Disclaimer: Los personajes no me pertenecen, son obra maestra de Stephenie Meyer, yo sólo los tomé prestados para que protagonizaran esta historia.

Susurros al viento

Capitulo 1

Alice estaba sumamente nerviosa, sentía una fuerte opresión en su pecho que no la dejaba ser feliz hoy, a pesar de que se suponía que iba a ser el día más feliz de su vida, tenía a su familia reunida, se suponía que era el comienzo de una nueva etapa.

A la vista de todos era una mujer exitosa, a sus veinticinco años acababa de abrir una academia de baile en Nueva York donde enseñaba a pequeñas, jóvenes y las no tanto su pasión, la danza, tenía también un título como administradora y un apartamento recién comprado junto a su novio en una de las mejores zonas de Manhattan. Y todo gracias a su esfuerzo y dedicación, no usaba el dinero familiar, nadie sabía de las deudas que acarreaba para lograr sus metas por cuenta propia.

Tenía una sensación extraña, sí, era un día importante, reflexionaba mientras intentaba relajarse en su baño de espumas antes de verse sumergida en un sinfín de detalles necesarios para este día.

La música sonaba de forma aleatoria desde su Ipod, siempre se relajaba escuchando y analizando las letras de las canciones; esperaba encontrar la respuesta pronto antes de tener que presentarse ante todos con cara de no saber lo que quiere en su vida.

Sus músculos poco a poco se relajaron mientras detallaba la letra de Rabiosa de Shakira. ¿A dónde carajos se le había ido la musa a esa cantante? Ya sus letras no tenían la profundidad de sus primeros discos, ahora eran una clara invitación al sexo, no que se quejara, pero le gustaban las letras con sentido, para el sexo estaban los gemidos convertidos en música.

De pronto comenzó a sonar una tonada bastante lenta en español, no conocía el grupo y ella agradecía manejar el idioma porque así podría entenderla. Al escucharla se quedó completamente paralizada, sentía que esa canción estaba escrita para que ella la escuchara en ese momento. "Es hora de decir adiós" se llamaba la canción.

Alice siempre se había caracterizado por tomar en cuenta las señales de la vida, de hecho siempre le decían "la rarita" por ese motivo, y nunca se quejaba de eso, y hoy, por mucho que la tildaran de loca seguiría su instinto. Algo le decía que James pensaba de la misma manera, aunque la señal haya llegado tarde, pero más vale tarde que nunca. Su vida estaba a punto de cambiar, pero no de la manera en que había pensado que lo haría al abrir sus ojos en la mañana.

-¡Mierda! – Exclamó al pensar en la repercusión de la decisión que estaba tomando y de inmediato escuchó que tocaban la puerta del baño de su habitación.

-Alice, soy Bella – se anunció su cuñada desde hace dos años, Isabella Swan, todavía se preguntaba cómo había terminado casada con su hermano. No, más bien la pregunta que se hacía siempre era, ¿cómo logró Edward convencerla para que se casara con él?

Su hermano mayor por doce años era un hombre de carácter bastante fuerte, entregado por completo a su trabajo como presidente de Cullen INC. Vivía para la empresa familiar, y muy pocas veces mostraba sus sentimientos ante los demás.

-Pasa – le dijo y observó como la puerta se abría y mostraba a su cuñada, tenía su melena castaña recogida en un moño apretado que despejaba su rostro y el maquillaje sutil resaltaba la belleza de la joven de veinticuatro años, aún vestía con una bata de seda negra cruzada al frente.

-Te vas a arrugar, y la estilista no tarda en venir a arreglarte, así que es hora de terminar el remojo – le dijo mientras se sentaba en el inodoro ya que Alice ni siquiera se había movido de la bañera.

-Bella, cuando te casaste con mi hermano ¿dudaste en algún momento de tu decisión? – le preguntó la pelinegra mirándola fijamente a los ojos.

-A pesar del desenfreno de Las Vegas y aunque muchos crean y afirmen que Edward y yo estábamos ebrios, sí, estaba completamente segura, y sobria – le respondió la castaña sonriendo con melancolía.

-¿Estaban sobrios? ¿Cómo supieron que era lo correcto? – Alice se inclinó demostrando su interés en la conversación.

