Disclaimer: InuYasha y cía. no son de mi autoría (lamentablemente).
Categoría:
K.

Notas
La uni me está absorviendo con todo su podeeer. Siento no haber contestado los reviews, pero los agradezco de todo corazón. Aquí les dejo el último capítulo que responderá ciertas interrogantes del primero (y aquí desencadena el drama). Muchas gracias por leer.


DE HIERBA Y TIERRA


Por la noche

Es la hora. InuYasha observa el cielo y el resplandor de la luna llena es la señal para partir. Besa a su esposa delicadamente en los labios, y acaricia amorosamente su redondeado vientre. Luego, besa a su pequeña en la frente y la cobija del frío. Sus pies ligeros no hacen ruido al salir de la cabaña, y la tierra bajo sus plantas es refrescante a tan altas horas de la madrugada. Y corre, y vuela. El viento golpeándole el rostro y las hojas rozándole el cuerpo al dar un salto y caer con ligereza entre las ramas de un árbol. Y otro salto, y otro, y continúa así hasta alejarse, perdiéndose en la noche.

Son tan rápidos sus movimientos que solo siente el dolor en su mejilla al pasarse a llevar con una rama que no ha logrado esquivar. La sangre fluye unos instantes y luego se seca a causa del fuerte viento. InuYasha no se detiene hasta llegar a lo alto de unos montes, lugar donde los campos de arroz se observan lejos, y la aldea se difumina en la lejanía, pero sin perderse aún.

Y se deja caer al césped, cansado, recuperando el aliento. Los brazos sobre su pecho en un sube y baja desesperado. El aroma a pasto húmedo y a tierra mojada le cobijan. Son solo unos instantes de sosiego hasta que vuelve a ponerse en pie, y avanzando sin tanta presteza comienza a cortar una a una las flores moradas que allí crecen. Dobla el tallo entre sus garras y el suave sonido y el olor de la sabia le inundan el pecho. Recoge flores hasta dejar el campo vacío, pero se preocupa de agitarlas contra el viento para que los estambres dejen caer el polen y den nuevas semillas el próximo año.

Y con las flores cogidas al pecho se deja caer nuevamente al césped, deshojando de pétalos a su alrededor, inspirando profundo. Está intoxicándose lentamente. Desliza las flores sobre su rostro, y algunas se quedan sobre su abdomen. Se abraza a sí mismo, y siente frío y a la vez una calidez emanada desde su propia piel. E inspira profundo.

Y sus brazos parecieran coger la delgada silueta que sus memorias traen de regreso. Y ese aroma a flores pareciera mezclarse al de la tierra. Y el agua perfumada de sus cabellos. Y la esencia propia de su cuerpo, de esa piel inmaculadamente blanca.

Y por unos instantes, InuYasha perece en medio de la hierba, embriagado de flores.

—Viniste por mí. Eso es más que suficiente —pareciera escuchar esa frase nuevamente. Sentir esas lágrimas mojando las propias.

Porque InuYasha lo sabe. Por ende, Kagome también. Y nadie más es merecedor de enterarse. Ella lo vive, y acepta. Él, ese día, se difumina de la realidad y deja de pertenecerle unos cuantos instantes, efímeros y dolorosos.

Y ella le espera, ansiosa, trenzando los cabellos de su niña. Porque él siempre ha regresado de la muerte a sus brazos, a cobijarse en la calidez de su regazo. Pero Kagome lo sabe, y luego de tantos años solo puede aceptarlo con una sonrisa. Porque finalmente su alma incompleta se integra por esa parteque descansa en la profundidad de lo infinito. Porque InuYasha le ama en toda su inmensidad, y esa parte también pertenece a ese todo que es amado.

Por eso, Kagome sonríe.

En tanto, InuYasha retorna de la muerte, de esos segundos eternos. Y el brillo del sol que amanece le da directo en el rostro.