Lamento mucho la tardanza chicos pero realmente no sabia como seguir el fanfic aparte mi idea original era un final trágico pero debido a que muchos quieren final feliz me costo bastante aunque igual me parece perfecto después de todo yo adoro a Kikyou y es verdad ella merece un final feliz n.n

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Kikyou's POV

Me encontraba arrecostada en la camilla de la sala donde los doctores me atendían, sentía como si estuviera volando no alcanzaba a escuchar lo que decían los doctores sobre mi estado. Me desperté en un hermoso prado lleno de flores de campanillas y cerca había un rio, me dirigí hacia el y coloque mis pies dentro del agua se sentía tan bien no sabía con exactitud como había llegado a ese lugar pero no me importaba solo deseaba sentir el aire fresco en mi cara.

Junte agua sobre mis palmas y la pase por mi rostro, se sentía realmente bien estar en ese lugar no me dolía absolutamente nada de repente una gran luz empezó a brillar a mi alrededor y todo se colocó en blanco el hermoso paisaje se había desvanecido no podía observar nada solo una gran luz que por instinto empecé a seguir, camine un rato hasta que al final de aquella luz pude observar la silueta de una mujer cuando me acerque más pude detallarla perfectamente y esa mujer era…

-¡Mama! –grite fuertemente mientras corría a sus brazos para envolverla en un cálido abrazo- ¡Mama! ¡Mama!

-Hija –dijo con aquella voz tan tierna que recordaba- haz crecido mucho querida.

-Sí, han pasado muchos años desde tu muerte –dije entre feliz y triste- te extrañe mucho sin ti ya nada volvió hacer lo mismo.

-Lo sé –me dijo mientras acariciaba mi mejilla- lamento haberte dejado tan pronto por mi causa tú y tu padre han sufrido bastante.

-No digas eso mama –digo seriamente- tu no tienes la culpa de nada, las cosas pasan siempre por algo y siempre son para cosas buenas aunque nos duelan.

-Mi niña, como siempre con un corazón puro –me acaricio los cabellos- estoy tan orgullosa de ti.

-Gracias –sonrei ante ese comentario, realmente me hacía sentir feliz que mi madre estuviera orgullosa de mi pero luego mi semblante se colocó serio- Madre, ¿Sabes dónde estamos?

- Si, estamos en el límite del mundo de los vivos con el de los muertos –su respuesta me dejo completamente atónita.

-Entonces... ¿Quieres decir que estoy muerta? –pregunte completamente asombrada.

-Lamentablemente acabas de fallecer y mi deber es llevarte conmigo –dijo extendiendo su mano para que la tomara.

- Esta bien madre, si ese es mi destino lo aceptare – dije para luego juntar mi mano con la de ella pero en ese momento recordé a InuYasha y retire mi mano- no, no puedo madre.

-¿Por qué no?

-Porque aún tengo cosas pendientes que hacer en el mundo de los vivos y aún hay personas que me necesitan por ende si me voy ahora sin completar mi misión entonces no alcanzaría el nirvana junto a ti.

-Entiendo –dijo comprensiva- entonces regresa para que termines de cumplir tu misión –se acercó a mí y me dio un beso en la frente- aun no es tu tiempo para dejar el mundo de los vivos, recuerda hija que siempre estaré contigo.

Luego de que mi madre terminara de hablar desapareció frente a mí y una luz empezó a rodearme completamente, de repente empecé a abrir los ojos lentamente y observe a los médicos completamente asombrados.

-¡Señorita Kikyou! –dijo uno de ellos- ¡Haz despertado! ¿Cómo te encuentras?

-Me encuentro perfectamente –sonreí mientras me sentaba en aquella camilla.

