Capítulo Dos

Uno diría que después de la guerra y de que, ambos, tu padre y tu abuelo fueran asesinados en ella las cosas estarían mal. Pero era todo lo contrario. Se podría decir que todo estaba bien.

Aún nos permitían vivir en la casa de mi abuelo. Y mi hermano mayor Alezandro, siendo la cabeza de la familia, tenía un trabajo en el gobierno. Las gemelas y yo aún íbamos a la escuela, ellas en Primera y yo en Segunda. Mi madre, rica desde el día en el que nació, tenía las herencias de su tía abuela Hensry y la de sus padres. Por lo tanto, el único que trabajaba en esa casa era Alez. Aún teníamos a todos los sirvientes, lo que era bueno ya que ni mi madre ni yo sabíamos hacer quehaceres domésticos.

— ¿Felicity, podrías bajar a la cocina?— dijo mi madre desde la primera planta.

— ¡Felicity, ven! ¡Ven!— gritaban las gemelas mientras subían las escaleras, a brincos. Un día de estos esas niñas se quedarían sin dientes.

— ¡Ya voy, mamá!— grité guardando mi diario y pluma. Bajé las escaleras corriendo. Yo también terminaría sin dientes—. ¿Qué ocurre?

— Hace rato, cuando iba camino al mercado, Maritta me dijo que el gobierno quiere a todos en sus casas pues la Presidenta tiene un anuncio que hacer a las 6:00 PM.

— Debe de ser importante.

— Y lo es, hermanita— dijo Alezandro entrando a la casa—, siempre que tienen anuncios los vemos en la oficina pero hoy nos dieron la tarde libre a todos y nos dijeron que a nuestras casas.

— ¡Qué raro!

— ¡Yay! Alez tomará el té con nosotras— dijo Anila.

— No podremos tomar té hoy, Anali-dijo mamá—. Tenemos que ver la televisión.

— Primero: yo soy Anali- dijo la gemela del vestido morado—. Segundo: podemos ver la tv mientras tomamos el té.

Media hora después ya teníamos el té y los pastelillos listos. Alez trajo la mesita de té de las niñas a la sala porque estas insistieron en que era mejor que la del comedor. Una vez todos en la sala las niñas nos sirvieron el té y cada quien tomo un pastelillo de zarzamora.

— Felicidades, Anila, te quedaron riquísimos.

— Gracias, Fel.

— ¿Fel, y a mí cómo me quedó el té?— preguntó Anali, obviamente preocupada.

— De maravilla. Las dos son unas grandes chefs— dije sonriendo. Un instante después la TV se prendió por sí sola o, como dicen las gemelas, con magia. La cara de Paylor apareció en pantalla y todos en Panem guardamos silencio.

— Buenas tardes, ciudadanos de Panem— dijo nuestra Presidenta—. Quisiera hoy hablarles de una decisión que el Comité y yo hemos tomado. Al buscar una forma con la cual haceros presentes a ustedes queridos ciudadanos de este país que es Panem de que la guerra ha terminado y de que hay que respetar al nuevo gobierno hemos decidido que se darán a cabo unos últimos Juegos del Hambre.

Esta vez, en lugar de que los hijos de los distritos de Panem sean elegidos como tributos, los niños del Capitolio serán los tributos. Se escogerá a un niño y a una niña por cada zona del Capitolio. Y dado a que hay 12 zonas tendremos 24 tributos. Eso es todo, que tengan una buena noche— y con eso la televisión se apagó.

Mi madre estalló en llanto mientras Alez se disponía a tirar la TV y romperla como si esta fuera la mismísima Paylor. Mariatta tomó a las niñas y se las llevo a su cuarto. No sabía qué hacer y tenía miedo. Yo era la nieta del ex presidente. No me sorprendería que mi nombre entrara más veces en la urna.

Salí de la casa corriendo. Poco a poco, las personas también abandonaron sus hogares. Padres enojados, madres llorando con su maquillaje corrido y los niños en edad atónitos.

Corrí hasta que llegué a la Zona 10. Ahí me dirigí a la casa más grande, la plateada. Geraldine ya me esperaba afuera. Se notaba que había llorado.

— Fel.

— Lo sé, Dine— la abracé y lloré—. Mi nombre estará más veces, lo sé. Yo lo sé.

— Shh— dijo—. No lo digas. No lo digas, por favor.


Miseria. Esa era la palabra que pensaba al ver los distritos más alejados del Capitolio. Los niños pidiendo comida en las calles sin nada con que abrigarse en el frío invierno.

A mis 14 años yo ya había recorrido cada uno de los distritos de Panem. Desde las lujuriosas calles incrustadas de diamantes del Uno hasta los caminos llenos de cenizas del Doce.

En mi cuarto tenía una mesa de cristales rosas que estaba reservada para los regalos que bien mi abuelo o padre me traían de algunos distritos.

La mesita en sí era del Uno, junto con una bola de cristal que dejaba ver un arcoíris al ponerse al sol. Del Dos tenía una colección de diferentes tipos de rocas todas en forma de huevos. Un pequeño robot del Tres. Un tazón lleno de perlas y de conchas y caracoles de mar del cuatro. Del Cinco tenía una caja de cristal en la que había una luz que flotaba, parecía el mismísimo sol. Del Seis tenía un trenecito muy carismático, y rosa. Tenía un árbol hecho de madera real que servía para colgar aretes del Siete. Del Ocho tenía hermosos vestidos que, obvio, no se encontraban en la mesita. Un bol lleno de cereales del Nueve, y de semillas de muchas variedades de frutas del Once. Y por último del Doce tenía un frasco lleno de cenizas que encontré en el suelo del mismo. Lo quise pensando que era arena negra.

