Disclaimer: Los personajes reconocidos son de J. K. Rowling. Los que no, míos. El apellido de soltera de la señora Evans lo saque por Charlotte Casiraghi, a quien admiro por su estilo. Cindy Lauper es una cantante. El canal de animales que se menciona tampoco me pertenece.

Las raíces de Lily

La señora Evans – apellidada Casiraghi de soltera – descendía de una familia aristócrata, muy conservadora. Ella había sido la hija mayor, responsable y educada que sus padres quisieron… hasta que al salir de Les Damas – un colegio bilingüe de gran prestigio – decidió estudiar medicina. Los Casiraghi no estuvieron de acuerdo en que su hija quisiera trabajar, ellos querían tenerla en casa, como sus aristócratas modales mandan, así que en represalia, no le pagaron sus estudios – no fue algo de lo que se enteraron los vecinos –. Aunque eso no fue un problema para esa entonces joven muchacha, simplemente vendió la mitad de sus joyas – diamantes y oro puro – y liquidado.

Un día, ya con dos años de enfermera – terminó decidiendo que eso era lo que quería – le toco atender a un joven rubio que tenía el ojo hinchado y sangrando por una pelea callejera.

- Debería ser más consciente – le decía mientras le limpiaba el pequeño corte en la ceja.

- No importa, deberías ves como lo deje, - comentó con satisfacción – creo que le rompí la nariz… ah mira, ahí lo traen. – esto último lo dijo como quien habla del clima.

En efecto, en la sala de Emergencias, dos paramédicos traían en una camilla a un hombre, tenía el cuello ortopédico puesto, y la mitad del rostro empapado de su propia sangre.

- Salvaje – la enfermera Casiraghi murmuró esa palabra varias veces mientras seguían con su labor –.

- ¡Oh, me conoces! El Rubio Salvaje, veo que has escuchado de mí, ¿me has visto en el ring? Estoy tercero en los locales, si venzo a Perro Bravo y luego a El Loco Joe, estaré en los súper estatales, estoy muy seguro de que lo hare, te apuesto un beso a que lo hare.

En algún momento de la perorata la enfermera dejó de limpiarle el ojo, ya que el joven se movía mucho al hablar. Cuando oyó la palabra beso se perdió del todo – no es que supiera de que iba el discurso – aunque el hombre dejó de hablar mirándole expectante, con una sonrisa en los labios.

- ¿Qué?

Era la primera pregunta en la lista, no pudo evitar decirlo.

- ¡Trato hecho! – exclamó él estrechándole la mano, sacudiéndole todo el brazo –. Si me disculpas, cariño, debo ir a entrenar más duro si quiero ganarme un beso tuyo.

Él se levanto de la silla estirándose, le plantó en beso en la mejilla a la joven, y se fue sonriente.

La mujer, sin caer en lo que había pasado, reaccionó minutos después de que él cruzó las puertas de Emergencias. Corrió, y salió afuera, en el estacionamiento, vio que él ya estaba a unos cincuenta metros, alejándose tranquilamente.

- ¡Vuelve aquí! – vociferó - ¡Tengo que curarte!

Él no volteó. La enfermera corrió unos metros y volvió gritarle.

- ¡Oye! – logró que él se voltease y le oyese - ¡Ven aquí! – ordenó apuntando el punto en el suelo donde se encontraba –. ¡No puedes irte así, sin más!

- ¡Tranquila, cariño! ¡Lo bueno llega así, sin más, como yo!

Se dio la vuelta y se fue, dejando a la serena y controlada enfermera Casiraghi en un estado similar al shock. Desde ese entonces, no tan serena y controlada.

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Un mes después

- El doctor vendrá en un ratito, y si te portas bien mientras te revisa el brazo, te dará una paleta del sabor que quieras.

La pequeña niña asintió entusiasmada, se acaricio el yeso como si este fuera un perro al que había que calmar.

Pero el doctor no llegaba, así que ella decidió buscarlo, no debía de estar lejos, ella lo había visto atendiendo un tobillo torcido a unas habitaciones de distancia. Lo encontró dándose un descanso, tomando café. Le dijo que debía atender a Cindy Lauper y juntos se encaminaron hacia esa habitación.