Los doctores a mí alrededor se encontraron completamente sorprendidos por mi repentina recuperación cuando me crían muerta, muchos lo llamaron un "milagro" y otros simplemente pensaron que habían dado un pronóstico apresurado cuando seguramente había caído en estado de coma por unos minutos. Me sentí feliz cuando dijeron que mi enfermedad se había ido y que ahora era una mujer completamente sana, baje un poco la cabeza y susurre apenas audible un "gracias mama" .

-Doctor, dígame... ¿Cómo se encuentra Kikyou? – pude escuchar como Kagome le preguntaba a uno de los doctores algo desesperada.

-Bueno… sería mejor si lo vieras con tus propios ojos jovencita –dijo aquel medico con una voz de intriga mientras abría la puerta de la habitación donde me encontraba.

Kagome y Kaede entraron a la habitación algo pálidas esperando lo peor, su asombro fue mayor cuando me vieron sentada en la cama con una gran sonrisa. Kagome no pudo evitar lanzarse a mis brazos apretándome fuerte y sollozando de la felicidad.

-Mi hermosa niña –dijo Kaede sonriente pero con algunas lágrimas saliendo de sus arrugadas mejillas al verme completamente sana y abrazando a la histérica de Kagome que me estaba apretando fuertemente.

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InuYasha's POV

Mis gritos cesaron, ya no sentía dolor alguno pensé que mi momento final había llegado me encontraba sin fuerzas pero de un momento a otro los sacerdotes y monjes dejaron sus oraciones haciendo que el pentagrama dejara de brillar y yo cayera al suelo. No sabía porque se habían detenido, después de todo su misión era matarme pero en ese momento pude notar como mis garras habían desaparecido y mi cabello se había vuelto de color negro.

-¡¿Porque se detienen?! –grito Miyamoto – ese ser repugnante aun no esta muerto.

-Lo siento mucho señor –dijo uno de los monjes vestidos de blancos- el muchacho es un hibrido y solo hemos purificado su esencia demoniaca ahora solo es un simple humano.

-¡Maldicion! – Onigumo se encontraba completamente frustrado- ¿Estan queriendo decir que ya no podrán seguir atacándolo porque es un simple humano?

-Asi es –volvió hablar aquel monje- exterminar a los hibridos siempre algo tedioso –dijo lo último con frustración.

Sonrei para mis adentros, después de todo no moriría en este lugar ya que me había convertido en un completo humano pero mi felicidad solo duraron pocos segundos debido a que mi respiración se había hecho entrecortada y el cuerpo comenzaba a dolerme por los golpes que me había ocasionado Onigumo horas antes.

-Señor, debido a que los monjes ya no pueden hacer nada ¿puedo encargarme yo de darle el último golpe? –pregunto Onigumo intentando ocultar una sonrisa de triunfo.

-Por supuesto Onigumo – menciono Miyamoto tranquilamente- por culpa de este insignificante mi hija se encuentra en un hospital y merece la muerte.

Sentí los pasos de Onigumo acercándose a mí para acabar completamente con mi vida, me sentía indefenso como si fuera un pobre animal acorralado por su presa que va asesinarlo para comérselo. En ese momento el lugar empezó a temblar.

¿Pero qué coño está pasando? – expreso Miyamoto al sentir el temblor en todo el lugar.

-Señor Miyamoto –grito otro de esos odiosos monjes entrando al lugar desesperadamente – parece que los daiyoukais lograron escapar de su prisión para atacarnos muchos monjes y youkais se les han unido.

-¿Qué carajo estas diciendo? –escupió Onigumo es putrefacto- hay que detenerlos de inmediato.

-¡Por supuesto! –expreso Miyamoto- alista a todos los sacerdotes para entrar en la guerra.

Pero antes de que pudieran concluir las órdenes de aquel hombre, una gran explosión cayó sobre el campo, acabando así con cualquier protección que ellos poseían para defenderse de los youkais. Sin hacerse esperar, los daiyoukais empezaron a hacerse paso entre los pocos sacerdotes que se encontraban en la entrada del lugar donde me encontraba, exterminando sin piedad a cualquier enemigo que se interponía en su camino.

