INTERCAMBIO

Capítulo 2

1ºde Septiembre


NUEVA REGLA: YO PUEDO RESUCITAR A QUIEN YO QUIERA CUANDO YO QUIERA.


Narrado en Tercera Persona

Hace tres días…

—Hécate… —susurró la diosa—. ¡Hécate! —de nuevo, pero más insistentemente.

—¿Qué? —preguntó la otra diosa, molesta, que acababa de aparecer.

Ambas se encontraban en el desván de la Casa Grande, donde hace un año todavía estaba el cadáver portando al espíritu de Delfos, ahora enterrado, descansando.

—Quiero que le des tu bendición a este chico —exigió la diosa.

—No le daré mi bendición a quién tú quieras —replicó Hécate.

—La necesito para Percy Jackson.

—No le daré mi bendición a Perseus Jackson, ¡el me asignó un puesto de lástima en el Olimpo! Un insulto.

—Es necesario para derrotar a Cronos, solo juntando esos mundos podremos hacerlo. O ellos podrán hacerlo, mejor dicho. Sino, uno de tus bendecidos y Cronos, unidos, vencerán. Y como discretamente señalaste, tienes un puesto en el Olimpo. Nosotros caemos, tú caes.

—No puedo quitarle la bendición a mi "bendecido", pues solo se la puedo quitar a quién se la di. Yo se la di a sus antepasados, sus antepasados lo tuvieron a él —informó Hécate, cruzada de brazos—. Pero tienes razón, si el Olimpo cae, yo caigo con él. Pásame al niño, Hera.

Entonces, la diosa de la brujería se inclinó a besar la frente de quien luchó con el titán Cronos, y venció, de quien tendrá que volver a hacerlo.

Hace dos días…

—Vamos, cariño, sígueme. —En ese momento, la reina de los cielos había robado ya los recuerdos del chico, dejando solo su nombre y el de su novia—. Debes escoger una varita.

—¿Pa-para qué? —tartamudeó él.

Ella no contestó, y cuando salieron de ahí, Ollivander no recordaba el encuentro, aunque había dinero en su mano, y una nota de un honorable ladrón que pagó. El chico tampoco recordaba nada, pero llevaba una varita, que si bien no era de las que fueron hechas recientemente, era la primera que se vendía de su tipo, en un estuche de madera, con una ventana de vidrio en la tapa.

Una varita de bronce celestial (donado por Hera a Ollivander hace treinta años) forjada en las llamas Fawkes, el fénix de Albus Dumbledore, yacía dentro de la caja.

En este momento…

Hermione POV

—Ron —llamé—, queda media hora para que el tren salga de la estación, y Harry no ha llegado, ¿Qué vamos a hacer?

—¿Es un problema de matemáticas? —preguntó el rascándose la cabeza.

¿No habla enserio, verdad?

¿Verdad?

—Le prometimos que lo esperaríamos aquí en el mundo muggle, pero no aparece —expliqué. Escaneé la estación. Desdé aquí se veía casi todo, porque estábamos junto a la entrada a hacia el tren. Vi un desordenado montón de cabello negro sobre una cabeza—. ¡Ahí está!

Jalé a Ron tras de mí.

Percy POV

¿Qué es lo que haces cuando apareces en una estación inglesa sin recuerdos (más que un nombre) y con un baúl? (¡Qué tiene una lechuza!) Eso nunca te lo dicen en la escuela… aunque si perdiste la memoria no lo recordarías, ¿no?

Hace exactamente treinta segundos que tengo conciencia de estar en este lugar. Y solo puedo recordar que el nombre de mi novia es Annabeth.

Estaba haciéndome bolas con mis pensamientos cuando siento que me jalan por el hombro y de repente estoy entre los brazos de una chica. No la abrazo porque estoy seguro de que Annabeth se enfadaría, tampoco la aparto por miedo a ser grosero, pero le doy unos golpecitos en el hombro para llamar su atención.

—Hum… ¿Te conozco?

Ella se separa de mí y me ve.

—¡Oh! —Se muerde el labio inferior, avergonzada—. ¡Lo siento! Creí que eras otra persona. Yo soy Hermione Granger, y él es Ron Weasley. Buscábamos a Harry Potter, aunque probablemente tú no lo conozcas. Es que él dijo que nos veríamos aquí, pero no te creerías la cantidad de problemas en los que se puede meter, así que estoy preocupada. Tal vez deberíamos entrar al tren ahora para no perderlo y guardarle un lugar, pero de nuevo, él dijo que lo esperáramos aquí.

