Level-5 (c) Inazuma Eleven GO!


"Lo prometo"

Two-shot

Shindou/Kirino

Era temprano por la mañana en la escuela media Raimon, los estudiantes iban llegando poco a poco para comenzar las clases.

Uno de ellos en especial, había llegado en un carro negro lujoso, que ya no era extraño para los demás alumnos, e ingresaba a la institución.

Llegó a los casilleros para cambiar su calzado y se llevó una sorpresa, ya que al abrir su casillero, se encontró con una carta. El chico inspeccionó el sobre que estaba completamente en blanco, con un sello en forma de corazón.

–¿Otra admiradora secreta? –lo sorprendió una voz por detrás.

Se volteó para encontrarse con el chico de cabello rosado a quien consideraba su mejor amigo.

–¡Ah! Kirino, buenos días. –saludó. –Sí, alguien me dejó una carta en mi casillero.

–Vaya Shindou, realmente tienes gran éxito con las chicas.

–No es verdad. –contestó. –Una o dos admiradoras no es indicio de algo así.

Pero Shindou había recibido más de una o dos cartas de admiradoras secretas y su amigo lo sabía bien.

–Si tú dices, pero bueno, ¿la vas a leer?

Shindou se encogió de hombros. –No sé…realmente, no creo que…

–Entonces la leeré yo –dijo Kirino tomando la carta. –"Querido Shindou-senpai:" oh, al parecer es de primer año. "lamento lo repentina de mi propuesta, pero me gustaría que se encontrara conmigo en la salida detrás del edificio principal."

–¿Es todo?

–Sí….¿La iras a ver?

–No me gustaría dejarla plantada.

Kirino asintió vagamente.

–Vamos a llegar tarde a clases– dijo el moreno. –Anda.

Kirino lo siguió al salón de clases sin poder sacarse de la cabeza lo de la admiradora. Le incomodaba demasiado. No tanto el hecho de que Shindou recibiera la carta, sino la constancia de esas. Shindou recibía seguido declaraciones, y aunque hasta ahora las había rechazado todas, Kirino temía el día que aceptara alguna de ellas.

Y es que Kirino Ranmaru estaba enamorado de su mejor amigo.

Por común que pudiera parecer el suceso, la manera en que había terminado sintiéndose así fue algo no tan usual. Hacía ya bastante, habían hecho una promesa de niños, una promesa que tontamente se había tomado demasiado enserio, creía Kirino. Pero aunque quisiera no podía hacer nada al respecto, cuando Shindou le había pedido tan seriamente que no amara a nadie más que a él, Kirino obedeció estrictamente.

Sin embargo, eso había sido cuando ambos tenían tan sólo cinco años. No creía que Shindou siguiera manteniendo aquella promesa o que siquiera la recordara.

Shindou nunca lo había vuelto a mencionar desde aquella ocasión, por lo que Kirino tampoco lo había comentado. Sin embargo cada vez encontraba más difícil soportar aquello. Quedarse callado mientras Shindou se le escapaba de su alcance. Aunque nunca supo en primer lugar si había alguna posibilidad de que ellos dos…

Llegaron a su salón de clase y poco después el maestro comenzó con la lección. Después de eso, Kirino lentamente se quedó dormido.

Después del largo día de aprendizaje, el entrenamiento de soccer apetecía mucho a los integrantes del equipo. Shindou y Kirino se dirigían al campo donde tendrían la práctica ese día.

–Kirino–le dijo su amigo, –iré a ver a la chica que me dejó la carta, me tardaré un poco. ¿Puedes avisarle al entrenador que llegaré tarde?

–Está bien. ¿Le digo lo de la chica también?–dijo bromeando.

–Jajajá, claro que no–rebatió el capitán y se fue.

Kirino se apuró en llegar a los vestidores y cambiarse.

–¿Y Shindou?–le preguntó Kurama al verlo llegar por su cuenta.

–Se tardó un poco guardando sus cosas, me dijo que me adelantara.

Kurama no cuestionó más y pronto todos comenzaron el entrenamiento. Kirino avisó al entrenador Endou lo que Shindou le había indicado. Fueron unos 10 minutos los que Shindou se demoró con la chica. Kirino no quiso decirle nada en aquel momento, pero le preguntaría después de todas formas.

La práctica de fútbol siguió sin incidentes hasta su termino. Los chicos cansados, regresaron a los vestidores y se prepararon para cada quien irse a su hogar.

Kirino estaba listo para irse, pero esperaba por Shindou, ya que ese día iría un rato a su casa. Casi todos se habían ido ya. Aparte de ellos, sólo Tenma quedaba en el cuarto.

–¡Hasta mañana, Shindou-senpai, Kirino-senpai!–se despidió.

–Hasta mañana–dijo Shindou.

Una vez Tenma salió de la habitación, Kirino se atrevió a hablar.

–¿Y cómo te fue?–preguntó.

–Bueno, al menos no lloró–Shindou se encogió de hombros.

