Cuando Tiara llegó a Valleperdido, la vista la dejó pasmada. Todas las casa eran iguales, como salidas de un cuento. Pero no debia despistarse, pues Madre le habia asignado una misión y no debia fallarle.

Cuando llegó a la casa, comprobo la dirección, si, era esa. Sirena, tal y como Madre le habia ordenado, estaba escondida detrás del muro de la casa vecina, silenciosa y acechante como un tiburón. Tiara esperaba que Sirena no tuviera que utilizar su poder, ya que le tenia un miedo de muerte, de hecho, todos le tenian miedo.

-Bién – pensó para sí misma – tengo que ingeniarmelas para que me dejen entrar, una vez allí, esperaré y si algo sale mal, solo tendré que usar mis poderes y llamar a Sirena.

La verdad era que Tiara estaba confusa. Hacia tan solo 4 meses que estaba en el grupo de Madre. Sabia que lo que hacia no estaba bién, pero… ¿qué otra alternativa le quedaba? De modo que cogió aire y llamó a la puerta. Pasados unos segundos, abrió un chico bastante guapo de unos 16 años con el pelo largo.

-Hola, ¿puedo ayudarte en algo? – preguntó el chico con tono amable.

-Si, hola… me preguntaba… si querrias comprar… galletas, si, galletas! Són para una obra benéfica y… las estamos vendiendo – contestó Tiara improvisando sobre la marcha.

-Bueno, no suelo comer chocolate – contestó el chico – pero si és por una buena causa…

-LUCAAAAAAS! – le llamó una chica desde dentro de la casa – ¿se puede saber con quién hablas?

-Pues… mira, que hay una chica aquí vendiendo galletas y…

-Galletas? – le volvió a interrumpir la chica, que apareció por las escaleras. Tenía el pelo castaño que le llegaba por el cuello, y llevaba unos guantes rojos con puntitos blancos. Miró desconfiada a Tiara, no estaba segura de que aquella chica con aspecto de princesita fuera de fiar. – Mira… no nos interesan, en esta casa somos todos alérgicos al chocolate.

Tiara se puso muy nerviosa… sabia que no la iban a dejar entrar. Madre se enfadaria mucho con ella, y Madre le daba mucho mas miedo que Sirena. Solo le quedaba una cosa por hacer… actuar.

-¿No hace… mucho… calor aquí? – empezó a quejarse Tiara, y a continuación, se desmayó.

-Sandra! SANDRA! – gritó enseguida el tal Lucas – que creo que se ha desmayado.

-Déjala ahí y cierra – replicó Sandra – con todo lo que estamos viviendo, no podemos dejar entrar a nadie en casa así como así.

-¿Estás loca? No podemos dejarla aquí fuera! Anda, ayúdame a entrarla!

Mientras esto pasaba, Sirena, escondida aún detrás del muro, observaba con cautela todo lo que sucedía. Solo le faltaba esperar a la señal, y pasaria al acción. Y entonces…

-Oye tú! – gritó una voz a sus espaldas, era una señora de mediana edad, peliroja y vestida como salida de una película de Cabaret – ¿Que? ¿Espiándome al vecindario? Te parecerá bonito. Estas niñas de hoy en día no tienen educación! ¿Y crées que no se lo que quieres? Tú lo que quieres es espiarme al vecino, al del pelito en la cara. ¿Sí o no? No contestes, que se nota que estás mas colada por él que una cacerola de fideos.

Sirena no sabia como actuar, aquella señora le habia dado un sobresalto de muerte. No podia usar sus poderes contra ella, claro. Madre se lo habia prohibido. Y no se le daba tan bién actuar como a Tiara, así que se dejó llevar por la conversación.

-Esto… sí… es que me gusta mucho.

-Anda que… - prosiguió la señora – mira, vente conmigo a mi casa, te preparo un té, y te doy algunos consejos que por algo me llaman la maestra de la seducción.

A Sirena no le quedó otro remedio que seguirla dentro de la casa.