Disclaimer: Ya saben, todo lo referido a Twilight es obra de Meyer yo solo juego un poco con ellos, no me hago responsable por lágrimas, enamoramientos o furia hacia alguno de los personajes o hacia mí, yo solo soy la chica de los recados; sean pacíficas.


Al día siguiente llegué a la escuela, todavía sopesando la situación del día anterior y el hecho de que me gustara cuando llevaba dos días de conocerla. Eso me enojaba. Jamás en mi vida me había gustado alguien en tan poco tiempo, bueno, realmente no me había gustado alguien tanto, punto. ¿Qué tenía ésta chica? Estaba totalmente loca. Suspiré. ¡Y ESO ERA OTRA COSA! Desde que la conocí no dejaba de suspirar. ¿En qué coño me estaba convirtiendo? Me iba a salir una vagina en cualquier momento. Otro suspiro. ¡AL DEMONIO!

Cerraba la puerta de mi casillero con más fuerza de la necesaria cuando la vi justo detrás de la puerta tomándome totalmente por sorpresa. Ella me mataba.

— ¿Será una costumbre eso de aparecer de repente? Porque si es así creo que terminaré con diabetes —dije medio en broma, medio en serio.

—No seas tonto. Yo no tengo la culpa que siempre estés en las nubes. Deberías dejar de pensar tanto, te veo y siento que me saldrá un aneurisma.

— A veces debes tomarte las cosas en serio, no puedes ir por la vida usando… una cota de malla y un casco medieval—Dándome cuenta por primera vez de su atuendo. Su pelo era verde, salían mechones del casco mientras ella intentaba meterlos nuevamente. Usaba un pantalón gris armadura, como no, y botas grises.

—Hoy estudiaremos a Juana de Arco, ¿estás en mi clase de historia no? —Abrió el casillero y tomó mi horario.

—Sí, lo estás, desearía haber traído el traje de papa, hubieras sido de gran ayuda—Cuchicheó sin prestar atención a mi cara de incredulidad—. Sostén esto—me hizo sostener mi horario como si fuera la placa de convicto mientras ella sacaba una foto.

—Tranquilo, solo le tomé foto al horario. —Eso no me tranquilizaba en lo absoluto.

— ¿Para qué quieres mi horario?—pregunté, sinceramente curioso y un poco molesto.

—A pesar de todo lo que los demás digan, no soy acosadora. ¿OK?— me apuntó con el lapicero que llevaba en la mano. Frunciendo ligeramente el ceño. Ella se veía preciosa.

Ahí iba otra vez.

— De acuerdo, lo que tú digas. —contesté sarcásticamente y algo enojado, más conmigo que con ella.

—Deja el drama Edmund, lo importante aquí es saber que no te metes en problemas.

—Yo no me meto en problemas… bueno ahora ya no— murmuré entre dientes—. Y mi nombre es Edward.

—Lo que digas Eddie.

Suspiré. Debía aprender a elegir mis batallas. Esa no era una que pudiera ganar. Demasiado terca.

—Vamos a clase.

Ella me arrastró por los pasillos hasta el salón, en el cual ya había algunas personas.

Una chica de cabello rubio estaba sentada hasta atrás con sus dos amigas. Una parecía más interesada en aplicarse labial y la segunda simplemente no parecía que estuviera mentalmente presente.

—Vamos rubiecita, muévete. —Se paró justo frente a ella moviendo el pie con impaciencia.

— ¿Porque lo dices tú? Éste numerito de "le tengo lástima" llegó muy lejos. Todos aquí te permiten hacer lo que quieras pero yo no.

—Tanya, ¿quieres repetir lo de la última vez?, ¿quieres?— Cuestionó ella a su vez con una sonrisa jugueteando en sus labios. Tanya abrió los ojos y tragó saliva.

—No vale la pena Tan, vamos. —la animaron sus amigas mientras veían a Bella con algo parecido al pánico.

