Nota: Este fic no es de la actualidad sino de tiempos antiguos. Cuando las mujeres usaban sus grandes vestidos y cosa. Bueno obvio que si es de piratas

Pregunta: Cómo consideran que escribo? Me acomodo bien a los personajes o hay alguna característica que deba ajustar más?


Tercer capítulo

Parecía que había perdido la cordura. Hasta éste momento se me ocurrió darme cuenta de que lo que había hecho por desesperación podía ser algo más peligroso de lo que me imaginaba.

Me había ido con el ladrón más famoso que conocía, no debería confiar en mis instintos cuanto estoy angustiada, tengo que ver donde termino acabando…

Sinceramente, había comprendido la razón por la que me había enojado tanto, en ese momento sólo me molestaba que mi madre pensara que yo estaría dispuesta una noche de bodas normal. Pero lo que en realidad me ponía furiosa era que ella quería que yo fuera una esposa perfecta que hiciera todo lo que le ordenaran tal y como lo hacían las chicas casadas siempre, aún sabiendo que esa era mi peor pesadilla. Exponer a tu hija menor a lo que siempre odió durante toda su existencia, ¿se hacía llamar madre?, se lo tenía bien merecido cuando la encerré y huí. De todas maneras Tadase Hotori era muy tímido para estar dispuesto a esas cosas tan extremas si solo nos habíamos visto una vez. Sabía que él me respetaría y no me haría nada que yo no quisiese aunque sus padres y los míos le obligaran a tener hijos al año de casados, al igual que le habían exigido a Ami. Puaj, ¿por qué pienso en la vida triple equis que nunca tendré? Realmente debo estar traumada.

—Llegamos, Hinamori Amu.

Sacudí la cabeza, habíamos llegado más rápido de lo que pensé. No me había fijado que el ladrón había corrido tan rápido y tampoco vi el camino por estar usando la cabeza razonablemente cuando ya era muy tarde.

Subió las escaleras hacia el barco, estábamos en un muelle y todo estaba muy obscuro, pero podía distinguir que el barco era muy hermoso y elegante por fuera. Como los barcos del alcalde ¿realmente podía ser un barco de… piratas? Sonaba razonable, ladrón + barco = pirata.

Llegamos a la cubierta, era toda de manera pulida y hermosa, estaba muy calmado alrededor hasta que el ladrón me depositó en el suelo y me tambaleé un poco debido al movimiento del barco. Volteé y al lado de él, además del muelle veía el mar, muy calmado y con el reflejo de la luna.

—Ah…

—No estás de vacaciones, ¡tripulación, todos a cubierta! —Gritó repentinamente quitando el encanto del paisaje que estaba detrás de él. Volteé algo nerviosa, ¿serían bucaneros con dientes de oro y parches, patas de palo y loros?

Pronto subieron a cubierta unos cuatro muchachos. Uno parecía burlón (Kuukai, para las que no logren reconocerlo), tenía pelo marrón y un pequeño zarcillo en una de sus orejas, vestía rústicamente, como un empleado del barco, ya que todos los hombres vestían de elegantes smokings a diario por donde yo vivía, además, utilizaba unas enormes y pesadas botas, pero para lo grandes que se veían parecía caminar tan ligero como una pluma.

Luego llegó una pequeña chica rubia de cabello ondulado, utilizaba una banda fina color rojo como cintillo. Llevaba una camisa sin mangas de rayas negras y una falda roja, además de unos botines negros hasta debajo de la rodilla, que la hacían ver un poco más alta. Se paró junto al chico burlón con los brazos cruzados y movió la cadera hacia un lado en signo de obstinación, ¿o superioridad?... no se.

Se les unió un chico más pequeño, como de once o doce años, tenía el cabello marrón claro y estaba algo alborotado, tenía unos anteojos redondos algo torcidos. Parecía nervioso. Y por último un chico un poco mayor que El Ladrón Zafiro. Quizás si llegaba a los veinte años, no lo sé. Su cabello casi llegaba al color naranja, era muy alto y musculoso, parecía algo molesto pero se unió junto a sus compañeros.

—Capitán —dijeron al unísono de manera coordinada, como si ya fuese costumbre que después de formarse uno al lado del otro lo dijeran.

El ladrón zafiro se cruzó de brazos, orgulloso, e hizo un movimiento con la cabeza señalando a su tripulación, casi presumiéndolo en mi cara. Me abracé a mi misma algo intimidada y aparté la mirada.

—Tenemos una nueva compañera, su nombre es Amu.