El doctor entró primero, cuando la enfermera se disponía a hacerlo mismo, una mano le tomo del brazo, tirándole para salir afuera.

- ¡Usted! – exclamó con… bueno después de haber estado semanas esperando que él apareciese por ahí, lo que sintió fue alivio, porque lo estuvo esperando, vaya que sí. Había sentido ganas de conocer más a ese hombre que tenía la desfachatez de apostarle un beso a que gana algún torneo y le llamaba cariño.

- Hola, cariño. ¿Me has extrañado?

¿Podía decir que extrañó a alguien al que solo había visto y con el que había hablado una vez? Claro que no. ¿Entonces como se le podía decir a anhelar volver a verlo y volver a hablar con él? ¿Curiosidad? No, era algo más que eso.

- Hola – fue lo único capaz de decir.

Él sonrió, y ella apreció su aspecto como no lo había hecho en aquella primera impresión. Era rubio, ojos profundamente azules, la piel algo colorada, pómulos grandes, mandíbula cuadrada bien marcada, nariz que alguna vez fue recta, estaba algo torcida por algún quiebre en el pasado, alto y musculoso… probablemente, si es boxeador, pensó la enfermera al mirarlo.

- Estoy en las estatales. – se miró las uñas como si nada.

Ella no lo dudó. Pero se puso a la defensiva igual.

- No te creo, lo dices solo para besarme.

- Me ofendes cariño. – fingió estar resentido, sacó un papel de un bolsillo interior de su chaqueta de jean – Soy famoso y todo – la sonrisa volvió.

Recelosa, tomó el pedazo de papel y los desdobló, era una página de periódico, de la sección de deportes. Se le dedicaba toda una carilla a él y su pelea hasta llegar a ser campeón local. Devolviéndole el papel le dijo:

- No pienso besarte. – se cruzó de brazos para mostrar su determinación.

- Oh cariño, yo tampoco lo pienso, - admitió como si nada – en este momento en lo único que pienso es en… bueno, no es algo apropiado para decirte en este momento. Esperare a estar casados si así lo prefieres.

Otra vez, la enfermera quedó en pasmada, esta vez por ese último comentario. Él lo dijo de una manera tan casual, como si tal cosa ya estuviera arreglada.

El boxeador vio su oportunidad y la aprovechó. Se agachó un poco para estar a la altura de ella, acerco su rostro al de su cariño, y presionó sus labios de manera suave contra los de ella. Era muy arriesgado besarla cuando ella probablemente le patearía y le acusaría de acosador cuando reaccionase. Pero por otra parte, podía haber una pequeña posibilidad de que ella se sintiera buena y le correspondiera, no solo al beso, sino a sus crecientes sentimientos… Bueno, la había visto una vez, hace un mes, y entonces supo a lo que su tía-abuela se refería cuando hablaba de amor a primera vista.

Ella reaccionó, encontrándose con ese hombre besándole tiernamente los labios. Y supo que ese era un contacto que había anhelado por un mes. Tal vez por poder hacer algo fuera de lo normal como lo era besar a un desconocido, tal vez porque él era atractivo, tal vez porque él era diferente, cualquiera que fuera la razón por la que le correspondió no importaba, solo importaba que ella le correspondía, que ella le había abrazado por el cuello para atraerlo más hacía sí misma, que ella movía los labios con frenesí pidiendo más, que ella no quería soltarlo y dejarlo ir.

- Sin respirar no aguantaran otro minuto – comentó el doctor al pasar por un lado de la pareja.

Se casaron seis meses después.

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El matrimonio Casiraghi no consintió que su hija mayor se casase con un… con un don nadie – por supuesto, ellos no saben lo que gana un boxeador profesional al ganar una pelea inter-estatal, ni hablar con los Nacionales – así que como muestra de la poca consideración a la felicidad de su hija, no asistieron a la boda. Nadie de ese círculo social excepto el hermano menor de la novia asistió a la boda. Fue un gran golpe para la, en minutos, señora Evans. Por todo lo demás, la celebración estuvo plagada de amigos y compañeros de ambos.

