Después de dos largas semanas llenas de preparativos, llegó el supuesto "gran día" de mi "fabulosa boda", me encontraba con Nadeshiko en la habitación donde nos hacían antes las medidas a Ami y a mí para hacernos vestidos cuando éramos más pequeñas. Había un gran espejo, un círculo en el suelo para pararse justo en frente de éste que era un poco alto para las medidas de abajo y verse el reflejo del cuerpo completo sin ninguna dificultad.

Me encontraba sentada en un sofá con vista al gran ventanal de la habitación. Admiraba los grandes jardines traseros de mi casa pensando: ¿acaso esta será la última vez que podré considerar mía esta casa?

—Amu —anunció Nadeshiko que era mi dama de honor— llegó el vestido —le dirigí una mirada de reojo. Llevaba su largo cabello recogido en un elegante moño, sus labios iban pintados delicadamente de un color cercano al rojo, pero sin ser tan fuerte. También llevaba un vestido largo ajustado al cuerpo color lila con detalles preciosos.

—Ah —me limité a expresar mientras me levantaba del sofá con buena vista.

—Podrías mostrarte un poco más alegre, es el día de tu boda —una pequeña gota de sudor bajaba por su frente mientras su rostro reflejaba preocupación.

Sin importarme la presencia de la sirvienta en la habitación, respondí como si nada a Nadeshiko.

—Entiendes que es algo de lo que no estoy feliz, ¿verdad?

Ella simplemente suspiró apenada. Hubo un silencio de unos segundos.

—Intentaré animarte —Sonrió con demencia divertida, cambiando por completo el ambiente.

—¡No! no es necesario... por favor no lo intentes —moví mis manos con negación—. No hay caso, sonreiré en la iglesia y en la recepción, es todo. No me hagas sentir lo que de verdad no siento —dejé caer los párpados mientras apretaba mis labios.

—Amu... Sólo quería que tu boda fuese especial, fíjate que hasta ayudé a organizarla intentando que se hicieran cosas que fueran de tu agrado y no todo como lo querían tus padres. Incluso añadí a Kairi y a nuestros compañeros de clase a la lista de invitados para que no te sientas tan sola y aburrida con esa gentuza empresaria que invitaron tus padres por cortesía, para mejorar su apariencia social.

—Gracias Nadeshiko —Añadí un poco más animada. Pero que me recordara que mis padres habían invitado sus compañeros de negocios me quitaba la mitad del ánimo que ganaba.

—Además, si te sirve de consuelo —rodeó mis hombros con su brazo, un gesto muy coloquial—, sabemos que Tadase es un gran chico, y es muy apuesto y se comporta como un príncipe —Y otra con el argumento del príncipe—. Cuando tuvieron esa cena en familia se portó muy lindo contigo, ya verás que por lo menos en casa no te va a molestar.

—Na-Nadeshiko —Añadí un poco agradecida de que intentara animarme. Con Ami era diferente, ella SIEMPRE trataba de animarme. Nadeshiko sabía elegir el momento correcto y las palabras menos forzadas.

Mi madre entró a la habitación y ordenó a Nadeshiko que se retirara un momento para hablar conmigo. Ella se separó de mí y nos despedimos con una mirada que no era muy feliz.

Demonios, aquí viene el ogro, tres, dos… uno…

—Amu, querida… —empezó a hablar mi madre. Qué raro, pensaba que iba a regañarme— estoy muy feliz de que te cases hoy.

—Si… yo también —respondí intentando ocultar mi desgana. Tenía su rostro apacible y lleno de buenas intenciones, ésa era la Midori Hinamori que yo conocía, la buena madre que no había estado presente estas semanas del tema de la boda.

Las sirvientas empezaron a desvestirme y a colocarme el enorme y hermoso vestido de novia, mi cabello ya estaba arreglado en un hermoso moño con algunos mechones sueltos y un hermoso broche. Nadeshiko había quedado en maquillarme un rato antes de irnos a la iglesia para que no lo arruinara si me ponía sentimental ahora. Mi madre me observaba orgullosa al lado mío, acariciaba mis mechones de cabello que caían con gracia sobre mi hombro. No pude evitar verme entristecida y aparté mi mirada de su dirección para que no pudiese notarlo.

