Konnichipuuu! :D

Hola, ¿cómo están? Espero que muy bien; Bueno, les comento que es la primera vez que hago un fic con la pareja AlucardxIntegra, espero que sea de su agrado, por favor no se olviden de dejar un review, y de antemano, gracias por leer.

Ahora sí, ya no les aburro, continúen con la lectura –la que les interesa-

Disclaimer: Los personajes a continuación presentados, no son de mi auditoría, le pertenecen al respetable Kouta Hirano, si fuesen míos, obviamente éstos dos estarían "oficialmente" juntos.

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Abrió desmesuradamente sus orbes azules, acto seguido se palpó a sí misma.

―¡Maldición! ― Masculló cuando una punzada le atestó el vientre. Con molestia se quitó de encima aquellas sábanas que cubrían sus níveas piernas y bufó sonoramente al descubrir debajo su camisola una pequeña mancha rojiza.

―¿Qué me está sucediendo?― Se preguntó en voz alta algo espantada mientras se dirigía al tocador para lavarse.

Al salir del baño, se dejó caer en su cama vistiendo tan sólo con una toalla, recordando en ese momento, que en una ocasión su profesor le había dado una clase en la que mencionaba el cambio que sufría el sexo femenino al prepararse para ser mujer y que era un proceso "natural" por las que todas pasaban al cumplir cierta edad.

Al llegar a la conclusión que eso le estaba pasando, se levantó con brusquedad. ―¿Me estoy desangrando debido a mí edad?... ¡Necesito ayuda! Pero creo que esta vez no puedo contar nadie más― se quejó mientras removía unas cuantas gotas de agua de su rostro y cuerpo.

Tomó otra camisola con su respectiva bata y decidió salir de su habitación para tratar de conseguir respuestas por su cuenta. Con cuidado de no ser vista, salió de su alcoba. Lamentablemente al dar un par de pasos, se encontró con su mayordomo quien la miraba extrañado por su aspecto.

―Integra-sama, ni siquiera ha amanecido, regrese a descansar, todo está bien. Si se pregunta por la joven Seras y el Conde, han cumplido con éxito la misión y llegarán hoy mismo de... ―Al ver que no estaba prestando atención se dio cuenta que su ama no estaba en buen estado ―¿Se encuentra usted bien?- le dijo tomándola delicadamente de un brazo para que se apoyara en él. ―Luce pálida y... ¿está temblando?― le preguntó al notar que se cimbraba repetidamente. Además de que Walter nunca antes había visto a su señora salir de su habitación con ese tipo de ropa. Algo debía de estarle pasando.

La rubia se separó del mayor. ―¿Qué quieres decir con eso? Estoy...estoy bien Walter, no te preocupes―mintió.

El aludido le dedicó ahora una sonrisa. ―Sabrá usted que este humilde servidor la conoce desde...siempre. Milady, sé que algo le está ocurriendo y le molesta y que por primera vez, no tiene nada que ver con él, ¿cierto?

La de los zafiros azules negó varias veces con la cabeza con las mejillas sonrosadas y comenzó a sentirse nuevamente nerviosa. ―Por Kami Walter, ten cuidado con tus palabras y lo lamento, pero en esta ocasión, ninguno de ustedes puede ayudarme.

―Integra-sama, sabe que sí, sólo...ordene―dijo al tiempo en que cambiaba sus guantes y unos hilos muy finos a su alrededor comenzaban a cubrirlo.

―No, no. ¡No se trata un trabajo de esa índole, porque desafortunadamente ni tú, ni Seras, ni Pip, ni la Reina, ni Alucard pueden ayudarme!

El shinigami retiró de sí, "sus armas" al ver que esa no era la respuesta.

―¿Sabes por qué Walter? Porque depende de mí, de mi maldito cuerpo, y por el hecho de que soy mujer...No soy como los otros encargados de Hellsing que todos eran hombres y por eso yo...yo... no sé qué hacer ni a quién recurrir.― Se desahogaba la joven mientras le apuntaba el pecho a su mayordomo con el dedo índice, haciendo que pequeñas lágrimas se formaran en sus ojos debido a la susceptibilidad que este nuevo cambia producía en ella y en sus emociones.

El de la coleta, se acercó y la atrajo hacia su pecho envolviéndola con ambos brazos. ―Mi niña, mi Integra-sama, ahora comprendo todo.― Ella correspondió el gesto. ―Oh Walter, es horrible― le dijo antes de liberar sus lágrimas y esconder su cara en su regazo. Cuando estuvo más tranquila le dio las gracias y se quedó dormida en él.

―Entonces señorita, a pesar de todo, efectivamente Alucard es el único que sí puede ayudarle...y a su legado.― Viendo que ya estaba dormida, la tomó por completo en brazos y la alzó para llevarla hasta su dormitorio. Al depositarla en su cama, la arropó bien y se encaminó hacia la salida. ―No se preocupe, estoy seguro que dentro de un tiempo, usted misma lo averiguará― y tras decirlo, cerró la puerta.

