Notas de la autora:

¡Hola a todos de nuevo! Como os dije la semana pasada, aquí vuelvo con el segundo capítulo de este fic.

¡Muchas gracias a todos por leer y os agradezco infititamente los reviews! Me alegro de que esta historia haya tenido tan buena acogida. ¡Me habéis dado todos muchos ánimos!


Capítulo 2: Lo que él no cuenta.

La música cruzaba la habitación con suavidad, llenándolo todo, y Kirino cerró los ojos y sonrió, dejándose llevar por el sonido. Desde que conocía a Shindou – casi desde siempre – el chico había acompañado a su amigo a toda clase de conciertos de música clásica y orquestal, pero aún así podría haber asegurado sin dudarlo que las piezas que más lo emocionaban eran las que tocaba él.

En aquel instante, Shindou estaba sentado en la banqueta de su piano, con la cabeza levemente inclinada, los ojos entrecerrados y los dedos – finos y largos; dedos de músico – deslizándose con suavidad y precisión sobre las teclas. Kirino ladeó la cabeza y parpadeó, dejando definitivamente a un lado su trabajo-castigo de inglés para escucharlo. Muchas tardes, en cuanto acababan las clases y el entrenamiento, los dos amigos se instalaban en casa de Shindou y terminaban los deberes juntos aprovechando que sus padres no volvían hasta la hora de la cena. En la mayoría de esas tardes, el propio Shindou acababa su tarea mucho antes y comenzaba a practicar con el piano mientras Kirino, convenientemente menos eficiente, se peleaba mientras él tocaba con cuadernos llenos de ecuaciones, fechas históricas y redacciones por acabar.

O, en el caso de aquel día, un trabajo en inglés sobre la historia de la comunicación escrita, largo, difícil y aburrido.

"Me pregunto si se habrá olvidado de que prometió que iba a ayudarme con esto" Kirino sonrió y entornó los ojos. Había compartido demasiadas sesiones de ensayo con Shindou como para saber cuándo su amigo estaba practicando sin más y cuándo estaba componiendo algo importante. Sus dedos, en aquel instante, parecían repetir los mismos patrones una y otra vez, introduciendo variaciones en una pieza como si estuvieran buscando el sonido perfecto.

Aquellos eran los últimos retoques en una canción nueva. Una que hizo a Kirino escuchar atónito y morderse el labio involuntariamente. Una canción de amor.

-¿Es para la obra? – preguntó en alto, sin poder evitar apartar la vista y clavarla en la mesa. Durante un instante, volvió a ver a Shindou con Yamana en la azotea y casi pudo escuchar de nuevo la declaración cohibida de ella, la sorpresa y preocupación en la voz de él. La canción hablaba de anhelo, de amor perdido y encontrado, y Kirino se encontró deseando fervientemente que aquellas notas no estuviesen dedicadas a Akane, sino que fuesen un tema más, una canción cualquiera dentro de la partitura para la Bella Durmiente. Poco después volvió a notar la ya familiar punzada de culpabilidad, que ya se había convertido en una sensación casi constante. Le hubiera gustado preguntar por la escena en el tejado, pero lo cierto es que no sabía cómo.

-¿Para la obra? ¿El qué? ¿La canción?

Ante el tono confuso de aquella pregunta, Kirino sacudió la cabeza y parpadeó, volviendo súbitamente a la realidad. Shindou había parado de tocar y lo estaba mirando con la expresión confusa de quien había estado soñando y acababa de caerse de golpe de la cama plasmada en la cara. Era siempre igual; se abstraía completamente del mundo real cuando tocaba.

-Sí, la canción – repitió Kirino, sin poder evitar esbozar una sonrisita divertida – Creí que, ya que tú eres la única persona a cargo de la música para la obra, ya habrías empezado a trabajar en ella. ¿Me equivocaba?

Para su alivio, Shindou negó con la cabeza.

-Es parte del tema principal, pero me está dando problemas – confesó con el ceño fruncido y los ojos clavados en la partitura – No es nada grave, no te preocupes – añadió al ver que Kirino abría la boca para preguntar – Lo arreglaré en un par de días. Lo único que ocurre es que ahora mismo no puedo meterme mucho en el papel. Es una lástima que al final no pueda componer este tema para ti, ¿no crees?

-¿Qué? – Kirino dejó caer el lápiz sobre la mesa y observó a su amigo con los ojos muy abiertos. Sentía el corazón latiéndole muy deprisa en algún lugar del pecho y cuando habló sonó estúpidamente sorprendido - ¿Para ? ¿Por qué quieres componer para mí?

-Porque estaba seguro de que tú ibas a acabar siendo la Princesa.

Kirino abrió la boca para decir algo, pero finalmente se quedó callado y observó a su amigo con las mejillas completamente escarlata. Por supuesto, Shindou estaba – y había estado – bromeando. Porque sabía lo que a él le fastidiaba que lo confundieran con una mujer.

-¿Por qué yo? – acabó protestando - ¡En ningún momento he tenido intención de ponerme un vestido y salir a actuar delante de todo el instituto!

-Precisamente por eso – replicó Shindou como si estuviese haciendo un comentario absolutamente serio. – No me niegues que sería interesante.

-¡Según el sorteo, yo tengo que encargarme de dibujar los decorados junto con Hamano y los otros!

-Lo cual es aún más interesante – bromeó Shindou con una media sonrisa – Sobre todo porque eres el dibujante más pésimo que he visto en mi vida. No sabes dibujar.

