Magos de otros planetas

"Cualquier tecnología suficientemente avanzada es indistinguible de la magia",

-Arthur C. Clarke

-Albus Percival Wulffric Brian ¿Dumbledore? Sus padres debieron de perder una apuesta -El director de Hogwarts se limitó a esbozar una sonrisa prácticamente infantil y tenderle la mano al desgarbado desconocido que acababa de irrumpir en su despacho acompañado por sus tres alumnos más celebres-, me han contado grandes cosas de usted, profesor Dumbledore.

El hombre que decía ser doctor miró sobre su hombro, posando su frenética mirada en Harry que torció el gesto, dando por hecho que se estaba refiriendo a él, cuando Dumbledore lo miró, con una chispa encendida en sus brillantes ojos azules, se limitó a agachar la cabeza, avergonzando por lo fácil que le había resultado a un desconocido hurgar en su mente sin encontrar siquiera resistencia.

-Me temo, amigo mío, que los niños tienen una imaginación muy viva-Afirmó Dumbledore, excusando a Harry con un gesto de la mano.

-O quizá son más sabios que muchos adultos…-El Doctor no pudo evitar una risilla algo resabida ante las palabras del anciano director, él, que había visto lo inimaginable, había aprendido a no subestimar la imaginación de un niño o de millones de ellos, de otro modo, no estaría cara a cara con el mago más importante de todos los tiempos.

Dumbledore sonrió con un leve asentimiento de cabeza y ambos hombres se estrecharon la mano, mirándose el uno al otro con evidente curiosidad, dos hombres sabios dispuestos a aprender el uno del otro.

-Eso es algo en lo que coincidimos, Doctor-Dumbledore se sentó de nuevo en su butacón, entrelazando las manos sobre el regazo-, pero ahora me gustaría saber a qué se debe el placer de su visita.

El trío de Oro intercambiaba miradas escépticas mientras el recién llegado se sentaba en la silla que quedaba frente a Dumbledore, acomodándose como quién lo hacía en el salón de su casa.

-Oh, no hay un motivo en realidad, estaba seguro de que no había perdido el rumbo está vez… Iba a Barcelona, ¿Sabe usted? Justo en esta fecha, al anochecer, los mares fosforescentes cambian de color durante al menos una hora… Infinitas combinaciones de color que no pueden verse en ningún otro lugar-Incluso Dumbledore, por lo general un hombre comprensivo, lo miraba con desconcierto y el Doctor frunció el ceño antes de seguir-Es por que las dos Lunas de Barcelona se alinean y al reflejar la una en la otra se…

-¡Barcelona no tiene dos Lunas! –Hermione no pudo contenerse de decir en alto lo que todos estaban pensando – Ni mares fosforescentes.

El doctor, que había desistido de su explicación miró sobre su hombro y le dedicó una mirada burlona a Hermione.

-Perdona, no me refería a la ciudad de Barcelona, claro que no los tiene…. ¡Hablo del planeta Barcelona!-Sacudió la cabeza como si fuese la cosa más obvia del mundo y Hermione frunció el ceño, resoplando y mirando a Ron con algo parecido al acuerdo por primera vez.

-Está loco… - Y aunque fingió que no, el Doctor escuchó perfectamente las palabras del pelirrojo.

-Una pena, por supuesto-Siguió él, impertérrito a pesar de las muecas de su audiencia-, pero todo esto… Hogwarts, es infinitamente mejor. Su chico, profesor, cree que soy un ¿Cómo lo dijo?

-Mortífago… -La sola palabra hizo temblar a Ron de pies a cabeza.

-Cierto, un nombre horrible, sí… -Sonrió ampliamente, como si lo encontrase cómico- Cree que trabajo para un Lord tenebroso verdaderamente obsesionado con matarle y dominar el mundo mágico –Rebosaba entusiasmo mientras hablaba, el rostro de Dumbledore se había vuelto serio parecía ansioso por hacer una pregunta y temeroso de hacerla al mismo tiempo - ¡Oh, Harry Potter, no tienes ni idea de lo emocionante que es conocerte!