Soltó todo esto de corrido, y creo que comencé a bizquear. Sin embargo, eso no impidió que una sonrisa divertida se deslizara a mi cara.

Hermione POV

Creo que hubiera seguido balbuceando de no ser porque Ron —que cuando abracé al chico y se dio cuenta de que no era Harry, se puso algo celoso— me señalo el baúl que sostenía el chico, que tenía arriba una jaula con una preciosa lechuza negra[1], y encima de la jaula había un estuche de varita. A un lado de la jaula había un estuche.

Estudié de nuevo al chico. No tenía apariencia de mago. Era alto, pero no tanto como Ron o Harry, y delgado, pero con músculos definidos. Cabello negro desordenado e incontrolable, con ojos verde océano. Guapo, sí. Pero tenía esta… expresión traviesa que gritaba ¡Travesura!, alguien a quien un maestro tacha de problemático con una sola hojeada. Además parecía no poder estar quieto, porque primero estaba moviendo sus dedos, golpeándolos contra la agarradera del baúl, y después dejaba de mover los dedos, pero golpeaba la punta del pie contra el piso. Se me ocurrió que tal vez tenía prisa, pero él seguía sonriendo, relajado.

—¡Eres un mago! ¡Y vas a Hogwarts! ¿Por qué no lo mencionaste? —pregunté.

—¿Huh? —el chico de verdad parecía confundido.

—¿Cuál es tu nombre? —pregunté amablemente.

Parpadeó.

—Percy Jackson.

Fruncí el ceño.

—Ese nombre me suena —murmuré antes de ponerme a pensar y dejarle el chico a Ron.

Ron POV

—Entonces, ¿Percy? —pregunté, intentando entablar una conversación, mientras Hermione daba vueltas alrededor de una columna, tratando de recordar donde había escuchado el nombre "Percy Jackson".

Percy me sonrió.

—De Perseus. Creo.

—Yo tengo un hermano llamado Percival y le dicen Percy. —¿Qué quieres? No tengo habilidades de conversación-de-ningún-tema-en-particular-con-extraños—. ¿Y por qué agregaste el "creo"?

Percy se encogió de hombros.

—Porque eso creo. Podría llamarme Percival y no lo sabría.

Eso solo hizo que me extrañara más.

—¿Por qué? —pregunté frunciendo el ceño.

—No recuerdo nada. Solo se mi nombre y- —Paró abruptamente antes de continuar, ruborizándose.

—¿Qué? —insté.

—Y el de mi novia.

En ese momento regresó Hermione con una sonrisa en su cara.

—El Chico y la Madre Siguen Desaparecidos Después del Terrible Accidente de Coche por Eileen Smythe: Sally Jackson y su hijo Percy siguen desaparecidos una semana después de su misteriosa desaparición. El incendiado Camaro del '78 de la familia fue descubierto el pasado Sábado en el norte de Long Island con el techo arrancado y el eje delantero roto. El coche había dado vueltas y había patinado unos cien pies antes de explotar. Madre e hijo se habían ido de vacaciones de fin de semana a Montauk, pero se marcharon muy pronto bajo misteriosas circunstancias. Se encontraron pequeños rastros de sangre en el coche y cerca de la escena del siniestro, pero no había ningún otro signo de los desaparecidos Jackson's. Los residentes de la zona rural reportaron no haber visto nada extraño sobre el momento del accidente. El marido de la Sra. Jackson, Gabe Ugliano, afirma que su hijastro, Percy Jackson, es una chico problemático que ha sido expulsado numerosas veces de internados y que ha expresado conductas violentas en el pasado. La policía no ha dicho si Percy es sospechoso de la desaparición de su madre, aunque no han descartado su posible implicación. Abajo se encuentran fotos recientes de Sally Jackson y Percy. La policía insta que cualquiera que sepa algo llame al siguiente número de línea directa gratuita contra la delincuencia.

Me quedé mirando a Hermione sorprendido. No sé cómo había logrado memorizar eso, o recitarlo de corrido siquiera.

Miré a Percy, durante un momento pareció reconocerlo, pero al siguiente su cara se deformó con frustración.

—Tranquilo, no te declararon culpable. Lo encontré hace cuatro años, en verano y en casa de mis padres. Escuché de ti en la televisión (mamá y papá están inscritos en algunos canales americanos), y apareció tu noticia. El siguiente año, viendo las noticias recordé tu caso y busqué en internet. Apareció ese artículo, y luego otro, donde decía que te habían secuestrado. También participaste en una explosión, ¿verdad?