—Desde ahora no te veré hasta la iglesia, por eso debo hablarte de algo importante.

Tragué saliva, ¿importante? Vi esto en una obra de teatro… me va a hablar de… OH DIOS… ¡No! Soy muy joven para… saber decorar una casa sola —mi yo interno estaba histérico—. ¡Quedé que Nadeshiko me acompañaría a hacer las compras para cuando quisiera agregar mis detalles a la casa! Oh Dios Dios Dios. Ahorrémonos esto por favor, me enredan los temas de encajes y telas de cortinas...

Las sirvientas acomodaron el velo en mi cabeza y se retiraron. Yo estaba lista, sólo faltaba el maquillaje. Me bajé del mini altar junto al espejo y me senté cerca de mi madre.

—¿Qué tipo de cosas mamá? —Pregunté nerviosa. El tema del centro de la mesa de invitados no… por favor…

—Verás hija. Hoy, cuando te cases, serás una mujer. Y una mujer debe complacer a su esposo en todo aspecto... Debes ser callada, obediente y sobre todo esta noche, hija, sabes que en la noche de bodas…

—¡Ma-mamá! —le interrumpí totalmente sonrojada.

¿Qué mierda? ¿Me estaba hablando de la noche de bodas? Lo había olvidado, en la noche de bodas… ¡ah! No haría nada, definitivamente sería capaz de rechazar a Tadase y le diría que no pensaba acostarme con él ni por el reglamento del matrimonio ni por ninguna razón, hasta que fuera adulta —y sólo si él llegase a gustarme realmente—. Si esto terminaba en divorcio por mi causa, me beneficiaba yo.

Madre Santa, tengo quince años, ¡ni siquiera es saludable tener hijos a esta edad aunque la mayoría lo haga e.e!

—¡Hija! —detuvo mis pasos inquietos tomándome por los hombros—. Es necesario decírtelo, ocurre en todas las noches de bodas, es por eso que la ropa interior que llevas hoy es más hermosa y sensual que cualquiera que hayas usado —¿era por eso? Pensé que era porque era más cómoda usando ese gigantesco vestido—. Todas las madres le aconsejan a sus hijas cómo complacer a su esposo antes de casarse, es normal. Queremos que nuestras hijas lo hagan bien y no dejen mal a la familia…

La Hinamori Midori que pensé que conocía se esfumó.

—Mamá, no haré nada con él —la separé de mí con brusquedad, dándole una mirada fija llena de rechazo—. Te lo puedo jurar por cualquier cosas que por mucha autoridad que represente un marido y por muchas consecuencias que hayan, no haré nada que no quiera con Tadase. Seguramente él lo entenderá —al ver que mi madre parecía molestarse y mirarme de manera desaprobatoria, desvié mi vista al suelo. Apreté mis manos en puños sobre mi vestido—. Si él no es el que manda por ser tan tímido, mandaré yo entonces —vociferé en un tono duro y serio—. Si me amenaza con que el matrimonio y con lo otro, le reclamaré, porque es manso y porque tengo derecho, ¿bien? Me haces casarme un con extraño y quieres que por lo menos lo acepte —soné dolida—, puedo con eso… ¿pero acostarme con él? No sé que rayos pasa por tu cabeza —sabía que me estaba metiendo en problemas por subirle la voz. Mis labios temblaron y me di media vuelta mientras me cruzaba de brazos—. Hasta aquí llego yo, ya hago mucho con aceptar esta estupidez… —ella colocó mi mano con fuerza en uno de mis hombros para voltearme, pero yo lo sacudí y la aparté— ¿Te molesta que me enoje? —me volteé un poco mirándola fijamente a los ojos nuevamente—. Yo no te pedí que me organizaras una boda por el bien de la tonta compañía —indiqué la puerta con la mano—. Allí está la salida, puedes irte ahora.

Sabía que estaba siendo una arpía total con mi madre, pero necesitaba expresarme, era ahora o nunca.

