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Hacia el abismo

By Gyllenhaal

Sherlock había tomado la decisión; estaba convencido de que no lograría vencer a Moriarty a menos que se anticipara a los movimientos de él. A menos que diera todo por perdido, al menos todo lo que tenía que ver con él.

En el momento en que sopló el tabaco para confundir a Moriarty, no pensó las consecuencias. Lo abrazó con fuerza, decidido a no soltarlo, y apoyó su pie sobre un banco, listo para dejarse caer con él a la inmensidad del abismo; pero no anticipó, en ése brevísimo instante antes de hacerlo, que las puertas de la terraza se abrieran y Watson entrara, justo en el momento que se empujaba junto a Moriarty hacia el abismo.

Las miradas de Sherlock y Watson se cruzaron por un fugaz instante, que sin embargo para ellos dos fue el tiempo suficiente para decirse con los ojos todo lo que sintieron.

«Me voy, amigo —pensó Sherlock; no consideraba que de verdad pudiera sobrevivir a la caída, aun cuando llevara la dotación personal de oxigeno de Mycroft—. Me voy y jamás podré decirte lo que siempre he querido decirte…»

Watson comprendió. Lo que no se habían podido decir era lo mismo que quería decirle el uno al otro: Confesar su amor. En el caso del doctor, agradecer el momento en que Sherlock abordó el tren y lo salvó a él y a Mary, y lo llevó a su lado, confiando en él, y brindándole los últimos momentos a su lado.

«Te quiero, Holmes —pensó Watson, con incredulidad—. No puedo negarlo, no ahora en este pequeño instante de gloria en el que se nos permite vernos y decírnoslo todo».

«Siento que no podamos regresar juntos, siento no poder volver a abrazarte, no poder tocarte, no ceder a la muerte envuelto en tus brazos, no dirigir mis últimas palabras hacía ti , y sobre todo, no decirte cuánto te quiero».

Las miradas de ambos no se desconectaron, pero pasaron del terror a un momento de resignación en el que Watson entendió por qué estaba dispuesto Sherlock a dar su vida, y a sacrificar la posibilidad de una vida, juntos. Recordó de inmediato que esa era la razón por la que lo amaba tanto, porque debajo de esa máscara sarcástica e irónica, llena de una exquisita malicia, existía el Sherlock auténtico que estaba siempre dispuesto a dar su vida por el mundo, como por Watson mismo.

Así mismo Sherlock agradeció que se le otorgara ese maravilloso momento frente a su amigo, y suplicó a cuanta deidad fue capaz de recordar que le permitieran sobrevivir, para entonces regresar con él y abrazarlo y nunca soltarlo. Abandonar Londres, irse juntos y vivir como dos amigos, como dos amantes.

En aquel último momento de absoluta verdad, ni Watson ni Sherlock fueron capaces de ocultarse cuánto se amaban.

Entonces el impulso fue lo suficiente como para arrastrar a Sherlock y Moriarty hacia el borde del barandal, e inmediatamente después, hacia el abismo.


Bueno, aquí un pequeño Drabble en el que pensé mientras venía a casa. Ojalá les guste, saludos!