Disclaimer:Nurarihyon no Mago no me pertenece, si lo hiciese cierta personita ya estaría tres metros bajo tierra~.


Autor: Suki90
Serie: Nurarihyon no Mago
Título: Deseando por que nieve.


Hace dos años que ocurrió una desgracia para la Patrulla Paranormal Kiyojuji, en el Clan Nura, en mi vida.

Era un día común y corriente en la mansión Nura, todo transcurría como siempre lo había hecho… con la única excepción de que ya no percibía el fresco ambiente que cierta mujer de las nieves producía. ¿Motivo? Sencillo, ella ya no se encontraba en esa casa… desde hacía mucho tiempo.

Todos habían sobrellevado, dentro de lo que cabía, la ausencia de la dama de las nieves, o bueno… casi todos. El único que no había podido superarlo era el ser más importante de esa mansión…

Se encontraba sentado justo en el medio de la habitación, a pesar de que su vista estuviera posada sobre sus manos, esta no se encontraba precisamente viéndolas, podría decirse que miraba hacia la nada; se encontraba sumido en sus propios pensamientos.

La mirada que se podía apreciar en los cafés ojos del Tercer Supremo Comandante no mostraba nada más que soledad, dolor, tristeza; algo que antes nunca se encontraba en los orbes achocolatados.

Un par de años atrás perdí… lo más valioso que había en mi insignificante vida, algo que jamás valoré ni aprecié el tiempo que estuvo conmigo al ser yo tan ciego.

— Lo recuerdo claramente, tanto como si hubiera sido ayer —susurró con dolor en su voz mientras que su mente lo transportaba a una pequeña excursión hacía unos cuantos años en el pasado.

Lo recuerdo bien, todo comenzó porque Kiyotsugu-kun quiso ir nuevamente a una excursión en busca de youkais en una montaña a las afueras de Ciudad Ukiyoe. Para mi alivio y el de Tsurara, en esa montaña no habitaba ningún ayakashi, por lo que no habría problema si iban todos, incluso Kana-chan al escuchar eso se animó más a ir.

Cuando llegamos todo pareció normal, no había nada fuera de lo común, lo único es que había unas que otras salientes de riesgo; pero fuera de eso no había nada por qué preocuparse.

Caminamos durante horas, pero como ya sabía, no encontramos ningún youkai en la montaña, sólo salientes tras salientes, incluso uno que otra cascada, la cual iba en dirección contraria hacia Ukiyoe. Y sin que nos diéramos cuenta se hizo de noche. Eso era peligroso. No había problema por Tsurara y por mí, pero los demás si corrían mucho más riesgo. Fue entonces que decidí

Deberíamos regresar pronto, Kiyotsugu-kun —le sugerí—. Se está haciendo de noche, y no es muy recomendable que merodeemos por estos rumbos tan peligrosos…

¡No seas tonto Nura-kun! —me dijo él— No pasará nada, ¡mientras todos tengamos nuestras linternas y caminemos juntos estaremos bien! —me respondió animadamente mientras continuaba caminando. Sabía que tenía razón pero aún así me preocupaban las chicas. Vi como Shima-kun, Maki-san y Torii-san lo seguían muy a regañadientes.

Estuve a punto de seguirlos, pero de la nada sentí una fuerte presión en mi brazo. Cuando me di cuenta Kana-chan ya se encontraba abrazada a mí.

Ka-Kana-chan… —dije un poco avergonzado.

Tengo miedo Rikuo-kun, quiero irme a casa… —me respondió, su voz se oía totalmente aterrorizada; era verdad, ella le tenía mucho miedo a ese tipo de lugares… más en la noche.

No te preocupes, Kana-chan —le dije—, pronto nos iremos a casa —con esa única respuesta ella me miró con una sonrisa aliviada. Dejó de temblar, pero no me soltó nunca. Y no supe cómo, pero en ese momento sentí una pesada mirada sobre mi; voltee con lentitud y pude ver el rostro enfurecido de Tsurara. En ese entonces no sabía bien por qué se molestaba tanto en ese tipo de situaciones. Más preferí evadir el tema—. Va-Vamos, Tsurara… no te quedes atrás —más la única respuesta que tuve de su parte fue un leve "jm".

Con la intención de evitarme se adelantó y caminó a lado de Torii-san por un tiempo. Me extrañaba un poco en ese entonces la actitud de Tsurara, y la mayor parte de las veces le restaba importancia, y esa ocasión no fue la excepción.

Caminamos unas cuantas horas más hasta el punto de ya no poder ver bien debido a lo obscuro que se había tornado.