—¡Hinamori Amu! —ahora me volteó con mayor brusquedad y me gritó— Eres una grandísima vergüenza, ¡obedece a tu madre! —vociferó haciendo que hiciera eco en toda la habitación. Sin darme cuenta, me había dado una bofetada que pude sentir cuando mi adrenalina disminuyó.

Auch

De repente sentí como la última gota de mi paciencia se derramaba y me imaginé la gran marca de la mano en mi mejilla. Acaricié la herida con la yema de mis dedos y aparté la mano con brusquedad cuando sentí mucho dolor allí.

Amu contrólate… respira… Amu… respi-

—Tienes razón —mi madre pareció sorprendida cuando dije eso con una media sonrisa en la cara, pero de mis ahora obscurecidos ojos bajaban lágrimas—. Sí, qué falta de respeto soy —dije a modo de disculpa—. Mandándote a salir cuando soy yo la debería irse ¿no?

Me di la vuelta tras dirigirle una última mirada fija. Mi madre gritaba mi nombre furiosa y despotricaba por montón. Me sujetó el brazo con fuerza y me zafé bruscamente mientras echaba a correr hasta la puerta y la cerraba en su cara mientras me perseguía. Ella forcejeaba para abrirla y yo sostenía el pomo para que no pudiera, respirando agitadamente y apretándo los ojos para que mis lágrimas dejaran de inundarme la vista hasta dejarla borrosa.

—¡Amu abre la puerta. Malagradecida, todo esto lo he hecho por ti!

—¡Y por la compañía! —eché llave a esa puerta y bajé corriendo las escaleras esquivando a las sirvientas que intentaban detenerme. Mi padre estaba en la puerta y me detuve en seco.

—Pa-papá… —dije jadeando por el cansancio de haber corrido como un demonio.

—¡Amu, qué hermosa est-... —su expresión alegre se esfumó y se me quedó viendo— ¿Qué ocurrió…? Tu madre estaba gritando molesta contigo y… —se fijó en la marca de la mano roja en mi mejilla. Agaché el rostro rápidamente.

Abrí la puerta de golpe con una mano en mi mejilla para taparme el bofetón y caminé rápidamente lejos de la casa.

—Tranquilo —dije en voz alta para que pudiera oirme—. M-me dijo que saliera a tomar aire fresco. Vuelvo en un rato cuando esté más calmada. ¡No tardo y dile a Nadeshiko que volveré en cinco minutos para que me maquille! —Intenté calmarlo con eso mientras empezaba a correr hasta cruzar la verja de la casa y corría por la calle vestida de novia y con la marca de una bofetada. Ya estaba anocheciendo y corrí y corrí sin intenciones de hacer lo que le dije a mi padre.

Pronto empecé a llorar mientras corría, y me detuve quién sabe donde. Estaba perdida, molesta y herida emocionalmente.

—Váyanse todos a la… —gemí.

Había corrido como por diez minutos, los tacones me lastimaban los pies. Me los quité y caminé con ellos en mano. Aunque estuviese perdida, no había ni un alma en la calle. Vivía en una zona alta de Japón y observé los anuncios de los periódicos en el suelo.

LA BODA DEL AÑO, TODA LA ALTA SOCIEDAD JAPONESA INVITADA.

El hijo de la famosa empresa mercante Hotori se casará con la renombrada jovencita Hinamori Amu… […]

Así que invitaron a toda la gentuza, el paquete entero. ¿Qué iba hacer ahora? Veamos la lista de cosas.

+No puedo volver porque estoy perdida.

+No quiero volver ni de chiste y… porque estoy perdida.

+No sé que hacer.

+Todo el mundo está en la iglesia y los dejaré plantados.

+Nadeshiko se preocupará por mí.

+Estoy monumentalmente jodida.

+No traje ni un yen para pagar un taxi o un hotel.

Um, una lista prometedora. Pero tengo una gran idea: correr hasta que no pueda más. Luego me encontrarán y moriré y me terminaré casando con Tadase a menos de que sea una vergüenza para la sociedad y me escondan de por vida lejos de la luz del sol.