—¿La novia de la que todos hablan? —Dijo el chico risueño de pelo marrón— interesante. Soy Kuukai —se señaló con el dedo muy energético— me encargo de luchar y ayudar al capitán.

Asentí con la cabeza sin saber qué otra cosa hacer.

—Huyó de las obligaciones de una vida de alta sociedad —resaltó el capitán actuando como una princesita y agudizando la voz—, y la traje con nosotros, no se, me pareció buena idea —agregó con su voz normal— a mi puedes decirme Ikuto.

—Iku…

—Capitán Ikuto —me interrumpió con el ego por los cielos

—Ikuto, y ya —Dije algo enojada. Él me miró con desaprobación. La rubia me dirigió una mirada en blanco.

—Yo soy Rima —agregó la rubiecita— bienvenida, Amu. Aquí soy la que organiza todo, la asistenta del capitán, por así decirlo —agregó secamente.

Oh, deben ser pareja o algo.

—Y yo Mac —se presentó el gigantón— enseño a estos peleles a pelear y soy un as de las espadas.

—¡Yo soy Haru! —finalizó el enanito— reparo cosas y me encargo de las máquinas y cañones.

Tragué saliva. Uno parecía un asesino en serie y el otro hablaba de cañones como si fuera algo sumamente normal.

—Mu-mucho gusto a todos —dije nerviosa mirando al suelo de lo más intimidada. ¿Sería yo parte de la tripulación? Parecía gente algo dura... ¿qué hacía yo aquí? No podía apartar la idea de que me iban a asesinar y lanzar al mar.

—Rima —la voz de Ikuto interrumpió mis pensamientos de muerte— lleva a Amu a la habitación y busca un vestido decente para reemplazar esa sucia facha —¿estaba llamando facha a un vestido de novia?— hablaré con ella mientras tanto.

¿Hablar conmigo, qué tipo de cosas querría decirme éste extraño chico?

La rubia obedeció y me llevó del brazo, evité preguntar porque estaba muy nerviosa y confundida, bajamos una escalera hasta el interior del barco y me guió por los pasillos iluminados por tenues farolas con velas casi gastadas, entramos a una habitación enorme y me dijo que me quedara sentada en la cama mientras el capitán venía a explicarme qué haría en el barco, y que volvería con ropa para mí cuando Ikuto terminase de hablar conmigo.

No era tan fría cuando le hablaba de esa manera, pero de todas formas no conocía muy bien a Rima, que pronto se retiró de la habitación.

Me acomodé y observé que la cama era un medio círculo gigante que sobresalía de la pared. Había un tocador y dos puertas, una puerta parecía la un baño y la otra era desconocida. Un armario y las mesas de noche con farolas y las gavetas vacías (si, las revisé) ocupaban el resto del espacio.

Encima de la cabecera de la cama había una pequeña ventana circular, caminé sobre la cama y me asomé, podía ver el muelle, el mar y las luces de barcos lejanos. Pero perdí el equilibrio debido al balanceo constante de la nave y caí sentada en la cama.

Me quejé en silencio y la puerta se abrió sin previo aviso.

—¿Qué haces ahí? —preguntó Ikuto.

—Ah… pues yo estaba mirando por la ventana —me acomodé en el borde de la cama.

—En fin… ya que abandonas tu anterior vida —comenzó a decir lentamente—, no te puedo tener de vaga en este barco. Así que si quieres quedarte y evitar a tu familia, sería de gran ayuda que te encargaras de seguir desaparecida, no delatarme, y sabiendo que has visitado esos lugares, deberías decirme entradas y salidas que la gente no conozca de esos grandes museos y joyerías, no lo niegues, se que asistes a esos lugares.

—¿Planeas que te ayude a robar? Estás loco ¿Qué haces con todo lo que te llevas?

—Lo vendo a los piratas y mantengo mi puesto como comerciante por los mares sin que sepan que soy el Ladrón Zafiro —contestó muy calmado quitándose el antifaz. Aparté los ojos para no ver su rostro, no sabía por qué, simplemente me intimidaba llegar a verle fijamente.

—Ah claro, tu eres un pirata —aclaré.

—No, no soy pirata, solo les vendo lo que robo, consigo dinero y a veces vendo esas cosas a compañías como las de tu familia y la de Hotori para que vendan en otro lado.

—No eres Robin Hood, eres un pirata.