-Completamente sobrios, simplemente despertamos esa mañana en brazos del otro, era la primera vez que amanecíamos juntos, y yo supe que era así que quería despertar cada día, y al parecer tu hermano sintió lo mismo. Alice, no soy nadie para decir estas palabras, pero si estás dudando o piensas que no es el momento, aún no es tarde, más vale prevenir que lamentar – le dijo con tono aún más melancólico mientras se acercaba a su cuñada y tomaba su mano para apretarla con fuerza.

-Debo hablar con James – dijo Alice con determinación mientras tomaba una toalla y se levantaba dando por terminado su baño relajante, pero cuando salieron del cuarto de baño la estilista la esperaba junto a Esme que ya estaba completamente arreglada.

Alice tomó su celular y se encerró de nuevo en el baño para hablar con James, Bella dejó a Esme y la estilista solas esperando por Alice y se fue a terminar de arreglar.

Bella se dirigió a la habitación que ocupaba con su esposo Edward en casa de sus suegros en Long Island, una casa hermosa de estilo victoriano que reflejaba en cada rincón el buen gusto de su suegra Esme Cullen y la sobriedad de su suegro Carlisle.

En ocasiones especiales como la que celebrarían esta noche ella y Edward se quedaban a dormir en casa de sus suegros para no tener que conducir a altas horas de la noche hasta Manhattan.

Al abrir la puerta de su habitación Isabella se sorprendió de encontrar adentro a Irina Cullen, su hijastra y aunque odiaba ese nombre la verdad era que le encajaba a la perfección a la niña rubia de once años y ojos verdes como los de su padre.

-¿Buscas a tu padre? Estaba abajo con tu abuelo – le dijo a la pequeña que como era natural en ella la miraba con furia al principio y luego su expresión comenzó a mostrar culpabilidad.

Irina salió sin dirigirle una palabra a Bella, cada intento de la castaña por acercarse a la niña era frustrado por su malcriadez, desde el primer instante que se vieron le había declarado una guerra silenciosa pero lamentable. Irina no perdía oportunidad de tratar de ridiculizarla ante todos, bien fuera derramando una bebida encima de ella o haciendo bromas pesadas típicas de alumnos de secundaria.

Lo peor de todo era que cada uno de esos ataques contaba con la aprobación de Rosalie Cullen, prima de Edward y quién trabajaba al lado de su esposo como Vicepresidenta de Cullen INC. Una trasnacional dedicada a la ingeniería y que en ese momento estaba desarrollando un proyecto simultaneo en tres países, razón por la cual Edward pasaba más tiempo en la empresa o en un avión.

Rosalie Cullen o la princesa del hielo, como era conocida debido a su fiereza en los negocios nunca estuvo de acuerdo con la relación de Edward y Bella, alegando que ella era una chiquilla sin carácter y que solo quería disfrutar de la fortuna que podría conseguir de él.

Nada más lejos de la verdad, pues Bella junto a su hermano era heredera de una gran fortuna que forjó su padre Charlie Swan con su empresa de seguridad, empresa que así como le dio mucho dinero también lo llevó a la muerte hace tres años.

Se espantó por lo que colocó los recuerdos dolorosos a un lado y fue hasta el closet donde estaba guardado el vestido que Alice eligió que usara para la ocasión. Pasaron dos cosas en ese momento, Edward entró a la habitación y Bella no notó una tijera que estaba en el piso pateándola logrando que ésta terminara a los pies de Edward.

-Pequeña, no es momento de ponernos juguetones, además, no se debe jugar futbol con tijeras, mucho menos tú que eres tan propensa a los accidentes – le dijo sonriendo mientras Bella sobaba el dedo apenas lastimado por la tijera.

-¡Con lo que quería jugar! – bufó mientras abría el closet y observaba a Edward recoger la tijera del piso –. Irina te estaba buscando, la encontré aquí cuando entré – le informó a su esposo antes de voltear al closet para sacar su vestido y lo que vio la dejó paralizada.

