Los accidentes en clase de pociones pueden ser muy graciosos, hasta que te pasa a ti.

Ya había dicho él que nada bueno podía salir de juntarse con Potter más del medio minuto necesario para decirle algo que lo traume una semana.

Nadie le había escuchado por supuesto, hasta que había empezado a gritar de dolor. No era la primera vez que ese imbécil casi lo mataba "sin querer" y nuevamente nadie quiso castigarlo.

Pero esta vez no se iba a quedar así, no claro que no.

Esta vez Draco quería venganza y por los calzones de Merlín que iba a obtenerla.

Ignoró como pudo todas las miradas tan sorprendidas como aterradas que se perdían en esas atrocidades que le habían crecido. Pansy intento hacerlo volver a la enfermería y una mirada fue suficiente para hacerla desistir. Sujetó con más fuerza su arma, algo contra lo que Potter no podría hacer nada.

Sabía lo que tenía que hacer, recordaba el horario del imbécil a la perfección y sabia a donde iba cuando tenía tiempo libre. Si tardo tanto en encontrarlo fue porque no podía caminar tan rápido como antes.

Maldito cara rajada, que podía seguir caminando como si nada malo hubiera pasado cuando le había arruinado la vida para toda la eternidad (o sea un mes ¡todo un mes!)

Y el retrasado mental se atrevía a reírle a la chica comadreja.

Lo iba a matar.

Potter alcanzó a verlo por el rabillo del ojo justo antes de que la cosa roja quedara desmayada en el suelo y Draco no sabía si debía celebrar más el encantamiento sin varita y palabras o la cara de estupefacta de Potter.

-Malfoy ¿Qué…?

Pero Draco ya había llegado a él y lo sacudió con fuerza.

-¿Ves lo que has hecho? Tengo que verme así por el resto de la eternidad. ¡Considérate mi esclavo hasta entonces hijo de…!

Pero Draco no puedo seguir pensando porque su futuro elfo domestico se atrevió a tocarlo y fue como si todo su cuerpo se relajara en respuesta a esa caricia, fue como si todos sus nervios despertaran y sus pelitos -y algo mas- se pararan, sus mejillas se colorearon y hubiera sido menos evidente si Potter no hubiera apretado sus dedos alrededor de ese lugar tan nuevo y tan sensible le mandara corrientes eléctricas haciéndolo estremecer desde sus pies hasta las puntas de las alas.

-¿Estas bien?

Draco tenía que contestar eso, pero no podía. Sencillamente no podía pensar, pero Potter debía de tener un manual para las rarezas porque cuando lo miró con esos ojos verdes tan luminosos su cerebro volvió a la vida.

Potter tenía una expresión rara, a medio camino entre la preocupación y una inocente curiosidad que hacía dudar sobre si soltarlo o no.

Se pasó la lengua por la boca y Draco quiso chupar sus labios húmedos hasta que Potter solo supiera a él y por cómo se oscurecía la mirada verde, quizá, después de todo, no usara la poción de sumisión que tenía en su mano.

Quizá.