—Yo no lo llamaría pirata, prefiero decir: Marinero experimentado. Los piratas matan, se visten feo y tienen barcos que dan asco —pareció hacerse la idea, frunciendo el ceño— Yo, a parte de ser el famoso ladrón de Japón, soy una persona conocida como buen marinero mercante, y me visto bien. En fin ¿aceptas o no la oferta?

No quería ayudar a que se robara cosas, pero tampoco quería volver a ver a mis padres. ¿Qué debía hacer, qué era lo correcto?

—No lo sé… es que… estaba muy angustiada y no tenía más opción que venir contigo, ahora creo que todo esto es una locura.

—Si quieres un consejo —me miró fijamente, presionándome—, acepta. Viajamos por lugares atractivos por mi trabajo de marinero honrado y conseguimos cosas geniales por la otra parte —explicó—, te harías buena amiga de tripulación. Conseguirías una nueva identidad y nadie te obligaría a casarte. Vamos, no tengo todo el día.

—E-está bien —contesté sin más, decidida a afrontar las consecuencias después.

—Excelente, mañana por la mañana nos pondremos en marcha —finalizó y se dirigió a la puerta.

—¡Espera! —le detuve, volteó y con un gesto preguntó qué quería— ¿qué hay detrás de la otra puerta que no es baño?

—Ah eso… —era una pregunta tonta pero tenía curiosidad— es mi habitación.

Sentí un ardor en la cara ¿por qué la que iba a ser mi habitación estaba conectada con la de él?, aparté la mirada cuando noté que se había dado cuenta de que por alguna razón me había sonrojado, se acercó con una sonrisa burlona que detestaba y con una mano giró mi cara para que lo viera fijamente.

—¡Eh! —protesté y apreté los ojos.

—No creerás que solo porque nuestros camarotes están conectados y yo sea un "pirata" signifique que vendría aquí a media noche a hacer cosas… malas ¿verdad? —preguntó con esa voz que ponía mi piel de gallina.

—N-no no… no es eso… —inventé para evitar la situación.

—Entonces ¿qué es? —aflojó la mano que sostenía mi mentón y me eché para atrás hacia las almohadas, tomé una y la abracé. Ikuto soltó una risa— no puedo contigo, eres demasiado inocente. Nos vemos mañana y deja de pensar que te violaré dormida, tonta.

–¡Que no pensaba eso, idiota! –Grité mientras él cerraba la puerta y se marchaba— Hmpf, maldito pirata pervertido, no se por qué le creí y vine.

Aunque mirándolo desde todos los ángulos, esto era mejor que lidiar con el problema en casa.

Rima entró con una maleta pesada y la tumbó frente a la cama. Sacó una enorme bata de mangas largas.

—Ésta es la pijama —dijo un poco más animada extendiéndola frente a mí—, como ya es de noche deberías usarla de inmediato. Lo demás en la maleta son otro par de pijamas y unos cinco o seis vestidos de esos que usas tú, "princesita" —fruncí el ceño—, pero solo los usarás cuando bajemos en puertos y necesitemos parecer gente rica. Lo demás son camisetas, bermudas marrones, sandalias, shorts y todas esas cosas que usarías en un barco, quizás hayan un par de pañoletas para la cabeza, no tengo idea. Es solo una de las tantas maletas que el capitán toma de los lugares a los que va para venderlas luego.

El estúpido robaba ropa de dama… y la guardaba en su barco para venderla luego...

—Muchas gracias Rima —contesté intimidada por su personalidad tan seca, no quería pensar que era que yo no le agradaba, yo también trataba así a las personas que recién conocía.

—De nada, y entre más rápido te deshagas de ese vestidito de novia, mejor para nosotros.

—¿Por qué?

—Si alguien lo encuentra sabrán que estás aquí —se cruzó de brazos.

—Buen punto —respondí, dispuesta.

No pasó mucho rato cuando Rima se fue, me quedé sola y asustada en la habitación, no conocía a nadie, ni el lugar lo suficientemente bien. Tranqué la puerta principal de la habitación y me coloqué detrás de la de Ikuto, por si la llegaba a abrir, yo estaría allí para detener la puerta y volverla a cerrar de inmediato.

Miré a todos lados y me vestí a la velocidad de la luz, enredándome más de una vez entre esa bata tan suave, guardé mi ropa en un cajón del tocador y me senté en la mitad de cama sin saber qué hacer, no tenía mis libros o el teléfono para llamar a Nadeshiko, tampoco un juego de naipes para jugar solitario siquiera, o un diario para ver noticias o las caricaturas, y lo peor. Estaba sola, horriblemente sola.