—No lo recuerdo —murmuró desanimado.

—¿Como que no lo recuerdas? —cuestionó ella.

Decidí que era hora de intervenir.

—Hermione, dice que no recuerda más que su nombre y el nombre de su novia… ¡Ouch! ¡¿Por qué me pegas?!

—Porque si tu olvidaras tu memoria solo recordarías tu propio nombre. NO, espera, tú eres tonto. Solo recordarías la palabra comida, agua y sueño.

—¡¿Qué?! —pregunté completamente confundido.

—Así que… ¿Vamos a… Hoggiewatts? —nos interrumpió Percy.

—Hogwarts —corrigió Hermione.

Le lancé una mirada de agradecimiento a Percy cuando Hermione cogió sus cosas y se adelantó. Nosotros nos quedamos un par de metro detrás.

—¿Desde hace cuánto son novios? —preguntó Percy.

—Desde el final del ciclo escolar, pero vivimos en diferentes lugares… No hemos podido acostumbrarnos.

—Entiendo.

Llegamos al muro.

—Creo que vas a Hogwarts, pero jamás te he visto ahí, así que no lo sé. Te llevaremos con nosotros, porque lo más seguro es que vayas a Hogwarts, por las cosas que traes. ¿Te importa si…? —hice ademán de abrir el baúl.

Asintió, dejándome revisar el baúl.

Ambos nos inclinamos, curiosos por saberlo que el baúl contenía. Antes de que la tapa estuviera completamente abierta, Hermione se nos unió.

Adentro había varias túnicas. Pantalones. Camisas. Pantalones de pijama. Una capa. Todos los libros de este año. Algunos de primer año. Ropa interior de hombre. Plumas, tinta y pergaminos. Y una bolsa llena de dinero, pero no del muggle. Todos al mismo tiempo, nos abalanzamos por el estuche. La lechuza negra ululó cuando nos acercamos.

Abrimos el estuche con cuidado, pues no sabíamos lo que contenía. Eran ingredientes para pociones, cuidadosamente etiquetados… con letras raras.

No prestamos atención, porque de ahí cayeron dos sobres. Uno tenía escrito «Albus Dumbledore» lo que era la prueba de que deberíamos llevarlo. El otro decía Percy Jackson. Hermione se agachó y se lo tendió.

Percy lo abrió, pero por más que inclinó la carta o su propia cabeza, no pudo leerlo.

—¿Porque no lo escribió como las palabras de los frascos? —refunfuñó bajo su aliento.

—¿Entendiste eso? —preguntó una muy sorprendida Hermione, alcanzando uno de los frascos para examinarlo—. Está en griego. —Ella entrecerró sus ojos hacia Percy, olisqueó el frasco, y luego se lo pasó a Percy—. ¿Qué es? —preguntó.

Percy observó un momento y luego dijo—: Esencia de belladona.

Hermione parpadeó asombrada. —Lo es. ¿No puedes leer la carta?

—No… las letras flotan fuera de la hoja.

—Tal vez tienes dislexia. Un tipo muy raro de dislexia.

Percy se encogió de hombros.

—Tal vez.

Cogí mi propio equipaje y corrí a la pared del tren nueve y tres cuartos. Y la atravesé.

Percy POV

Hermione me dijo que tenía que atravesar la pared corriendo para llegar al tren de Hogwarts, yo lo hice y me pareció bastante sencillo. Lo que me hace pensar que he hecho cosas más locas antes.

Ron y Hermione me guiaron por el tren de Hogwarts. Todos los saludaban y preguntaban por Harry Potter. Personalmente, no tenía la más pálida idea de quién era.

En algún momento, una chica me abrazó por detrás y gritó emocionada: ¡Harry!, al tiempo que yo pensaba: NO SOY HARRY.

Gentilmente, deshice el abrazo y dije—: Yo no soy Harry.

Atrás de mí había una guapa chica pelirroja, con pecas cubriéndole el área de las partes superiores de las mejillas y la punta de la nariz. Parecía risueña y con tendencia a ruborizarse, que es justo lo que hizo.

—¡Oh! Lo siento, ¡creí que eras otra persona!

—¡Eso ya lo dije yo! —intervino Hermione.

—¿Abrazaste a Harry? —preguntó la pelirroja enfadada.

