Se aparecieron en Hogsmeade, de forma inmediata, sin pensar prácticamente en nada al hacerlo, tan sólo lo que tenían que hacer; nada más llegar se percataron de su error; había un encantamiento colocado para avisar cuando llegase alguien al lugar.

- Mierda – Susurró Depa.

Desde el principio sabía que se trataba de un suicidio, sacó su varita dispuesta a enfrentar lo que viniese; miro a Harry, asintiendo al captar lo que estaba pensando, iban a rodearlos para atacarlos de todos los ángulos al mismo tiempo y también como no a soltar a los dementores, estaba sintiéndolos y estaba segura que Harry también los sentía. Por suerte y para sorpresa suya fueron auxiliados por el dueño de cabeza de puerco, que les hizo pasar al interior del local. Se mantuvo aparte mientras Harry y los otros dos hablaban con el dueño del local, Aberfoth Dumbledore; sentía que no debía meterse en eso, hacerlo solo traería problemas que no deseaba tener en realidad, menos sin saber de qué iba la cosa. Era mejor mantenerse al margen y observar, también escuchar; tenía experiencia en esas cosas y por ello sabía ver que era lo relevante y qué no lo era. Gracias a la insistencia de Harry, pudieron encontrar la ruta de acceso al castillo, una ruta segura; Depa sonrió, al ver a Neville llegar, le alegraba ver que estaba medianamente bien, a pesar que su cara parecía un mapa.

- Así que te has estado metiendo en problemas sin mí.

- Tú también lo has hecho, Depa. ¿O me lo vas a negar?

- Me he mantenido ocupada.

- Seguidme, hay mucho de lo que hablar.

Siguieron a Neville por aquel pasadizo bastante novedoso; escuchó lo que dijo este sobre ese pasadizo; se había formado al parecer por necesidad del grupo de resistencia del castillo cuando tuvieron que ocultarse para poder seguir con sus actividades o simplemente para preservar su integridad; pues estaba claro que el régimen de Voldemort no iba a permitir que nadie expresase un pensamiento diferente al "adecuado", y si no podían hacerle cambiar de opinión, no costaba nada eliminar el elemento de conflicto. Cualquier persona que pensara les venía muy mal; pues pensar equivalía a darse cuenta que hay otros caminos, cosas mejores. Al llegar a la sala de los menesteres se quedó sorprendida por lo que veía y percibía en contraste con lo que Neville le contaba; le parecía más un campamento militar que una habitación donde habían acudido todos a refugiarse. Pudo percibir más cosas, no había ningún Slytherin allí, lo cual podía entenderse de dos maneras, o estaban todos con Voldemort o se mantenían al margen por su propio sentido de la autopreservación; también podía ser por el hecho que para todos a priori todos los Slytherin eran magos oscuros. En los años que llevaba allí no había observado nada dirigido a subsanar esos problemas, pero no podía hacer nada en ese aspecto. Nuevamente se mantuvo al margen en la conversación, escuchando sobre lo de buscar algo de Ravenclaw por el castillo, lo cual era toda una locura hacer aquello en tan poco tiempo, podía notarlo, más si cerraba los ojos y se relajaba; el castillo aquella noche era una auténtica trampa.

- Si hacemos algo tiene que ser esta noche – Dijo desde una esquina con un tono suave, firme, y también seria; pronunciando sus palabras desde la penumbra – Serian idiotas si no esperasen que viniésemos si ese objeto está aquí.

- ¿No puedes ser un poco más positiva? – Inquirió Ron molesto

- Soy realista. Tan sólo digo lo que todos pensamos. Es el momento de jugar la última mano.

- Así se habla – Vitorearon algunos de los que estaban allí refugiados, se notaba que tenían ganas de devolverle el golpe a los mortífagos que ahora dirigían el castillo, le pareció que estaban dispuestos a enfrentar lo que viniese, a luchar por su libertad, por su libre albedrío.

Entendió lo que sucedía y cuál era el plan; si iban todos los detectarían con mayor facilidad que si eran solo dos; así que vio marchar a Harry y a Luna a hacer una indagación a la sala común de Ravenclaw, lo prudente era esperar en ese lugar; aunque hubo algo que le llamó la atención; el que Ron y Hermione fuesen a la puerta también; se acercó a ellos.

- ¿Dónde vais?

- A la cámara, a por colmillos de basilisco.

- Voy con vosotros

- No sé; siendo tres será más fácil que nos vean.

