gomene.

Inazuma Eleven GO! (c) Level-5


Capítulo 11

"De último minuto"

Hiroto/Midorikawa

[Hiroto's POV]

Eran pasadas las 5 de la tarde y estaba a punto de marcharme del trabajo junto con mi secretario.

–Deberíamos tomarnos mañana el día libre–le comenté.

–Sabes bien que no puedes faltar al trabajo. Eres el jefe–sonrió.

–Un día que no vengamos no debería pasar nada–me quejé. –Además tengo una buena excusa para no venir.

–Seguro, pero aun así un no es un no.

Suspiré exageradamente. Bien, lo que ocurría era que el día de mañana se cumplía un año desde que Ryuuji y yo habíamos comenzado a salir y realmente quería disfrutar la fecha con él, pero como siempre debía darle tanta importancia al trabajo para negarse a faltar.

No podía hacer nada al respecto, algo me idearía para salir temprano mañana.

Salimos de la oficina rumbo al elevador cuando Nanami me detuvo.

–Jefe, espere. Acabo de recibir una llamada para usted–me dijo.

–¿Qué es?

–¿Recuerda la junta que tenía planeada la empresa de Tokio?

Asentí. Nuestra compañía asociada en Tokio quería tratar unos asuntos con nosotros desde hacía tiempo y querían hacer una junta con todos los empresarios importantes, sin embargo no se había decidido todavía mucho.

–Pues se acaba de decidir que será mañana–dijo.

–¡Mañana! ¿Cómo? ¿Por qué me avisan un día antes?

–No sé, pero es necesario que asista. Todos los directivos acudirán sin falta. Es difícil conseguir vuelos disponibles de un día a otro, pero por suerte encontré un espacio en un vuelo.

Torcí la boca. ¿Por qué de todos los días tenía que ser mañana?

–Supongo que podré llevar un asistente–aventuré con esperanza de que no todo estuviera arruinado.

–Sé requirió sólo la presencia de usted–me contestó. –Además no hay más asientos disponibles en el vuelo.

–Entiendo. ¿Y realmente no puede ir un representante mío?

–No que yo tenga entendido ¿Hay algún inconveniente?

Sí, pero no podía decirle.

–Jefe–habló Ryuuji de repente. –Está bien. Usted es la cabeza de la empresa, debe asistir. Es muy importante, ¿no?

Lo miré y él me sonrió.

–Supongo–me rendí. –¿A qué horas es la junta?–le pregunté a la recepcionista.

–A las 8 pm, pero el vuelo sale a las 10 de la mañana.

–¿Eh? ¿Y eso?

–Cómo le dije, no encontré otro vuelo disponible.

Así que realmente perdería el día entero.

–Muy bien. Cualquier cambio de planes, me manda avisar–le dije y me fui junto con Ryuuji.

Ingresamos al ascensor.

–Ryuuji–me aclaré la garganta. –¿Realmente está bien que me vaya mañana?

–No se puede evitar. Debe ser algo importante si insisten tanto en que vayas incluso cuando te avisaron con un día de antelación–comentó. –Seguro que podremos celebrar otro día.

Su tono no dejó traslucir ningún tipo de decepción, pero sentí que realmente le entristecía.

–Lo lamento–murmuré.

–No es tu culpa.

Pero aun así me sentía mal por ello.

Cuando llegamos a la casa, Ryuuji se metió a bañar y yo me puse a acomodar una pequeña maleta que llevaría el día de mañana. Aunque todavía estaba algo resentido por el súbito cambio de planes, ya no podía echarme para atrás.

Ryuuji salió del baño ya en pijama y se acostó. –Buenas noches. –dijo.

Torcí la boca. –Buenas noches–y seguí haciendo mi maleta.

A la mañana siguiente desperté temprano ya que Ryuuji insistía en que iría a trabajar. Tras discutir un poco con él, lo convencí de que se quedara en casa y me acompañara al aeropuerto.