-La acabo de ver entrando a su habitación y no me dijo nada, más bien estaba como apurada y hasta se asustó al verme – le respondió mientras se dirigía hacia ella parándose detrás y abrazando su cintura, se extrañó de sentirla tan tensa hasta que levantó la vista y en cuanto vio dentro del closet todo encajó -. Maldición, ya es suficiente – exclamó saliendo furioso de la habitación.

Bella se fue hasta la cama llevando lo que se suponía sería su vestido, ahora solo un manojo de tiras de tela, ¿cómo era posible que una chiquilla albergara tanta maldad en su ser?

Escuchó los gritos de Edward e Irina acercándose a su habitación y Bella se levantó de la cama cuando los observó entrar, Edward jalaba a Irina del brazo mientras la niña trataba de zafarse de su padre.

-Ahora me dirás ¿por qué demonios hiciste esto? – le dijo Edward a la niña tomando el vestido y la tijera de la cama mirándola con furia y logrando que la niña retrocediera unos pasos.

-Yo no fui – susurró negando fuertemente con la cabeza – ¡seguro fue ella y me está culpando a mí para que dejes de quererme! – terminó gritando y sacando su odio hacia Bella.

-Irina ¿qué dices? – Bella suspiró para tratar de entender a la niña que reclamaba a gritos la atención de su padre -. No hay necesidad de llegar a esto, entiende de una vez que no te estoy quitando a tu padre, nunca he querido hacerlo y nunca lo haré-. Terminó de decir arrancando el vestido de las manos de Edward y lanzándolo al piso completamente cansada de la situación con la niña.

-Rebasaste el límite y ahora enfrentarás las consecuencias, te quedarás encerrada en tu cuarto, no bajarás a la fiesta y hablaré con tu madre, si ella no tiene tiempo de educarte para que aprendas a respetar a los demás, aprenderás a hacerlo en el internado para señoritas en Suiza – le dijo Edward furioso a su hija logrando que ésta se encogiera ante su tono y ante la verdad de sus palabras.

-Te quieres deshacer de mí para poder estar con ella – dijo la niña señalando a Bella entre lágrimas –, y a mi mamá tampoco le importa lo que pase con mi vida, ¡te odio! – gritó saliendo del cuarto y cerrando la puerta del suyo con fuerza.

Bella caminó hacia el tocador con el cuerpo tembloroso, acababa de presenciar un llamado a gritos de atención, la niña se sentía completamente sola, al fin después de dos años supo el motivo de la actitud de Irina, y le dolió. "Ningún niño debía mendigar el amor de sus padres" pensó mientras veía su reflejo en el espejo.

-Gracias a Dios que no tenemos hijos – le dijo Edward después de cerrar la puerta de la habitación y soltar un sonoro bufido logrando alterar el carácter de Bella.

-Es imposible tener hijos sin mantener relaciones sexuales – le replicó sacando lo que venía sufriendo desde hace meses -. ¿Cuándo fue la última vez que hicimos el amor, Edward? ¿Si quiera lo recuerdas? – Le preguntó, porque ella si recordaba perfectamente que la última vez que habían hecho el amor fue tres meses atrás, en el auto de Edward camino al aeropuerto antes de que él se fuera en uno de sus viajes de negocios.

-¿Hace unas semanas? Fue maravilloso que te metieras en mi auto cuando iba camino al aeropuerto – le susurró al oído parándose detrás de ella y abrazándola desde atrás metiendo sus manos entre la bata de seda.

-Hace tres meses, Edward, pero nada te importa sino tus negocios. Irina tiene razón, necesita a su padre y yo necesito a mi esposo – le replicó tratando de mantenerse firme ante las caricias de su esposo, esa era su debilidad, perdía la razón ante el más mínimo toque de sus manos, enloquecía con sus besos y perdía la razón al sentirlo.

-Aquí me tienes, y yo en este momento necesito a mi esposa – le dijo pegándose a su cuerpo para que notara su deseo por ella –. No pienses tonterías, Bella, sabes que este momento es importante para la empresa, pero nada es más importante que tú y mi hija, por favor – le suplicó mordiendo el lóbulo de su oreja logrando que bajara sus defensas y se entregara a él por completo, tal como lo hacía siempre que tenía tiempo para ella.