Harry dudaba que "emocionante" fuese la palabra apropiada, pero no se atrevió a replicar, la situación, de tan extraña, le resultaba desagradable. Por fortuna para él, Dumbledore carraspeó suavemente y habló:

-Desde luego, Harry, esa es una acusación muy seria, ¿No te parece?-El director lo miró un segundo, pudo ver que el Doctor murmuraba algo entre dientes sin llegar a pronunciar palabra- Aunque sería igualmente conveniente saber cómo es que nuestro nuevo amigo está tan bien informado, ¿Doctor?

El décimo asintió con la cabeza y sonrió socarronamente, lazando una mirada soslayada a Harry durante apenas un segundo.

-¿Quién no conoce al célebre Harry Potter?

-Tocó la cicatriz y entonces… - Hermione se cubrió la boca con las manos y todas las miradas se posaron en ella, miró al Doctor y lo pensó dos veces, negando con la cabeza.

-Adelante, señorita Granger ¿Entonces?-Dumbledore la animó a seguir, aunque sus ojos se habían posado en Harry, llenos de preocupación cuando mencionó la cicatriz.

-Pues…-La castaña titubeó, mirando alternativamente a los dos adultos- No estoy segura, dijo… dijo que entre Harry y Voldemort había una conexión y cuando tocó la cicatriz simplemente lo vio.

El Doctor asintió con la cabeza, pero Dumbledore alzó una ceja con escepticismo, casi resignado.

-¿Qué clase de conexión? ¿Cómo pudo verlo? –El doctor se encogió de hombros y también se puso en pie, con el ceño algo fruncido empezó a caminar de un lado a otro, parecía estar pensando en algo con demasiada fuerza, porque sin hablar, movía los labios.

-Digamos… -Se detuvo en seco, colocando las manos en los bolsillos y mirando a Dumbledore que se había parado junto a la ventana- ¡Dumbledore! Ya lo sabía, ¿Verdad? La conexión entre Harry y el supuesto Lord malvado, siempre lo ha sospechado, de ahí su cara de espanto cuando Hermione la mencionó… - Dio una palmada y después se giró, haciendo ondear con brusquedad el abrigo marrón, para encarar a Harry – El problema es que no pensaba que fuese lo suficientemente fuerte como para dicha conexión fuese peligrosa – Se acercó a Harry con tres largas zancadas le obligó a levantar la cabeza, de su bolsillo sacó corto palo de metal que apuntó hacia la cicatriz, como si fuese una varita, de repente una luz azul y un sonido extraño salieron de la punta del objeto y Harry parpadeó asustado.

-¿Qué es eso?-Ron había dado un paso hacia delante, palpaba su túnica buscando la varita.

El Doctor ni siquiera se volvió a mirarlo para responder.

-Un destornillador-Soltó a Harry y se dedicó a observar el aparato durante un buen rato, sin mudar la expresión seria de su rostro.

-Pero los aparatos eléctricos no funcionan en Hogwarts-Hermione habló apenas con un hilo de voz.

-No es electrónico, es sónico… y la conexión está activa, débil, pero activa –Hizo un gesto de la mano, restándole importancia, haciendo retroceder a Harry un paso. Dumbledore abrió la boca para preguntar, pero el Doctor se adelantó-. Digamos que mide la intensidad mágica, los detalles son aburridos.

Dumbledore, para muchos el mago más poderoso de todos los tiempos, se enderezó cuán alto era, más alto incluso que el desgarbado Doctor, para cuando dejó la ventana no quedaba rastro alguno de diversión en su rostro.

-Usted no es mago-El Doctor inclinó la cabeza, dándole la razón a Dumbledore, al tiempo que llevaba las manos a los bolsillos del pantalón- ¿Entonces qué es, Doctor?

Probablemente, Albus Dumbledore era el único hombre con vida que conocía todos y cada uno de los secretos de Hogwarts, sabía como funcionaba la magia, de donde nacía y lo que era capaz de hacer, sabía muchas más de las que alguna vez había enseñado a cualquiera de sus alumnos, incluido Harry. Conocía a muchos magos, magos excéntricos y locos como aquel hombre que había entrado en su despacho… Albus Dumbledore podía ver, con una sola mirada, mucho más de lo que otros nunca alcanzaban a notar y, desde luego, no le habían pasado desapercibidos sus ojos. Los ojos del Doctor eran oscuros, rodeados por facciones juveniles, pero el brillo que había en ellos y el modo en que estos se movían no eran nuevos. Mago o no, un sabio anciano siempre era capaz de reconocer a otro, por mucho que ese otro se escondiese.