- Ron, cuando bajamos con Harry en segundo curso Lockhart provocó un derrumbe; necesitareis ayuda por si el túnel se vuelve a derrumbar.

- Entonces nos pillaría a los tres – Replico Hermione.

- No tiene porque, y la verdad, aun no nos has contado como hiciste para despejar el camino – Comento Ron.

- Levitando y apuntalando – Respondió simplemente, era básicamente eso lo que había hecho, solo que no con magia, sino con la fuerza.

- Bueno dejémoslo estar – Dijo Hermione frunciendo el ceño; Depa pudo notar que la miraba con sospecha – Tenemos que darnos prisa.

No le gustó aquella mirada, no sabía si no confiaban en ella o si comenzaban a darse cuenta de que había algo más tras ella, algo que no les había contado. Eso era un riesgo, pues no podía desvelar nada de la fuerza en un mundo que no la conocía, tenía que guardar su tapadera hasta que pudiese regresar y si no llegaba a contar nada, mucho mejor. Escuchó a Ron imitar los sonidos de la lengua pársel, consiguiendo que la entrada secreta se abriese y bajo tras ellos, quedándose en el túnel apuntalado examinándolo mientras los otros dos seguían hacia adelante, hacia donde estaba el cuerpo del basilisco, cuerpo que ni había visto ni deseaba ver. Durante su examen se percató que el túnel era inestable, y consciente de que tenía probablemente poco menos de quince minutos, por lo que sin dudarlo se concentró, comenzando a reforzar el túnel mediante la fuerza, usando los propios elementos que había en el lugar para asegurarse que no caería sobre ellos. Lo logró, aunque fatigándose un poco, cuando los otros dos regresaron sonrientes, estaba un poco pálida y sudorosa.

- Lo has reforzado todavía más – Observo Hermione

- ¿Preferías que se derrumbase?

- Sabes más de magia de lo que aparentas, también eres más poderosa de lo que parece: el troll, el túnel...

- ¿A dónde quieres llegar, Hermione?

- ¿Para quién trabajas?

- Para la justicia y el equilibrio.

Tras aquellas palabras les dio la espalda dirigiéndose a la entrada del túnel apuntando hacia arriba al llegar a la boca del mismo; "ascendió" murmuró, podía haber trepado mediante la fuerza pero no estaba el horno para bollos; tenía que parecer lo menos sospechosa posible. Al llegar a los baños se giró hacia la voz que le hablo.

- Habéis venido a liberar el castillo; pero el castillo ya esta rodeado.

- ¿De qué hablas, Myrtle?

- Creo que lo sabes, o te lo imaginas. Tened mucha suerte.

- ¿Qué ocurre? – Preguntó Ron, quien aparentemente acababa de llegar - ¿De qué va esto?

- De que llegó el momento de la acción; el chiflado sin nariz nos tiene rodeados.

- Avisemos a Harry. Tenemos que regresar al punto de encuentro – Afirmó Hermione.

Corrieron hacia la sala de los menesteres, era donde se habían separado y donde debían estar para reencontrarse, mientras iban hacia allí vieron que el castillo se estaba organizando para una resistencia, pero no se fiaba de lo que pudiese haber dentro del castillo, era la situación ideal para que alguien los traicionase. Un movimiento típico de las guerras que por una parte agradecía haber aprendido con su experiencia y por otra parte deseaba no conocerlo; por las circunstancias que lo rodeaban.

- Espéranos fuera, en la sala común de Gryffindor – Le dijo Hermione.

- ¿Qué pasa? – Pregunto Harry desconcertado.

- Nada – Susurró Depa. Llegados ese punto lo mejor era apartarse – Os esperaré.

Con tranquilidad se alejó de ellos, caminando por la séptima planta hasta la entrada a la sala común de Gryffindor apoyándose en la pared junto al retrato con los brazos cruzados, atenta a lo que se movía en la oscuridad del pasillo. La batalla había comenzado. Sacó la varita, acercándose a una ventana u lanzando encantamientos aturdidores hacia la turba de mortífagos, desde allí tenía un buen ángulo y no le daba a ninguno de los defensores del castillo, al menos mientras estuviesen a distancia; era la mejor forma que tenía de apoyar, como si estuviese actuando como un tirador en la distancia; estuvo así hasta que regresaron Harry y los otros dos.

- Malfoy nos acorraló en la sala de los menesteres – Soltó Hermione – Crabbe está muerto.

- Tanto la copa como la diadema están destruidos; solo queda la serpiente.

- Genial, vamos.

- No sabemos dónde está – Objeto Ron – ¿Lo puedes buscar, Harry?