Kiyotsugu-kun, ya hazme caso… vámonos de aquí —le repetí un tanto molesto, las chicas estaban mucho más asustadas de lo que en un principio. No iba a permitir que nos introdujéramos más en el bosque—. Las chicas están muy asustadas, será mejor que las llevemos a casa —volví a decir mientras veía cómo es que el líder de la patrulla me dirigía una mirada derrotada.

Está bien Nura-kun, nos iremos ya —dijo con fastidio. Yo sólo sonreí. Las chicas celebraron levemente por la decisión, incluso Shima. La que no hizo ni un solo ruido fue Tsurara, lo cual no me extrañaba ya que ella era mucho más valiente que los demás. Ventajas de ser un youkai: no temes a lo que se supone perteneces—. Muy bien chicos, regresemos. Vean bien por dónde pisan —ordenó.

Todos se dieron la vuelta para emprender el regreso a casa, más fue entonces que la tragedia sucedió. Entre el penetrante silencio, el desprendimiento de unas cuantas rocas se hizo presente. Giré mi rostro nerviosamente y fue ahí cuando la vi.

Todo pasó en cámara lenta, vi cada segundo que pasó mientras ella iba cayendo hacia el vacio poco a poco.

Me solté del agarre de Kana-chan e intenté acercarme a ella. Recuerdo haber escuchado las voces de mis amigos llamándonos, pero no fue con mucha claridad; la única voz que yo escuchaba claramente era la de Tsurara, la cual había alargado su brazo en un vano intento de alcanzarme. Yo hice lo mismo, pero cuando quise tomar su mano… alguien me alejó nuevamente. Mi corazón se quedó paralizado cuando vi como ella se alejó completamente, volviéndose una con la obscuridad, mientras gritaba mi nombre.

¡Rikuo-sama! —fue lo último que pronunció.

Yo me quedé pasmado, mis ojos estaban lo más abiertos posibles, miraba con horror el lugar por donde ella había caído mientras seguía siendo sostenido por uno de mis compañeros. En ese momento reaccioné y giré enfurecido.

¡Por qué me sostuviste, Kiyotsugu-kun! —le pregunté con rabia— ¡Pude haber alcanzado a Tsurara si no lo hubieras hecho!

¡Si, pero ambos hubiesen caído! —gritó él enfurecido mientras me tomaba de los hombros— ¡No te alteres Nura-kun, podemos buscarla una vez salga el sol!

¡Qué estás diciendo! ¡Tsurara puede estar herida en alguna parte de esta montaña y tú sugieres que esp-…! —y de ahí en más todo se volvió negro, sólo recuerdo… un fuerte golpe en la boca de mi estomago.

Desperté al día siguiente, y al hacerlo por alguna razón me sentí desesperado. Me enderecé rápidamente y me di cuenta de que estaba en casa, en mi habitación. Pero por qué, ¿cómo fue que llegué ahí?

Y fue en ese momento en el que recordé todo. La montaña, la patrulla, Tsurara cayendo… Tsurara cayendo…

Dios, ¡Tsurara! —y salí corriendo de mi alcoba, la busqué por todos lados pero no la encontré— ¡Tsurara, respóndeme! ¡Tsurara!

Gracias a mis gritos, todos los youkai que habitaban nuestra casa se asomaron por doquier, les sorprendió verme tan alterado, en mi mirada se podía ver la desesperación, la frustración, toda clase de sentimiento negativo que uno se pudiera imaginar.

En ese momento, una mano se posó sobre uno de mis hombros, me giré y vi el rostro preocupado de Kejoro.

Ke-Kejoro —susurré después de girarme por completo—. Kejoro, ¿dónde está Tsurara?

Rikuo-sama… —habló ella con dolor en su voz, su mirada también lo hacía notar.

Respóndeme Kejoro —le insistí—, ¿dónde está Tsurara? —le pregunté mientras la tomaba con fuerza de los brazos, más no tanta como para llegar a lastimarla.

Ella no está aquí —dijo una voz detrás de mía. Al voltear vi a mi abuelo de brazos cruzados.

¿Qué dijiste, abuelo? —pregunté con nerviosismo, mi mirada tembló por el miedo a oír nuevamente lo que dijo, pero tenía que confirmar que había escuchado bien.

Mi abuelo suspiró con pesadez y me miró fijamente.

Yuki Onna… está muerta —y fue en ese momento en el que todo mi mundo se derrumbó.

No podía ser cierto lo que mi abuelo decía; o más bien, yo no quería creerlo, me era imposible aceptar… que mi dulce dama de las nieves ya no estaba conmigo.