-Soy EL doctor, no un doctor, no soy médico, así me llaman, mi nombre no tiene importancia-Las mejillas de Ron adoptaron un color parecido al de su pelo cuando el tipo le lanzó una mirada significativa-. Tampoco soy mago, es cierto, soy algo mucho más… único. Quién soy, Dumbledore, da lo mismo, aquí, en esta historia, no soy nadie, por una vez salvar el mundo es cosa de otro –Harry tragó saliva, el Doctor le guiñó un ojo y apoyó las manos en el respaldo de la silla en la que había estado sentado, inclinando ligeramente el cuerpo hacia delante-. Lo importante es lo que yo puedo hacer para facilitarle el trabajo, cambiar el destino… ¡Digamos que no soy más que un inmenso golpe de suerte!

El silencio absoluto, casi tenso, siguió a las palabras del Doctor, mientras un tímido sol típico de mediados de septiembre empezaba a descender en el horizonte, la luz anaranjada del crepúsculo se colaba por la ventana, reflejaba en los retratos que colgaban de las paredes, todos lo observaban con la boca entreabierta, como si hubiesen olvidado como hablar o que decir, Dumbledore se atusaba la barba concentrado en sus propios pensamientos, la inquietud se reflejaba en los ojos de Harry que observaba al Doctor como si fuese de otro planeta, quizá empezaba a sospechar que así era realmente.

El décimo, sin embargo, no parecía notar las muecas desconcertadas de su audiencia, se había vuelto hasta bordear el escritorio de Dumbledore para contemplar una hermosa espada que, cobijada en una urna transparenta, reflejaba en su reluciente hoja plateada los brillos del atardecer. La reliquia había pertenecido a Godric Gryffindor, Harry se estremeció todavía más al recordar su segundo curso y la Cámara de los Secretos.

-Doctor… -Dumbledore se acercó a él, mirando a Harry con complicidad al tiempo que señalaba la espada- Perteneció a uno de los fundadores de esta escuela, aunque tengo la sospecha de que eso, como otras muchas cosas, usted ya las sabe. Llegados a este punto debo admitir que me tiene intrigado. ¿Se quedará en el castillo o le reservo alojamiento en Hogsmeade?

El director había bajado el tono de voz con un aire confidencial que casi resultaba divertido, tanto, que el Doctor no pudo evitar esbozar la más amplia de las sonrisas acompañada de un evidente gesto triunfal.

-Vamos, profesor-Risueño, le dio una palmadita en el hombro, imitando el tono apenas audible de Dumbledore-, no soy el único aquí que sabe más de lo que dice, ¿Cierto?-Miró de soslayo a Potter, sonriendo con gesto cómplice al mago de larga barba- Lo comprendo, no hay otra opción, sería peligroso contárselo a Harry y que Volde…mort pudiese saberlo. No importa, es muy pronto para preocuparse por eso, uhm… respondiendo a su pregunta sería todo un placer para mí alojarme en Hogwarts.

El Doctor se alejó de la urna que contenía la espada de Gryffindor y caminó de vuelta hacia el trío: el famoso Harry Potter, la brillante Hermione Granger y el leal Ron Weasley lo miraban desconcertados, como si fuese la cosa más extraordinaria que habían visto alguna vez, él, acostumbrado a esa misma expresión en todos los que alguna vez lo habían conocido, se limitó a sonreírles, ignorando el hecho de que les había estado mintiendo desde que llegó.

Los conocía, a todos y cada uno de ellos, sus vidas, sus aventuras, el principio y el final de todo, lo sabía tan bien como cualquier niño pequeño que había dejado de serlo en compañía de Harry Potter, como cientos de miles de personas que, en todo el mundo, habían ido juntas al cine para luchar con la Orden del Fénix, lo sabía porque, entre un viaje y otro, entre salvar la Tierra y derrotar a los malos, había tenido tiempo de leer la, al parecer, no tan ficticia obra de J. K. Rowling.