-¡Eh! ¡Claro que sé! ¡Todo el mundo sabe dibujar! – Kirino trató de sonar ofendido, pero no pudo evitar reírse. Era cierto que los lápices de colores no eran lo suyo y ambos lo sabían – Además, no soy yo quien debería hacer de Princesa, sino tú de Príncipe. Estoy seguro de que tu club de fans estaría encantado. Al parecer, las chicas de primero acosan a Tenma para que les hable de ti y se enfadaron bastante al saber que no saldrías a actuar al escenario.

-¿De verdad a ti te parece que yo tengo madera de Príncipe?

-Absolutamente. Mira a tu alrededor: vives en un palacio.

-Pues es una lástima, porque de todo el club de fútbol yo soy el único capaz de componer la música para la obra, así que estaba fuera del sorteo desde el principio. Y además – la sonrisa de Shindou se ensanchó – No me negarás que la pareja que ha salido escogida no es la mejor de todas las opciones posibles. Componer algo romántico con ellos en mente va a ser todo un reto, al menos.

Kirino soltó una carcajada y observó a su amigo cerrar la tapa del piano con sumo cuidado. En el momento en el que los nombres de los protagonistas habían aparecido en la pantalla del club de fútbol él había estado tan sorprendido que había sido incapaz de reírse junto a los demás, pero al pensar en ello aquella noche se había encontrado tratando de no estallar en carcajadas en la oscuridad de su cuarto. La situación había sido tan surrealista...

-La Princesa Kurama y el Príncipe Hayami – murmuró – Me pregunto si no teníamos en el equipo a dos personas que pudieran hacer peor pareja.

Shindou sacudió la cabeza y asintió, recogiendo su cuaderno de partituras. No es que Hayami hubiera parecido especialmente contento por tener que representar al Príncipe Azul de la historia – más bien, había estado tan incómodo que todo su rostro había parecido desaparecer detrás de los cristales de sus enormes gafas – pero el enfado de Kurama había alcanzado proporciones épicas. El delantero ya había parecido especialmente poco contento al enterarse por el tablón de la obra que les había tocado representar, así que directamente había montado en cólera al enterarse que iba a ser él "el idiota que tendría que ponerse un vestido estúpido y esperar en una torre a que un idiota con mallas viniera a besuquearlo para que se despertase". Shindou, siempre preocupado por el bienestar de su equipo, había ido a pedirle a Haruna que le diera a Kurama otro papel, pero la profesora había permanecido firme en su posición: la mayoría de los puestos habían sido elegidos por sorteo y cambiar eso podría ser injusto para los demás.

Así que, y por mucho que protestara, Kurama tendría que enfundarse un vestido de princesa y esperar en la torre a su amado príncipe. Que no era otro de Hayami, que probablemente tuviera más miedo a besarlo que a pelear con el dragón que guardaba la entrada del castillo.

-No sé por qué, pero me estoy imaginando a Kurama pegándole una patada en la cara a Hayami cuando éste vaya a despertarlo – murmuró Kirino. Aquello seguramente sería un giro muy interesante para la obra, pero no estaba seguro de que al profesorado fuera a gustarle mucho.

-Lo veo. Claramente. – Shindou sonrió, tratando de mantener el buen humor, pero Kirino vio una sombra de preocupación tras sus ojos oscuros. Como capitán que era, su amigo no podía evitar asumir la responsabilidad por todo lo que ocurría en su equipo, y si Kurama metía la pata, él se sentiría mal por ello. – Tendremos que esforzarnos para convencerlo de que se comporte. Hoy prácticamente he tenido que recurrir a Sangoku para que me ayudase a arrastrarlo hasta el entrenamiento del club. Decía que quería irse a su casa.

Kirino comenzó a asentir con la cabeza hasta que se percató de que, por fin, aquel comentario le daba una oportunidad de formular en alto la pregunta que llevaba queriendo hacerle a Shindou durante toda la tarde. De nuevo, y por algún extraño motivo, el corazón se le desbocó y se sintió muy culpable. Esta vez, sin embargo, logró que su tono de voz sonara completamente natural. O casi.

-Ah, es cierto. Pero ayer fuiste tú quien llegó tarde al entrenamiento. Me preocupó no verte aparecer; tú siempre llegas a la hora. ¿Pasó algo?

Shindou, que se había levantado de la banqueta y estaba colocando su cuaderno de partituras junto con los otros en una estantería, ni siquiera se giró a mirarlo.

-Me entretuve – dijo solamente - Lamento haberte preocupado, pero no fue nada.

"¿Eh?" Kirino parpadeó. ¿Habían sido imaginaciones suyas o Shindou acababa de esconderle algo deliberadamente? Los dos llevaban siendo amigos desde la escuela primaria y siempre se lo habían contado todo, sin excepciones. Y sabía de sobra que no tendría que haberlo seguido, pero él sabía que había una chica que se había declarado a su amigo hacía exactamente un día, en el tejado. Lo primero que habría hecho Shindou en condiciones normales, especialmente si estaba confuso ante toda la situación, habría sido contárselo a él, o incluso pedirle consejo.

Pero, entonces, ¿por qué no le decía nada?

-Vaya. Yamana también llegó tarde, así que pensé que... Que a ella podría haberle pasado algo, tal vez, o que quizás habríais discutido – Kirino enrolló uno de sus dedos en un mechón de pelo rosa, sintiéndose muy metomentodo y muy estúpido – Como llegasteis juntos y tenía que decirte algo...

-Ah, no. No fue nada importante. Está todo bien.

Shindou se giró y le sonrió un momento, y Kirino se encontró devolviéndole el gesto sin mucho ánimo. De hecho, se sentía extrañamente mal, casi como si su amigo lo hubiera traicionado de alguna manera.

¿Por qué, de entre todas las cosas, el capitán le estaba ocultando precisamente aquella? Kirino le había contado cosas peores – como cuando se había derramado tinta negra encima en clase de caligrafía o cuando se había confundido, se había marchado de una cafetería sin pagar y uno de los camareros había acabado persiguiéndolo por la calle. El rechazar a una compañera de club no era para tanto, ¿no?

