Este es el capítulo entero. Capítulo hecho para DEBILIDADES, historia mía. Para saber de qué habla, entren en DEBILIDADES.

RECUERDO 1

Corría y corría, tenía mucho miedo, ¿Cómo es posible que ese fuese mi padre?, ese hombre estaba enfermo, solo quería desaparecer del mundo, no existir jamás e incluso… dejar de vivir, pero exclusivamente no lo hacía por su mejor amiga: Bra.

La pierna me dolía mucho, y no sabía si aquel hombre al que yo alguna vez llamé padre venía tras de mí, a si que me metí al bosque, allí jamás me encontraría. Una vez allí, me derrumbe, lloré como no lo había hecho en mi corta existencia, pero aún así, me sentía vacía, mal conmigo misma, ¿eso es todo lo que tubo que sufrir mi madre?, me dolía pensar en ella, me echaba las culpas a mí misma, ella… había muerto por mi culpa… en el parto… a darme a luz… hubiese sido mejor que yo no hubiese nacido, me gustaría no haber nacido jamás, haberme quedado en el infierno, de donde nunca debí salir, notaba que me faltaba el aire… y todo a mi alrededor se volvía oscuro… negro …oscuro y frío…¿a caso había llegado mi fin? De verdad que lo prefería, pero algo andaba mal… en vez de aparecer en el infierno, aparecía en una habitación, ¿ese era el infierno? Me encontré tumbada en una cama, muy cómoda, demasiado… miré a mi alrededor, y algo me asustó mucho, al lado mía de la cama, había un hombre, de mediana edad, al… parecer humano. Me intenté levantar sin despertarle, peo algo no andaba bien, por que nada más levantarme de la inmensa cama, algo me agarró por la muñeca, bueno… en verdad no era un agarre propiamente dicho, para ser más claro, tenía una cuerda agarrada a la muñeca del hombre, y además, las cosas no podían ir peor, por que al parecer, de mi tirón, le hombre se había despertado. El hombre, se reincorporó en la cama, quedándose sentado, aún medio dormido, pero al verme, su cara mostró una sonrisa, de ¿victoria?, ¿fogosidad?, nadie lo sabía… bueno… él sí, y además, no quería saber lo que significaba. El hombre se levantó de la cama, y pude observarlo mejor, melena rubia, sin barba, cara redonda, ojos claros, cuerpo súper esculpido, brazos increíblemente marcados, claro que era una niña como para pensar en cosas… esas cosas… ya me entiendes, bueno… lo que quiero decir que estaba muy… bueno, pero en ese entonces, lo único que me provocaba ese hombre, era terror y miedo. Lo vi como se acercaba a mí, y yo me alejaba, así, hasta que topé con la pared, y él, me acorraló, ¡por el amor de dios! Yo solo tenía 10 años. El hombre su puso de cuclillas, quedando frente a mí, y no dejaba de asomar una asquerosa sonrisa, que ahora que lo pienso era bastante seductora, pero eso… no viene el caso ahora…

─Vaya…ahora me pareces más apetecible que antes ─dijo aquel hombre con una voz ronca y melosa, poniéndome una de sus manos en mi cadera. Yo temblaba ligeramente, y mi rostro, mostraba miedo. ─No te preocupes, yo te cuidaré. Yo… me tengo que ir, ni se te ocurra moverte de aquí. ─Y nada más decir eso, miré a sus ojos, ya que antes, no me atrevía a mirarlo, y cuando lo miré, todo mi cuerpo se petrificó, sus ojos… sus ojos tenían maldad, lujuria. Y entonces, llegó la escena más asquerosa y a la vez "terrorífica" que alguien tuviera que experimentar, por que yo vi con mis propios ojos como aquel hombre me agarró más de la cintura, y me atrajo hasta él, y como seguía de cuclillas, mi cuerpo, se quedó encajado con el suyo, quedando a la misma altura, y sin comentarme ni decirme nada, el hombre juntó sus labios con los míos. No fue un beso brusco, ni si quiera forzado… bueno… yo no quería besarle, o por lo menos… en ese entonces, no. Tenía unos labios suaves, y gruesos, que me ocupaban la boca entera, y lo más raro, es que yo no me inmuté, no se si por miedo, o… tal vez por que era mi primer beso… ¿cómo pudo ser así mi primer beso? Y después de besarme, que no fue más que un beso lento y corto, se separó, y yo pienso, que al verme la cara, si rió interiormente, por que la cara que se le quedo… si me acuerdo bien, yo en ningún momento del "beso" cerré mis ojos, al contrario de él, que los tuvo cerrados todo rato, y después del beso, se me quedaron los ojos muy abiertos, y la boca entreabierta, con mis labios un poco colorados. Y Mientras me desataba la cuerda, me dijo algo.