Bella decidió aprovechar la oportunidad de sentir a su esposo, quería… necesitaba sentir que existía para él, y le demostraría lo mucho que lo amaba, y que ese amor no la mantenía ciega, porque después de disfrutarlo, pensaba hacerle entender muchas cosas en la que estaba equivocado, pero por ahora su cuerpo reclamaba su contacto.

Edward desató la bata de seda negra que cubría su cuerpo dejándola solo con su ropa interior negra frente al espejo, sus ojos fijos en los de ella a través del espejo, los ojos de él eran reflejo de la pasión que sentía por su esposa, los ojos de ella reflejaban su entrega en cuerpo y alma.

Edward le dio la vuelta apoderándose de sus labios, su aliento y su razón, con movimientos rápidos la despojo de toda la ropa dejándola completamente a su merced, él solo desabrochó su pantalón y liberó su erección para poseerla, el deseo le nublaba la razón y ya estaba lista para recibirlo, siempre estaba lista para él y por eso la amaba. La poseía con devoción, Bella era para él su todo y sabía que podría perderla si no actuaba correctamente, veía en sus ojos cómo su amor se iba apagando por culpa de sus constantes desplantes, su vida se debatía entre sus tres amores más preciados, su empresa, su hija y su esposa. La mujer que estaba poseyendo con desenfreno tratando de demostrarle lo importante que era para él, pero que en estos momentos debía dejar un poco a un lado para atender la expansión de su empresa.

Cada estocada, cada gemido dejaban una marca en el alma de cada uno de ellos, Bella lo sentía moverse dentro de ella, profundamente, tal como estaba metido ese hombre en su alma, su cuerpo lo reclamaba, ansiaba, necesitaba sentir su piel rozando la suya pero en la premura él no se había despojado de la ropa, sus manos buscaban arañar su espalda, lo acercaba más a ella.

Sus alientos se entremezclaban, Edward no podía borrar de su cabeza las palabras de Bella, ella tenía razón, su hija lo necesitaba, pero no sabía cómo hacer para ayudarla, en este momento se concentraba en amarla, en sentirla. Cuando sintió que las paredes de Bella comenzaron a aprisionarlo aceleró los movimientos, quería llegar al orgasmo junto a ella, no había en el mundo nada más hermoso que su cara llena de placer. Todo a su alrededor dejó de existir, solo importaba este momento, ella era su mujer y deseaba hacerla feliz, hasta que se escucharon unos insistentes toques en la puerta de la habitación.

Bella se tensó y se separó un poco de él buscando sus ojos, Edward gruñó en respuesta pero no cesó sus movimientos, éste era el momento de ellos dos, y nadie tenía derecho a molestarlos.

-¡Edward, te necesito aquí ahora, es importante! – gritó Rosalie del otro lado de la puerta.

Él aceleró sus movimientos, su orgasmo estaba haciendo acto de presencia y sintiendo el cuerpo de Bella entre sus brazos fue el detonante para hacerlo estallar, buscó sus labios pero ella volteó la cara de manera que su boca se posara en su mejilla, fue en ese momento que notó su rigidez.

Ella había dejado de abrazarlo, y ya no correspondía a sus caricias ni a sus atenciones, se sintió caer al vacío al darse cuenta que no había llegado con él, que el toque en la puerta logró que perdiera su mejor momento convirtiéndolo en un desahogo sucio para él, y ella no merecía eso, el vacío que reflejaron sus ojos cuando lo apartó de su cuerpo le helaron el alma. Sin duda alguna la estaba perdiendo.

-Bella, amor… lo siento, yo no quería…- comenzó a disculparse.

-Ese es el problema, Edward, no quieres – le dijo de forma enigmática mientras recogía la bata del suelo y se encerraba en el baño dejando a Edward con un sinsabor en la boca.

Rosalie volvió a insistir en la puerta exasperando a Edward que se acomodó la ropa y abrió la puerta con furia.

-Mas te vale que sea importante, Rosalie – le advirtió mientras apretaba el puente de su nariz tratando de calmarse.

-Por supuesto que es importante, Edward, ¡tu hermana Alice acaba de suspender la boda!- Le gritó Rosalie a Edward que bufó ante la inesperada decisión de su hermana -. ¿Sabes lo que eso significa para la empresa? - Le preguntó alterada mientras le daba la espalda y se dirigía de nuevo a la habitación de Alice donde estaban todos reunidos.