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¿Acaso estaba soñando?

Miles de imágenes azotaban su maltrecha y distorsionada mente. Todas ellas eran de un rojo carmín, sin ninguna forma definida a decir verdad. Se agitaban de un lado a otro, y ni si quiera era capaz de seguirlas con la mirada, ni de reconocer lo que eran.

Gritó a la nada pidiendo respuestas y su verdadera forma, pero nada sucedía.

―Mmnn― un quejido salió de sus carnosos y bien formados labios y acto seguido se revolvió en su mullido lecho un par de veces, buscando el mejor acomodo pues desde que había decidido irse a dormir no había podido conciliar el sueño, cortesía de aquellas visiones. Pero... ¿Qué eran, cuál era su significado?

Hasta que finalmente recibió una pista...Un olor bastante preciado y familiar se adentró a sus fosas nasales haciendo en el acto que se excitara por completo y pronto, lo entendió todo.

―¡Integra!― gritó abriendo sus ojos escarlata que se dilataron al instante en que lanzaba la tapa de su ataúd, se levantó y desapareció al instante.

―¡Máster!― gritó la rubia ceniza desde el cuarto contiguo, pero no hubo respuesta de su parte. Sentía ella ahora las emociones que había experimentado su maestro.

Pero qué rayos le pasaba, él jamás había actuado de esa manera, mucho menos en horas de descanso. Algo realmente malo debía de estarle pasando, no entendía el porqué de tal actitud. Tal parecía que no lo conocía en lo absoluto y que todo este tiempo juntos no significaba nada para su compañero vampiro y que como siempre, su maestro sólo reaccionaba así por única razón: ella.

Por un instante sintió un dolor en el pecho. ―No debería de estarme comportando de esta manera, si yo, mejor que nadie conozco los sentimientos de mi máster― se dijo a sí misma, para tratar de apaciguar sus celos. Envidiaba la manera en que se preocupaban todos por Sir Integra y en especial Alucard, y que aunado a esa preocupación estaban el amor y el deseo que le tenía a su ama.

A Seras le encantaba fantasear con que algún día tendría el mismo trato que el que la Hellsing tenía. Así que se dio la vuelta para tratar de conciliar el sueño otra vez, ya que sólo en él, podría lograr su cometido. ―Máster... ― balbuceó apretando una almohada y al paso de unos minutos, quedo profundamente dormida.

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―Sir Integra...

Escuchó que la llamaban, pero no tenía ni ánimos, ni fuerzas. Su cuerpo no era capaz de responder.

―Despierte por favor― Sintió que la movían un poco de los hombros. Sin muchas ganas abrió sus ojos. Era su leal y puntual sirviente...Walter quién comenzó a llamarle la atención. ―No tomó ni su desayuno, ni el almuerzo, ya también ha pasado la hora de la comida, y ya son las 6 de la tarde, por favor, coma algo y no se castigue tanto.

Con pesar se incorporó de la cama. ―No es eso Walter, me duele todo y no sé qué hacer para que pare la hemorragia, no importa cuántas vendas me pongo.

Dornez, trató de no reírse y trató de darle una explicación.―Querida, no es eso...tiene que...no parará hasta...― Pero él tampoco podía explicarlo con claridad.

―¿Qué?

El mayor carraspeó un poco. ―Lo siento señorita, será mejor que llamemos a alguien para que...

―No, no deseo que nadie me vea, mucho menos que me toquen, Walter es una orden. ―pidió con los ojos vidriosos, debido a la impotencia que sentía respecto a su situación.

―Claro que no, eso téngalo por segura. A lo que me refería, era que mejor llamaré a un profesional.- Se sonrojó un poco. ―Yo soy bastante inútil en estos temas, iré a llamar a alguien, estoy completamente seguro de que él le podrá explicar todo con sumo cuidado, y además darle algo para calmar su dolor...― Hizo una reverencia y se retiró lo más rápido que pudo, ya que aún se sentía abochornado.

―De acuerdo Walter, confiaré en ti, y espero que decidas bien a esta persona de la que me hablas― le contestó la joven y se volvió a acomodar en su cama.

Pasaron unos cuantos minutos, cuando escuchó que alguien tocaba a su puerta.

Mientras se enderezaba un poco, dijo: ―Adelante

―¡Ah! Mi pequeña Integra, independientemente de las circunstancias, me alegra mucho verla de nuevo― le saludó un señor pequeño con bigotes y cabellos totalmente blancos, siendo un claro signo de su edad, pero lleno de energía acabó de ingresar a la enorme alcoba, para acomodarse a un lado de su paciente.

―Doctor James, bienvenido, bienvenido. Lo mismo digo, hacía ya bastante tiempo que no nos veíamos― le respondió con una sonrisa. Ese amable hombre había sido el Doctor que velaba por la salud de los Hellsing, incluso fue él quien llevó satisfactoriamente el embarazo de su madre y el mismo en recibirla al nacer. Por un momento pasó por su mente, que quizás y ese anciano fuese una criatura sobrenatural, puesto que los años ya no tenían ningún efecto en su ser, y conservaba una impresionante vitalidad que varios jóvenes llegaban a envidiar.