Suspiré, dirigiendo mi mirada llena de desesperación al cielo.

Y así lo hice, empecé a correr. Visualicé una joyería popular que estaba cerrada, ya me había ubicado mas o menos dónde estaba. Seguí corriendo descalza, cabizbaja, vestida de novia y con tacones en mano por la calle.

Entonces choqué con alguien.

Bien hecho Amu: Corriendo cabizbaja sin ver el camino como una ridícula y ahora chocas con alguien asocial que no quiso ir a tu boda, o que iba de camino quizás.

—Esto es interesante —dijo una voz masculina y… por qué negarlo, la voz era sexy también.

—Lo-lo lamento señor yo… —levanté la cabeza y sentí que toda la sangre abandonaba mi cuerpo. Un antifaz y una capa con capucha color zafiro, ropa negra y guantes de cuero negro— ¡Ah!

Por el ángel, Nadeshiko tenía razones para decir que El Ladrón Zafiro estaba bueno, pero este sujeto da mucho miedo en persona.

—¿Te asustaste? —rayos, mi cara revela todo—. No puede ser, yo soy el que debería estar asustado —ladeó su cabeza hacia mí mientras se cruzaba de brazos, pareciéndo sarcásticamente sorprendido—. Una chica vestida de novia y que sale en todos los anuncios de esta zona como"La chica de la boda del año", descalza, con el peinado deshecho y con la marca de un golpe en la mejilla —se agachó un poco hasta que su rostro oculto y el mío quedaron cerca—. Yo diría que eres un zombie que revivió por venganza —tomó mi mentón y lo levantó, observando el golpe.

Rápidamente golpeé su brazo haciendo que me soltara.

—No me toques, ladrón zafiro —dije pronunciando esas palabras como si de un crimen se tratase— no me molestes, no estoy de humor.

¿D-Desde cuando le puedo hablar con ese valor a un renombrado criminal? Ah, desde que encerré a mi madre, le falté el respeto, mentí y me escapé de mi boda. Si… es aceptable ._.

—Lo siento —percibí que sonreía—, es solo que uno no ve cosas así a diario —dijo divertido sacando la lengua. Me sobresalté hacia atrás cuando se bajó la capucha y dejó ver un hermoso cabello color zafiro —¿acaso en él todo era color zafiro?—, pude ver el resto de su rostro menos sus ojos. Era joven y apuesto, también parecía tener cierta elegancia felina.

Me encogí colocando un puño encima de mi pecho y señalándolo desesperadamente con el otro brazo.

—¡Po-por qué te quitas la capucha dejándome ver cómo eres! ¿Acaso no sabes que puedo acusarte o describirte a las autoridades? —grité desesperada entrando en mi modo chibi.

Se rascó la nuca algo dudoso. Cuando dirigió su profunda mirada hacia mí, me sobresalté.

—Es que… sabes, esa capucha da un calor inimaginable. Además dudo que quieras ir a las autoridades después de haber huido así, y seamos sinceros, ambos sabemos que huiste por cómo luces.

Dio justo en el blanco e.e, el chico es inteligente.

Bajé la cabeza y mis ojos humedecieron, era cierto, había huido… y no podía volver así como así después de haber hecho lo que hice. Sin darme cuenta me caí de rodillas, el vestido se ensució bárbaramente al contacto con el sucio suelo.

—Soy un asco —llevé el dorso de mis manos a los bordes inferiores de mis ojos, para recoger las lágrimas—. Búrlate si quieres, ya no importa... —le ofrecí desganada sin importarme que fuera un ladrón reconocido.

—Te veías graciosa molesta —se agachó a mi altura—. Ahora sólo te ves miserable —Añadió como si fuera mi obligación verme bien para él.

—Ah…

—Y dime... ¿Vas a volver? —preguntó demasiado directo para el poco tiempo que lo conocía. Pero, ¿qué importaba eso en éste momento?