Una gran batalla se llevó acabo en el campo, desde donde me encontraba podía escuchar lo que pasaba afuera del lugar. El líder del lugar no sabía que hacer al darse cuenta que todo lo que había construido se había caído en unas pocas hora, muchos youkais y monjes luchaban entre sí para poder ganar aquella guerra.

La puerta en donde nos encontrábamos se abrió y me sorprendió de sobre manera con encontrarme a una persona que pensé que jamás volvería a ver pero al parecer había vuelto para devolverme el favor que le había hecho hace unos meses.

-¡InuYasha! –exclamo Miroku con una sonrisa de triunfo junto a él se encontraban algunos daiyoukais, recibiendo asombro por parte de los presentes, después de todo muchos lo habían creído muerto.

Miyamoto en su desesperación le quito un cuchillo que Onigumo había agarrado para intentar asesinarme antes de ser interrumpidos, me agarro del cabello fuertemente obligándome a ponerme de pie y colocar aquella navaja en mi garganta sorprendiendo a Miroku y los demás que se habían dirigido hacia él.

-¡Si dan un paso más, lo asesino! – exclamo fríamente mientras apretaba un poco la navaja en mi cuello.

-Sueltalo Miyamoto – exclamo Miroku- las cosas no pueden terminar así.

-Tú no tienes por qué darme ordenes – dijo Miyamoto fríamente- él es solo un hibrido, su vida me importa poco.

-A ti te importa poco la vida de los demás aunque sean humanas –expreso tranquilamente Miroku- porque mejor dejamos esto por la paz de una vez.

-¡NO! –grito el padre de la mujer que amaba – yo no me arrepiento de haber encerrado a estos engendros en este lugar, son insignificantes y su vida no vale absolutamente nada.

Todos los presentes se quedaron callados, pude sentir como aquel hombre estaba temblando mientras me sujetaba. Onigumo ya cansado de todo había agarrado un un arma filosa de uno de los muros del lugar, se dirigió hacia nosotros y con esta golpeo fuertemente en la cabeza al sacerdote. La sangre de aquel hombre se espacio por todo el lugar, en un arranque de furia golpeo constantemente al sacerdote hasta desfigurarle la cara ante la cara atónita de los presente. Tal parece que Onigumo le guardaba cierto rencor al padre de aquella sacerdotisa.

Despues de degollar aquel hombre comenzó a dirigirse lentamente hacia mi con una sonrisa de medio lado, sabia claramente sus intenciones. Antes de que pudiera tocarme uno de los youkais se adelantó clavando sus garras en el pecho de Onigumo arrancándole el corazón de un solo golpe manchando todo el lugar de sangre.

-¿Estas bien InuYasha? –me pregunto Miroku al salir de su asombro mientras se dirigía hacia mi.

-Si –fue todo lo que pude decir con una media sonrisa.

-Tenemos que irnos –dijo mientras pasaba uno de mis brazos por su hombro- ya todo termino InuYasha ahora todos podemos estar en paz.

Caminamos hasta la salida, el me explico que mientras estuvo escondido en el bosque fingiendo su muerte ideo un plan para sacarnos a todos. Escucho que muchos monjes no estaban de acuerdo con tenernos prisioneros y que podríamos vivir en armonía por ende empezó a juntar más gente mientras en secreto ideaban el plan de cómo sacarnos usando a los daiyoukais. Uno de los sacerdotes había liberado a mi hermanastro Sesshoumaru mientras todos estaban en descanso y desde ahí empezó la guerra.