O eso, claro, si la había rechazado.

Kirino tragó saliva, enroscando los dedos de la mano izquierda con más fuerza en torno a una de sus coletas. ¿Y si Shindou no le contaba nada porque había aceptado la declaración de la chica y no sabía cómo decírselo? ¿Y si los dos estaban saliendo y a Shindou le daba vergüenza ser el primero de ellos en haberse buscado una novia? Tenían catorce años, estaban en la edad. ¿Y si se habían besado? No, era imposible. No podían haberse besado.

El muchacho se llevó una mano a los labios, observando a su amigo recorrer la habitación de un lado a otro, recogiendo esto y aquello. Creía – y solamente creía – que Shindou no había besado a nadie antes, así que probablemente no se lanzaría a ello tan pronto, por mucho que estuviera saliendo con Yamana. Esperaría, ¿no? Esperaría más de un día. Así que él no tenía motivos para preocuparse.

"Y, de todas formas, ¿por qué me preocupo? Shindou ya es mayor, y probablemente sea más maduro que yo. Puede hacer lo que quiera. No es asunto mío. Yo debería estar contento por él"

Y aún así, todo lo que Kirino sentía era un inexplicable y enorme nudo en la boca del estómago, como si Yamana hubiera llegado para quitarle algo que en el fondo siempre había sido suyo.

Shindou y él llevaban siendo amigos toda una vida y se conocían tan bien como si sus almas estuvieran hechas de la misma materia, sin nada en medio para separarlos. La idea de que, de repente, el otro chico comenzara a cancelar algunas de sus tardes de estudio juntos para ayudar a su novia con los deberes o saliera con ella los fines de semana en vez de pasar los domingos entrenando con él lo hizo sentirse terriblemente solo. Shindou valoraba demasiado su amistad como para darle plantón por una chica, eso seguro, pero el pasar a disponer de sólo el cincuenta por ciento de su tiempo en lugar del cien por cien habitual era una perspectiva espantosa.

Frunciendo el ceño, el muchacho volvió a recordar la suave declaración de Yamana en la azotea, y en aquel momento ya no se sintió tan mal por haber deseado que su amigo la rechazara. Todo lo que había hecho aquella chica eran fotografías desde lejos. Ni siquiera sabía cuál era el color favorito de Shindou, o cómo le gustaba el té.

Aquello era del todo intolerable. Él había estado allí antes. Ni que alguien que hubiera llegado allí tan sólo un año atrás pudiera...

-Kirino, ¿me estás escuchando?

Ante aquel sonido, el muchacho regresó a la realidad, sólo para encontrarse con los ojos oscuros de Shindou clavados en los suyos con un deje entre preocupado y curioso.

-Kirino, ¿estás bien?

El defensa soltó sus dedos del mechón de pelo que se había estado agarrando.

-Claro. Solamente estaba pensando en algo.

-A juzgar por el modo en el que estás apretando ese lapicero, no puede ser nada bueno.

Kirino bajó los ojos y los clavó en su mano derecha. En algún momento que no conseguía recordar, había vuelto a recoger el lapicero que había soltado antes y lo estaba sujetando con tanta fuerza que los nudillos se le habían vuelto blancos. El asunto de Yamana había conseguido preocuparlo, eso estaba claro.

-Ah, no. Vaya, no es nada. Estoy bien. Solamente me he distraído.

Si Shindou sabía que estaba mintiendo, prefirió dejarlo pasar.

-Está bien, está bien. La verdad es que no pareces estar muy concentrado hoy – le dijo con aquella sonrisa suya, un gesto que le iluminaba por completo un rostro que normalmente tenía un aspecto pensativo y serio – Y yo que tenía intención de revisar tu trabajo de inglés para ver que todo estuviera bien...

-Pensé que ibas a ayudarme a hacerlo – protestó Kirino, sonriendo también.

-Exacto, a ayudarte, no a hacerlo por ti. Y no tengo nada con lo que trabajar si todo lo que has conseguido en toda la tarde es escribir tres líneas y media en una página en blanco.

Kirino suspiró. Aquello era típico de Shindou. Cuando hacían juntos la tarea le corregía los ejercicios una y otra vez – comparándolos con sus propios apuntes perfectos – pero jamás en todos aquellos años había resuelto un solo ejercicio por él. Si Kirino quería buenas notas en clase, tenía que trabajárselas.

-Déjame una hora y acabaré la primera parte. ¿A ti te queda algo por hacer?

Shindou suspiró.

-Puedo leer. Para el examen de literatura de dentro de dos semanas.

Kirino asintió y, tras llevarse el lápiz a los labios, trató de concentrarse en su trabajo de inglés. Shindou se movió para extraer un libro gordísimo de otra de las estanterías y se dejó caer a su lado, tan cerca que sus hombros rozaron levemente el uno contra el otro cuando se sentó. El chico suspiró, garabateando palabras en su cuaderno con aire abstraído. Podía sentir el calor de la piel de Shindou incluso a través de los uniformes de instituto de los dos, de paño grueso y azul, y no pudo evitar estremecerse y pensar en la escena de la azotea; una escena que él no debería haber visto.

No fue de extrañar que, para cuando la hora establecida pasara, Shindou hubiese acabado cinco capítulos de su libro y todo lo que tuviera él fuera una hoja cubierta de tachones y borrones de tinta.