Me senté junto a ella y la escuché parlotear acerca de Juana de Arco hasta que el profesor llegó, después de eso, no fui el único en escuchar su parloteo. La clase entera, exceptuando claro a un trío en un rincón que tenían su propia charla que parecía girar en torno a sus uñas, escuchaba con atención a Bella relatar el tema. Todos disfrutamos gratamente con su representación de las batallas y como Juana fue asesinada. Se tomaba muy enserio todo lo que hacía.

Después de esa clase nuestros horarios se separaban. Así que no la vi en mi clase de cálculo y en la cafetería tampoco la vi por ningún lado, y aunque traté de no buscarla con la mirada, fallé miserablemente. Odiaba que me gustara tanto. No era cierto, y eso si que me enojaba.

—Ella no está aquí, tuvo que irse—dijo una voz desde atrás tomándome por sorpresa. Me volteé casi al instante y una chica con lentes y cabello negro, liso hasta los hombros, medio me sonrió, no estaba seguro, bajó la mirada casi de inmediato.

—Lo siento, no era mi intención asustarte.

—Eres la primera que se disculpa. Al parecer yo soy el que tiene la culpa— le extendí la mano—, me llamo Edward, o el nuevo, como todo el mundo me llama.

—Soy Ángela—tomo mi mano y le dio una sacudida breve con la mano cubierta por su chaqueta— puedes sentarte conmigo si quieres, bueno, solo si quieres…— comenzó a tartamudear.

—Gracias Ángela, si quiero—le sonreí.

Era una linda chica. Si fuera un poco más asertiva tal vez no lo pasaría tan mal.

Al principio estaba un poco reticente a hablar de ella misma, pero después de un rato, me daba respuestas más largas que monosílabos de vez en cuando. Aunque nunca fue completamente abierta, hasta que le pregunté sobre Bella.

—Bella es una chica especial –comenté como por casualidad, tanteando el terreno.

—Oh sí, lo es—una pequeña sonrisa y un brillo en los ojos me hizo darme cuenta de que Ángela de verdad la apreciaba, tal vez podría sacarle algo de información —ella es muy linda con todos, a veces demasiado—su sonrisa se transformó en una mueca.

¿A qué se refería con eso? Decidí que no era algo que me soltaría de buenas a primeras así que decidí anotarlo en un post-it y pegarlo en una esquina de mi pizarra de anuncios al final de mi mente.

— ¿Es costumbre dejar la escuela a medias e irse?—Inquirí como quien no quiere la cosa.

—No había pasado desde hace unos meses, y tampoco diría costumbre. A veces debe irse.

— ¿Debe? ¿Qué quieres decir con "debe"? ¿Tiene problemas en casa o algo así?–Ahora sí no podía ocultar mi curiosidad.

Ángela comenzó a removerse en su asiento—Lo siento, debo irme, te veo después Edward—la vi recoger su bandeja con rapidez y dejarme anonadado.

¿Qué pasaba aquí? ¿Qué era lo que escondía? ¿Había sido rudo? No lo creía, ¿o sí?

Me levanté con la bandeja en las manos y mientras la vaciaba en el contenedor más cercano decidí que la próxima vez lo averiguaría.

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Esa noche, cuando la lluvia era un leve chisporroteo sobre el techo, el teléfono sonó insistentemente. Esperé a ver si Carlisle respondía pero, como siempre, él no estaba en casa. A penas había levantado el auricular y aunque solo había respirado ella ya sabía quién era. Tal vez su sexto sentido de madre le avisó, o tal vez ella sabía que yo contestaría, como quiera que fuese al segundo siguiente ya estaba gritando al teléfono.

— ¡ALICE TÚ HERMANO ESTÁ EN LA LINEA! ¡EDWARD ANTHONY CULLEN, ¿POR QUÉ NO ME HAS LLAMADO?! Aunque lo niegue, Alice ha estado volviéndome loca toda la semana preguntando por qué no has llamado. Nos tenías muertas de preocupación—después de unos cuantos "lo siento" de mi parte y que ella respirara como toro cabreado, se tranquilizó—. ¿Has comido bien?, ¿cómo está el clima justo ahora?, escuché algo acerca de llover, ¿necesitarás botas de hule? Porque si es así yo…

—Mamá, hey, he estado bien. No había llamado porque esperaba tener algo bueno que contar antes de hablarles. Si he comido bien y solo hoy ha llovido. No hay necesidad de botas de hule, es Phoenix, seguro justo después de haberlas comprado la lluvia habrá terminado, relájate, todo está bien.