Por primera vez en sus 900 años de vida el incansable Señor del Tiempo había encontrado algo que realmente le sorprendía, pues Hogwarts, simplemente, no debería existir, pero existía, no debería estar allí, pero evidente que estaba. ¿Qué era? No podía estar seguro, demasiado pronto para apostar, y el Doctor jamás apostaba sin tener la mano ganadora, él no estaba dentro de un libro, no, eso resultaba demasiado absurdo incluso para su experiencia, pero suponer que Hogwarts siempre había sido real era quizá demasiado pretencioso… ¿Un universo paralelo? Realmente se dirigía a Barcelona, de haber cruzado una grieta como la que se llevó a Rose… bueno, simplemente lo hubiese notado, no podía ser tan sencillo.

Quizá verdaderamente se trataba de magia, tal vez, miles de personas, millones de mentes en todo el mundo creyendo en una misma cosa, imaginando con la fuerza suficiente como para darle consistencia, lo habían hecho real, de un modo u otro, y si es que eso era posible, Harry Potter ahora existía porque muchos deseaban que lo hiciese. Sin saberlo, sin pretenderlo, habían creado un mundo, un pequeño universo dentro de su espacio-tiempo, una realidad que avanzaba al margen del resto de la Tierra –como una burbujita-, sin que nadie, ni el sabio Doctor, lo supiese. Pero, ¿Cómo? No tenía la más remota idea, y eso le sacaba de quicio, no podía ser tan fácil como imaginarlo y ¡bum! que Hogwarts apareciese de la nada, debía haber algo más: magia, energía, ciencia, algo capaz de canalizar todos esos pensamientos y volverlos piedra y carne… Alguien, hacia falta alguien tan poderoso que incluso lo había arrastrado allí, ¿Intencionadamente? La idea resultaba peligrosa.

Apenas sacudió la cabeza para escapar de sus pensamientos, "paso a paso", se dijo y volvió la vista hacia Dumbledore que había vuelto a la mesa y escribía algo en un pedazo de pergamino.

-Le pediré al señor Filch, nuestro conserje, que acomode para usted la vieja habitación de la profesora Merrythought, creo que le resultará acogedor.

El décimo asintió, girando dos veces sobre sus talones y alzando una mano igual que si hubiese olvidado algo muy importante.

-Debo pedirle un último favor, Albus-Pidió, tomándose la confianza de llamarlo por su nombre de pila-, necesito un lugar más seguro en el que acomodar mi "transporte"-Risueño, hizo el gesto de las comillas en el aire.

-Desde luego, Harry, Ron y Hermione le acompañarán a buscarlo, puede pedirle a Hagrid que se ocupe de él, es nuestro guardabosques, lo deja en buenas manos-Le entregó el pergamino que había estado escribiendo a Hermione y acompañó a los visitantes hasta la puerta de su oficina, despidiéndoles con un simpático gesto de la cabeza- Ah, Harry, podrías venir a verme después de tus clases, cuando no estés muy atareado, quizá quieras hablarme de tu cicatriz.

El chico de los anteojos asintió y descendió las escaleras con el resto del grupo, no se atrevió a confesar que ya había escrito a Sirius para eso, hasta el incidente de los mundiales no le había parecido un suceso demasiado relevante. Ahora era vital porque un excéntrico tipo que bien podía ser mortífago lo había decidido así.

Con el Doctor a la cabeza no tardaron en encontrarse de nuevo frente la misteriosa cabina azul que había aparecido de la nada, sobre las puertas dobles había un cartel que, con letras blancas, rezaba "Police Box" y coronando la caseta una especie de lamparita, como las de los coches de policía más antiguos permanecía apagada.

Los rostros de Harry y Ron la miraban como mirarían a la nueva mascota de Hagrid, el Doctor sólo amplió su sonrisa, tomando el pomo con una mano y tirando de él antes de empujar en el sentido inverso… Siempre olvidaba que las puertas se abrían hacia adentro.

-¿Esté es su transporte?-Ron no entendía nada, apenas había seguido la conversación cuando estaban en el despacho de Dumbledore- A mi me parece una cabina de telétonos muggles.