Un año después, nació Petunia Evans. Cómo la bebe había sido concebida en el establo Petunia Horses, - a la señora Evans le encantaba la equitación – la madre decidió ponerle ese nombre. Semejante nombre no le gusto a la bebe, que con los años, inconscientemente, se fue volviendo irritable y amargada por ello, repito: inconscientemente.

Hay que admitir que el nacimiento de Petunia trajo algo bueno: tras un año sin disponerse a comunicarse con su hija y su esposo, la llegada al mundo de la primera nieta hizo que los Casiraghi retomaran lazos. Creyendo que su hija y su yerno eran pobres y no tenían dinero – aunque en realidad era todo lo contrario – se apiadaron de su nieta y siempre pasaron dinero para que ella tuviera la mejor ropa, la mejor comida, la mejor educación – ni siquiera tenía edad para entrar al pre-escolar y ya la habían matriculado – en síntesis: el mejor pasar.

Dos años después nació Lily Evans. Había sido concebida en una cama normal y corriente – no en un establo – así que la segunda bebe iba a tener la suerte de que le pusieran un nombre normal – a menos que a su madre se le ocurriera ponerle Canon, la marca del colchón – y se lo puso su padre, en honor a su tía-abuela, que era como una madre para él.

Los abuelos Casiraghi estallaron de alegría por la llegada de la segunda nieta. Si bien querían a Petunia, la hermana pequeña tenía algo, esa chispa, algo que la hacía tan especial – Magia, pero para ese entonces no se sabía – y que les alegraba a todos. Era la nena consentida, y aunque tuvo los mismos beneficios que Petunia, se notaba que a Lily se los habían dado con mucha más ganas que a su hermana.

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- ¿Oyes eso? – preguntó la señora Evans con una sonrisa.

- Si. Deberíamos sacarle una foto.

Lo que se oía era la estruendosa risa de la pequeña Lily, que tenía ya dos años.

- Iré por la cámara.

La señora Evans se quedó en la cocina cortando la papa para hacer el puré, cuando luego de unos minutos su esposo le llamó a gritos.

- ¡Cariño, ven! ¡Ven a ver esto!

Alarmada, ella dejo lo que estaba haciendo y fue corriendo hacia el patio.

Miró a la bebe en busca de algo fuera de lugar, y lo que vio sí que estaba fuera de lugar. Lily estaba sentada en el césped, riendo, y a su alrededor, estaban decenas de pájaros de todo tipo, palomas, pajaritos, canarios, incluso loros… todos cerca de la niña, algunos le acariciaban con el pico.

La madre miró a su esposo en busca de una explicación, pero este reía también, mientras sacaba fotos. ¿Qué no entendía que eso no era normal? ¿Qué podían hacerle daño?

- ¡Lily! – chilló mientas corría para tomarla en brazos.

Los pájaros se dispersaron y salieron volando cuando la mujer corrió hacia ellos. La pequeña niña miró confusa a su madre.

- ¡No debiste quedarte ahí, tranquilo! ¡Pudieron hacerle daño!

- Pero si no le estaban haciendo nada – replicó con calma, calma que sacó de quicio a su mujer.

- ¡Cállate y trae a Tuney! – con su mano libre apuntó hacia el único árbol que tenía su patio, atrás del tronco, se encontraba dicha niña, escondida por miedo –.

Esa noche, en la cama, la señora Evans le preguntó a su marido, si tenía idea de por qué los pájaros se había acercado.

- Lily los atrae.

- Me preocupa. Esta no es la primera vez que sucede. – murmuró recordando cuando había ido al supermercado, Lily había reído adorablemente al ver un perro, y ese animal y varios que se encontraban cerca vinieron hacia la bebe y le lamieron en muestra de simpatía. – No es normal.

- Lily no es normal. – sonrió al decirlo. – Mi hijita es especial.

- No es algo para ponerse orgulloso – le reprendió.

- Mira el lado bueno, Lily es feliz, ríe todo el tiempo, le gusta que esto suceda… tiene un don.

Ella no le vio el lado bueno.

- Y puede conseguir trabajo en Animal Planet.

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Lily Evans estaba sentada en un banco del patio de Hogwarts, pensando en sus padres, a quienes extrañaba muchísimo.