—Genial, me alegro, aunque tampoco que vayas a tardar mucho ahí. No te preocupes si no te gusta la escuela o la ciudad, seguro se mudan pronto…

—Pero no quiero irme… —me precipité a contestar, ¡ESTÚPIDO, AHORA NO LO IBA A DEJAR IR!

— ¿Por qué Edward? Nunca te ha gustado el calor, ¿hay algo que no me estés contando?

—Nada mamá, deja de ver moros con tranchetes dónde no los hay–contesté irritado.

—Aún no me has contestado, ¿por qué no quieres irte? ¿ya tienes amiguitos?

—No tengo "amiguitos" mamá, no he tenido "amiguitos" desde preescolar—Por favor, qué lo deje pasar.

—Bueno, tampoco es para que te pongas así, no sé cómo le digan ahora a las amistades.

—Llevo dos días yendo a clases, no creo que me quede tanto para conocer a nadie, apenas he hablado con un par de personas. No es la gran cosa.

—Oh mi amor, ¿los demás muchachos son malos contigo?

Presioné el tabique de mi nariz, mientras contestaba entre dientes—No mamá, nadie está siendo malo conmigo, y si lo hubieran sido, ya les habría partido la cara.

—¡EDWARD ANTHONY CULLEN, NO LE VAS A PARTIR LA CARA A NADIE!—suspiró, podría imaginarla queriendo tranquilizarse—¿Es eso? ¿Quieres quedarte?

—No es la gran cosa mamá es solo que… bueno, conocí a esta chica… —Un chillido al otro lado de la línea terminó la narración. Ya sabía de dónde habían salido mis variaciones de humor, sólo que yo no tenía hormonas que lo justificaran. Me estaba volviendo una chica.

—Cuéntamelo todo, ¿es ella bonita? Apuesto a que lo es. ¡ALICE, TÚ HERMANO ESTÁ ENAMORADO, VEN RÁPIDO!

—Mamá yo solo… —y fui interrumpido nuevamente —. Espera cariño, te pondré en altavoz, Alice acaba de aparecer.

—Hola tonto, ¿todo bien?, ¿el amor ha tocado por fin a tu puerta? ¿Es rubia?, te he dicho una y mil veces que aunque lo vayas proclamando por ahí, a ti no te van las rubias. No son tu tipo. Las morenas lo son. ¿Es ella morena?, apuesto a que lo es.

—Alice, respira por favor, te va a dar un ataque —La oí inhalar teatralmente—. Gracias. Ahora, no, el amor no ha "tocado a mi puerta", deja de leer novelas baratas de super mercado, y no, no es rubia—un chillido tan alto resonó que tuve que despegar mi oreja del auricular, ¡mierda!, ¡¿qué había dicho?!—, pero tampoco es morena, de hecho es… bueno, ayer tenía el cabello rosa, hoy fue verde, y tal vez mañana sea morado, no tengo idea. Y se viste raro, no mal. Solo raro… —Otro chillido me interrumpió, ¿Cuándo me había convertido en un boca floja? Era la regla número uno; Jamás de los jamases corrijas a las personas, automáticamente asumes lo que tanto niegas. Cualquier estúpido podía recordarlo.

— ¡JA, LO SABÍA! ¿Qué es, Edward? Ella suena como una chica especial, ¿qué pasa?, ¿demasiado raro para ti?, ¿es eso? Esto es tan típico de los hombres como tú. Lo vi en clase de Literatura feminista. Eres un cerdo Edward Anthony Cullen, pensé que habías cambiado pero en realidad sigues siendo el mismo sucio bastar…

— ¡MARY ALICE CULLEN! Más te vale que no termines esa oración o te haré hacer gárgaras con sosa caustica—dijo mi madre sumamente enojada mientras yo reía a carcajada limpia.

