Keep Breathing


Bueno, aquí les traigo algo que me surgió en un momento de inspiración y como consecuencia de una canción: Keep Breathing de Ingrid Michaelson.

Les recomiendo leer el fic mientras escuchan la canción, porque está escrito con esa intención. Ojalá que les guste. Aunque es un poco emocional Jeje.

Saludos! Shao!


By Gyllenhaal

En aquel momento empezó a sonar la música: una muchacha que tocaba la guitarra cantaba al mismo tiempo que un pianista la acompañaba.

Sherlock estaba sentado en la segunda fila, miraba con atención a Watson: Tenía moretones y su ropa estaba sucia y arrugada. Y sin embargo, continuaba con su habitual porte. Estaba completamente erguido, con la mirada fija en la entrada de la capilla.

Instantes después de que la cantante empezó a interpretar su canción, la novia hizo aparición, portando un pulcro vestido blanco con un peinado elegante. La gente se puso de pie, excepto Sherlock, quien se negaba a participar en el momento; él seguí acompañando a Watson con la mirada.

Toda la gente sonreía, incluyendo a Watson. Entonces, por un brevísimo instante, Sherlock se sintió dichoso: La sonrisa de su amigo lo valía todo.

La gente volvió a sentarse cuando la novia alcanzó su mano a Watson y ambos se pusieron frente al altar.

El cura comenzó a recitar su discurso, mientras la cantante continuaba con su interpretación, y a medida que la ceremonia avanzaba, el novio colocó el anillo en el dedo de la novia, recitando sus votos. Prometiendo amarla y protgerla por siempre.

La novia hizo lo mismo. Prometió amar a su esposo, y ser la mejor esposa. El rostro de la novia resplandecía de felicidad. Sherlock escuchó atento los votos, preguntándose cuál de aquellas promesas sería incapaz de cumplir. Los novios se besaron mientras Sherlock se concentraba en ver a Watson y sumergirse en su sonrisa y llenarse de la felicidad que su amigo sentía. Lo miró fijamente, sin pestañear para no perderse un solo segundo de los últimos momentos que compartiría con él. Entonces la señora que estaba al lado de Sherlock le extendió un pañuelo.

—Será mejor que llore.

En ese momento la ceremonia llegó a su fin, y la gente comenzó a aplaudir estridentemente. Sherlock miró el pañuelo, pero se resistió a tomarlo, repitiéndose a sí mismo que no lo necesitaba, aunque un nudo en su pecho creciera desmesuradamente y sin control. Se dio cuenta que las manos le temblaban justo cuando la pareja empezaba a salir. Entonces, ataviado por tantas emociones indescriptibles, abandonó su lugar, corriendo a través del arroz que algunos arrojaban y se lanzó a correr bajo el nublado cielo que, junto con él, soltó las lágrimas más sinceras que jamás habían rodado por sus mejillas.