Eso no puede ser abuelo, Tsurara no puede… estar muerta… —le respondí con la voz quebrada— ¡No, abuelo, es mentira, no puedo aceptar eso! —le grité con fuerza, mis ojos mientras tanto comenzaron a sentir el leve ardor que sólo uno siente cuando las lagrimas quieren salir, pero no podía yo llorar por algo que no era cierto… no debía.

Pues más vale que lo vayas aceptando, Rikuo; Yuki Onna está muerta, y no se puede hacer nada para cambiarlo —me lo dijo con seriedad, aunque pude notar un poco de tristeza en su voz.

Perdí las fuerzas, quedé posado en el suelo de rodillas, las lagrimas que tanto intenté retener durante esos pocos segundos comenzaron a caer de mis ojos. No podía ser que Tsurara… estuviese... muerta…

Tsurara… —susurré con dolor. En ese momento, mi madre se acercó a mí y se posiciono delante de mío para poder extenderme algo que rápidamente reconocí. Mis ojos se abrieron de par en par, eso era…

Tus amigos vinieron a entregar esto —comenzó mamá con mucho dolor mientras me extendía nuevamente esa bufanda que se encontraba con manchas rojas—. Dijeron que fue lo único que encontró el equipo de ayuda cerca de uno de los ríos que hay en la montaña.

Alcé mis brazos con pesar y tomé con cuidado la bufanda que Tsurara siempre llevaba. La apreté contra mi pecho con fuerza. Eso era… lo único que me quedaba de ella. Para ese entonces, mi mirada ya carecía del brillo que lo caracterizara, parecía… como si estuviera muerto en vida.

Después de ese día, todo comenzó a pasar demasiado rápido, al menos para mí, ya que no prestaba atención a lo que a contenía a mi alrededor. No faltaba a la escuela, pero no prestaba mucha atención a clases, fue un milagro que aún así pasara el año escolar, y es que lo único que ocupaba mis pensamientos era Tsurara y nada más.

Y eso, es algo que no ha cambiado hasta ahora.

— Mí querida Tsurara… —volvió a susurrar el Tercer Supremo Comandante sin darse cuenta. De sus inexpresivos ojos comenzaron a caer las ya tan frecuentes lágrimas que siempre hacían sus orbes arder.

Y así, como todas las noches tras aquel lamentable incidente, el heredero del clan se hundió en su eterno luto una vez más. No importaba cuántos años hubieran pasado, el dolor que yacía en su corazón era imposible de alejar, no había manera eliminarlo… no existía forma.

Pero por sobre todo, no deseaba alejarlo.

Era bastante irónico: El recuerdo de aquel momento lo hacía sufrir en más de un sentido… pero al mismo tiempo era lo único que le permitía viajar a la época en donde fue más feliz, en donde todo tenía sentido, en donde todo estaba bien…

En donde ella estaba a su lado…

— ¿Rikuo? —se escuchó de pronto desde afuera— ¿Te encuentras bien?

Alzando con lentitud su rostro, el cual acunó por algunos minutos entre sus brazos, la voz del muchacho se hizo nuevamente presente— Sí, estoy bien mamá… —respondió seriamente mientras veía cómo es que su madre abría la puerta corrediza y lo miraba con una preocupada expresión.

— ¿Estás seguro? —le dijo mientras se sentaba cerca del futón.

— Sí, estoy bien… —respondió nuevamente habiendo retirado la mirada de ella.

Wakana Nura lo miró aún más preocupada. Esto no iba bien, su hijo había perdido ese característico brillo en sus ojos desde que se enteraron de la muerte de la pequeña Tsurara. Entendía que su pequeño estuviera dolido por la pérdida de alguien tan especial como lo era la Yuki Onna, pero tenía que empezar a sobrellevarlo y continuar con su vida.

Se acercó más a él y lo abrazó con fuerza. Esto sorprendió levemente a Rikuo, pero no bastó para que su mirada cambiara a la que una vez tuvo.

— Mi pequeño, ya no sufras más… por favor —comenzó ella mientras acariciaba los cabellos de su hijo—. Entiendo tu dolor…

— Mamá… —susurró el Tercer Supremo Comandante.

— Escucha cariño —comenzó la mujer—: Yo más que nadie comprendo tu dolor, pasé exactamente por lo mismo cuando tu padre murió. Aún así tuve que sobrellevar su perdida por tu bien, tú aún eras muy pequeño y dependías de mi casi en su totalidad… No podía derrumbarme y dejarme morir tan sólo porque Rihan-san ya no estuviera a mi lado —explicó su madre sin romper el abrazo que los unía—. Sé que te lo he dicho miles de veces en estos dos años pero… necesitas dejarte avanzar…

— No puedo —comenzó Rikuo mientras levemente se acomodaba para poder abrazar a su madre de vuelta—. No puedo mamá…

— Claro que puedes, todo se puede en esta vida; aprenderás a sobrellevarlo si lo intentas —susurró mientras mecía con suavidad a su hijo.