Han pasado 4 año desde que todo habia terminado. Ahora, existía un nuevo organismo que evitaría que otra injusticia se de ese calibre explotara de nuevo sobre el mundo, los youkais y humanos ahora viven en armonía y entre ambos hacían todo lo que estaba en su alcance para recuperar todo lo que habia quedado en ruinas, la paz comenzaba a reinar nuevamente en el mundo, tal y como lo recordaba cuando era solo un niño. Obviamente los youkais mas débiles quedaron gravemente heridos, tanto psicológica como sentimentalmente. Muchos perdieron a sus familiares y en ese lote estaba yo, cuando salí del campo me entere que mi madre lamentablemente había fallecido.

Caminaba por las calles de un pueblo que se encontraba completamente alejado del lugar donde antes yo era un prisionero. Había terminado convirtiéndome en un ser humano, pensé que recuperaría mis poderes pero al final termine siendo un muchacho normal. Sentí lo que era ser aceptado por la gente que en su momento me había discriminado por mis orígenes.

-Bueno niños ¿Qué quieren jugar esta vez? –escuche una voz cerca del lugar donde estaba caminando.

Me quede atónito al escucharla, no podría ser ella, subí la vista y la encontré con aquel típico traje de sacerdotisa rodeada de muchos niños, se veía completamente hermosa quise llamarla pero hasta ese momento me di cuenta que no sabía su nombre y me sentí completamente estúpido.

-Ho…Hola –dije acercándome hacia la joven haciendo que esta volteara y me observara.

-Hola –me contesto con aquella dulce voz tan típica de ella- ¿Necesita algo joven?

-So...So –realmente no sabía que decir, al parecer no me reconocía y lo entendía después de todo me veía diferente- soy yo InuYasha.

-¿InuYasha? – pregunto completamente atónita con sus ojos saliéndose un poco de sus cuencas y pude observar como sus ojos empezaban a empeñarse por completo, llevo sus manos hasta su pecho.

-Es la primera vez que estamos tan cerca, sin ningún obstáculo… -comente con una sonrisa. Pero ella aún permanecía inmóvil y asombrada.

-Niños, necesito hablar a solas con este joven –pidió dulcemente a los niños para luego tomarme del brazo y alejarnos de las personas para estar completamente solos- ¡InuYasha! – exclamo por fin abrazandome fuertemente- ¡Pense que habías muerto! Cuando me entere lo que había ocurrido en el campo pensé en ti – dijo para verme a los ojos con ternura y acariciarme la mejilla- me alegro que estés vivo.

-Realmente fue Miroku quien me salvo del lugar, es una historia larga que pronto te contare –dije sonriendo- por cierto, sé que sonara muy estúpido pero… ¿Cómo te llamas?

-Kikyou –dijo sonriéndome tiernamente y a la vez divertida- con todas las cosas que nos pasaron no pude decirte mi nombre.

-¿Kikyou? –repetí algo ido- es un hermoso nombre.

-Gracias – observe como sus mejillas se teñían en un rojo carmesí- veo que ahora eres un humano.

-Si –dije un poco nervioso- soy humano ahora, cuando intentaron asesinarme solo destruyeron mi parte youkai pero como hanyou quedo mi parte humana, pensé que volveria a la normalidad pero me equivoque.

-Ya veo –dijo reflexionando un poco.

-Como humano ahora podemos estar juntos ¿no es asi? –pregunto algo temeroso- después de todo ya no volveré hacer un hanyou.

-InuYasha.. –me llamo un poco la atención- te lo dije cuando nos conocimos, tu condición de hanyou no me importaba yo te aceptaba como era pero ahora te traerá más beneficios.

-¿Qué quieres decir? –le pregunte confundido.

-Siendo humano nuestro tiempo pasara de igual manera InuYasha, como hanyou podías vivir 100 años más y me verías morir quedando completamente solo en el mundo pero ahora que el tiempo trascurrirá de igual manera para los dos, ya no estarás solo nunca más.

-Vaya Kikyou, nunca lo pensé de esa forma –dije sorprendido por su análisis.

-Es algo lógico InuYasha –me respondió- jamás sentí repudio hacia ti por ser un hibrido.