—Yo… —levanté la cabeza para verlo a la cara— no lo sé, lo que hice estuvo mal —me encogí de hombros, mirando hacia otro lado para no intimidarme con aquella mirada color zafiro—. A mis padres les importa más su compañía comercial que mi propia felicidad o mis decisiones —dije entrecortadamente en un hilo de voz—. Solo querían que me casara con el chico Hotori para unir empresas y ganar más poder en el mercado. Encerré a mi madre y le grité cosas horribles y desafiantes, amenacé con faltarle el respeto al que sería mi esposo por la idiotez que pretendía que hiciera, engañé a mi padre… huí… a fin de cuentas. Y no se por qué te cuento esto —le dirigí una mirada llena de desdén—. Que idiota soy, como si te fuera a importar.

Extendió su mano y me ayudó a levantarme. Sin soltarme, me cargó en brazos descaradamente, pude ver que tenía una bolsa llena de mercancía de esa joyería cerca de nosotros. Mi rostro estaba surcado en lágrimas e hipaba apretando los ojos y llorando.

—¿Qué haces? —chillé. Estaba desesperada, herida—¡Bájame, BAKA, estabas robando! —El Ladrón Zafiro empezó a caminar conmigo y su mercancía en brazos, sin prestarme atención. Empecé a golpear su pecho y sus hombros mientras intentaba zafarme, pero me sujetaba con fuerza y mis golpes no le afectaban. Terminé apoyando mi frente en su pecho y sorbí por la nariz—. P-Por lo que hice mis padres no pagarían recompensa por recuperarme, no ganarás nada con secuestrarme —murmuré ya sin fuerzas suficientes.

El Ladrón Zafiro se detuvo lentamente en la vacía y obscura calle desierta.

—Hinamori Amu —dijo de una forma que hizo que se me pusiera la piel de gallina— sé que no vas a volver por tu orgullo, así que… ¿qué tiene de malo si te llevo conmigo? —añadió seriamente. Yo no le veía nada divertido a esto.

Aunque debiera volver, disculparme y casarme antes de que alguien se enterara de esto, no quería. La verdad: no, y aunque lo que haría sería una idiotez, no podía hacer más nada… ¡estaba desesperada, no quería casarme, no tan joven, no con alguien que no amaba! Y lo más importante, no quería lidiar con esas personas que se hacían llamar mis padres.

—Yo… yo… —mi cabello rodeaba los ambos lados de mi vista, aún así no pude evitar observar el pequeño espacio entre él y yo desde mi posición. Entonces suspiré—. A-A dónde me llevas… —pregunté sollozando, de repente me tomó por sorpresa que El Ladrón Zafiro me acunara en sus brazos como una bebé, apoyó su mentón sobre mi cabeza suavemente y me apretó contra él.

Él desprendía un calor agradable, se sentía muy bien estar así, coloqué mis cansados brazos encima de mi vientre, ya que me sostenía por debajo de las rodillas y por la cintura. Pude sentir el olor de una colonia varonil muy hipnotizante. Me decía en silencio "no llores" pero luego me dí cuenta que estaba dejando que el ladrón más famoso de Japón me llevara con él, ¿qué estaba haciendo?

—Por cierto… —mis pensamientos razonables se interrumpieron— vamos a mi barco —añadió el ladrón retomando su marcha.

—¿Ba-barco? De qué hablas… —No puede ser, me sacaría del país y me lanzaría en el mar ¡NOO!

—Mi tripulación y yo vivimos ahí. Fuera de ser un ladrón, soy un importante capitán de un barco que transporta mercancía.

—¡Hey, es el ladrón zafiro, y lleva a la chica que están buscando! —gritó de repente un anciano a lo lejos de aspecto furioso que iba con una farola y ropa elegante, ordenó que nos atraparan y se apresuró junto con otras personas que venían con él en dirección a nosotros.

Me quedé helada en sus brazos y la posición protectora se rompió

—Parece que tenemos que irnos —me murmuró empezando a correr como si yo no representara peso alguno. Era muy rápido y pronto perdimos de vista a las personas.

Ah… ¿a dónde dijo que me llevaba…? Un barco… ¿un barco? ¡Q-Q-QUÉEEEEE! ¿Qué rayos acaba de suceder?