(Muchas) Gracias Lectora diurna y Harmonie. Me hicieron tenerle un poquito más de fe a esta historia.

Para LD (no puedo enviarte pm), en mi cabeza los hermanos Dixon se llevan por lo menos catorce años. En la wikia de The Walking Dead dice que Merle está entre el final de los cuarenta y el principio de los cincuenta y que Daryl está en la mitad de sus treintas. Con eso me guié.

En cuanto al drabble de hoy, todos sabemos que Merle no fue un buen hermano. Pero viéndolo en la nueva temporada, no sé, yo veo en él verdadera preocupación y un deseo real de reencontrarse con Daryl. Y no creo que ese deseo haya salido de la nada, no, los dos tienen su buena cantidad de años y entre ellos debieron haber pasado cosas. Y esas cosas las van a encontrar aquí en Dixon Blood.


Todo es una cruz

Todo es una cruz que va a cargar con él por siempre. ¿Qué sucede en su casa cuando él no está presente?

¿Su padre vuelve? ¿Se queda más tiempo en la taberna a propósito? ¿Sabe que Daryl está solo?

¿Siente culpa por ello? ¿Es capaz de sentirla? ¿Es capaz de sentir algo?

Merle deseaba que así fuera, que sintiera la mitad de la culpa que él sentía por dejar solo a su pequeño hermano.

Pero debía hacer lo que hacía. No podía dejar de traer comida a la casa, no podía dejar de proteger a Daryl. Lo necesitaba. Y ahora, estaba solo, en ese asqueroso remolque. No quería pensar en lo que sucedía allí cuando él no estaba. Tampoco Daryl quería contárselo.

Temía que la policía llegara y se llevara a su hermano a vivir con una familia sustituta. Aún sabiendo que eso sea probablemente lo mejor. Muy probablemente.

Temía que su padre volviera y descargara en Daryl lo que no podía descargar en él.

Temía que alguien fuera y les quitara su hogar, ocuparlo como si fuera suyo y dejando a Daryl en la calle.

Temía que sus enemigos hicieran visitas por allí, encontraran al pequeño y le hicieran pagar por lo que Merle les haya hecho.

En definitiva, temía por Daryl y por su bienestar. Que no falte a la escuela, que tenga algo para comer, que no pasara frío por las noches.

A veces se preguntaba si su hermano lo extrañaría.

Deseaba estar allí, pero sabía que por mucho que quisiera lo contrario, siempre volvería al reformatorio, o a la cárcel. Ya casi tenía veinte años. Tal vez debía replantearse algunas cosas, como aceptar aquel trabajo en la granja. El día tiene veinticuatro horas y estaría afuera solo quince, mucho menos que las veinticuatro de su padre.

Estaba decidido, no volvería. De la misma forma en que no volvería la infancia de Daryl. Debía concentrarse en recuperar la libertad.

Entonces lo ayudaría a construir fuertes, jugarían a los prófugos, le enseñaría a tocar la guitarra, a disparar un arma. Quizás hasta se fueran de campamento. Pero con su propia tienda de campaña, con sus bolsas de dormir. Después de todo, esa era la causa de su encierro. Principio de incendio en bosque de propiedad nacional. Sonrió y se acomodó en su celda. No se arrepentía de haber reducido a cenizas los regalos del desviado de Samuel.

Suspiró. Al menos esta estadía sería más corta. Tal vez, tan corta y efímera como su decisión de ser el padre que ninguno de los dos tiene.