Disclaimer: La mayoría de los personajes le pertenecen a L. J. Smith. No a mi… pero llegara el día en que dominare el mundo y me pertenecerán a mi =) – risa malvada –. Subway tampoco me pertenece, ni ninguna marca de gran renombre.

Summary: Bonnie lleva una vida humana. Un vampiro le acosa rogándole por el SI. No lleva una vida tan normal. Distintos capítulos que narraran cada uno de los intentos de Damon por conquistar a Bonnie.


Acosando a Bonnie: En el trabajo

Su nueva vida en Nueva York no era como se lo había imaginado. Lo tenía que admitir, cuando se decidió a mudarse a la gran manzana, pensó que todo iba a ser más fácil.

Error.

Se había mudado a Nueva York para estudiar. Sus padres se mostraron molestos con ella cuando les dijo que iba a irse lejos para estudiar, y en venganza – y para hacerle las cosas más duras, así Bonnie se desencantaba y volvía a Fell's Church, estudiaba en la universidad comunitaria, aunque nunca ejercería porque quedaría embarazada y sería ama de casa de por vida… (N/A: Tengo que dejar de ver televisión) –, solo le pagarían los estudios, el resto, comida y hogar, iba por cuenta de Bonnie. Aunque ella no lo consideraba venganza, más bien lección, ya que estaba aprendiendo a moverse y adaptarse a la jungla de humanos que era Nueva York.

Se preguntaran qué hace Bonnie para mantenerse. Tenía dos empleos, a la mañana, atendía los pedidos de delivery. Y los fines de semana, atendía a los clientes del cine, vendiendo entradas.

Ese martes estaba terminando un deber de la universidad cuando el teléfono sonó nuevamente.

- Buenos días, Subway, habla Bonnie, ¿Cuál es su pedido? – Bonnie preparo la lapicera para tomar nota.

- Quisiera dos sándwiches del día, y dos vasos extra grandes de jugo de naranja. – contestó una voz masculina.

- Aja. Podría darme su dirección, por favor.

Oyó una risa ahogada. Bonnie no supo evitar pensar que tal vez este que llamaba fuera alguien que se quería hacer gracioso.

- Su dirección, por favor – insistió.

- Eh, sí, claro. – el hombre se repuso – La calle Washington 254, esquina con Lincoln.

- … con Lincoln – terminó de escribir Bonnie. – Bien, ¿podría darme su nombre por favor?

- Dracula.

O había oído mal, o el tipo realmente era un bromista.

- ¿Cómo dijo qué se llama?

- Dracula – dijo del otro lado de la línea – Dracula Rey del sexo.

- Idiota. – fue lo último que le dijo Bonnie antes de colgar el teléfono.

Odiaba que le hicieran gastar saliva al pedo.

Intentó ahuyentar los insultos que le estaba dedicando al tipo que había llamado. Se puso a leer el texto de la universidad y subrayar lo más importante con el resaltador fosforescente. El teléfono volvió a sonar. El primer pensamiento que se cruzó por la mente de Bonnie fue que era el mismo tipo para seguir jodiendo. Pero lo pensó luego pensó que podría ser un verdadero cliente… y a ella le pagaban por atender. Y sabía que iba a terminar atendiendo. Bueno, si quiere gastar dinero llamando para perder el tiempo molestando, es su problema.

- Buenos días, Subway…

- Debería denunciarte en Atención al Cliente por malos tratos, ¿sabes? – murmuró. Y Bonnie reconoció su voz, era el mismo que el de hace un minuto. – Pero no lo hare porque soy bueno, simplemente quiero los dos sándwiches y jugos que pedí. Y si puedes traerlos tu, mucho mejor. – Agregó.

Bonnie se recupero de la sorpresa de las palabras de él – Atención al Cliente, denunciarte – por lo que no respondió al principio. Luego dijo:

- Este es un local de comida, no de acompañantes baratas. Si necesita esa clase de atención – su voz se torno dulce y burlona – podría buscar en otro lado, aunque no se lo aconsejo, ya que hoy en día es ilegal.

- Mmm, no creas que necesito atención – murmuró él. A Bonnie le gusto su tono de voz – Me llueven las mujeres.

- Pues entonces ¿para qué – mierda – me molesta?

- Lastimosamente, la mujer que yo quiero, no me corresponde.

- ¡Búsquese otro consuelo! – estalló fastidiada. – Consígase una amiga… o una muñeca inflable, lo que sea pero no moleste.

- El hombre del otro lado rió – a Bonnie, aunque no lo admitiría en voz alta, le gusto ese sonido –.

- Demasiado terca.

- Mire señor…

- Rey del sexo – interrumpió el hombre.

- …¿Acaso me vio cara de su diario íntimo para contarme todo esto? ¿No ha pensado en ir con algún psicólogo? O porque mejor no lee algún libro de Pablo Coelho.

- Pfff, ¿libros de auto-ayuda? No me gusta la psicología barata. Pero no nos desviemos del tema, ¿a qué hora sales?

Tu tu tu tu tu tu.

¡Como si fuera a decírselo!

Su turno terminaba a las tres de larde. Miró el reloj y gimió, aún faltaban cuatro horas.

Para el alivio de Bonnie, luego de eso solo recibió llamadas verdaderas, y no tipos solitarios que buscaban compañía en lugar equivocado.

Solo una hora más, una hora más.