Por suerte para Kirino, a Shindou no solamente se le daba bien el inglés, sino que tenía una paciencia de santo y pasó la hora y media siguiente ayudándolo a corregir el despropósito ortográfico que había escrito hasta convertirlo en una introducción decente para su trabajo. Cuando, finalmente, el defensa se marchó a su casa, la preocupación por lo que pudiera pasar con Yamana Akane se había convertido en una molestia sorda en el fondo de su mente, barrida por la calidez que le producía saber que su amigo siempre tendría tiempo para él.

La sonrisa le había durado en el rostro toda aquella noche y la mañana siguiente. Sin embargo, su felicidad se había esfumado de un plumazo tan pronto como Yamana – sonriente, guapísima y extraordinariamente bien peinada – había corrido hasta la mitad del campo durante el entrenamiento para darle una cantimplora de bebida a Shin-sama.

-¿No crees que son adorables? – había oído que le preguntaba Aoi a Midori.

Kirino había hecho oídos sordos y se había esforzado por detener a Tsurugi, que se acercaba a su campo con el balón, pero el delantero lo había esquivado con una facilidad pasmosa, como si directamente no hubiera habido nadie en el punto en el que estaba parado él.

-¿A eso lo llamas esforzarse, Kirino? – le preguntó con el tono molesto de aquel al que se lo han puesto demasiado fácil.

El defensa sacudió la cabeza.

-No son adorables en absoluto – susurró, ignorando concienzudamente la ceja arqueada y la expresión confusa de su interlocutor.

Por suerte para él y su mal humor, el entrenamiento de fútbol no tardó mucho en terminar y el equipo en su totalidad se desplazó a la sede del club para comenzar con los preparativos de la obra. Akane, Aoi y Midori, encargadas junto con las gerentes de otros clubs de la organización general del festival, abandonaron la sala en dirección a las oficinas de dirección y Kirino se encontró excepcionalmente animado para cuando Hamano – que era quien estaba a cargo de la organización de decorados – se los llevó a un lado a Hikaru y a él.

-Hay mucho trabajo que hacer – les dijo en tono animado – Y todos los decorados han de estar per-fec-tos. ¿Qué tal se os da dibujar?

-¡Me encanta! – confesó Hikaru, y Kirino sabía que era verdad. Aquel chico dibujaba de maravilla y todo el club lo sabía más que de sobra.

-Yo me las apaño – dijo, casi esperando oír a Shindou reírse a su espalda – Me esforzaré mucho.

Al menos, en eso estaba siendo sincero.

Hamano, emocionado ante la perspectiva de tener talento para dirigir algo, les encargó a Hikaru y a él que comenzaran a trabajar por separado en la confección de los decorados para los establos. Había que hacer varias vallas, algunos árboles, un muro de cartón piedra y caballos, y Kirino, sintiéndose especialmente valiente, se retiró a una esquina y comenzó a tratar de dibujar uno de estos últimos.

Enseguida se percató de que apartarse a un rincón a dibujar había sido su mejor idea en mucho tiempo. Hikaru le había prestado un libro en el que podían verse diferentes bocetos de caballos, corriendo, parados, pastando y sobre dos patas, pero el dibujo que había tratado de copiar a gran escala parecía más una masa amorfa de morros, patas y crines que el brioso corcel de un príncipe azul.

-¿Qué demonios es esto? – murmuró, dándole la vuelta a la cartulina y comenzando a dibujar de nuevo por el otro lado. En esta ocasión, y tras media hora de durísimo esfuerzo, lo que le devolvió la mirada desde el papel fue una mezcla entre una ameba, un perro y una boa constrictor del Amazonas. – No me mires así – le susurró al dibujo – Yo lo he hecho lo mejor que he podido.

-Vaya, Kirino-senpai, no sabía que en la obra de la Bella Durmiente aparecieran dinosaurios.

Ante el sonido de aquella voz, entre calmada y burlona, el muchacho dio un brinco y se giró en redondo, sólo para encontrarse unos malévolos ojos ambarinos clavados en los suyos.

-Kariya, me has asustado – comenzó a decir en tono de reproche, pero en seguida guardó silencio y clavó la vista en su espantoso dibujo. Por alguna razón, estaba casi seguro de que Kariya se sentiría mucho más satisfecho si tenía la certeza de haber conseguido sorprenderlo – Y no es un dinosaurio; es un caballo.

-¿Un caballo? Vaya, pensaba que eso que habías dibujado ahí eran escamas, Senpai.

Senpai. Como todos los estudiantes de primer año, Kariya se refería a él con el debido título de respeto, como a ojos de todos era correcto hacer. Sin embargo, había algo en el modo en el que el chico pronunciaba la palabra que daba a entender que su objetivo final tenía más que ver con la burla que con el respeto hacia él – como todo lo que hacía, de hecho. A ojos de la mayoría de alumnos del instituto, Kariya Masaki era un huérfano tímido, agradable e inocente, pero desde el mismo momento en el que Kirino lo conoció, pudo adivinar que allí había algo más. Algo que lo inquietaba y no acababa de gustarle.

-Son gotas de sudor – protestó, señalando con la palma abierta al punto del dibujo que Kariya había estado observando, pero el otro defensa lo ignoró. Estaba parado a su lado, mirándolo desde unos cuantos centímetros más abajo con aquellos ojos suyos que eran casi del color del oro líquido.

-No sabía que fueras tan bueno guardando secretos – le dijo de pronto en un tono casi alegre, tan falsamente inocente que Kirino se quedó quieto en el sitio, con la palma extendida todavía hacia el dibujo y el ceño levemente fruncido – Debería felicitarte por ser tan buen amigo de tus amigos, Senpai.

Kirino se cruzó de brazos, cauteloso.

-¿Perdón?