Rikuo entendía las palabras de su madre, y sabía bien a qué se refería con que él debía hacer lo mismo que ella una vez tuvo que hacer.

Él tenía una familia que había estado preocupada por él desde siempre, además de que sus amigos también estaban muy mortificados por su decaída actitud. Pero es que simplemente no podía aceptar la idea… de que tenía que olvidar a Tsurara, no quería; su recuerdo… era lo único que le quedaba de ella ahora.

— No quiero olvidar a Tsurara, mamá… — susurró con la voz quebrada. Las silenciosas lágrimas que tanto hacían sus ojos arder estaban comenzando a salir.

— No tienes que olvidarla, mi pequeño —respondió—. Sólo intenta ya no culparte a ti mismo por su muerte, no es tu culpa…

— ¡Claro que si es mi culpa, mamá! —respondió Rikuo alejándose del abrazo de su madre para levantarse, en ese instante, sus lagrimas comenzaron a caer— Es mi culpa… no alcancé a tomar la mano de Tsurara… —explicó Rikuo mientras su vacía mirada se posaba sobre su mano—. Si tan sólo hubiera podido tomar su mano…

— Hubieras caído tú también… —susurró su madre. Rikuo la miró un momento, no supo si escuchó bien, pero la voz de quien fue la esposa del Segundo heredero Nura se escuchó… quebradiza—. Hubieras caído tú también, pudiste morir… y yo no hubiera podido soportar perder a alguien más.

— Mamá…—susurró devuelta el Tercero.

— Entiendo tú dolor hijo, créeme —respondió Wakana viéndolo igualmente con lágrimas en los ojos antes de levantarse también—. Yo sé qué tanto querías a Tsurara-chan; y por qué sé cómo te sientes te aconsejo como madre… que te perdones, esto te hará daño si continúas así. Tsurara-chan no querría verte de esta forma —susurró finalmente antes de volver a abrazarlo con fuerza mientras dejaba caer finalmente sus lagrimas.

Rikuo no dijo ni hizo nada, sólo se dejó abrazar mientras pensaba en las palabras de su madre. ¿Tendría razón? Lentamente, ambos se arrodillaron, hasta que finalmente Wakana quedó sentada sobre sus piernas y Rikuo recostado sobre su regazo.

No supo cuando, ni en qué momento cerró los ojos y durmió en los brazos de su madre tal cual niño pequeño de cinco años,

— Perdónate, Rikuo; permítete seguir adelante… —susurró Wakana dándole un beso en la cabeza a su hijo antes de volver a mecerlo con cuidado entre sus brazos, así como lo hizo alguna vez hace muchos años atrás…


Suki: Hola, hola, hola… ¿Cómo están? Espero que se encuentren muy bien :D. Para los que no me conozcan soy Suki90 y hace muchos años era una autora bastante activa en el fandom, especialmente en el área de Rikuo x Tsurara.

El motivo de este curioso mensaje es el de aclarar por qué los reviews marcan más allá de 10 capítulos cuando en realidad sólo hay uno. Queridos amigos, la respuesta es demasiado simple: Eliminé el resto de la historia y mezclé un poco de los eventos que sucedían en el capítulo 2 en este para darle un buen cierre.

Sí, esta historia llegó hasta el capítulo número 10, pero lamentablemente después de que el manga terminó y tras varios bloqueos de escritor me fue imposible terminar de escribir esta idea que originalmente iba a ser así… de un solo capítulo.

Por supuesto que todos y cada uno de los capítulos están a salvo en mi computadora y memoria externa por lo que cabe la posibilidad de que tal vez, y digo que sólo tal vez, la inspiración vuelva, retoque algunas cosas de la idea original y publique la historia ahora si finalizada.

Sin embargo para esto pueden pasar años, por lo que lo más sano es dejarlo así, jaja.

Muchas gracias a todos los que leyeron la historia original y me dieron un poco de su tiempo. ¡Espero que estén pasando un excelentísimo día!

Mención especial a: br0kenztar, Lonely Athena, Corazón De Piedra Verde, Citsimsan, Taeyon- Oikawa, Tsurara12012, IvanchoFAA y a Yuuko Ichihara (Que por cierto mujer, ¡haste una cuenta! A Lonely Athena y a mí nos frustra mucho no poder responderte en los reviews. Esto es una orden :'D)

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Suki90 presentó.