―Su pobre mayordomo, me ha llamado muy angustiado por usted Milady. Dígame, ¿qué es lo que le está causando problemas?

―Verá Doctor, lo que sucede es que me encuentro presentando una pequeña hemorragia, me da mucha vergüenza, pero temo que usted es mi último recurso.

―Ya veo porque tanta urgencia, anda niña, dime en qué parte, ¡no perdamos más tiempo!― dijo mientras se acercaba completamente a ella y comenzaba a tomarle el pulso.

La blonda, se sonrojó pero decidió decirle de una vez por todas. ―Yo... me encuentro sangrando de...mi feminidad― concluyó con un hilo de voz.

El venerable anciano suspiró aliviado. -Ah, ya veo. Entonces no hay de qué preocuparse― y tras decirlo comenzó a reír.

―No, se ría por favor, es algo serio y necesito que me dé algo para sanar y continuar con mis obligaciones, cuidar a la Reina y a toda Inglaterra― dijo ella levantando un poco la voz.

―No, pequeña, no me malinterpretes, es algo muy normal, ya estás creciendo― pero al ver la cara de confusión de ella, continuó explicándole.

―Integra, te encuentras reglando, ¿sabes acaso lo qué es?

La Hellsing dudó un poco antes de contestar. ―Pues sí lo sé, un profesor hace algunos años me había dicho que era algo que le ocurría a una joven para indicar que estaba lista para ser mujer.

El mayor, la escuchaba mientras se acomodaba sus anteojos y después prosiguió.

―Pero Doctor, yo ya sabía que era una mujer, no necesito pasar por esto, además no puedo seguir interrumpiendo mis labores, por culpa de mi sexo. Sin mencionar la molestia que me causa. No puedo ser...

―¿Es interesante lo que escucha señorita Seras?

La draculina despegó su oído inmediatamente y se ruborizó por haber sido descubierta.

―Yo...etto...Walter-san, no es lo que usted cree.

―Claro que no, por eso le pido que me lo diga― pidió el del monóculo con su habitual sonrisa.

―Verá, yo sólo quería saber que era lo que sucede con Sir Integra que tiene tan preocupado a mi máster― contestó ella, mientras se rascaba la nuca bastante apenada.

―Ah, es verdad. Pero ¿sabe? No me extrañaría en lo absoluto de él, sin embargo es claro que ha le ha inculcado su curiosidad ¿cierto señorita?

Victoria sólo se limitó a agachar la cabeza y por lo tanto su mirada al suelo, con una mueca de arrepentimiento.

―Me pregunto que es del Conde en estos momentos. No lo he visto en todo el día y aunque me fascine la idea de no tenerlo cerca, eso es también lo que más me preocupa. Sobre todo al enterarse… ¿Cómo reaccionarás Alucard-san?― dijo elevando un poco la voz al pronunciar las últimas palabras.

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Ya era de noche, se había estado reprimiendo desde en la mañana gracias a ese sueño. Con el paso del tiempo, le costaba contenerse cada vez más, ya que el hambre crecía y crecía junto con las horas. Tiró al piso la última bolsa -ahora vacía- que contenía sangre médica. A pesar de que ya había consumido alrededor de cinco de ellas, no le eran suficientes, pues en estos momentos, eran para él tan sólo como unos bocadillos o bien simplemente dulces, pero las ganas de alimentarse aún estaban presentes y ahora, lo único que deseaba era el plato fuerte.

Comenzó a caminar de un lado a otro desesperado. Pronto algo en el aire, llamó su atención, aspiró con fuerza para corroborar lo que había sentido a unos metros de allí.

―Ahh…― exhaló ante su correcto descubrimiento. ―Mujer, joven, alta, de tez blanca, virgen y…― calló de repente al notar algo muy relevante para él; al instante giró la cabeza del cual provenía aquel delicioso aroma mientras se relamía los labios una y otra vez.

―Y rubia…―tras decirlo comenzó a reír sonoramente al tiempo en que desaparecía, dejando que las sombras lo consumieran por completo.

―Integra…

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Bien, ¿qué tal? Sí, sí, ya sé que es algo bizarro, pero no me pueden negar que jamás se les había pasado esto por la cabeza, y saber cómo es que reaccionaría Alucard al saber que su ama sangra y que él no pueda hacer nada para evitarlo ¿o no? ;D Jajaja

Sin más que decir chicos me despido no sin antes agradecerles y recordarles que me dejen un review, para saber si continuarlo. (Aún tengo mis dudas respecto al fic)

¡Saludos, besos y abrazos! Muuuaaa *.*

Los quiere: ''''(◕‿◕)'''' …..€.ђ.α.n.ё.k.ΐ.n….…