—Basta las dos. No, Mary Alice, no es lo extraño por lo que tengo dudas, de hecho, eso es lo que me ha gustado —, y ahí estaba, ya lo había admitido. Más chillidos y unos cuantos "awwws"— y el hecho de que sea muy amigable. Pero eso no es el punto.

Suspiré. ¡AL DEMONIO CON LOS SUSPIROS!

20 "tic, tocs" después de estaba sumamente enojado, ¿me habían hecho decirles para que se quedaran calladas?

—Edward, puedes quedarte ahí si lo deseas, habla con Carlisle, no puede negártelo. Haz tomado todo increíblemente bien y seguro él puede hacer algo al respecto. Me sorprende que no lo haya hecho hasta ahora. Y si él no puede quedarse nosotros lo haremos. —Oí a Alice quejarse.

— ¿Vendrías? ¿Solo por un tonto enamoramiento por una tonta chica de instituto? —Pregunté con incredulidad. Un pequeño grito me hizo darme cuenta de lo que había dicho. No estaba enamorado de ella, ¿lo estaba?

—Cariño, ella no puede ser tonta si te atreviste a decírmelo—estaba casi seguro que yo no le había dicho nada y que ella me lo había sonsacado, dios sabía cómo—. Te gusta. Tal vez más de lo que crees y eres capaz de admitir.

Fruncí el ceño. Había pasado 2 escasos días desde que la había conocido y ya me importaba como para poder quedarme. Esperé a que el pensamiento sobre ser un marica llegara pero no lo hizo. Tal vez mi conciencia estaba dormida. Yo casi lo estaba.

— ¿Mamá, crees que es muy pronto?

— Depende de lo que estés viendo Edward. Decídelo tú. Descansa hijo. Termina de conocerla. Llámame cuando algo más suceda. Te amamos. Mary Alice, dile a tu hermano que lo amabas.

— ¡MAMÁ!

— ¡Qué le digas a tu hermano que lo amas dije! —Podía imaginarla con su cara de "hablo en serio".

—Te amo—susurró entre dientes para luego añadir—, menciónale esto a alguien y estás muerto.

—Yo también te quiero "Mary Alice"—Me burlé con sorna.

—Cállate—hubo un silencio al otro lado de la línea seguido por un suspiro—. Tengo un presentimiento; conócela.

— ¿Otra vez creyéndote la psíquica? Nunca has tenido razón "Mary Alice". Déjalo ir. Mejor concéntrate en la escuela, ese no es tu camino.

—Jódete "Edward Anthony".

—MARY ALICE, ¡TE OÍ!—Me reí muy fuerte.

—Te atraparon.

—Cállate. Nos vemos—murmuró malhumorada.

Y después de una ronda de besos y buenas noches de parte de mi madre, las dos habían colgado.

Fue entonces cuando apareció.

Llevaba 5 días en la ciudad y ahora solo tres días de conocerla. Ni siquiera estaba seguro de conocerla. Pero ya me gustaba. Mierda.


Se llevó más tiempo del esperado pero acá está. Hice un pacto con una gran escritora y las dos subiremos al mismo tiempo, con un poco de presión de parte de ella caminaré más rápido. Ella se hace llamar LoverMate por acá y tiene varias historias muy buenas. Su más reciente bebé se llama "Cuarentena", pueden encontrar el link en mi bio; les juro que no se van a arrepentir.

Besos y gracias por seguir acá.

Les dejo el Summary en ropa interior por acá para que los seduzca un poco... ES DECIR, que le echen un ojo ;D

Acompaña a la doctora Bella Swan a sobrevivir las rondas en el hospital, dramas familiares y el hecho de que su amigo, el guapo, multimillonario y egocéntrica cara de las revistas, Edward Cullen comience a ser algo más que eso...

Gracias por sus comentarios.