-Teléfonos, Ronald… -Hermione no pudo contenerse al corregirle- Es una cabina de policía, los muggles las usaban hace unos cuantos años para contactar con la comisaría más cercana en caso de emergencia, el teléfono-explicó, y remarcó mucho esa palabra- iba por fuera, y la luz de arriba se encendía en caso de alarma.

Ron asintió con la cabeza, aunque de hecho, seguía sin ver la diferencia, su amiga parecía, en cambio, muy intrigada, se había acercado también a la puerta esperando a que el Doctor la abriera para echar un vistazo al interior.

-En Inglaterra casi no quedan como esta.

El Señor del Tiempo sonrió a Hermione con admiración y se hizo a un lado para dejarla entrar después de abrir la puerta, Los ojos de la castaña apenas se abrieron por la sorpresa al ver el interior, aunque un gemido impresionado escapó de sus labios, Harry y Ron se agolparon detrás de ella para mirar también.

-Es más grande por dentro…

El Doctor asintió, dándoles un pequeño empujoncito para que entrasen; como siempre, por pura costumbre se quitó el largo abrigo marrón y lo tiro para dejarlo colgado de la barandilla que bordeaba los cuatro escalones que, frente a la puerta, daban acceso a la sala principal de la TARDIS, en medio, alrededor de una largo tubo de un azul verdoso que se perdía en el techo, mucho más alto que el de la cabina, y descendía por debajo del suelo, había una especie de panel de control, lleno de pantallitas, botones, palancas, comandos, teclados… No había ventanas, las paredes estaban recubiertas por algo parecido a grandes remaches que relucían del color del acero, bordeando la plataforma elevada del panel de control se alzaban extrañas columnas irregulares, parecidas a ramas, que debían sostener la estructura central.

-Está encantada, como la tienda que le prestaron a papa para los Mundiales- Ron había entrado tras Hermione, ambos aferrados a la baranda de hierro de la que colgaba el abrigo marrón.

-¡Claro que no!-El Doctor no pudo evitar reír, sus manos se movían velozmente sobre el panel de comandos y tecleaban nerviosas en algo parecido a una máquina de escribir- Esto no es magia, Ron Weasley, es ciencia… A veces no pueden distinguirse la una de la otra.

La castaña sonrió al ver la cara de su amigo y subió hasta donde estaba el Doctor, en la pantalla principal, frente a ellos, había aparecido un mapa de Hogwarts en el que el despacho de la profesora Merrythought se señalaba con un punto parpadeante.

-¿No vas a entrar, Harry?-Ron, que no se había movido todavía, había descubierto al chico parado en la puerta, mirando dentro casi con temor, sus ojos verdes, como los de su madre, carecían de expresión, pero asintió con la cabeza y dio un paso al frente, temblaba.

Un sonido, como una respiración profunda, algo que no habían escuchado nunca antes, llenó la habitación cuando el Doctor deslizó con fuerza una palanca, la más grande todas; a través del tubo traslúcido empezó a ascender y descender una especie de mecanismo muy semejante a un fuelle que se hinchaba y se deshinchaba al ritmo acompasado del sonido. Harry, que apenas había puesto ambos pies en el interior de la cabina se desplomó en el suelo, encogido, y un gruñido gutural escapó de su garganta.

Como una exhalación el Doctor, cruzó la sala y se arrodillo frente al chico, sus amigos lo siguieron, asustados por la imprevista reacción, pero Harry únicamente se retorcía, con las manos se agarraba la frente y sollozaba incoherencias.

-Está aquí… él se acerca y… c-como siempre, uno tendrá que morir-El Doctor se hincó sobre Harry, con una mano sostenía sus manos, tratando de evitar que se revolcase y con la otra había sacado su pequeño destornillador. Como en la oficina de Dumbledore lo pasó por la cicatriz de Harry, el Gryffindor parecía incapaz de soportar el dolor.

-Ron, sácalo de aquí, ¡Ahora mismo!-De un saltó se puso en pie, el pelirrojo tardó en moverse, aunque no espero a escuchar nada más, ayudó a Harry a levantarse, prácticamente lo arrastró hasta la puerta para alejarlo de allí cuanto antes, antes de que el Doctor cerrase la puerta azul de la cabina, pudo notar la mirada furiosa que el menor de los hombres Weasley le regalo- Nada de esto debería estar pasando "uno tendrá que morir" ¿Cómo siempre?

