía atrapar, dos pelotas asesinas, y otra roja como la del futbol... No, ella no le veía la gracia. Mejor de quedaba practicando el maldito encantamiento Patronus, que no le salía, lo único que apenas lograba hacer era un poco de niebla, que desaparecía al cabo de nanosegundos.

- No te gustan el quidditch, no te gusta el futbol, no te gusta comer en el Gran Salón, no te gusta los días soleados, no te gusta la música…

- ¡Claro que me gusta la música, Mary! Solo que… prefiero a un volumen muy bajo, para no molestar. Y tengo que practicar, Mary…

- ¡Lily, falta una eternidad para los TIMO's! – exclamó – Puedes practicar el Patronus después. Además, no lo estás haciendo bien. – comentó con voz altiva, como si ella supiera hacerlo bien.

Y dejó a su amiga allí, preguntándose qué estaba haciendo mal.

Lo único que le gustaba del quidditch, era que todos se iban al estadio para presenciar los partidos, dejando la sala común vacía solo para ella. Allí tenía más espacio para practicar… y pensar en lo deprimente que era su vida.

En su primer año, Lily no había hecho ningún amigo, nadie se le acercaba a pesar de que era brillante en todas las clases, todos la ignoraban. En segundo, paso lo mismo, era tan invisible que a veces los estudiantes se sentaban encima de ella sin darse cuenta… era demasiado invisible. En tercero se hizo amiga de Mary, en realidad, Mary se hizo amiga de Lily, ya que la pelirroja le había ayudado en pociones, fue como un favor, ya que Mary era popular… aunque no sirvió de nada, Lily siguió siendo la indeseada de siempre. En cuarto, lo mismo, solo que tenía con quien hablar de vez en cuando. Y ahora estaban en quinto, Lily presentía que sería igual los cuatro años anteriores: una mierda.

- ¡Qué genial golpe de Black! – gritó con admiración el narrador del partido. Sirius Black le había mandado una bludger a un cazador del equipo oponente, dándole directamente en la cabeza. El cazador de se cayó de su escoba mientras Black le daba un sonoro beso a su bebe… el bate. – Y Gryffindor tiene la quaffle, la lleva Carlson, se la pasa a Gylenhall que… ¡OH! ¡Otra bludger de Black! ¡ESO DEBIÓ DOLER! Smith cae, la bludger de Black le directo en la nuca… bueno, parece que Ravenclaw tendrá que seguir con un solo caza… ¡POTTER! – se interrumpió a sí mismo y apunto hacía donde estaba el jugador nombrado. - ¡Potter vio la snitch y la está persiguiendo…!

El silencio y la expectación invadieron a la tribuna. Un minuto después…

- ¡CARAJO, LA ATRAPÓ! – exclamó enojado el narrador, ya que él era de Hufflepuff, y esta victoria limitaba mucho sus posibilidades.

La profesora McGonagall pudo haberlo reprendido, pero ella estaba ocupada alegrándose de haber ganado.

Erase una vez tiempos felices cuando Gryffindor festejaba sus victorias en el Gran Salón… pero ahora lo hacían en la Sala Común. Principalmente porque solían cantar canciones obscenas al festejar y tomar whisky de fuego robado de la ballena de Slughorn. Bueno, retomando, Lily sabía que Gryffindor iba a atestar la sala común, y la mitad iba a emborracharse y follarse cualquiera con dos piernas y un agujero en la entrepierna, Sirius Black era la cabeza del movimiento, y el principal ejemplo. En fin, como Lily no quería estar presente para ver los espectáculos que la naturaleza – y Sirius Black – iba a ofrecer, se fue a la biblioteca, único lugar donde no podía montar espectáculos, escuchar música, etc., sin que Irma Pince te crucieara.

Siempre iba a la misma sección: Muggle. Estaba lleno de periódicos, libros y revistas muggles. Aunque Lily era hija de muggles, le interesaba estar allí por la simple razón de que las revistas tenían artículos de belleza, y de los Beatles, la banda de hippies roñosos músicos que le encantaba. Aunque era obvio que le encantaba desperdiciar su tiempo leyendo eso, total, no tenía dinero para comprarse esos productos de camuflaje maquillaje que ahí mencionaban, simplemente, imaginaba lo bonita que se vería si se pusiera esas cosas. Y que el perro en celo que era Sirius Black se fijaría en ella, porque si un Merodeaimbécil se fijaba en ella, todos lo hacían – aunque, no si era del gusto de Peter, por alguna razón que nadie sabe, la mayoría de los lectores no respetan a Peter –, sin excepción.