─Linda… será mejor que cierres tu hermosa boca antes de que mi "cuerpo" humano, me haga reaccionar ─Yo no se que es lo que quería decir con eso, pero mi boca se cerró automáticamente, y él, sonrió ─Aunque la verdad, es que eso no te servirá cuando vuelva ─Y dicho eso, se levantó, cogió una pequeña bolsa, y se fue, dejándome sola. Yo todavía seguía pegada a la pared, pensando en lo que había ocurrido. Me dejé caer, hasta llegar al suelo, y con una de mis manos, rocé mis labios. Entonces, sentí un miedo terrible, ya lo había pasado bastante mal, como para que ahora me tocase otro sitio peor. A si que decidí salir de ahí, averiguar cosas, ¿Dónde estaba?, por que en el infierno, NO.

Salí de aquella habitación, y me encontré en un pasillo, era bastante grande, pero yo, sin pensarlo, salí corriendo. Pero algo había, me tope con un espejo, ¿un espejo? Si, ya que me podía ver perfectamente reflejada en él. Lo quise tacar, pero antes de que mi mano, tocase al espejo, algo, o mejor dicho, alguien, salió de allí, que además hizo que me empujara y yo me cayera. Era un chico, de unos 17 años, pelo negro, muy negro, y unos ojos… ¡Dios, que ojos! Eran verdes, verde claro. El chico me miraba desde la altura, contemplándome, frunció el ceño.

─¿A quién le perteneces? ─¿Cómo? ¿Qué a quién le pertenecía? Y al ver que no le contestaba, se movió hacia mí, y me dio miedo, a si que me eche hacia atrás, todavía en el suelo y a él, no le gustó eso ─respóndeme ─pero… ¿Qué quería que le respondiese?

─No… no se ─se pasó una mano por su cabello negro. Bueno… a parte que no os he comentado nada de su vestimenta… bueno… él… iba… con unos pantalones vaqueros…muy ajustados… si, nada más, iba descalzo y sin parte de arriba… y además, iba sudando, y ahora mismo, al recordarlo, me están entrando unos calores… pero bueno… el tema es que a mi me daba mucho miedo, y no tenía ni idea de lo que estaba pasando, ni donde estaba, ni nada.

El chico me cogió de la muñeca rápidamente, haciendo que me levantara del suelo de golpe, y chocándome contra su cuerpo, por que el chico no era my alto, o yo es que había crecido… que era lo más probable, entonces mi cabeza le llegaba justo por el pecho… y que pecho… el caso es que estaba muy pegada a él, y yo estaba muerta de miedo, eso si, ni una sola lágrima me caía por el rostro, ya que pensaba que ya las había gastado todas. Y aunque tenía miedo, levanté mi rostro hacia él.

─¿De donde vienes? ─¿de donde?, pues… ni idea, ya que salí corriendo.

─Salí corriendo de una habitación, no se donde está ─Hizo una mueca de desagrado.

─¿Huías? ─yo negué con la cabeza, por que yo no estaba huyendo, ¿o sí? ─¿Y por qué corrías? ─Pues… quería saber donde estaba.

─No se donde estoy ─él esta vez, me sonrió fríamente.

─Eres nueva, y te dejaron en la habitación, y tú… decidiste que huir era lo mejor. ─yo asentí ─Pues estás muy equivocada, ya que te esperará un castigo mayor que estar encerrada en este sitio ─¿mayor castigo que estar encerrada con un hombre que te pega, y las veinticuatro horas del día temiendo? No cero que haya algo peor que eso. Pero por un momento, pasó mi vida entera por delante, en un segundo, toda mi vida, y entonces, algo dentro de mí, entro, algo que en ocasiones, había experimentado, algo, que se quedaría dentro de mi, para siempre, algo, llamado MADUREZ. Entonces, le miré bien a los ojos, y sabiendo, que desde ese día, no me arrepentiría de nada, y así, ha sido hasta hoy.

─No creo ─le respondí llena de valor. Intenté separarme de él, y lo conseguí, pero no sin antes, que me hiciera un poco de daño en el brazo por tirar, después de haberlo conseguido, di un paso hacia a tras.

─Estás empeorando las cosas ─él intentó cogerme del brazo, pero yo pegué un salto hacia atrás. Yo, tragué en seco. Observé como el chico resoplaba lentamente, y a mi me entró un escalofrío al verlo, di otro paso hacia atrás. ─No juegues niña. ─el chico se acercó a mí lentamente, y yo, me alejaba de él. Entonces algo ocurrió, y en un abrir y cerrar de ojos, el chico, desapareció de mi vista, dejándome muy confundida, miraba para todos los lado, pero no aparecía por ningún lado, hasta que algo, o mejor dicho alguien, me agarró por detrás de los brazos, entonces, le oí ─Ya te tengo, ahora no escaparás, tendrás que venir conmigo. ─Noté como apretaba mis pequeños brazos entre sus manos.

