El último capítulo de este fic... disfrútenlo.


Fucking Perfect

Capítulo 20

"Hasta pronto".

El camino es taciturno y desolado, pero sinceramente no esperaba más. De cualquier manera no puedo evitar sentirme extraña ante todo lo que ha pasado en los últimos días; hace una semana estaba en la cama, complaciendo hasta el último capricho de James y ahora visto un sencillo vestido negro de tirantes, mientras asisto a su sepelio. Los cardenales a medio sanar en mi espalda y mis hombros están a la vista de todos, pero realmente no me importa lo que piense la gente cuando ve mis morados y los vendajes en mis brazos y muñecas, tampoco me interesa la cicatriz que cruza mi rostro. A estas alturas los murmullos de la gente no son más que eso: murmullos y habladurías.

Mi expresión es vaga, distante y hasta podría decirse que desinteresada, lo único que deseo es terminar de una buena vez con todo. Ni si quiera me molesto en guardar las apariencias ante el sacerdote y los trabajadores del parque funeral, pues simplemente no puedo sentir nada. En mis ojos no hay lágrimas, ni dolor ni mucho menos preocupación. Después de hablar larga y tendidamente con el doctor Cullen, entendí que el fuerte lazo que me ataba a James no era amor ni mucho menos cariño, era una situación de dependencia y sumisión que poco a poco me estaba destruyendo, que acepté aquella relación porque estaba deseosa de muestras de amor y cariño y él, en cierta manera, me las brindaba.

Sentí una mano posarse en mi hombro desnudo, había un enorme cardenal en ese lugar pero ignoro la punzada de dolor que provoca el tacto y alzo la vista para encontrarme con los ojos melancólicos vidriosos de Edward. Hacía dos días que había dejado la casa Cullen, regresando a mi antigua vivienda; Renata había huido después de lo sucedido y la casa Swan era vigilada por la policía así que no tenía nada a qué temerle.

—¿Qué haces aquí? —pregunto, poniendo mi mano sobre la suya.

Él me dedica una pequeña sonrisita ladeada.

—No podía dejarte sola —susurra, alzando la otra mano para acariciar mi mejilla. Lo dejo pasar, puesto que me gusta su cálido tacto y el cariño que emana de él—. No sabía cómo lo estarías llevando.

Sonreí, intentando calmarlo.

—Estoy bien, créeme.

—Papá está preocupado por ti, no has regresado a casa desde… —Su voz se va extinguiendo pero ambos sabemos a qué se refiere.

—Esa es su casa, Edward. Yo no voy a vivir ahí.

Abre la boca para protestar pero luego de pensárselo un momento, la cierra nuevamente y mira hacia el frente. El ataúd ha comenzado su descenso mientras el sacerdote pide por el descanso eterno de su alma, esta es la parte donde la mayoría de la gente llora y grita, pero yo reprimo cualquier tipo de reacción. No quiero hacer un numerito, aunque siento que una importante parte de mí, se está yendo de mi vida. Mi corazón salta fuertemente en mi pecho, pero me trago el dolor y hago lo mejor que puedo para mantenerme tranquila. Cierro los ojos y me concentro solamente en las corrientes de aire que azotan mi rostro y en los mechones de mi cabello que juegan libremente gracias al viento.

Los trabajadores del parque funeral terminan de cubrir el ataúd con la tierra y luego el padre finaliza su oración. Observo a la figura vestida de blanco frente a mí, sus ojos piden piedad para con el difunto pero no siento absolutamente nada. El sacerdote aparta su mirada de mí y se aleja junto a los trabajadores, negando con la cabeza.

—Es hora, Bella —susurra Edward.

Edward toma mi mano y tira de mí para que camine, pero no puedo moverme. Mis ojos quedan fijos en la nueva tumba y soy incapaz de apartarlos de ahí.

—¿Bella? —pregunta, tirando nuevamente de mi brazo con gentileza.

—¿Podrías dejarme sola unos momentos? —pregunto, sin alejar la mirada del montículo de tierra.

Siento su mirada en mí, sé que está dudando sobre si puede dejarme sola y que si esto sería bueno para mi salud mental.

—Por favor —insisto, suspirando—. Me uniré a ti pronto.

Su agarre en torno a mi mano disminuye y finalmente me deja libre.

—Estaré en el auto —comenta.