Extrañaba a mi abuelo. Él no era tan malo como todos creían. Siempre fui su favorita de todas las niñas de la familia. Según él, las gemelas estaban bien pero eran muy gritonas y Tessa, mi prima, era muy rebelde.

Al día siguiente en la escuela todos lloraban y se abrazaban. Veintitrés de nuestros compañeros morirían en los siguientes meses.

Después de mediodía la mayor parte del alumnado estaba más tranquilo. Aún había uno que otro llorando pero no muchos. En el último período del día entró el director y le dijo algo a la maestra de arte. Cuando terminó, nos miró a todos como queriendo adivinar quién de nosotros no estaría en unos meses. Sus ojos se posaron en mí y vi tristeza en su mirada. Él había sido el mejor amigo de mi padre desde Segunda.

— Chicos, guarden silencio, por favor— dijo la maestra—. El director me ha pedido que les informe que hoy a las 5:30 PM todos tenemos que estar en el parque de nuestra zona. ¿Me escucharon?, nada de "me voy con el novio, que con mi amiguita", nada.

Theo levantó su mano para hacer una pregunta.

— ¿Sí, Nott?

— ¿Maestra, sabe usted para qué nos quieren ahí?— preguntó con curiosidad el chico

— Me temo que es otro anuncio, señor Nott.

Tomé la muñeca de Alez y miré la hora. Eran las 5:20 PM. Aún faltaban unos diez minutos hasta que empezara el anuncio.

Divisé a la Señora August a unos metros nuestros. A ella y a sus cinco hijos. Al único que no vi, a parte del Sr. August que estaba en el trabajo, era al hijo mayor de la Sra. August, mi mejor amigo, Marlo. Mario y Marco tienen cinco años y son los más pequeños de la familia August, Todavía les falta un año para entrar a la escuela mientras que Malina ya tiene diez y cursa Primera. Muldro, de doce, está en Segunda, y Marlo con diecisiete, en Tercera. Mila se convirtió en modelo y está comprometida con un chico que nunca he visto.

Anoche después de irme de casa de Dine no tuve tiempo de ir a la de Marlo, y hoy fue día de escuela y él está en Tercera.

— Buenas tardes, Maroe— dije, dándole un beso en la mejilla—. Mila, Malina, Marco, Mario, Muldro, hola. No me faltó nadie ¿cierto?

— Hola, Fel— dijeron todos al unísono.

— Marlo fue a buscarte— dijo Mila, la mayor.

— Gracias, Mila— dije—. ¡Adiós!

Marlo estaba buscándome cerca de la fuente. Grité su nombre y me vio. Entonces empezó a correr hacia mí y yo hice lo mismo.

Nuestro abrazo duró hasta que ya no podía respirar. Qué va, ¡el tipo era un gigante! Todas las chicas querían estar con él.

Su cabello dorado se ve súper bien con sus ojos cafés y con su piel color miel. Su cuerpo también llama la atención si saben a lo que me refiero.

— Tu nombre entrará más veces— me dijo mirándome a los ojos.

— Lo sé.

— No dejaré que te hagan daño— dijo tomando un mechón de mi cabello rosa y poniéndolo detrás de mi oreja.

No tuve tiempo de preguntarle a qué se refería ya que el reloj del parque marcó las 5:30 PM.

Caminamos abrazados hasta encontrar a mi familia. Apuesto a que la gente pensaba que estábamos saliendo. Ya veía nuestras caras en las revistas mañana.

— Bienvenidos, bienvenidos, queridos ciudadanos de la ZONA 7—dijo Effie Trinket, la ex escolta del Distrito 12—. Como ya sabemos, este año se llevarán a cabo los últimos Juegos del Hambre. La presidenta Paylor nos ha pedido a todos los antiguos estilistas, mentores y escoltas, los que aún estamos vivos, claro, que participáramos en estos acontecimientos. Tras el declinar de algunos tuvimos que conseguir a otros estilistas y escoltas. Pero bueno eso no es importante— se interrumpió a sí misma con una sonrisa—. Estoy aquí para informarles de los eventos que tendremos en estos juegos y sobre el cambio de algunas reglas.

Primero, tendremos la Cosecha, que será en tres días. Como todos los años tendremos dos urnas, una con los nombres de las niñas de la zona y otra con los de los niños. Quien quiera puede presentarse voluntario.

Después de eso los tributos tendrán que mudarse al Centro de Entrenamiento. El entrenamiento durará un mes, en vez, de los tres días que los tributos de los juegos anteriores tenían.

Durante ese mes habrá muchos eventos y fiestas que serán, como siempre, televisadas. Primero tendremos el Desfile de Tributos, seguido del Baile Dorado, el Baile del Patrocinio, el baile que oficia la familia Snow cada año, y, por último, las Entrevistas de Tributos.

Bueno creo que eso es todo. Que tengan un gran día en el hermoso Capitolio.

Con eso la mujer de cabello rosa se fue y las familias de la Zona 7 empezaron a irse a sus casas.

Había sido un largo día.


Bueno bueno espero les alla gustado y comenten mucho mucho pleaseee!

Nathii