─No, suéltame, me haces daño. ─Pero él no me hizo caso.

─Vas a venir conmigo, ya me cansé. Te quedarás conmigo hasta que venga tú amo a buscarte. ─Mi amo…otra vez con ese hombre no, y la verdad, es que en el fondo, prefería quedarme con aquel chico, claro, que era muy pequeña para ¿reconocerlo?

El chico, me soltó el brazo izquierdo, se puso delante de mí, dándome la espalda. Comenzó a andar, me llevó por un montón de pasillos, y yo, me iba quedando con cada paso que dábamos, izquierda, izquierda, derecha, todo recto y la primera a la derecha… absolutamente todo.

Después de andar ya un rato, se paró delante de una puerta, y llamó, dos golpes suaves, pero a la vez fuertes. Era muy raro, ya que desde todo el rato que estuvimos andando, no había nadie por los pasillos, y la verdad, es que era mejor así.

Unos segundos después de estar allí esperando, alguien abrió la puerta, otro chico, rubio castaño, vestido con un traje azulado, y con algunas rayas amarillas en los costados, en los brazos, y en las piernas. El rubio, al mirar al chico que venía conmigo, agachó la cabeza.

─Señor…

─¿Está Freezer? ─preguntó el chico que venía conmigo. Freezer, será ese el nombre de mi ¿amo?, no creo, y… además, ¿quién es este chico que está a mi lado?, por que al parecer, el chico rubio le tenía respeto.

─Si, el señor está reunido.

─Bien, de todas formas, pasaré. ─y el chico, me llevó con él hacia dentro de la sala, pero no sin antes, mirar al chico rubio, el que me dio una sonrisa que me congeló. Cuando entramos en la sala, el chico, el pelinegro me soltó, y se volteó para quedar en frente mía, bueno… él era más alto, pero… si, en frente mía.

─Por tu bien, más te vale que no te muevas de aquí, por que te están vigilando, y yo volveré enseguida ─y dicho eso, salió por donde habíamos venido. Así, sin decirme "nada", yo no me quería quedar allí, no había nadie, pero, aún así, me daba mala espina, que horror. Empecé a caminar por la sala, en círculos, me sentaba en el suelo, luego me tumbaba, luego me levantaba, en general, me aburría. La verdad es que no se cuanto tiempo estuve allí, pero se me hizo eterno, claro que hasta que alguien apareció, otro chico, era joven, dos o tres años mayor que yo, tenía los ojos claros y el pelo castaño, tenía unas facciones suaves. El chico se acercó a mí. No era muy temible, pero cada paso que él daba hacia mi, yo lo daba hacia atrás, hasta que… como siempre, algo te para, en mi caso, una pared, y aunque yo me hubiese parado, el chico seguía viniendo hacia mí.

─¿Por qué huyes?, yo no te voy a hacer nada. ─No sabía si me lo estaba diciendo en serio, pero yo, no le creí, y sin quererlo, las lágrimas, se derramaban sobre mi rostro. Entonces si, el chico paró. Pero no por mí, sino porque alguien, le llamó.

─¿Qué se supone que haces? ─oí una voz detrás del chico, pero no le veía. Lo hice nada más que le chico se hubo apartado, y eso sí, lo miré muy detenidamente, empecé por su pelo, negro, muy oscuro, e incluso pensé que era demasiado oscuro, luego me llegaron sus ojos, y aunque no sabría muy bien describirlos, algo de rojo tenían, mezclado con el demonio y la maldad, nariz pequeña y redonda, labios finos y fuertes, rasgos de galán, y de príncipe, aunque algo más de caballero que de príncipe; porte corpulento y mullido, esculpido a la perfección por algún profesional, y en ese momento, aquel príncipe, parecía sacado de un cuento de hadas, claro no, moderno, de los modernos, de los de hoy en día, ya sabes, un chaval adolescente de los de hoy en día, claro que, eso era por fuera… y no me quería imaginar lo que había dentro de ese cuerpo.

El chico de pelo castaño, le hizo una reverencia.

─Perdone señor, solo quería saber quién era esta chiquilla. ─dijo apuntándome con el dedo.

El azabache, me miró.

─Retírate ─le dijo al de pelo castaño, aún sin retirarme la mirada.

─¿Qué haces aquí? ─me dijo el chico de pelo azabache, con una voz fría, muy fría, como el mismísimo hielo.

─Me…me trajeron… ─La verdad es que estaba asustada, MUY asustada.

─¿Quién?

─Un chico.

─¿Y donde está ese chico? ─Se acercaba más a mí, y yo, no tenía escapatoria.