/

Abrí los ojos pesadamente y me revolví en la cama, estirándome con un chillido. Me sentía muy cansada, de repente noté que no me encontraba en mi habitación, que no llevaba mi pijama usual puesta y nada se me hacía conocido. Todos los recuerdos del día anterior me habían caído encima como cuando pasaba por debajo de la escalera de un pintor y la cubeta de pintura me caía encima.

Si algo recordaba de anoche, era que el barco había estado en movimiento, pero no me fijé a donde se dirigía. Pero ahora que estaba despierta, el barco estaba inmóvil —anclado, supuse.

Me levanté rápidamente y me dirigí al baño, pero me sonrojé bestialmente en cuanto me di cuenta que había abierto la puerta equivocada y había irrumpido en la habitación de Ikuto, que se estaba colocando su chaqueta elegante y larga, pero no parecía un pirata para nada, y no llevaba la ropa del Ladrón Zafiro.

—¡Ah, lo siento mucho! —grité apenada— me confundí de puerta…

Ikuto volteó y sonrió burlonamente.

—¿Segura que esa equivocación no era que tenías ganas de verme? —dejó caer los párpados, con una pequeña sonrisa pícara también reflejada en sus ojos.

Negué frenéticamente con la cabeza.

—¡No!

—Bien, entonces anda a cambiarte, hemos llegado a una isla a hacer negocios…

—¿Ne-negocios piratas? —tragué saliva.

—No, tonta, no olvides que detrás de todo soy un típico marinero de comercio —explicó—, debo mantener esa imagen, así que vinimos por negocios normales.

—Claro, está bien ¿qué tengo que hacer aquí?

—Nada, solo estar con nosotros, pasear con los chicos, de esto me ocupo yo, te diré que pretenderás ser cuando estemos en la cubierta a punto de bajar.

Lo miré con los ojos entrecerrados, había unas intenciones ocultas detrás de esa mirada que parecía "seria", lo sentía en alguna parte.

A fin de cuentas, cerré esa puerta y me coloqué un vestido de los que encontré, casual y sin ser muy llamativo era de un hermoso color azul. Me sobresalté cuando Ikuto asomó su cabeza por la puerta que unía nuestras habitaciones, y me miró a tráves del espejo en el que me estaba viendo.

—Maquíllate —ordenó—, pareces una muerta viviente —dejé abrir mi boca, sorprendida y enojada— y colócate estos anteojos —dijo mientras los dejaba en mi cama para luego salir de mi habitación y subir a la cubierta.

No sabía por qué, pero lo hice, los lentes eran circulares y sin poder evitarlo me hacían ver adorable e inteligente, aunque lo último ya lo era.

Subí a la cubierta y me encontré con todos muy bien vestidos, estaba agradecida de que me hubiese colocado algo que no me hiciera ver como una limpia pisos y estar a la altura de ellos.

—Muy buena elección de atuendo, Amu, los engañarás a todos allá y ni tendrán idea de que eres tú —añadió Kuukai. Los otros tres asintieron e Ikuto pareció satisfecho. Esperaba que no notara que lo único que yo sabía de "maquillarme" era colocarme un polvo y un leve color en los labios.

—Tripulación —dijo rodeando mi cintura con un brazo, tomándome desprevenida. Todos se enderezaron como militares— Amu hará un papel importante que hará que nadie dude o sospeche que es la novia que "secuestraron" —todos escuchaban con atención, Ikuto me miró y siguió hablando— ahora, cuando estés en público serás Haruhie, y fingirás ser mi esposa.

—¿TU QUÉ? –Grité aturdida, sin estar muy convencida de ese nombre tan poco original, pero al meso eso era mejor que "Petra" o "Pancrásea"— ¿por qué, no puedo ser la secretaria o algo así?

—Yo soy la secretaria —añadió Rima.

—¡Pero por qué tengo que ser la esposa! —resalté la palabra como si fuera un crimen. Me sentía como en el jardín de infantes luchando por un puesto para jugar a la casita.

No quiero fingir ser la esposa de ese imbécil.

Ikuto suspiró y me volteó bruscamente.

—La gente no sospechará, y no tienes que fingir ser amorosa conmigo, es fácil, llegamos, nos ven juntos, tomados del brazo y cuando entre a las reuniones tú y los demás se van a pasear por ahí ¿entendido?

Hice un puchero pero en cierto modo me alegré de que no se tratase de besuquearlo o decirle babosadas en público fingidamente.

Me deshice de su agarre levemente sonrojada y asentí a regañadientes.