-No me había dado cuenta hasta hoy de que el capitán y Yamana estuvieran saliendo. No sé por qué se están molestando tanto en ocultarlo, pero están haciendo un trabajo asombroso. Estoy seguro de que nadie en el equipo se ha dado cuenta aún, salvo yo – Kariya hizo una pausa y cruzó los brazos detrás de la cabeza, sonriendo ampliamente con el mismo tipo de sonrisa que esbozaría un lobo antes de saltar sobre un conejo inocente – De ellos dos me lo esperaba, Kirino-Senpai, pero lo tuyo ha sido una sorpresa. Teniendo en cuenta lo bien que te llevas con el capitán estoy seguro de que te lo habrá contado, pero aún así actúas casi como si no supieras nada de todo el asunto. Admiro tu capacidad de disimulo, de verdad.

Kirino tragó saliva y apoyó la espalda contra la pared tras de sí. Había sabido de sobra que Kariya no tramaba nada bueno al acercarse a comentar su dibujo, pero no se había esperado algo así, ni con mucho. En aquel momento, fue plenamente consciente de que más le valía decir algo inteligente para quitarse al otro defensa de encima, especialmente cuando era posible que lo que estuviera diciendo no fuera ni siquiera verdad, pero todo lo que salió de entre sus labios fue una pregunta formulada con voz ahogada.

-¿Yamana y Shindou?

Kariya tuvo la decencia de mostrarse sorprendido ante su reacción.

-¿No lo sabías? – replicó, con el tono compungido del que sabe que ha metido la pata – Vaya, yo creía que... ¿Por qué no te lo ha contado el capitán?

-No me lo ha contado porque no hay nada que contar – protestó Kirino – Es cierto que Yamana se declaró a Shindou, pero él no... – el chico guardó silencio, percatándose de que había hablado demasiado, pero el daño ya estaba hecho.

-¿Quieres decir que ella se declaró y él la rechazó? – Kariya completó la frase con total y fingido asombro – Viendo que se ríen tanto juntos, cualquiera diría que Yamana acaba de sufrir un rechazo. Míralos. Tendrías que estar ciego.

"Míralos". Sorprendido ante la palabra, Kirino se giró, dándole la espalda a su obra de arte, y sus ojos encontraron automáticamente a Shindou como hacían siempre. Llevaba puesto el chándal azul y blanco del Raimon y estaba sentado frente a un teclado portátil que se había traído para poder seguir trabajando dentro de la sala del club. En condiciones normales, el capitán se habría percatado inmediatamente de que Kirino lo miraba y le habría sonreído y saludado con la mano, pero en esta ocasión ni siquiera lo vio. A su lado, ruborosa y con una carpeta de cartón en las manos, estaba Yamana Akane, y los dos se reían juntos como una pareja de novios que acabara de comenzar a salir.

-¿Qué está haciendo ella aquí? – preguntó en alto antes de recordar a quién tenía al lado.

-Venir a ver al capitán, supongo – Kariya se encogió de hombros – Es lo lógico en su situación, ¿no crees?

A Kirino se le cayó el alma a los pies. Yamana y Shindou no podían estar saliendo, por mucho que Kariya insistiese, o por mucho que él mismo se hubiera planteado la posibilidad antes. Su amigo se lo habría dicho. Shindou y él jamás se habían contado una mentira, ni se habían ocultado nada.

-Te aseguro que no están saliendo – murmuró.

Kariya entornó los ojos.

-¿Estás seguro? – su voz sonó lo suficientemente persuasiva como para que Kirino despegara los ojos de Shindou y lo mirara, cosa de la que se arrepintió en menos de un segundo. A juzgar por la expresión en su cara, Kariya sabía algo que no le estaba contando, y eso sólo hizo que el nudo en su estómago se hiciera lo suficientemente grande como para engullir lo que le quedaba de dignidad y hacerle preguntar.

-¿Lo dices por algo? ¿Es que has visto alguna cosa?

La expresión de Kariya pasó a asemejarse a la de un gato relamiéndose después de cazar a un ratón especialmente jugoso.

-No estoy seguro, pero me ha parecido escuchar cómo Yamana le pedía una cita al capitán justo antes del entrenamiento. Para este sábado, creo recordar. Tampoco presté demasiada atención. ¿Hice mal?

Kirino trató de responder algo, pero finalmente frunció el ceño y negó con la cabeza.

-No me lo creo – dijo, alzando levemente la voz ante el tonillo de diversión desafiante de Kariya – No sé qué quieres, pero estás haciendo esto para provocarme.

-¿Y por qué iba a utilizar al capitán yo para provocarte? ¿Acaso te importa tanto que él salga o deje de salir con Yamana?

-¿Por qué iba a importarme? – Kirino se mordió el labio sin poder evitar resoplar. A juzgar por el modo en el que Kariya lo estaba mirando, el otro defensa ya se había formado una respuesta para aquella pregunta, hecho que se le antojaba todavía más molesto porque a aquellas alturas él ya no sabía qué pensar de sí mismo – Somos amigos.

-Precisamente por eso pensé que ya sabrías lo de su cita con Yamana – replicó Kariya con una sonrisa inocente – Te aseguro que te estoy diciendo la verdad. De hecho, vi al capitán apuntar el lugar y la hora en un cuadernito negro, decorado con partituras. Pensé que sería su agenda, aunque claro, no estoy seguro, Senpai. Tal vez me haya equivocado.

Una agenda negra, con la cubierta decorada con partituras blancas. Kirino conocía aquel cuaderno a la perfección – de hecho, a su amigo se lo había regalado Sangoku por su cumpleaños hacía unos cuantos meses. Shindou lo apuntaba todo ahí, desde las fechas de los exámenes hasta sus citas con el dentista, y lo que era peor, no solía sacarla de su mochila fuera de su casa o de clase, por lo que Kariya, que estudiaba Primer Año y sólo veía a Shindou en los entrenamientos de fútbol, no habría tenido por qué saber que la tenía.

