En casa de los Castillo, Tiara estaba sentada en una silla, mientras Lucas le traia un vaso de agua.

-¿Te encuentras mejor? – le preguntó éste – Me has dado un buen susto antes.

-Si.. estoy mejor, gracias – contestó Tiara mostrando tímidamente una pequeña sonrisa.

-No, no no! – dijo Lucas cuando ésta intentó levantarse – te has dado un buen golpe antes, será mejor que descanses un poco más antes de seguir, no vaya a ser que te desmayes en la siguiente casa.

Tiara volvió a sonreir cálidamente. Eran buenas personas, ¿por qué queria Madre hacerles daño? Mientras reflexionaba, Sandra bajó las escaleras y se dirigio hacia ella.

-Oye, niña, ¿tu vendias pastelitos, verdad? – dijo ella con suavidad - ¿Los tienes sin frutos secos?

-Pues… - improvisó Tiara rápidamente – creo que no, son todos de almendra.

-AHA! – dijo Sandra cambiando su amable rostro por uno de dureza – TE HE PILLADO!

-Sandra, ¿qué mosca te ha picado? – le preguntó Lucas.

-Esta niña nos ha engañado, antes nos ha dicho que vendia galletas, no pastelitos – Tiara se mordió el labio, la habian pillado – y además, ni siquiera lleva galletas – y le arrancó a Tiara la caja de las manos – ¿lo ves? Está completamente vacia. Ahora dinos, ¿quién eres?

-Sandra! – insistió Lucas - ¿se puede saber que te pasa? Solo es una niña!

Justo cuando Sandra iba a contestar, entró Culebra en la casa, pero no entró solo, tenía a una mujer japonesa vestido de negro cogida por la oreja.

-Mirad a quién me he encontrado por la calle. No sé quién és, pero tenia a un niño con poderes y le ha hecho usarlos contra Mario. – dijo sin soltar a la señora – la he cogido antes de que el niño volviera.

Tiara abrió mucho los ojos y se puso pálida como una muerta.

-¿La conoces? – le preguntó Lucas, que se habia percatado de su gesto.

-Jacobinaaaaaa! Dijiste que me ibas a comprar una piruletaaaa! – dijo lloriqueando un niño pelirrojo a la vez que entraba corriendo por la puerta.

Por un momento, se quedaron todos en silencio mientras el niño lloraba. Se miraron los unos a los otros y acabaron dirigiendo todas sus miradas a Tiara.

-No me hagais daño – dijo ella con la voz temblorosa.

Lucas se dirigió hacia ella para decirle que no le iban a hacer nada, pero ella, instintivamente, pensando que la iba a atacar, usó su poder.

-¿Está brillando? – preguntó Culebra

-No puede ser – dijo Sandra

En efecto, Tiara habia empezado a brillar, todo su cuerpo relucia como si fuera una bombilla y su luz iba aumentando, hasta tal punto que todos se dejaron caer al suelo.

-Mis ojos! – se quejó Sandra – Me queman!

-Es como mirar al sol! Me está abarasando! – gritó Lucas.

Jacobina, que habia aprovechado para liberarse de Culebra, se habia puesto unas gafas de sol que llevaba encima, y le dió otro par a Rufus. En ese mismo momento, la puerta se abrió y entró también un chico con un saxofón. Tiara paró de deslumbrarlos a todos, y mientras los otros se cubrian aun los ojos del efecto de la luz, Tiara se quedó mirando al chico.

-Vaya, Tiara, veo que para variar, no has podido cumplir la misión. Al menos yo si he cumplido mi parte – dijo friamente.

-¿ A… a que parte se refiere? – preguntó Sandra.

El chico sonrió maliciosamente y mostró el saxofón. Todos oyeron con claridad los gritos de socorro de Carlitos y Lucia desde dentro.

-Y no soy el único que ha cumplido con su misión – dijo con una sonrisa aún mas malvada. Tiara se asomó por la ventana y pegó un grito.

-ES SIRENA! SE DIRIGE HACIA AQUÍ!

Sirena cruzaba la calle tranquilamente. Desde la ventana de doña Ruano, habia visto los destellos que venian desde dentro de la casa, y habia oido luego los gritos. Pero cuando ella llegara… cumpliria su objetivo… sin importarle el precio.