Los Maleantes volvían del lago.

Al pasar, Sirius Black le había llamado demente otra vez, pudo haberle noqueado, pero no lo hizo, porque se dio cuenta de que eso era lo más bonito que le había dicho hasta ahora. Lo dejo pasar, quería pensar en sus padres.

Eso sorprendió a los cuatro muchachos. Generalmente, cuando Sirius provocaba a Lily Evans – todos los días desde que comenzó este mes de noviembre – esta sin vacilar, sin siquiera mirarle, le apuntaba con la varita, y un hechizo no verbal salía de la punta para darle de lleno a Sirius, que salía volando por los aires. O si no, ella se levantaba y perseguía a Sirius, siempre alcanzándolo, y le daba un puñetazo en un pómulo, razón por la que el mayor de los Black siempre tenía el pómulo izquierdo morado.

James Potter se había prohibido mirar a Lily Evans. Se había obligado a despreciarla. Habían pasado dos semanas de ese episodio de la borrachera, y él, sintiéndose ofendido por todas las acusaciones horribles que ella le había gritado, le respondió serenamente que nada de lo que ella decía había sucedido, que solo se había limitado a besarla y nada más, que podía ir a ver a un medimago para comprobarlo, y que no quería verla más por haberle creído tan ruin como aprovecharse de que estaba en ese estado de ebriedad y acostarse con ella. – Yo no soy Sirius, fue lo último que le dijo, y luego salió del cuarto de requerimientos más rápido que una bala –.

Pero al no ver que Sirius volara quince metros y cayera en picada, o que corriera siendo perseguido por un huracán pelirrojo, decidió volver a romper su auto-prohibición – lo hacía todos los días al no poder resistir – y miro hacia atrás, viéndola pensativa, con una de sus manos en su mentón, el dedo índice martilleando contra su mejilla. Está pensando, y no es feliz, se dijo a sí mismo al observarla con atención.

Papá es tan tranquilo que parece cínico. Crecí imitándolo. Ahora yo soy tan cínica… que parezco demente. Al menos saque el aspecto de mamá…

Se le inundaron los ojos de lágrimas al recordarlos. Quería verlos, extrañaba los consejos y las risas que le daban su padre, el cariño y los abrazos de su madre.

Se consoló recordando que los vería pronto, muy pronto.

Lily se levantó y decidió ir al castillo, se secó las lágrimas y dio un paso hacia adelante, cuando levantó la vista, vio a James Potter parado en la mitad del camino, mirándole.

Ella enrojeció de la vergüenza – recordando cierto hecho que sucedió hace dos semanas – y cambió de idea repentinamente. Prefirió ir al lago, o a cualquier lado donde no tuviera que cruzarse con Potter.

Le alegró el día saber que un empleado del Ministerio llegaría esa misma tarde para evaluarle. Se iría de Hogwarts, no tendría que volver a ver a James Potter, y pasaría más tiempo con sus padres.

Así todo el mundo sería feliz, ¿verdad?

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Era de publicar rápido. Era.

Durante diciembre y lo poco que va del mes me quede sin Wi-Fi. En la PC si tengo internet, pero tiene un pequeño problemita: la mierda no prende.

Estuve como un mes sin entrar a Fanfiction, a CuantoCabrón, a AscoDeVida, Teníaquedecirlo… ¡FACEBOOK! ¿Saben lo que eso?

Otra cosa: me voy de vacaciones. A Paraguay. En el campo. Y las gallinas y vacas no traen Wi-Fi. Tendré mucho tiempo libre para escribir, cosa que pienso hacer. Y puede que vaya a actualizar si voy a la ciudad, en la casa de mi hermano. Probablemente lo haga.

Feliz Navidad, Año Nuevo y Vacaciones.

Eva.

P.D.: La historia sobre el matrimonio Evans me pareció importante escribirlo. Es para la entrada de un nuevo personaje, y además explicara ciertos puntos del carácter de Lily. Me encanto como quedó.

Y quedo más o menos explicado lo que sucedió aquella tarde en la sala… lo explicare completamente en el próximo capítulo. Reviews?