La rechazó, pensó algo aliviado el de cabello rosa. Me preguntó por qué nunca ha aceptado salir con nadie.

No era la primera vez que Kirino se cuestionaba aquello, había dejado ese asunto de lado en innumerables ocasiones, pero ese día sintió la urgencia de tratarlo. Dudó si sería adecuado preguntarle eso, debía ser cuidadoso de lo que dijera, si decías las cosas muy abruptamente podría ofender a su amigo.

–Shindou –comenzó casualmente,–aunque lo niegues, es cierto que muchas chicas se te han declarado... pero... –Kirino tomó aire y valor. –¿Por qué nunca has salido con ninguna? – Shindou lo miró extrañado. –No es que te esté cuestionando ni nada–aclaró. –Pero, tengo curiosidad.

Shindou torció la boca. –No puedo salir con ninguna de ellas, Kirino. No puedo corresponder a ninguna de esas chicas, –Kirino sintió el alivio trepar por su estómago. –me sentiría mal, pero no tengo ojos para ninguna.

El alivio se le quedó atorado al defensa. –¿Por qué? Acaso... ¿tienes ya a alguien que te gusta?

Shindou miró confundido a su amigo. Kirino trató que su cara no denotara la angustia que tenía por la posible respuesta.

El moreno volteó su rostro, avergonzado. –Pues sí hay alguien... ¿Y tú? Kirino, ¿a ti te gusta alguien? Tú también has recibido varias declaraciones, y tampoco has salido con ninguna chica.

Aquello lo tomó por sorpresa. ¿Qué le podría decir?

–Pues...sí. Me gusta alguien. –contestó sinceramente.

–Ah, ¿sí? –le tembló la voz. –¡Vaya! No sabía.

–Pues yo tampoco sabía que a ti te gustaba alguien, no te puedes quejar.

–¿Puedo saber quién es?

¡¿Por qué quiere saber?!

–Sólo si tú me dices también.

–¿Que te diga?¿No sabes quién? –preguntó Shindou exasperado.

–No.

Shindou sacudió la cabeza. –¡Está bien!

–Bien, dime.

–Dime tú primero.

Kirino lo miró enojado. Shindou le regresó la mirada.

A eso siguió un silencio incómodo. Ninguno de los dos chicos sabía que decir.

Fue entonces Shindou quien resolvió romperlo.

– ¿En serio no lo sabes?

Kirino negó con la cabeza.

Shindou suspiró hondo. –Pues ¿Cómo que quién? Por supuesto que tú.

Kirino abrió la boca sin poder decir nada, estupefacto. Shindou lo miró nervioso, la vergüenza asomándose en sus facciones.

–¿Qué? –logró decir el defensa. –Pero ¿cómo...? No entiendo, yo...

–Hicimos una promesa ¿no? – susurró el capitán. –Yo no la hice en vano y no la he roto.

–Yo pensé...pensé que no te acordabas...

–Lo recuerdo más que bien, aquel día nuestra maestra me había intentado explicar qué era el amor–sonrió. –Y yo estaba seguro que eso que ella me dijo era exactamente lo que sentía por ti, aunque ella no me creyó. Corrí a decirte e hice esa promesa contigo para asegurarme que no fueras a querer a nadie que no fuera yo… algo egoísta de mi parte, debo aceptar.

¡Qué bien le había funcionado aquello!

El otro todavía seguía sin creerlo. –¡¿Por qué no me habías dicho?! –ahora Kirino se sentía enojado y algo dolido.

–No sabía si tú realmente sentías algo así por mí. Después de todo casi te obligué a hacer esa promesa. Pero bueno ya te dije a quién quiero, ahora dime, Kirino, ¿Quién te gusta?

Kirino se quedó en silencio un momento, su estómago revoloteando sin cesar.

Tragó saliva. –Yo tampoco olvidé esa promesa ¿sabes? Tal vez...en aquel entonces no estaba seguro a que me estaba comprometiendo, pero con el paso de los años…yo…yo tampoco he roto esa promesa ¿sabes?

Shindou miró esperanzado a su amigo. –¿Entonces…?

–Sí –dijo con la cara roja a más no poder, –me gustas tú, Shindou.

El capitán sonrió ampliamente. –Bueno, eso es un alivio.

Kirino sentía sus mejillas calientes, no le gustaba verse así enfrente del moreno.

–Ya deberíamos irnos –indicó el ojiazul.

Shindou coincidió con él y se puso en pie. Extendió su mano a su amigo.

–Kirino, ¿sabes qué es el amor? –preguntó el capitán sonriente.

El defensa no pudo evitar sonreír también. –Sé cómo se siente al menos.

Kirino tomó su mano y en ese momento Shindou estuvo seguro que Kirino Ranmaru era esa persona especial que estaría el resto de la vida a su lado.


Gracias por esperar tanto tiempo por esto. Espero haya llenado expectativas y si no ¡me pueden reprochar!