Mario se dirigia al colegio, a recoger a Carlitos y Lucia. Un gran festival de talentos tendria lugar aquella tarde, y aunque los dos pequeños no participaban, se habian unido a ayudar. Mario iba distraido por la calle, pensando en sus cosas, y ni siquiera se dio cuenta de que, desde el otro lado de la calle, un niño pequeño y una mujer vestida de negro le observaban con interés.

-Jacobina – decia el niño - ¿crees que seré capaz de cumplir con mi misión? Es que si no… Madre se enfadará.

-Tranquilo Rufus, lo harás bién. – le contestó la mujer – y si lo haces bién, luego te compraré una piruleta.

-Que guay! Gracias Jacobina!

Un poco mas decidido, Rufus se dirigió al señor con gafas, el padre de la familia Castillo, fingió correr y tropezar. Una vez en el suelo empezó a quejarse. En cuanto Mario se dio cuenta, no pudo evitar ir a ayudarle, él era así de bondadoso.

-¿Pero que te ha pasado, niño? ¿Estás bién? Anda, ponte en pie, que no sé como se te ocurre hacer esas cabriolas por la calle, y además, no deberias…

Interrumpió la frase de inmediato al verse reflejado en los ojos del niño, que ya se habia levantado solo. Eran unos ojos verdes, como una esmeralda, como una selva inmensa y como un enorme laberinto. De repente, sintió como todo daba vueltas a su alrededor. Se mareó y se dejó caer en un banco. Mientras, el niño volvió con Jacobina. Pero… espera, ¿dónde estaba Jacobina? El plan era aquel, Rufus usaria sus poderes para desorientarlo, y después volveria con Jacobina. ¿Qué habia salido mal? ¿Dónde se habia ido ella?

Una vez recuperado del mareo, Mario se levantó y volvió a dirigirse a la escuela. Pero algo iba mal, no recordaba donde estaba la escuela. Miró a su alrededor, todas las calles le parecian iguales, por mas que lo intentaba, no lograba orientarse.

En la escuela…

Un niño pequeño de pelo negro y con gafas bajaba las escaleras saltando escalones de 2 en 2.

-Carlitoooooos!Espérame! – dijo una niña de pelo castaño que bajaba corriendo detrás de él.

-Date prisa Lucia! – respondió Carlitos – quiero ver el número de ballet de Chelito y Borja Ruano!

-Que divertido es esto! – se rió Lucía – mira esa chica que lleva tantas pelotas, seguro que va a hacer malabares! Y mira esa otra chica bailando con aros! Que bién lo hace!

-Y allí hay un chico con un saxofón – exclamó asombrado Carlitos – voy a oirle tocar.

Y dicho esto, se fue corriendo a oir tocar al chico adolescente que tocaba al otro lado del pasillo. Lucia alzó una ceja, sospechando, y usó sus poderes para leer la mente de aquel chico tan extraño. Tras unos segundos, su rostro de concentración cambió a uno de terror. Unos metros por delante de ella, Carlitos escuchaba enbobado la música.

-Carlitos! Corre, vuelve! – chilló Lucia yendo hacia él. Pero se detuvo enseguida, aquella música era tan… relajante… No se queria mover, al igual que Carlitos, queria quedarse escuchando aquella canción… para siempre. El chico del saxofón vió que tenia a los dos chicos bajo su poder y pasó a la siguiente fase. Con un manejo increible, empezó a cambiar el rumbo de la canción, tocándola al revés. La sensación de magia y relajación cambió de repente, mientras Carlitos y Lucia, incapaces de moverse, obserbavan con terror como iban siendo absorbidos dentro del saxofón.