Giró sobre sus talones, casi sorprendido al ver a Hermione Granger todavía allí, la chica se había encogido en un rincón, lo miraba asustada, silenciosas lágrimas corrían por sus mejillas, él se acercó a ella, accionando otra palanca mecánicamente.

-¿Te encuentras bien?-Ella asintió, temblaba ligeramente.

-Parecía que… que lo estuviesen torturando-Miró a su alrededor-. Es por la cicatriz, ¿Verdad? Cuando la tocaste también le dolió, hay algo en este lugar que afecta a Harry.

El Doctor hizo una mueca, observó con preocupación su destornillador y asintió con la cabeza, sus sospechas, los datos, las lecturas, todo confirmaba las palabras de Hermione Granger.

Él trató de hablar, pero ella se le adelantó:

-¿Dónde estamos?-Pareció calmarse un poco, el Doctor sonrió con diversión, era una de sus preguntas favoritas.

-En la TARDIS-Sentenció, abarcando con un gesto todo el espacio a su alrededor, veloz, regresó al panel de control y empezó a tocar botones mientras corría de un lado a otro-. Time and Relative Dimensions in Space. Quiero decir Tiempo y Dimensiones Relativas en el Espacio, o, para que lo comprendas mejor: una nave espacial-El suelo bajo sus pies se movía, Hermione, escéptica se sostuvo de la barandilla y torció el gesto-. Aunque para mi gusto es una definición muy pobre para mi vieja amiga, la TARDIS es capaz de moverse en el espacio-tiempo, puede llevarte donde tú quieras y a cuando tú quieras con exacta precisión… casi siempre.

Carraspeó con cierta incomodidad, sus ojos oscuros clavados en la pantalla principal, Hermione estaba a punto de replicarle, aunque no podía verla sabía que era así, diría que viajar en el tiempo era imposible. Necesitaba ver para creer.

Antes de que pudiera decir nada, el Doctor, volvió a accionar la gran palanca y, con una sacudida, todo se detuvo, la joven bruja trastabilló y tuvo que sostenerse más fuerte, él, en cambio, saltó los cuatro escalones de una vez y cogió su abrigo en el camino.

-Hemos llegado, señorita Granger-Murmuró, abriendo de par en par la puerta sólo para asomarse al otro lado-. ¡Allons-y!

-¿A dónde se supone que hemos llegado?-Hermione lo siguió lentamente, su mano aferrada a la barandilla tanto como le fue posible, evitando más el impulso de correr tras él que la posibilidad de caer.

Cuando asomó la cabeza fuera de la cabina azul ya no se encontraban sobre el sendero de grava, la TARDIS se había materializado en la esquina de una espaciosa habitación y el Doctor la esperaba sentado sobre la pequeña cama que había en el centro, cubierta con sábanas moradas un tanto descoloridas por el paso del tiempo. En el suelo se podían apreciar a contraluz las irregulares marcas de una fregona pasada no demasiado tiempo atrás.

-El viejo cuarto de la profesora Merrytought-Él sonrió afablemente, pasando las limpísimas zapatillas por el suelo recién fregado-, mi acogedor hogar, supongo. Filch ha hecho lo que ha podido.

La Gryffindor observó el sol a través de la ventana, ya prácticamente desparecido en el horizonte, una simple mirada le bastó para comprobar que la hora de su reloj de pulsera no se correspondía con el pequeño despertador colocado en la mesilla de noche. Había media hora de diferencia entre ambos.

-No hemos tardado tanto tiempo-Señaló el pequeño despertador por encima de su hombro y frunció el ceño casi sin darse cuenta-, no más de diez minutos después de dejar a Harry.

El décimo siguió con curiosidad el dedo de Hermione y amplió su sonrisa:

-Me salté la parte aburrida-Se levantó de un salto y dejó caer su largo abrigo sobre la cama, tomando la muñeca de Hermione y apuntando a su reloj con el destornillador sónico- ¡Arreglado! Ahora marcará automáticamente la hora correcta, viajes en el tiempo incluidos-Le guiñó un ojo a la joven bruja antes de soltar su mano con suavidad.