Kate, la mesera se acercó a Bonnie, algo completamente raro, ya que la mesera debía estar pidiendo las ordenes de los clientes allá adelante, no en la parte de atrás de la cocina.

- Bonnie, te han dejado un sobre.

- ¿A mí? – preguntó de manera idiota, no había otra empleada llamada Bonnie, pero aun así preguntó, ya que nunca le mandaban nada, y mucho menos en el trabajo.

- Si, a ti – contestó Kate rodando los ojos.

- ¿No sabes quién?

- Mmm… yo vi que se lo entregó a Steve… era un hombre, pero no vi su rostro.

¿Un hombre? No, no podía ser el mismo tipo que llamó, ¿verdad? El tipo no se iba a tomar la molesta de venir a dejar una carta… el tipo no se iba a tomar la molestia de mandar un sobre… ¿verdad? Bonnie miró el reverso del sobre, no estaba firmada, pero tenía escrito su nombre. No pudo contener su curiosidad, lo abrió y sacó una hoja con pocas palabras escritas en ella.

¿A qué horas sales?

Dracula Dios del sexo.

Fueron pocas palabras pero hicieron que a Bonnie se le pusiera la piel de gallina.

Oh Dios mío, ¡este tipo me está acosando! ¿Qué debo hacer? ¿Qué debo hacer? ¿Llamó a la policía?

Luego de lograr controlar su agitada respiración, Bonnie pensó claramente en qué hacer. Se levanto de su puesto y fue hacía la parte de delante de la cafetería, donde estaban todos los clientes disfrutando sus almuerzos.

Localizó a Steve limpiando una mesa vacía en una esquina.

- ¡Steve!

- Ah, hola Bonnie. ¿Cómo estás?

- Dime, ¿quién me dejo esto? – le preguntó desesperadamente, mientras le mostraba la cartita - ¡Léelo!

Steve agarró el papel algo alarmado por la actitud de la normalmente tranquila Bonnie. Lo leyó y comenzó a reír, a la pelirroja casi le sacó de quicio que se riera de algo así.

- ¿Estas así por esto? – pregunto sin dejar de reír.

- ¿Y cómo se supone que debo estar si este tipo me llama dos veces para joderme? ¡Y ahora me manda esto! – Respira, exhala, respira, exhala, decía mentalmente para tranquilizarse.

- Debe ser coincidencia que dos personas te quieran gastar bromas Bonnie, tranquilízate.

- ¡Tranquilizarme nada! – chilló, y algunas personas giraron para verle – ¿Cómo explicas que esas dos personas se hagan llamar Dracula Rey del sexo?

- Eeeh… no se – admitió torpemente.

- ¿Cómo era, Steve? Dime todo lo que recuerdes de él.

- Oh, no tenía pinta de acosador sexual. – dijo tranquilo, pero a Bonnie eso no le reconforto, estaba hecha un manojo de nervios – Pero mira, ahí está. – apunto al otro lado del salón.

Temblorosa y con mucho miedo, dio media vuelta para ver a la persona a la que Steve apuntaba.

El miedo se esfumo como polvo en el aire, para aparecer el odio y la cólera. Se pregunto cómo pudo ser tan estúpida y no haberlo reconocido – vagamente recordó haber pensado que le gustaba su voz, repito: vagamente, ya que ella solo podía pensare lo humillada que se sentía y en darle una patada –. A grandes zancadas fue hacía donde él estaba sentado.

Damon no podía segur aguantándose la risa, la cara de Bonnie no tenía precio. Aunque luego de ver el fuego – y no de deseo, precisamente – en sus ojos, trago en seco. Sabía que tendría que tragarse un escarmiento bien grande.

- ¡Tú!

- Eh… ¿hola? – saludo algo dudoso, comenzó a arrepentirse de la broma por teléfono.

Al llegar a la mesa, Bonnie le sonrió dulcemente. Se sentó a su lado como si hubieran acordado hacerlo.

- ¿Cómo estás? – le preguntó de manera agradable, lo cual era raro, ya que Bonnie nunca se había mostrado agradable con él.

Mierda mierda mierda, ¿Qué hice?

Comenzó a sentir miedo de Bonnie… la única chica por la que había sentido miedo era Meredith, hasta ahora.

- Esto es raro – murmuró más para sí mismo que para ella.

- Me alegra que estés aquí – dijo Bonnie en un susurro, acercándose más a Damon.

- Esto es muy raro – murmuró él, asustado.

Bonnie puso su mano encima de la de Damon. Por un segundo, él se sorprendió por ese gesto, pero luego le quemo, literalmente. Bonnie le miraba fijamente, sin pestañear, mientras intentaba que le soltase la mano. Ella le soltó luego de varios segundos, levantándose de la silla, la expresión dulce había desaparecido, siendo reemplazada por la que reservaba especialmente para cuando él estaba: puro y casi letal odio. Se acercó al rostro de Damon – este por un momento tuvo la esperanza de que le iba a besar, pobre iluso – y dijo:

- Un kilometro a la redonda alejado de mi, ¿entendiste?

Y volvió al trabajo sin dejarle decir nada.


Hay que ser comprensivos con Bonnie, se llevo un susto grande al creer que la acosaban, oh bueno, algunas mujeres reaccionan así al sentirse perseguidas, y cuando al final resulta ser una broma de mal gusto, reaccionamos peor – me incluyo –.

Ya leerán como será el próximo.

Eva