-Me hace muy feliz escucharte hablar asi Kikyou –sonrei para luego ponerme serio- aun te amo Kikyou y no hubo un dia en que no dejara de pensar en ti –me acerque para abrazarla pero ella me alejo y eso me dolio.

-No InuYasha, alguien puede vernos –dijo con un tono completamente serio.

-¿Qué tiene que nos vean? –pregunte- ya soy humano, ahora no hay problema para que nos vean Kikyou además tú me habías dicho que me amabas –explote mis sentimientos, sentir este rechazo me dolía completamente.

-Pero yo sigo siendo una sacerdotisa –me dijo tranquilizándome- yo también te sigo amando InuYasha pero mientras yo sea una sacerdotisa no puedo estar en contacto con un hombre por eso te traje a este lugar para poder hablar sin que nadie nos vea.

-Ya veo –dije un poco más calmado- mientras seas una sacerdotisa no podemos estar juntos aunque me haya convertido en un humano ¿no es así?

-Sí.. –me respondió bajando la cabeza tristemente.

-¿No hay alguna forma para poder estar juntos?

-La única forma es que tú me reclames para así dejar de ser una sacerdotisa, como hanyou no podías porque claramente no lo iban a permitir pero ahora que eres humano –sonrió- yo creo que se nos es posible.

-¡Kikyou! –una voz atrás de nosotros nos interrumpió seriamente- ¿Qué haces aquí a solas y con este hombre?

-¡Maestro! –exclamo Kikyou haciendo una leve reverencia- lo lamento mucho.

-Deberías estar en el templo, orando –dijo seriamente mientras me observaba haciéndome sentir incómodo.

-Lo lamento –dijo Kikyou aun en reverencia- pero este joven es…

-Tu enamorado –aquel monje interrumpió a Kikyou haciendo que nos sorprendiéramos y lo observáramos confundido- lo puedo ver en tus ojos Kikyou que estas completamente enamorada de este joven.

-Asi es maestro –dijo Kikyou seriamente- lo amo pero no puedo estar con el después de todo soy una sacerdotisa y si me va a castigar por este encuentro, acepto mi castigo.

-Kikyou..no –intente hablar pero me dedico una mirada fría haciéndome callar.

-No es necesario, alguien como tu merece ser feliz –dijo sonriente- estoy al tanto de tu historia Kikyou por algo tu padre me dejo a tu cargo si algo le pasara –hizo una pausa- no voy a retenerte si tu deseo es dejar de ser una sacerdotisa – luego paso sus ojos analíticos hacia mi persona- ¿y tú? ¿Amas realmente a Kikyou?

-Si –respondí con una gran sonrisa- realmente me iba a presentar ante usted con el motivo de reclamar a Kikyou para que sea mi esposa ya que cuando la conocí yo estaba devastado casi moribundo y ella llego iluminando mi ser y ahora quiero que me siga iluminando toda mi vida hasta el final de mis días, quiero pasar el resto de mis días a su lado sin que nadie más nos llegue a separar, amarla y respetarla todos los días de mi vida – Kikyou me observo con los ojos llenos de lágrimas y aquel monje estaba sorprendido ante mi respuesta pero luego sonrio.

-Veo que tus sentimientos por Kikyou son realmente sinceros –dijo sin borrar esa sonrisa- en ese caso, doy mi permiso para que te cases con ella y desde ahora Kikyou dejara de ser una sacerdotisa para vivir como una mujer ordinaria.

-Muchas gracias maestro –dijo Kikyou abrazandolo amistosamente.

-No tienes por qué agradecer –exclamo aquel monje al separarse de Kikyou- un ser tan puro como tu merece ser feliz, mandare esto a consejo para que te den tu libertad –dicho esto dio una reverencia dejándonos completamente solos.

-¿Escuchaste eso Kikyou? –dije feliz cargándola entre mis brazos y haciéndola girar- desde ahora ya no serás mas una sacerdotisa si no una mujer, mi mujer.