¿Podría estar diciendo el otro defensa la verdad? No podía ser. Kariya era retorcido por naturaleza; tenía que estar mintiendo.

-¿No vas a decir nada, Senpai? – Kariya sonrió y Kirino alzó los ojos, sorprendido.

-Te lo he dicho. Me alegro por Shindou si lo que dices es verdad – susurró – Somos amigos. Es lo que hacen los amigos.

-Claro que sí – Kariya asintió con aire sincero e inocente. En aquel momento, Kirino se percató de que llevaba una cinta métrica al cuello y tenía varias telas de patronaje en las manos. Si no recordaba mal, al chico lo habían adjudicado al departamento de confección de vestuario y durante un instante se preguntó por qué no les estaba tomando las medidas a Hayami y Kurama en lugar de haberse parado a hablar con él.

-¿No deberías marcharte? – dijo en alto – Probablemente el Príncipe y la Princesa te estén buscando para que les arregles la ropa.

-Efectivamente – Kariya suspiró y, tras un último vistazo a su dibujo, dio media vuelta y se dispuso a marcharse. Kirino ya había comenzado a respirar tranquilo cuando el otro chico habló, sin mirarlo a la cara y en un tono tan bajo que nadie más en la sala hubiera podido oírlo - Ya sé que te alegras por el capitán, Senpai, pero de todas formas, ¿qué ibas a hacer? ¿Seguirlos durante su cita? Ni que estuvieras celoso, ¿no? Eso estaría muy mal.

Kirino no se atrevió a girarse ni a responder. De repente, las mejillas le ardían y el corazón se le había vuelto a disparar, desbocado como si llevara corriendo varios cientos de metros al límite de sus fuerzas. De hecho, le resonaba con tal fuerza en los oídos que durante un momento temió que el resto de la clase pudiera oírlo, saltándole en el pecho.

Kariya ya no estaba, Shindou seguía hablando con Yamana y no había nadie más en aquella esquina de la habitación, así que el chico hizo lo único que se le ocurrió para aparentar normalidad antes de que alguno de sus compañeros de equipo decidiese acercarse a él para ver qué hacía quieto en un rincón: agacharse, abrir la caja de pinturas acrílicas y comenzar a colorear frenéticamente su dibujo del caballo.

"¿Se puede saber qué me pasa?" se preguntó, cogiendo un color al azar y pintando como si le fuera la vida en ello.

No fue hasta que hubo pintado más de la mitad del dibujo cuando se dio cuenta de que, en lugar de coger el acrílico blanco había ido a agarrar el bote rosa, y que ahora aquel caballo era del mismo color rosado chillón que sus mejillas y su pelo.

Definitivamente, Kariya se había equivocado al clasificar la especie del animal que aparecía en su dibujo. Aquello, una vez coloreado, no era un dinosaurio como él le había dicho. Más bien era una hidra mutante extraterrestre.

Y, por si no fuera poco, rosa.


-¡Bien, chicos, buen trabajo! ¡Hasta mañana!

Para cuando el sol comenzó a hundirse tras el horizonte, la sala del club de fútbol olía a pintura, tela de patronaje recién cortada y sudor. Una vez la sesión de preparación para la obra terminó, Shindou había recorrido la habitación de un lado a otro instando a sus compañeros a dejarlo todo tan limpio como cuando habían llegado y Kirino se encontró a sí mismo observándolo desde su propia taquilla, sin saber si hacía mejor tratando de pensar en qué le pasaba con su amigo u obligándose concienzudamente a no hacerlo.

Hamano había observado el caballo que había dibujado con tal expresión de sorpresa que había parecido que los ojos fueran a salírsele de la cara. No había tardado mucho en echarse a reír y correr a buscar a Hayami para enseñarle "cómo iba a ser su brioso corcel", pero el otro muchacho apenas había tenido tiempo de colocarse las gafas y abrir la boca antes de que su amigo volviera a llevárselo, esta vez camino al tanque de pesca donde solían pasar todos sus ratos libres. Aoyama e Ichino también se habían marchado a casa, igual que Kurumada, Nishiki y Sangoku, y Kurama había parecido tener mucha prisa por abandonar aquel lugar. Tenma y Shinsuke habían corrido a la ribera del río a entrenar hasta que se hiciera completamente de noche, Kariya había desaparecido, Amagi había arrastrado a Hikaru a un restaurante de ramen de la zona comercial y Tsurugi se había marchado al hospital – probablemente a ver a su hermano, que tenía una enfermedad de alguna clase, por lo que Kirino había oído.

Aquello los dejaba solos a Shindou y a él en la sala del club, y mientras el capitán se dedicaba a recoger sus cosas, Kirino lo observaba por el rabillo del ojo, muy aburrido, muy inquieto y un tanto dolido por toda la situación.

Ahora más que nunca necesitaba saber pero no tenía sentido volver a preguntar. Tal vez lo más conveniente sería esperar un tiempo, ver cómo evolucionaban las cosas y dejar tiempo a Shindou para que acudiera a hablar con él de todo el asunto de Akane por propia voluntad. Era lo que su amigo haría en su lugar, estaba seguro.

-¿Qué tal la sesión de dibujo? – el capitán del Raimon lo miró con aire ligeramente preocupado mientras se dirigía a su taquilla y Kirino se giró sobre su asiento hasta quedar de frente a él – Pareces cansado.

-La verdad es que no sabes lo agotador que puede llegar a ser dibujar caballos.

-De hecho, me hago a la idea. A mí tampoco es que se me dé muy bien dibujar – Shindou, que acababa de terminar de abrocharse la chaqueta del uniforme, sacó su bolsa de la taquilla y la abrió para extraer el archivador donde solía apuntar las distintas estrategias que creía que funcionarían para el equipo.