Sucedió con Mary, a James Potter le pareció linda en segundo, intentó conquistarla, se besaron y gracias a eso Mary es quien es hoy en Hogwarts. Lo mismo sucedió con todas las chicas a la que le pusieron un ojo encima a los pechos… es como si saltaran a la fama gracias a ellos… ¡es como si se acostaran un productor de Hollywood! Dejando de lado el hecho de Mary y otras chicas en segundo, y que los Merodeaimbéciles no eran productores de Hollywood… bueno, dejando de lado lo obvio.

Pero Lily no iba a desperdiciar su tiempo en tratar de conquistar a algunos de ellos, prefería leer los artículos muggles, que al menos algo productivo decían.

Sin percatarse del tiempo que había pasado, Lily siguió leyendo un sinfín de revistas hasta que la vieja amargada de la bibliotecaria se acerco amablemente – amablemente en Irma Pince quiere decir: vete o te torturo – para decirle que debía cerrar por que ya eran las nueve.

Fue hacía la sala común rezando para que la fiesta loca ya haya pasado. Pero como la vida de Lily Evans tiende a ser una mierda, sus plegarias no fueron escuchadas por Dios o por Merlín, cualquiera de los dos, da igual, total, Dios hay uno solo. En la sala común, James Potter y alguna zorrita de séptimo se estaban, literalmente, lamiendo todo el rostro, una forma más exacta de decir que se estaban besando salvajemente. Remus Lupin, Peter Pettigrew, Mary MacDonald y Leona Carey estaban jugando a las cartas por ropa, el que perdía se iba sacando una prenda, y hasta ahora – para el desagrado de los inocentes ojos de Lily – Pettigrew ya había perdido la túnica, la camisa, y los pantalones. Sirius tenía contra la pared a una chica que Lily reconoció como la prefecta de sexto, Caroline Merryweather, el chico se la montaba como un animal. Lily siempre creyó que Black era un depravado, y al ver aquello, lo confirmó. Lizbeth Scruff, su compañera de habitación, estaba a punto de consumar el acto con su novio de sexto en las escaleras… En síntesis, cada fiesta de victoria, era descontrol.

Pero siempre, sieeempreee llegaba tarde la profesora McGonagall para restaurar la paz y tranquilidad que nunca hubo en la sala común.

- ¿¡PERO QUÉ MIER…! – Se controló a tiempo - ¡Black, Caroline, sepárense…! ¡NO, MEJOR NO! – dijo rápidamente al darse cuenta de que tendría que ver algo desagradable salir de Merryweather – Vayan a una habitación al terminar, por Merlin, y tendré unas cuantas palabras contigo, Merryweather. Leena y Potter, lávense los rostros, cielo santo – dijo asqueada – Pettigrew, vístete antes de que vomite, Lewis, acomódale la falda a Scruff y no toques nada mientras lo haces… Cuarenta puntos menos para Gryffindor. – espetó y no necesito decir nada para que todos se fueran a sus respectivas habitaciones. – Y tu también… ah, eres tu Evans. Bueno, a tu habitación, querida. Qué vergüenza tener que haber visto estas cosas.

Y se fue.

Bueno, al menos se percató de que Lily existe.

Como cada domingo, Lily fue hacía las cocinas en vez del Gran Salón. Prefería desayunar con los elfos domésticos antes que con las personas, los elfos eran agradables en comparación con los seres humanos – pero si Sirius Black le oía decir eso, ya mismo le regalaba a Kreacher, que era algo difícil de aceptar, si no, pregúntenle a Harry Potter –. Le hizo cosquillas a la pera del retrato de las frutas, y entró. Luego de haber comido, fue la biblioteca a leer las revistas muggles. En otra mesa, una niña de primero o segundo – todas se parecen, misma estatura, misma voz infantil – le preguntó a un chico pelinegro que estaba sentado allí:

- ¿Has visto a una tal… - leyó el pedazo de pergamino – Lily Evans?

El chico negó con la cabeza y siguió enfrascado en su lectura – un texto titulado "Cómo matar a Quién-tu-sabes-que-el-perro-de-la-vecina-de-la-china-sabe" – mientras la niña buscó con la mirada a la tal Lily Evans. De hecho miró tres veces por donde estaba Lily, pero no se fijo en ella. Así que la pelirroja se levantó y fue hacía la niña.

- Yo soy Lily Evans.

Su aspecto no le agrado a la niña, blanca, ojerosa, con ropa el doble de su talla que le hacía ver como un globo… nada femenino.

- McGonagall quiere verte en su oficina. – dijo la niña entregándole el pedazo de pergamino.