-Siempre seré tu mujer –dijo viéndome con un brillo especial en sus ojos- tu vida me pertenece InuYasha y no dejare que otro hombre que no seas tú me toque un solo cabello de mi cabeza.

-Entonces tu vida también me pertenece –dije completamente decidido – ahora serás mi…

Kikyou no me dejo terminar la frase debido a que sus labios cálidos capturaron los mios en un beso tierno, me sorprendí unos segundos, jamas habia besado a nadie pero en ese momento me dispuse a corresponderle. El beso era tierno y lento lleno del amor que nos tuvimos durante tantos años, aquel beso que habíamos esperado desde hace mucho tiempo. La abrace por la cintura y ella rodeo sus brazos en mi cuello profundizando aquel contacto lleno del amor más limpio y puro que puede existir sobre la tierra.

Despues de un rato nos dirigimos hacia el templo, al llegar nos dieron la noticia que Kikyou oficialmente dejaba de ser una sacerdotisa y podríamos elegir la fecha de la boda cuando nosotros quisiéramos. Estaba completamente feliz ahora entendía porque siempre decían "no hay mal que por bien no venga" a pesar de que toda mi vida había sufrido tanto ahora me encontraba con la mujer que amo libre para ser mi esposa.

-Vaya Kikyou que hombre tan apuesto te has conseguido –menciono una joven muy parecida a Kikyou físicamente, según ellas eran amigas desde siempre y su nombre era Kagome.

-Gracias Kagome –dijo Kikyou mientras besaba mis labios frente a ella con algo de malicia- me alegro que estés feliz por ello.

-¡Oye! –exclamo Kagome algo ofendida por la escena- no tienes por qué andar celosa, no pienso interponerme entre ustedes –finalizo con un puchero en los labios.

-Ya chicas dejen de pelear –dijo aquella anciana que según Kikyou se llamaba Kaede con una sonrisa- parecen perros y gatos.

-Pero yo no hice nada malo –dijo Kikyou con una sonrisa completamente inocente.

-Te amo Kikyou –dije divertido besando sus labios rápidamente, no me molestaba que fuera celosa después de todo yo igual lo era e incluso llegaba a ser posesivo.

Cenamos tranquilamente esa noche nosotros dos solos en la terraza observando un gran bosque, ya que nadie quiso interrumpirnos la velada, le conte todo a Kikyou como se lo había prometido, le dije como habían ocurrido las cosas y que mi madre había muerto.

-Lo lamento mucho –dijo Kikyou un poco apenada.

-No te preocupes Kikyou –dije tomando su mano- ahora todo está bien, porque estamos juntos ahora.

Pasaron unos meses y por fin Kikyou y yo nos habíamos casado, la ceremonia fue tranquila y sin ningún inconveniente. Kikyou realmente se veía hermosa con aquel traje de novia.

-Te amo tanto Kikyou –dije tomándola del rostro- estamos juntos, ambos vivos y jamás volveremos a separarnos.

-Tambien te amo InuYasha –dijo colocando sus palmas sobre mis manos que se encontraban en sus mejillas atrapándolas- prometo siempre estar a tu lado.

-Yo siempre estare a tu lado aunque no me lo pidas –aclare. Cerrando mis ojos, respire profundo y pronuncie- siempre juntos quería Kikyou.

Después de aquella confesión el día de nuestra boda, juntamos nuestros labios para sellar nuestra unión de marido y mujer mientras recibíamos aplausos y bendiciones por parte de los invitados para que nuestro futuro sea cada día mejor.

FIN

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Bueno, después de tanto años por fin termine el fanfic espero que les haya gustado aunque sentí el final muy simple pero bueno, ojala sea de su agrado y nos veremos en futuros fanfic que logre hacer gracias a todos mis lectores que dejan y no dejan comentarios un beso desde Venezuela