Escucho sus pasos alejarse y sólo hasta que estoy segura de que está lo suficientemente lejos como para no escucharme, dejo de aparentar ser fuerte. Un par de frías lágrimas caen por mis mejillas, las dejo correr libremente por mi rostro porque esta será la última vez que lloraré gracias a él, no permitiré que su recuerdo me atormente más.

—Y aquí estamos —susurro, arrodillándome frente a su tumba y dejando que las lágrimas continúen su camino—. Después de todo lo que hemos pasado y lo que hemos vivido, no puedo creer que termináramos así. El Doctor Cullen me explicó que lo que siento por ti no es amor, sino un fuerte lazo de dependencia que originó mi depresión y posteriormente, un poder de sumisión ante ti. Me cuesta creerlo, pese a que tiene lógica. Viví los últimos años pensando que te amaba, que tú lo eras todo para mí y ahora me doy cuenta que todo era un producto de mi dañada salud mental. Aun así, antes de irme deseo decirte que te amo.

Limpio mis lágrimas con el dorso de mi mano y sorbo por la nariz antes de soltar un suspiro. Este es el final, no habrá un nosotros nunca más. Hoy James es enterrado y yo continúo mi vida, lejos de esta vida, de esta ciudad y totalmente lejos de lo que fui.

—Lamento lo que sucedió, me habría gustado que terminara de otra manera, pero ahora que lo pienso, creo que no podría haber terminado de otra forma. Siempre estarías ahí, ejerciendo tu peso dominante ante mi personalidad débil. Después de hoy, dejaré de ser Bella Swan. Me convertiré en una nueva persona y buscaré mi propio camino.

Me levanto del lugar en el que estoy. Mis hombros están caídos, pero alzo la cabeza en alto y suspiro, tratando de erguir mi espalda.

—Hasta nunca, James.

Una corriente de aire se lleva mis palabras y me doy la vuelta para unirme a Edward. Él está dentro del auto de Carlisle, cuando entro me dedica una mirada cautelosa.

—Lloraste. —No es una pregunta pero tampoco suena como una acusación.

—¿Podrías llevarme a casa, por favor? —comento, poniéndome el cinturón de seguridad.

Edward no hace ningún otro comentario y el auto ruge debajo de nosotros para llevarnos a la mansión Swan. El viaje fue en total silencio y yo aproveché para perderme entre mis propios planes y pensamientos mientras observaba por la ventana. Tenía tantísimas cosas por hacer y aún tenía que hablar con Edward y su familia.

Al llegar a nuestro destino, Edward baja del auto y me abre la puerta. Me acompaña hasta el frente de la casa y lo invito a pasar; cuando entramos, se queda congelado en el umbral. Todos los muebles de la casa están cubiertos por sábanas blancas y las cosas se encuentran empaquetadas en cajas de cartón.

Me giro para verlo. En su rostro predomina una expresión de desconcierto y su ceño está fruncido.

—¿Y esto? —pregunta, haciendo una seña a nuestro alrededor con una mano.

Me encojo de hombros.

—¿Vas a vender? —pregunta.

—El asesor de bienes raíces vendrá el lunes a ver la casa para fijar un precio —murmuro.

Se queda callado un momento y luego asiente.

—Iré a recoger algunas cosas a mi habitación —le digo—. Ponte cómodo.

—Te acompaño.

Subo hasta mi habitación con Edward pisándome los talones. En mi habitación todo está empaquetado también. El closet está vacío, pero no hay maletas hechas; quiero comenzar una nueva vida y no quiero nada de la vieja, si acaso lo único que deseo rescatar son mi vieja portátil, mis escritos y diarios personales.

—¿No llevarás nada más? —pregunta.

Niego con la cabeza.

—No quiero nada que me recuerde lo que fui —respondo—. Llevaré mis diarios conmigo porque no puedo dejarlos aquí para que alguien más los lea y la portátil, ahí está mi vida entera.

Edward asiente y me acompaña de regreso al umbral. Coloco el código de seguridad, cierro la puerta con llave y la pongo debajo de la maseta de la entrada para que el corredor de bienes raíces pueda entrar. En lugar de dirigirme al auto de Edward, camino directo a mi trasto y pongo las cosas en el asiento del copiloto.

—No es necesario, yo puedo llevarte a casa.

Vuelvo a negar con la cabeza.

—No, Edward. Yo no iré contigo.

