Los personajes son de Stephenie Meyer, y esto es de mi autoría.
Capítulo beteado por Carla Liñán [MaeCllnWay], de Betas FFAD
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Prólogo

Ya va más de un siglo que no lo veo. Un siglo de dolor y sufrimiento, que con un crepúsculo cerraba un día más, pero que volvía a torturarme nuevamente con cada amanecer, y así hasta el fin de los tiempos. Porque para un ser como yo, ese era su destino: estar sola eternamente…

—Bella… —Rosalie me sacó de mis cavilaciones—. Bells, debes de dejar de torturarte así. No puedes estar todos los días con lo mismo. Él ya no está —y esa era su forma de salvarme siempre de caer en un abismo. Uno en el que nadie, excepto él, podría salvarme.

Suspiré y volví a cerrar los ojos. Esto era lo más parecido a dormir que podía hacer. El suave ronroneo del BMW de Rosalie, el ruido de los pájaros anunciando un nuevo día, el sonido del río que se mezclaba con el viento y golpeaba las hojas de los gigantescos árboles… todo lo escuchaba. Pero eso no me servía de nada, si no podía oír su melodiosa voz.

Abrí los ojos, tratando de sacar un poco de mi sufrimiento. Sabía que eso era imposible, pero de todas formas debía intentarlo. No era justo para Rose que yo me amargara así, al menos no delante de ella. Miré por la ventanilla del auto, y el cartel que ya hace mucho que no veía me daba la bienvenida al pueblo que me vio nacer.

Miré el cielo nublado y sonreí. En Forks siempre sería así. Volteé mi cabeza y la hermosa vampira me miraba con una sonrisa triste. Sus ojos dorados me miraban con lástima, pues ella sabía que este momento del día era el único en el que me permitía pensar en él.

—Yo… lo siento, Bella —dijo, un poco arrepentida—. No quiero dañarte, pero me da impotencia no poder hacer nada.

—No pasa nada, Rosie. Yo lamento amargarte la existencia.

Su mirada se puso vacía. Ella odiaba esta vida tanto como tener que pedir perdón. Los ruidos de afuera invadieron el cómodo silencio que se había instalado en el auto, y después de unos cuantos minutos, Rosalie detuvo el auto y nos estacionamos frente a la centenaria casa que habité hasta mis 14 años, antes de que me mudara a Chicago.

Ambas bajamos del ostentoso auto, y el color blanco de la casa, aunque ya bastante amarillento por el paso del tiempo, nos dio la bienvenida a este pueblo, que por una curiosa razón me hacía sentir en paz…


En caso de que no hayan leído la nota al final, estoy corrigiendo la historia. Así que verán nuevamente los capítulos, pero con los cambios aplicados.

Gracias por leerme, apreciaría un reviews diciendo como le parecen los nuevos capitulos3