-¿Todavía no has acabado con eso? – Kirino arqueó una ceja. Aquello era lo primero que Shindou hacía al acabar el entrenamiento. Siempre. Que no lo hubiera hecho aquel día no dejaba de ser extraño.

-Lo siento; no me llevará mucho.

Kirino cambió de posición y se dispuso a esperar, con la vista clavada en el ordenado interior de la bolsa del instituto de Shindou. Comparada con la suya, que era un auténtico desastre, la de su amigo estaba tan perfectamente ordenada que no parecía real. Los libros más grandes estaban al fondo, seguidos por los cuadernos y una carpeta, y delante del todo estaban su agenda y un estuche, colocados de tal manera que pudiesen sacarse siempre que fuera necesario sin desordenar el resto de las cosas.

Kirino no pudo evitar una media sonrisa, preguntándose por enésima vez cómo alguien con tan pocos años podía llegar a ser tan meticuloso. Después, cayó en la cuenta de algo que le hizo fruncir los labios.

La agenda. La agenda de Shindou. Donde Kariya le había dicho que había apuntado su supuesta cita con Yamana para el sábado. Estaba ahí, en la bolsa de su amigo, delante de todo lo demás, casi como si estuviera esperando a que él le echara un vistazo.

-Shindou – el capitán levantó los ojos y Kirino se encontró mirándolo sin saber muy bien qué decir. Estaba seguro de que no se le notaba nada raro en la cara, y su amigo le dejaría la agenda si se la pedía con la excusa de mirar la fecha de algún examen o de un trabajo. No sería la primera vez, de todas formas. Y podía hacerlo. Shindou ni siquiera sospecharía qué era lo que quería encontrar realmente en ella – Tú... ¿Vas a tardar mucho?

Su amigo frunció levemente el ceño.

-¿Tardar? – repitió – Unos diez minutos, supongo. ¿Lo preguntas por algo?

Kirino sonrió, esperando parecer convincente. En realidad no había querido preguntar eso, pero le parecía demasiado rastrero abusar de la confianza de su amigo sólo porque estaba molesto con Akane y con él. Había cosas que sencillamente no se hacían.

-No. Es sólo que... Tengo un poco de prisa hoy, eso es todo. Mi madre va a llegar tarde a casa y me ha pedido que compre algunas cosas para la cena. No me gustaría que me cerrasen.

Era mentira, pero él siempre había sido mejor mentiroso que Shindou. De los dos, él era quien había tenido que poner excusas a los profesores por no hacer los deberes y disculparse ante sus amigos por llegar tarde cuando quedaban. No le gustaba tener que ocultarle datos a su mejor amigo, pero eso le parecía mejor opción que quedarse en la habitación con él y acabar saltando sobre su agenda como una especie de fiera hambrienta en cuanto se diera la vuelta.

-Ah, yo no tengo problema si necesitas marcharte – Shindou, que ni siquiera pareció dudar sobre la veracidad de sus palabras, volvió a inclinar la cabeza sobre su hoja de estrategias y apuntó algo. – No te preocupes por mí; no me va a pasar nada si vuelvo solo.

Kirino se levantó, se cruzó la bandolera de su bolsa sobre un hombro y se dirigió a la puerta. Apenas había llegado al umbral cuando se giró, dejando salir con lentitud el aire de sus pulmones.

-¿Nos vemos mañana donde siempre para venir a clase? – susurró, casi como si quisiera confirmarlo.

-¿De verdad necesitas preguntar? – Shindou alzó la vista y lo miró con una sonrisa, pero sus ojos parecieron oscurecerse a causa de la preocupación un segundo – Kirino – murmuró, haciéndolo mirarlo – Ten cuidado al volver a casa.

El muchacho bajó los ojos. Luego se rió.

-¡Claro que sí! Ni que fuera a perderme. ¿Quién te crees que soy?

Después, salió al pasillo.

Había hecho aquel recorrido mil veces desde que se había inscrito al instituto Raimon y, aún así, el trecho desde la sala del club al exterior de los terrenos de la escuela se le hizo interminable. Ahí estaba él, tratando de mentir mientras su mejor amigo se quedaba solo en la sala del club y le pedía que tuviera cuidado en el camino de vuelta. En parte, no era justo.

Pero, ¿qué pasaba si Shindou también le había mentido? ¿Qué ocurría si Kariya tenía razón y en aquella agenda había algo relacionado con una cita con Yamana?

Ahora ya no lo sabría nunca. A no ser...

Kirino se detuvo al llegar al exterior, sintiendo cómo el viento de la tarde le revolvía el flequillo y le acariciaba el rostro. Durante un instante, observó el campo de fútbol exterior, tranquilo y desierto bajo la luz rojiza del atardecer. Después, se giró y echó a correr, desandando el camino hasta la sala del club.

-¡Shindou! – llamó, y su amigo alzó la cabeza sorprendido a verlo aparecer de vuelta – Otonashi-sensei te estaba buscando para algo. Estaba fuera, en el campo. Deberías ir a ver qué quiere.

Shindou no tardó ni un segundo en asentir, confiando en él plenamente.

-No tardo nada – declaró, dejando su hoja de estrategias sobre la mesa y pasando a su lado antes de salir al pasillo. Kirino lo observó marcharse con el corazón en un puño y no pudo respirar tranquilo hasta que volvió a quedarse solo.

No se oía ni un solo sonido. El chico cerró los ojos y comenzó a contar: uno, dos, tres, cuatro, cinco. Haruna ya no estaba en los terrenos del instituto y, por mucho que buscase, Shindou no la encontraría. Su amigo tardaría un tiempo en volver y él sabía de sobra que no debía, pero aún así lo hizo.