Me observa por unos segundos, sopesando la magnitud de mis palabras. Se acerca a mí y me penetra con su mirada, intensa y cargada de sentimientos.

—¿De qué estás hablando, Bella?

Suspiro y saco de entre mis diarios, la carpeta negra que me entregó el notario a primera hora de la mañana. Edward la toma cuando se la tiendo y lee el contenido de la carpeta, sus ojos se iluminan con incredibilidad y buscan los míos con desesperación.

—¿Qué es esto, Bella?

Suspiro. La hora ha llegado.

—Resulta que Charlie dejó una gran cantidad de dinero para mí. Renata sería la indicada de dosificármelo hasta que fuese mayor de edad, pero con todo lo que ha pasado, el notario Lockwood me ha ayudado a deshacer esa cláusula y el dinero ha quedado a mí nombre. Ya di el enganche para una casa lejos de aquí, Edward. Iré a la universidad y comenzaré una nueva vida lejos de todo lo que me ha lastimado.

Sus ojos aún acuosos, me miraron por un largo rato.

—Bueno, entonces iremos juntos —murmura, tomando mis manos y besando mis nudillos—. Saldremos adelante, te lo prometo.

Suelto delicadamente mis manos de su agarre y lo miro fijamente a los ojos, hablando lento para que comprenda mis palabras a la primera.

—No estaremos juntos —hablo—. Voy a irme y… quiero estar sola.

—¿De qué estás hablando?

—Edward, no quiero estar contigo. En dos horas una avioneta estará esperando por mí y voy a irme de Forks para siempre. Jamás regresaré y jamás estaremos juntos de nuevo.

Él volvió a tomar mis manos con desesperación.

—Puedo irme contigo —murmura, sus ojos cada vez más acuosos—. Podemos estar juntos, podemos intentarlo. No hagas esto, Bella… no nos hagas esto.

Suelto mis manos de las suyas con ímpetu. Mis ojos se endurecen y lo miro con frialdad.

—No puedes —hablo entre dientes—. No te quiero en mi vida.

Sus ojos se amplían.

—Bella…

Alzo una mano para callarlo.

—No —digo con voz autoritaria—. Entiende que no te quiero en mí vida. No te necesito. Muchas gracias por tu ayuda en este tiempo, pero no te necesito más, Edward. Es hora de que salga a buscar a mi verdadero yo y que forje mi camino… y necesito hacer eso sola.

—¿Volveremos a encontrarnos? —pregunta, afligido.

Sonrío a medias y toco su mejilla. Deseo besarlo con frenesí, pero sé que si hago eso, no podré apartarme de él. Lo amo de una manera tan intensa y pura, que temo manchar un amor tan hermoso con mi mierda habitual, por eso tengo que irme. Necesito irme antes de que verdaderamente sea muy tarde para nosotros. Edward es joven y guapo, confío en que podrá encontrar a una chica que lo ame y llene su vida de color y felicidad. Yo jamás podría darle la vida que se merece.

Y aun sabiendo todo eso, le miento.

—Lo haremos.

Miento porque si digo la verdad, se me partirá el corazón. Una cosa es pensar las cosas y otra muy diferente es decirlas en voz alta.

Edward toma la mano que descansa en su mejilla y besa mi palma con ternura.

—Hasta pronto —susurra contra mi piel.

Ahogo un hipido y me resisto a llorar frente a él, no puedo desbordarme ahora. Delicadamente, Edward suelta mi mano y da un paso hacia atrás, por sus mejillas ha dejado correr libremente las lágrimas. Yo me muerdo el labio y subo a mi trasto, me quedaban todavía varias horas de camino antes de subir a mi avioneta.

El motor de mi viejo auto rugió. Y mientras ponía la reversa para salir del garaje de la casa, permití que una lágrima se deslizara por mi mejilla.

Este no era un "hasta pronto", era un adiós definitivo.


Después de una larga espera... aquí está el último capítulo de este fic. (primera parte). Sé que no terminó como esperaban... pero la segunda parte estará llena de emoción y más lloradera. La segunda parte la comenzaré hasta que termine el fic de Bailes de pasión en el cual comenzaré a trabajar a partir de ya! :D

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Les mando un besote y nos vemos en la siguiente actualización de Bailes de pasión...

¡Leo, amo y agradezco enormemente cada uno de sus reviews!