Fuimos en mi carro, en el camino traté de bromear diciéndole cómo tendría oportunidad de manejar el auto de regreso. Él me dijo que nunca había tenido gran interés en manejarlo, pero podía adivinar que estaba mintiendo.

Una vez hallé un lugar donde estacionarme, bajamos del auto y traje mi equipaje.

Entramos al moderno edificio y fui a cerciorarme que mi boleto estuviera en orden. Como mi maleta era lo suficientemente pequeña para llevarla conmigo, no tuve que documentar nada.

Ryuuji se mantuvo callado la mayor parte del rato. Llegamos al área donde él ya no podía pasar conmigo. Me detuve y por un momento no se me ocurrió nada que decir.

–Que te vaya bien–dijo él antes de que se me viniera algo a la mente.

–Ryuuji…yo lo siento, en verdad…

–De verdad no te preocupes por mí. No pasa nada. –trató de animarme.

–Voy a compensarlo–le prometí.

El rio y negó con la cabeza.

–Cuídate–fue lo último que me dijo antes de que nos tuviéramos que separar. Me empecé a alejar, sin embargo, sin pensarlo di media vuelta y me atreví a robarle un beso ahí en medio de la gente. Me miró atónito antes de que me marchara rumbo a la terminal donde abordaría el avión.

El viaje en el avión pasó más rápido de lo que esperé, también gracias al hecho que dormité la mayor parte del tiempo.

Cuando el capitán anunció que habíamos llegado a Tokio, me asomé por la ventanilla y observé lo grande que era la ciudad.

Bajé del avión y busqué la hoja donde Nanami me había anotado el hotel donde me quedaría. Busqué transporte y me dirigí hacía allá. En el hotel un empleado de la empresa asociada me daría detalles sobre la junta.

En cuanto llegué y me acomodé en mi cuarto me aventé a la cama. Tendría demasiado tiempo libre hasta que fuera la junta. Tomé mi celular del bolsillo y lo miré.

No vendría mal llamar a Ryuuji, pensé, aunque si estaba en el trabajo seguramente se enfadaría conmigo. Después de analizarlo un poco, resolví en enviarle un mensaje de texto.

"Ya estoy en el hotel ¿Cómo estás?"

Envié el mensaje. Esperé unos minutos y mi celular sonó anunciando un mensaje nuevo. Chequé para ver que Ryuuji me había contestado:

"Estoy bien, me dejaron el día libre así que estoy en la casa ¿Qué tal tú?"

Sonreí y comencé a escribir otro mensaje. Así me pasé enviando mensajes una buena hora hasta que el teléfono de la habitación sonó interrumpiéndome.

–¿Diga?–contesté.

–Kira-san. Soy el enviado de la empresa Kamigawa. Le traigo la información sobre los temas a tratar hoy. Si es tan amable de bajar a recepción. Por favor. –me dijo.

–Muy bien. Voy para allá.

Tomé mi celular y salí de la habitación. Entré en el elevador y presioné el botón de planta baja.

Envié otro mensaje. "Realmente estoy aburrido. Te extraño, Ryuuji."

Las puertas del elevador se abrieron y guardé mi celular en el bolsillo del pantalón. Busqué en la recepción a la persona que se viera más formal, agotada y aburrida. Un hombre de cabello oscuro se adecuaba a esa descripción muy bien. Cuando me acerqué en efecto era el empleado. Me entregó unos papeles y me explicó a grandes rasgos el contenido de ellos.

–Por cierto, el jefe le extiende una invitación a comer en una hora. Un auto de nuestra empresa pasará por usted.

–Me parece bien. –asentí. Después de eso se despidió. Subí nuevamente a mi habitación.

Ryuuji no me contestó.

Sin tener nada más que hacer, decidí dormir un rato.

Después de que me despertara súbitamente para asistir a la comida, donde conocí a Okazaki-san, el jefe de la empresa Kamigawa; anduve de un lado para otro, más que nada perdiendo el tiempo hasta que dieran las 8 de la noche. Cuando finalmente llegó la hora, el mismo empleado que me había visitado en la mañana fue a recogerme al hotel.