Mientras tanto, Bella que se encontraba en la ducha dejando correr por su cuerpo el agua fría tratando de calmarse escuchó los gritos de Rosalie y se dio cuenta que no era el momento de auto compadecerse, Alice la necesitaba y ella estaría allí para ella. Rosalie y Edward podrían hacer con su vida lo que les diera la gana, pero no arruinarían la de su cuñada si podía impedirlo.

Saltó de la ducha y se vistió rápidamente para poder ir con Alice, no se atrevió a verse en el espejo en ningún momento, tampoco quería estar más en esa habitación, salió sin ver atrás llevando su pequeño bolso con ella, no se quedaría, ya no había motivo para quedarse. Cuando entró a la habitación Rosalie estaba gritándole a Alice por ser tan irresponsable y no pensar en el daño que infligía con su absurda decisión.

-Rosalie, Alice y yo estamos de acuerdo que sería una completa locura llevar a cabo esta boda, es cierto que no es el mejor momento para hacerlo, pero no queremos encadenarnos a una relación – le habló James a Rosalie tratando de mantener el control para no golpearla, se esforzaba en recordar que estaba hablando con una mujer.

-Es nuestra vida, e igualmente afectaría si nos casamos hoy para hacerte feliz a ti y mañana comenzamos los trámites de divorcio, nosotros daremos la cara – le espetó Alice ya casi sin control.

-¡¿Saben el daño que le hará esto a nuestra reputación, a la empresa? – gritó Rosalie logrando que Bella explotara

-¡Ya basta, Rosalie! – le gritó Bella completamente transformada y decidida a dejar a Rosalie en su sitio –. Tú puedes hacer con tu patética vida lo que te dé la gana, pero no intentes convencer a Alice de hacer algo que ni ella ni James quieren – siguió hablando viendo a sus amigos firmes enfrentando a furia de Rosalie. Bella observó también que Carlisle y Esme se mantenían al margen y Edward apenas se contenía de saltar sobre James.

-Tú te callas – le espetó Rosalie furiosa.

-No te callas tú, zorra egoísta que solo piensa en la maldita empresa, que abusas de tu posición intentando manejar la vida de todo el que te rodea, me cansé de ti, Rosalie Cullen, y también de ti – dijo Bella viendo a Edward - y de que no vean mas allá de las narices de la empresa. Hasta donde tengo entendido, Carlisle nunca abandonó a sus hijos para dirigirla, y nunca antepuso el bien de la empresa por el de sus hijos.

-Bella, amor – intentó hablarle Edward dando un paso hacia ella.

-Solo digo la verdad – le interrumpió, en ese momento no se sentía con fuerzas para luchar con él y menos delante de la arpía de Rosalie –. Alice – se dirigió a su cuñada -, si sientes que es lo mejor, entonces así es, cuenta conmigo… siempre – le susurró lo último al oído mientras la abrazaba antes de dirigirse fuera de la habitación.

-Bella – la llamó Edward tomándola del brazo antes de que saliera de la habitación.

-Edward, no, ahora no, necesito estar sola y tu hermana te necesita, necesita al hombre del cual me enamoré – le dijo acariciando su rostro para después salir de la habitación.

Tomó su bolso y buscó la salida, necesitaba desahogarse y encerrada entre tantas paredes e intereses se asfixiaba.

Cuando Bella puso un pie fuera de la casa y sintió la caricia del viento sonrió con tristeza mientras caminaba hasta el café donde esperaría el taxi que la llevaría de vuelta a su casa.

-No sé qué hacer, espero descubrirlo pronto – le susurró al viento de cara al sol que se ocultaba en su horizonte, esa era su manera de desahogarse, y de sentir la presencia de sus seres queridos.

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Cambio y fuera.

Nueva locura ups perdón, nueva historia, espero que sea de su agrado y que la disfruten o sufran igual que yo, esta historia será actualizada los lunes.

Betabetza, chas glacias por todooooooooooo te quelo amiga XD

Bienvenidas y muchos muchos Ósculos.

Gine ;D