La niña se fue fuera de la biblioteca, donde le estaba esperando sus amiguitas, que le miraron con burla y se fueron dejando escapar risitas tontas.

- Aquí estoy, profesora.

- Ah, Evans… Puedes irte Merryweather - le dijo a la chica que estaba sentada, ella se levantó y Lily pudo ver que estaba llorando – Siéntate – Lily le obedeció – Evans, tú tienes las mejores calificaciones y el comportamiento ejemplar, justo lo que se necesita para ser prefecta. – Lily creyó que lo que le estaba insinuando era una broma, pero McGonagall estaba bien seria.

- Profesora, yo no puedo ser prefecta. – dijo la pelirroja con una sonrisa.

- ¿Por qué no, Evans?

- Porque nadie me respeta… ni siquiera saben que existo.

La profesora también sabía eso, y era un punto en su contra. Los prefectos son autoridad… y Lily parecía no existir.

- Ese es tu problema Evans, tú eres la que pasa desapercibida.

- ¿Cómo se supone que dejare de ser invisible?

- No sé, Evans… ¿Cómo llaman la atención tus compañeras? Todas son populares…

- Se acuestan con los Merodeadores, y no es una solución para mí – le espetó Lily. - ¿Porqué no le pide a otra que sea prefecta?

McGonagall le miró severamente.

- No es una petición, Evans, es una orden. Y más te vale cumplirla… o serás expulsada.

Lily pensó que prefería ser expulsada y largarse de Hogwarts donde nadie la quería a que seguir con una vida deprimente… pero pensó en sus padres, y en los felices que eran al ver los hechizos y encantamientos nuevos que aprendía, pensó en el dinero que gastaban en comprarle los libros, y pensó en su hermana Tuney y su mirada desdeñosa, esa por la cual había jurado ser la mejor en Hogwarts, cosa que había logrado, solo que nadie más que ella y los profesores lo sabían. Debía quedarse.

Terminó aceptando, no había remedio.

- Evans, si los estudiantes no te hacen caso, puedes… - la profesora se mordió el labio nerviosamente – transformarlos o castigarlos de alguna manera… puedes utilizar la varita. El director te da el permiso para ello.

Por supuesto que le daba permiso, era la única manera de que le hicieran caso. Pero solo para tantear…

- ¿Puedo convertir a alguien en rata? – la profesora asintió – ¿Puedo quemar un objeto prohibido? – asintió otra vez - ¿Puedo usar el maleficio Cruciatus?

- No veo la necesidad… - comenzó a protestar McGonagall.

- Sirius Black.

- Ah, sí, con él sí. – dijo alegremente.

Con el estado de ánimo un poco elevado, y una insignia de prefecta en la mano, Lily se fue a la torre de Gryffindor.

Revolvió todo el baúl busca del suéter gris con escote en V que le había robado a su hermana la huesuda en venganza por haber derramado todo un frasco de tinta en la redacción sobre maleficios imperdonables. Cuando encontró el suéter, se sacó la sudadera tamaño cuñado-Vernon y se puso el suéter, ya que la insignia se notaría más en algo pequeño y ajustado.

Bajó a sala común, donde encontró a dos Merodeaimbéciles tirándose una rata de un niño, al parecer de primero, que estaba llorando. Allí estaba su primer trabajo.

- Potter, Black, dejen a la rata. – les ordenó tranquilamente.

Ellos no hicieron caso y siguieron pasándose la rata, tal cual Lily había predicho.

- Dejen a la rata.

- ¿Tu quién eres? – le espetó Black.

Lily sacó pecho para enseñar la insignia de prefecta… pero no fue eso en lo que se fijo Sirius. Lily le abofeteó.

- ¡Devuélvele la rata al niño, Black! Los dos están castigados.

- Quisiera ver obligándolos – dijo James burlonamente.

- Si tú lo dices – murmuró Lily.

Sin decir el encantamiento, la pelirroja transformó a James Potter en un rata color miel que se quedó quietita en el suelo por la sorpresa, Sirius dio un paso hacía Lily, que fue más rápida.

- ¡Crucio!

Al instante Sirius Black cayó de rodillas mientras gemía de dolor. Lily tomó a la rata del niño y se la devolvió, y agarró a la otra – James – para que no se escapara. El maleficio duró muy poco, así que Sirius ya estaba de pie, algo atontado.

- ¡Lily, has hecho un maleficio imperdonable! – exclamó Mary conmocionada.

La pelirroja de encogió de hombros.

- Permiso especial de Dumbledore.


Hola... bueno, esta es mi primera historia, asi que tengan piedad. Si no te gustan las arañas, deja un review ;)