–La junta empezará tan pronto lleguemos–me dijo.

–Muy bien, vamos.

El edificio no quedaba muy lejos de ahí. Al llegar subimos hasta el piso 23. La sala de juntas era muy amplia, la mesa era extremadamente larga para el número de asistentes.

Okazaki-san se puso de pie y nos agradeció nuestra presencia a todos. Hizo una pequeña introducción para que otra persona se pusiera en pie y explicara los términos a tratar.

Después de un rato dejé de entender lo que estaba explicando. Sabía que debía estar prestando más atención a lo que estaban diciendo, pero honestamente me era imposible. Tratando de evitar dormirme, saqué mi celular y lo desbloqueé.

Miré el fondo de pantalla de mi celular. Era obviamente una foto de Ryuuji y mía. La había tomado mientras estábamos en la oficina. Ryuuji se había quejado de que en lugar de estar tomando fotos con el celular debería estar cumpliendo con mis responsabilidades de jefe, sin embargo tras insistir bastante, y negociar varias cosas, accedió a que nos tomáramos una foto.

Por mala suerte justo cuando tomé la foto Ryuuji estornudó, resultando en que tuviera una mueca algo extraña en la foto. Claramente le desagradó el resultado, después de eso decidí ponerla de fondo.

Reí para mis adentros. Miré la hora. Eran las 8:36. La junta todavía seguiría una buena hora y media. Entonces noté que tenía un mensaje no leído. Lo abrí para ver que era de Ryuuji, lo había enviado ya hace bastante rato. Me pregunté por qué no había notado cuando me llegó.

"Yo también te extraño. Suerte en la junta." leí. Debajo de eso había otra cosa. "Feliz aniversario."

Me quedé pasmado un momento, pensando en cómo se encontraría. Una preocupación enorme me invadió.

¿Me extraña? ¿Se sentirá solo? ¿Triste? ¿Estará bien?

Mi mente se revolvía alrededor del deseo de ver a Ryuuji.

–¿Kira-san? ¿Hay algún problema?–me preguntó Okazaki-san.

Sin darme cuenta, me había puesto de pie. ¿Había un problema? Pues sí. Mi novio estaba sólo en nuestra casa el día de nuestro aniversario y me extraña. Consideraba eso un problema muy grave.

–Lo siento, debo irme –Me oí decir. ¡¿Pero qué estaba haciendo?! No debía hacer eso. –Tendrán que hacerme llegar la conclusión de la junta después.

Todos me vieron sorprendidos.

–¿Qué? Pe-pero, no se puede ir. Necesitamos su opinión en el asunto, es de vital importancia.

–Me aseguraré de opinar cuando me comuniquen los resultados. Tengo algo demasiado importante que atender y no tengo hasta mañana para ello. Con su permiso.

Sin dar tiempo a nada más, salí de la habitación. Una vez fuera corrí hacia el elevador y me dirigí al piso inferior.

Debo llegar al aeropuerto rápido. Espero poder encontrar un vuelo que salga a esta hora…

En cuanto salí del edificio conseguí un taxi, antes de irme al aeropuerto, necesitaba ir al hotel a recoger mis cosas.

Tan rápido como pude entré al lujoso hotel, dejando al taxi esperándome, y subí a mi habitación. Aventé lo que había sacado de mi maleta dentro y salí corriendo de regreso al piso inferior. Entregué la llave y salí, subiendo de nuevo al taxi. Le dije que me llevara al aeropuerto. El tráfico hizo que el trayecto demorara más.

Eran las 8:50. Tras otro buen tramo de carros atestados llegamos al aeropuerto. Entré rogando que hubiera un vuelo disponible.

–Necesito un vuelo que salga a la ciudad de Inazuma en este mismo momento. –pedí alterado a la primera línea que me topé.

La señorita detrás del mostrador me vio algo perturbada pero se dedicó a buscar en la computadora lo que pedía.