─Se fue ─le señalé la puerta de salida/entrada.

─Ya veo… ¿y por qué te trajo? ─¿debía contestar?, sí, debía, pero no lo hice.

─No lo se.

─¿Y sabes si va a volver? ─el chico me miraba fijamente, y se quedó donde estaba, a tan solo un metro de distancia.

─Sí.

─Pues habrá que esperarle., ¿no te parece? ─¿pregunta retórica? Pues ni idea, pero yo, no conteste. ─Vamos a hacer algo para divertirnos, ven conmigo. ─¿divertirnos?, ¿Por qué algo me da mala espina?

El chico me pidió que le siguiera. Sin salir de aquella sala, entramos a otra. En ella había un pasillo, y a la derecha, un gran ventanal, ¿Qué había? Pues la verdad, ni idea, ya que no conseguía ver nada. Seguimos caminando por un pasillo hasta que el chico, se paró.

─Entra aquí ─me decía que entrara a otra habitación. Y yo, hice lo que me pedía. Cogí el manillar, pero algo, me lo impedía, y por más que yo empujaba o tiraba, la puerta, no se movía ni un milímetro. Y entonces, miré al chico. Y me miraba ¿confuso?, ¿furioso? Y se arrodilló, quedando en frente mía.

─Cuéntame una cosa… ¿tú…sabes… sabes algo de… artes marciales? ─¿artes marciales?, ni idea, casi ni sabía lo que era, a si que se lo dije.

─No. ─El chico, resopló y se levantó.

Se alejó un par de metros, justo en frente de otra puerta.

─Ven aquí. ─yo fui, caminando despacio, un poco temerosa. ─Pasa por esa puerta.

Y yo, pase, el chico puso otra cara de sorpresa, cuando la puerta, otra vez, no me dejaba ni abrirla.

─Vale, ahora, intenta entrar en esa. ─una puerta que estaba justo en frente de la segunda sala, y la verdad, es que no había caído, pero en las puertas, había letreros, sala de entrenamiento 1, sala de entrenamiento 2, sala de entrenamiento 3… y a mí, me tocaba la tercera, ya que por la segunda u la primera, era imposible que yo entrase. Me coloqué delante de la 3ª puerta, y otra vez, me dijo que no.

─No me mientas, por que no vas a salir ganando, ¿hasa hecho alguna vez algo relacionado con las artes marciales? ─pero otra vez con las artes marciales, ya le dije que no, que pesado. Yo le negué con la cabeza. ─Más te vale, ahora, prueba la sala cuatro.

Y entonces, ocurrió, la sala, se abrió nada más que yo tocase la puerta, y antes de pasar, miré al chico. Y no se porque pensé que se podía poner contento, pero pensaba realmente mal, el chico estaba muy serio, o sino, enfadado.

─Pasa, y quédate aquí hasta que vuelva. ─yo le hice caso, y noté como la presión, me aplastaba pero al segundo, se me pasó, pero eso si, sentía como mi pequeño cuerpo ardía. La sala estaba absolutamente vacía, era una sala redonda, de color azulada, con unos ¿focos? en el techo, y que daban unos tonos violáceos por toda la sala. Y como no sabía que hacer allí, me puse a correr.

No sabía cuanto llevaba corriendo, pero algo me decía que llevaba casi una hora. Yo no quería desobedecer, pero… me estaba orinando, y tenía que ir al baño, si por allí había. Entonces, oí la puerta abrirse, y me giré rápido, pero desearía no haberlo hecho. Era aquel hombre, el rubio de ojos claros, algo me dijo que algo iba a salir muy mal, allí estaba mi presentimiento. El hombre, al verme se quedo paralizado. Pero a los dos segundos, ya venía hacia mí, estaba muy enfadado, y parecía que echaba espuma por la boca.

─¿Qué demonios haces tú aquí? ─No me salían las palabras del miedo que tenía. ─No juegues conmigo mocosa, ¿Cómo has conseguido pasar? ─Cada vez me daba más miedo, me recordaba a mi padre, y la verdad, todavía no sabía que era peor. ─No me hablas… ya veo. ─Entonces, mis recuerdos, pasaron a ser hechos en el presente, los puños caían en mi pequeño cuerpo como dagas, notaba como me atravesaban el corazón, las patadas, eran balas que venían a mil por hora, y me herían profundamente, atravesándome, sin piedad, con maldad ¿Cómo pueden herir así a una niña, UNA NIÑA DE 10 AÑOS, ¿Qué había echo yo para merecerme eso? ¿Tan desdichada era? Entonces, todo paró, y yo, ya no sentía nada, mi cuerpo inerte, vagaba entre la vida y la muerte. Pero algo muy raro pasaba, ya que, mi cuerpo, no estaba allí presente, pero mi cabeza, seguía presente.