Después de todo, todo aquel asunto era mucho más fuerte que él, y si no podías luchar contra algo era mejor unirte a ello.

En apenas unos segundos, había corrido hacia la bandolera de Shindou y había sacado la pequeña agenda de su lugar, abriéndola con dedos temblorosos.

Y allí estaba: la vida de su amigo recogida en varias frases escasas ordenadas por días en los distintos apartados de un cuaderno que no era mucho más grande que la palma de su mano. Lunes: sesión doble de entrenamiento. Beethoven – Claro de Luna. Martes: Preparar obra. Tema principal. Entregar estrategia a entrenador. Miércoles: Corregir trabajo de historia de Kirino. Padre vuelve a casa a las 20h. Jueves, viernes... - información irrelevante – Sábado.

Kirino sostuvo la agenda abierta como si no pudiera acabar de creer lo que tenía entre los dedos. Normalmente, Shindou dejaba el espacio de aquel día en blanco y quedaba con él para pasar el rato de un modo u otro – tarea, ver una película, entrenar o simplemente tomar el té – pero en aquella ocasión había algo escrito.

"Yamana. 12h30. Calle de tiendas, bajo los soportales"

Aquella era la letra de su amigo, plasmada con su bolígrafo negro habitual sobre una de las páginas de su cuaderno. No había duda de que lo había escrito él. Lo cual quería decir que Kariya había tenido razón todo el tiempo y Shindou había quedado con Akane.

"Puede quedar con quien quiera" se dijo "Lo que me molesta es que no me lo diga. Yo se lo habría dicho si me interesara alguien, y más si quien me hubiera pedido una cita fuera alguien a quien él conociese. Todo esto es estúpido"

Y era estúpido sí, pero de repente estaba enfadado. Enfadado con Akane por haberse metido en medio así de un día para otro. Enfadado con Shindou por preferir hacerle caso a ella que hablar de ello con él. Y, sobre todo, enfadado consigo mismo por sentir aquel vacío horrible en el pecho cuando se suponía que habría tenido que estar contento porque su mejor amigo fuera feliz.

No entendía qué le pasaba. No sabía cómo tenía que actuar.

"De todas formas, ¿qué ibas a hacer?" le había dicho Kariya antes, probablemente más de burla que en serio "¿Seguirlos durante su cita? Ni que estuvieras celoso, ¿no? Eso estaría muy mal"

Estaría muy mal, sí, y no iba a hacerlo. En realidad no había nada que pudiera hacer hasta que Shindou reuniera el valor – o lo que fuera que le faltaba – para hablar con él de todo lo que le estaba ocurriendo. Era mejor dejar las cosas como estaban, o eso pensó mientras cerraba la agenda con cuidado y volvía a depositarla tal y como estaba en el lugar de la bolsa de su amigo de la que él no debería haberla sacado.

Durante un momento, se planteó salir de allí corriendo y plantarse en su casa a la carrera. Después, simplemente se quedó sentado en uno de los bancos, olvidándose de que apenas unos minutos atrás había afirmado tener mucha prisa.

Para cuando Shindou regresó y le dijo con aire apesadumbrado que no había logrado encontrar a Haruna por ninguna parte, él ya había recuperado la sonrisa y volvía a comportarse como siempre.


Notas de la autora:

¡Pues hasta aquí el capítulo de hoy! ¡Espero que os haya gustado y estoy deseando leer vuestras opiniones!

¿Qué os han parecido el Príncipe y la Princesa? La verdad es que quería escoger a dos personajes que quedaran muy raros en el papel y pegaran muy poco entre sí, y me pregunto si lo he conseguido (y si he logrado hacer que os ríais, aunque sea un poquito).

En cuanto al hecho de Kirino siendo completamente nulo se me ocurrió a raíz del "dibujo" de Kirino que hizo su seiyuu, Kobayashi Yuu, hace un tiempo. La verdad es que no sé si habéis visto el dibujo en cuestión, pero es una cosa rarísima, así que pensé que podría ser gracioso que Kirino pudiera ser tan "malo" dibujando como su dobladora.

Y sobre el resto de las cosas... ¿Qué creéis que es lo que ocurre con Shindou y Akane? ¿Estarán saliendo de verdad? ¿Qué pasará con Kirino y su nula habilidad para dibujar caballos? ¿Qué opináis de la aparición de Kariya? (que ha salido en este capítulo solamente haciendo el mal, el pobrecito xD) ¿Qué pensáis que hará Kirino?

Pero, bueno, hasta aquí puedo leer por ahora.

A los que tenéis cuenta en os he contestado a los reviews por ahí (debería de haberos llegado un PM o algo así, o un aviso al mail) y, como también quería contestar a los que no, he redactado las respuestas a los demás en este documento y lo he subido a este link ( www . viewdocsonline document / 1vnmnf A la hora de ir a abrirlo borrad los espacios entre caracteres, que si no no se ve XD). Eso sí, si me ha faltado responder a alguien de quien me comentó, no dudéis en avisarme, que mi ordenador está un poco tonto y no quería abrirme todos los reviews.

Pero, en fin, muchas gracias a Kim Natsuyaki, MAJ009, Mizuki Ishiyama, Mess, Kohri-chan, Miki-chansi y Darkciel por vuestros comentarios. ¡Me han animado mucho y espero que sigamos leyéndonos!

Y a los demás, ¡estoy esperando vuestros reviews! ¡La verdad es que me animan un montón a seguir adelante con la historia, así que no dudéis en dejarme uno! ^_^

La siguiente actualización intentaré tenerla para la semana que viene.

¡Un saludo y nos leemos!

R&R