–Tenemos un vuelo que sale en 20 minutos. Sólo quedan asientos de primera clase–me informó.

–Está bien. Lo tomo–acepté sin más y le entregué la primera tarjeta que encontré en mi cartera.

Tecleó varias cosas en su computadora y después de unos minutos me dio un papel.

–Aquí está su boleto. Es el vuelo 3042 que sale de la terminal B.

–Muchas gracias–y con eso salí disparado a la terminal.

Pasé la revisión de equipaje tratando de no parecer apurado y posteriormente abordé el avión.

Ni siquiera cuando ya me encontraba sentado pudo disminuir mis ansias. La espera sería desesperante, lo supuse. El vuelo duraría una hora y media aproximadamente y eso era demasiado.

El avión despegó. Intenté mantener la mente ocupada pero no podía evitar revisar la hora cada 5 minutos.

Ya casi estoy ahí, Ryuuji.

Justo cuando pensé que alcanzaría el borde de la desesperación, un sonido salió de las bocinas del avión.

–Estimados pasajeros–avisó el capitán por el altoparlante, –estamos a punto de aterrizar en la ciudad de Inazuma, se les recomienda que… –dejé de prestar atención al tiempo que sentía la inquietud trepar por mi estómago.

Salí casi corriendo del avión y de la terminal directo a la salida. Miré mi reloj una vez más; eran casi las 11, todavía tenía tiempo. Justo cuando salí al exterior, me tropecé y caí sobre la banqueta.

Sólo faltaba esto.

Me puse en pie ignorando el dolor de mis manos, me limpié y me puse en marcha. Llamé un taxi y me llevó a mi casa.

15 minutos para las once. Tenía tiempo, tenía tiempo.

Bajé a trompicones del automóvil, pagué y dejé que el taxista se quedara con el cambio. Tomé mi equipaje y corrí hacia la entrada principal.

Llegué jadeante ante la puerta y toqué, no tomándome la molestia de buscar mis llaves entre el equipaje. Tardó un poco en lo que Ryuuji fue y me abrió. Cuando me vio, se quedó ahí pasmado.

–Hiroto ¿Qué…qué haces aquí? –dijo sin preámbulos.

–Regresé–sonreí.

–Pero… ¿no deberías estar ahora en una junta? ¡Era algo muy importante! Se suponía que vendrías hasta mañana.

–Tendrán que arreglárselas sin mí. Tenía que venir–suspiré.

–¿Seguro que esto estaba bien? ¡Qué van a pensar…!

–No importa. Seguro que alguna buena excusa me inventaré. No podía seguir allá sabiendo que estabas aquí, hoy no. No te podía dejar solo en nuestro aniversario–le dije.

Ryuuji estaba incrédulo, abrió la boca varias veces sin lograr pronunciar nada y de pronto comenzó a sollozar.

–¡Ryuuji! ¿Qué pasa?–me alarmé y le comencé a limpiar las lágrimas del rostro.

–No puedo creer que hayas vuelto por mí. Abandonaste una junta importante sólo para venir a verme–me sonrió y tomó una de mis manos. Entonces algo lo desconcertó y miró mi palma con atención. –Hiroto, ¿qué te paso en la mano?

–Me caí cuando salía del aeropuerto, pero no es nada–no le di importancia.

–¿Te duele?

–Un poco, nada que no pueda soportar.

Ryuuji tomó ambas de mis manos y las miró detenidamente. –¿Sabes? Una vez Hitomiko-san me enseñó un truco mágico para hacer que el dolor se fuera–me miró un segundo y seguido de eso besó cada una de mis manos.

Lo miré estupefacto.

¡Lo recuerda!

Lo abracé fuerte. Sin duda, hoy tenía que estar aquí, con él.

–¿Funcionó?–susurró.

–Funcionó–afirmé.

En ese momento me di cuenta que no había otro lugar para mí más que a lado de Ryuuji. Y que si podía, quería estar con él por siempre.

–Feliz aniversario, Ryuuji.


Un capítulo más...