Cuando se alejó para cerrar la ventana, la joven Gryffindor volvió a comprobar la hora, ahora iba como el despertador de la mesilla y todo su cuerpo se estremeció por la impresión, admitiendo la imposible: aquel hombre, sin ser mago, podía hacer magia.

-Eres bruja, Hermione Granger-No se había vuelto, pero el tono de su voz le hizo suponer que sonreía-, una joven bruja muy inteligente, has visto… verás cosas extraordinarias, cosas que antes de cumplir once años ni siquiera hubieses soñado posibles… Tú, Hermione, harás cosas que incluso para muchos magos son inconcebibles-Hermiione quiso contestar, pero el Doctor se adelantó, giró sobre sus pasos y se acercó a ella con dos largas zancadas-. Nada de eso te asusta, ¿Verdad que no? La magia la entiendes, para ti es sencillo, lo llevas en los genes, la aprendes en los libros, es un misterio que puedes comprender… pero yo no y por eso tienes miedo.

Hermione no retrocedió, aunque aquel fue su primero impulso, el Doctor la miraba con intensidad, como si la estuviese retando, sus ojos castaños no podían evitar los oscuros de él, trataba de mirar en ellos y romper una barrera infranqueable.

-No tengo miedo-Fue lo único que pudo responder, la sensación de desconcierto la asustaba, pues odiaba no saber; pero él, el mago imposible, causaba otro impacto en ella muy distinto al miedo: la intrigaba y eso sonaba todavía más peligroso-, me conoces… A todos nosotros. No eres un muggle.

El Señor del Tiempo sonrió, sopesando la idea con un gesto de la cabeza:

-Lo soy o no, según como quieras verlo, Hermione-Parados los dos en mitad de la estancia se permitió el lujo de reír por primera vez-. Dame un abrazo.

Ella negó con la cabeza, absorta:

-¿Qué?-De repente sólo quería rehuir su mirada.

-Dame un abrazo y lo verás, ¡Vamos!-Abrió los brazos, avanzando de nuevo el paso que ella había retrocedido.

Iba a objetar, diría que no tenía sentido, que no era más que un intento por cambiar de tema, pero él se adelanto, quizá porque había visto sus intenciones, y rodeó su pequeño cuerpo con los brazos. Fue como un forcejeo, ella trataba de librarse y el Doctor la atraía más hacia él, hasta que finalmente no pudo hacer más que rendirse, tímidamente le devolvió el abrazo.

-Soy un muggle, si se cuenta como tal a todo ser que no puede hacer magia-Con un gesto de la mano obligó a la Gryffindor a recostar la cabeza en su pecho, ella, ocultando la cara en su maraña de cabellos castaños, se ruborizó-, cualquier ser incapaz de usar magia, aunque no venga de la Tierra, sino de muy lejos, muy, muy lejos… ¿Lo oyes, Hermione?

Se quedó callado un tiempo, sosteniendo a la chica contra sí en aquel extraño abrazo. Era reconfortante, cálido, como un lugar seguro y Hermione cerró los ojos al tiempo que asentía con la cabeza, escuchando el palpitar rítmico de un corazón, como una melodía, lo sentía latir contra su mejilla y en silencio empezó a contar: un, dos, tres, cuatro… un, dos, tres, cuatro… En todo su pecho, lo escuchaba sonar, en compases de cuatro. Cuando fue capaz de asimilarlo, Hermione rompió el abrazo, empujando al Doctor con los ojos desmesuradamente abierto.

-Dos corazones-Él lo había estado esperando, la expresión tranquila no había abandonado su joven rostro-. ¿Lo entiendes, Hermione? No soy humano, yo…

-¿Tienes dos corazones? Pero…. Pareces humano – Trastabilló, quizá porque su cuerpo quiso avanzar y sus pies intentaron retroceder.

-No, tú pareces Señor del Tiempo-Sonrió de un modo tranquilizador, ella negó con la cabeza, la sensación de seguridad que había sentido al abrazarlo se había esfumado de repente-. Eso es lo que soy, un Señor del Tiempo, el último Señor del Tiempo. No nací en la Tierra, no soy humano, mi planeta está…

-¿Qué planeta?

