Nos veremos otra vez

—Si nos vamos ahora, te dejaré sentarte detrás de mí en la motocicleta.

Daryl se lo pensó por un momento y Merle continuó insistiendo. Esa sonrisilla divertida no desapareció de su rostro y la mano que se movía, invitándolo a acercarse. Vació sus manos haciendo caer al suelo sus pertenencias. Abrigo, cuchillo, crayones y cuaderno. Los objetos dispuestos a descansar alrededor del círculo vacío que el niño dejó al ya no estar más allí de pie.

Los dedos de James dibujaban círculos en el vidrio de la ventana principal, Dolly tosía y continuaba tejiendo, la fiebre creciendo, se sentía cada vez peor.

Se acomodó como pudo haciéndose un lugar entre los codos de su hermano, que apartó la funda de su mandolina para que Daryl pueda ubicarse idóneamente.

—Vamos. Ahora —parafraseó.

—Entonces sí, ¿verdad?

Olvidó todo cuando las mechas de su flequillo le hicieron esas cosquillas en la nariz, cuando Merle se quitó de los bolsillos las amenazas mal escritas de Jack, la foto de su madre ensangrentada, los pedidos de mantención, que le rozaron las rodillas antes de perderse a un lado del camino.