- Claro.

- No me gusta que hagas eso – Dijo Hermione.

- A mí tampoco; pero no hay otra manera que sepamos – Afirmó Depa.

Harry consumió unos minutos para localizar a Voldemort, al final dijo que estaba en la casa de los gritos; por lo que los cuatro fueron hacia allí lo más rápido que pudieron, luchando y derribando a los mortífagos que se encontraban por el camino, consiguiendo sortearlos hasta salir a los terrenos donde una horda de dementores los atacaron, pudiendo alejarlos de ellos gracias en parte a Luna, Dean y Seamus. Les hizo un gesto de agradecimiento y continuó corriendo junto a los demás, hasta vieron lo que se les venía encima, acromantulas.

- De estas me encargo yo – Afirmó con gran determinación.

- ¿Tu sola?

- Si, será lo mejor. Cuantos más seáis para la serpiente mucho mejor.

Se encaró hacia las acromantulas, sabía de ellas que eran rápidas y muy venenosas, la varita no serviría de mucho en ese caso, eran demasiadas. Sacó la espada y la prendió, consciente que con ese acto tendría que dar muchas explicaciones después si era vista, claro que tratándose de una batalla era poco probable que se fijasen en ella, pero su experiencia le decía que alguien lo haría. No se entretuvo en jugar con las arañas gigantes, conforme podía las iba matando, matando y esquivando; arrojo a unas cuantas al lago, empujándolas con la fuerza, era otra forma de librarse de algunas. Parecía que toda la familia de Aragog se había unido a Voldemort. Aprovecho que había caído una rama incendiada cerca para hacerla levitar y caer sobre algunas de ellas, sacando la varita unos instantes para prender fuego a la vegetación circundante y así atrapar a unas pocas más. Continuó enfrentándolas hasta que sintió un hechizo ir hacia ella; saltó a un lado y se alejó, a tiempo de ver como el hechizo mataba a una de las arañas. Miró al agresor, uno de los tipos que había dejado inconsciente meses atrás.

- Lestrange tenía razón, eres una chica muy extraña; esos reflejos no son propios de un adolescente, ni siquiera de los aurores más experimentados.

Comenzó a lanzarle hechizos, uno de ellos le partió la varita, así que únicamente tenía la espada para defenderse, los hechizos la hacían retroceder, hasta que al final estuvo a orillas de un acantilado; sabía lo que iba a ocurrir, de modo que antes que llegase el siguiente saltó al vacío, hacia el lago, apagando la hoja de la espada. Luego todo se quedó negro.

Coruscant. Templo Jedi. Área de hospitalización.

Notaba que estaba sobre algo mullido, ¿una especie de colchón tal vez?; pero aquello no era posible, acababa de caer al lago, desde una altura considerable y aunque se sentía hecha polvo no se explicaba cómo es que no sentía el agua a su alrededor. ¿Habría muerto en aquel mundo? No podía ser. Se sentía muy viva. Apretó los ojos, moviendo un poco la cabeza antes de abrirlos. Extrañada de ver lo que vio al hacerlo. Estaba en el templo. Suspiró, había regresado a su casa, pero ¿Qué le aguardaría ahora?

- Te has vuelto un poco suicida.

- Maestro Windu.

- ¿Cómo te encuentras?

- Como si hubiese saltado de un acantilado.

- Pues no lo has hecho, o al menos no este cuerpo; si el generado por tu mente.

- Entonces el dolor es imaginario.

- No lo creo; cada daño que sufrías allí se manifestaba aquí también, de modo que...

- Cada vez que estuve a pudo de morir, estuve a punto de morir aquí.

- Sí.

- Pero ahora no estoy muerta. Y esa caída...

- Simplemente has regresado porque te tocaba regresar.

Miró Windu con el ceño fruncido, sin comprender porque le hablaba con tanta tranquilidad, de poco le importaba lo que le habían dicho quienes la mandaron a ese lugar, era un poco egoísta, pero lo que la orden le dijese; eran ellos los que de verdad decidirían su destino.

- ¿Cuándo es el juicio?

- Directa al grano

- Cometí...

- Sí, y también la jugaste por restablecer el equilibrio; también te arrepentiste. Así que amiga mía, solo te queda recuperarte y continuar. Estarás a mi cargo, el tiempo que diga el consejo.

- Supongo que no podré saber si ellos vencen a ese mago oscuro.

- Supongo que no es cometido nuestro. Ahora descansa, ya hablaremos otro día.