-No importa, está muy lejos, ya no puede verse-Hizo un gesto de la mano, desviando la vista apenas un instante-. Necesito que confíes en mí, Hermione Granger, porque conozco el futuro y sé que cosas muy malas van a pasar aquí, a ti, a Harry, a todo el mundo mágico.

-¿Qué clase de cosas?-Hermione trató de tranquilizarse, ver la escena en perspectiva.

-No te lo puedo decir, eres parte de los acontecimientos, alterar sin razón cualquier línea temporal podría tener consecuencias imprevistas… de las malas, en cualquier caso, ya he hecho suficiente.

-¿A eso te dedicas? Viajas por el universo arreglando la historia cuando algo fue mal-La expresión de sus ojos pasó a ser impresionada, el Doctor sonrió.

-Es un modo muy idealista de verlo, viajo, y a veces pasan cosas. Creo que el azar tiene más mérito que yo-Mintió, él no creía en el azar-. Pero si esta historia ha sido alterada de algún modo yo debo hacer que vuelva a ser como está escrito, literalmente-Añadió lo último entre dientes, Hermione no pareció haberlo entendido.

-Volvemort regresará, ¿Es por eso?

-Mucho peor, Hermione, mucho peor que Lord Voldemort. Por cada hombre como yo hay cientos, quizá miles, de amenazas tratando de hacerse con el control de este planeta. Por cada alienígena bondadoso hay especies enteras de ellos que únicamente quieren el poder. Piénsalo, Hermione Granger, si yo he llegado aquí por accidente cuando iba a ver los mares de Barcelona, ¿Cuánto crees que tardarán ellos en seguirme?

Hermione boqueó incontroladamente, la información ya era demasiada como para poder asimilarla, sin pruebas más allá que la palabra de un hombre que bien podía ser un demente o un extraterrestre, un mago incapaz de hacer magia. Era demasiado incluso para una bruja tan brillante como ella. El Doctor posó una mano en su hombro, la expresión de sus ojos un tanto resignada, fuere quién fuese, el enemigo había llegado antes que él.

-Quiero verlo-Eso fue lo primero que acudió a su mente, lo que realmente llevaba tiempo pensando, el Doctor alzó ambas cejas, sin comprender-. Todo, quiero verlo. El universo, tu planeta. El pasado y el futuro, ¿Puedes llevarme a verlo?

Se hizo de nuevo el silencio, pero el Doctor, por primera vez desde que lo había conocido, dudó antes de hablar:

-Sí-Le dio un suave apretón en el hombro, el tono de su voz volvía a ser convincente, jovial como siempre-. Cuando arreglemos lo que está mal en tu mundo, Hermione, te llevaré conmigo donde quieras. El tiempo que tu quieras, el completo del espacio y el tiempo… Podrás ser brillante conmigo, Hermione Granger.

Y por fin, por primera vez, la joven Gryffindor esbozó una genuina sonrisa que se reflejaba en su mirada curiosa, se evaporó el miedo y esta vez fue ella la que avanzó un pasó para abrazar al misterioso hombre desgarbado.

Hola, hola! Ok, he tarado una eternidad en actualizar esta historia, pero es que cuando la empecé a escribir no pensé que fuese a interesarle a nadie, fue más un impulso que otra cosa. Parece que estaba equivocada y mientras una sola persona la lea la voy a continuar. Debo aclarar, antes que nada, que estoy en la universidad y eso es un tanto prohibitivo a la hora de escribir, pero si todo va bien, publicaré cada quince días, más o menos. De todos modos procuraré no retrasarme demasiado.

Pasando a la historia, el capítulo es largo pero quizá un tanto soso, ok, lo sé, esto mejorará, pero necesitaba algo así para explicar lo que está pasando, sentar las bases y poder avanzar, además, tenía que presentar mejor al Doctor para los que no lo conocía y blah, blah, blah… de todos modos, dudas en los comentarios ^^ (Whovians, perdón, pero describir la TARDIS me ha costado horrores, si no es del todo acertado es porque quería evitar complicaciones por lo que ya he dicho).

Well, creo que eso es todo lo que tenía que decir, perdón por andar desaparecida, soy de lo peor, espero que el capítulo os haya gustado (Ya decidí quién o quiénes será(n) los malo(s) maloso(s)) y nos vemos en los comentarios

Un fuerte beso, Aivlis Malfoy!

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