—¿No oíste? ¡No es Harry!

Ron rodó los ojos y me hizo una seña para que lo siguiera. Juntos llegamos hasta un compartimento vacío.

—La que te abrazó por detrás era mi hermana. Ginny. Es novia de Harry. No sé lo loca que se pondrá al saber que no llegó para el tren…

Como para recalcar sus palabras, el tren comenzó a avanzar. Ron y yo movimos nuestros baúles a un lado del compartimento, y advertí por primera vez que Ron tenía una lechuza.

—¿Cómo se llama? —pregunté apuntándola con la barbilla.

—Pig[2].

Miré a la lechuza. Era una diminuta lechuza gris que zumbaba dando vueltas alrededor de su jaula. Nunca había visto nada que se pareciera menos a un cerdo.

—No parece un cerdo —le hice notar.

—Nope.

—¿Por qué llamas Pig a la lechuza? —le pregunto.

En eso, Ginny y Hermione entraron con sus baúles. Me di cuenta de que Hermione tenía un gato.

—Porque es tonto —dijo Ginny—. Su verdadero nombre es Pigwidgeon.

—Sí, y ése no es un nombre tonto —contestó sarcásticamente Ron—. Ginny lo bautizó. Le parece un nombre adorable. Yo intenté cambiarlo, pero era demasiado tarde: ya no responde a ningún otro. Así que ahora se ha quedado con Pig. Me lo tengo que traer porque no le gusta a Errol (la lechuza familiar) o a Hermes (la lechuza de Percy… bueno, hum… Percival). En realidad, a mí también me molesta.

Pigwidgeon revoloteaba veloz y alegremente por la jaula, gorjeando de forma estridente. Tenía la sensación de que en realidad a Ron sí le gustaba la hiperactiva lechuza.

Estuvimos unos minutos callados, durante los cuales sentí la mirada de todos fija en mí, hasta que Ginny rompió el silencio.

—¿Percy? Por lo anterior, lo siento. ¿Pero me pasarías tu varita?

—¿Qué? —profirió Ron tan confundido como yo por el abrupto cambio de tema, luego pareció entender, y se volvió para explicarme—. Mi hermana encontró un artículo en la revista Corazón de Bruja sobre las cosas que averiguas de alguien por la varita. Lo encuentro evidente, si es la varita la que escoge el mago…

No entendí la mitad de las cosas que dijo, pero entendí la idea. Una vez mamá… ¡Ugh! ¡Se fue la idea de nuevo! Me estiré para alcanzar la varita, cruzando miradas con la lechuza. Y decidí su nombre. Jack. El primer nombre que me llegó fue Blackjack, pero lo dejé en Jack.

—Te llamas Jack —le dije a la negra lechuza.

Le tendí mi estuche a Ginny, sin ver la varita antes, pero prestando atención a que era lo que hacía.

Al ver la parte de arriba del estuche jadeó levemente, y entonces abrió el estuche.

—Es de metal —anunció.

—No hay varitas de metal. —Hermione sonrió, pero su sonrisa flaqueaba.

—Sí, mira —Ginny no toco la varita, como si fuera peligrosa—, es de metal y tiene este color entre dorado, plateado y café. ¿Puede ser bronce? ¿Sabes que es, Percy?

—Ginny, ya te dije que no recuerda —reprendió Hermione, luego abrió mucho los ojos como si se le hubiera ocurrido una idea—. ¡El hechizo detector de elemento! ¡Podemos usarlo para saber si es metal o cualquier otra cosa!

Ella sacó su varita, que podía medir un poco menos de treinta centímetros.

—¡Deprehendi elementum[3]! ¿¡Alguien tiene una hoja!? —A la mención de una hoja, recordé la carta con mi nombre, la saqué de mi bolsillo trasero, y se la di a Hermione, pensando que la varita rayaría un lado de la hoja.

Hermione apuntó con la varita a mi carta, pero en lugar de dejar una escritura suave y clara que no dejaría marcado el otro lado de la hoja, quemó toda la hoja, excepto la palabra, que era lo que no estaba quemado.

Una letra floreada había escrito:

Bronce Celestial

—Quemó mi carta —me quejé.

—¿Era tu carta? —preguntó Hermione preocupada— ¡Lo siento! Sé que podría haber tenido algo importante sobre tu memoria…

No me lo recuerdes. Siguió así unos segundos más, hasta que Ron y Ginny la callaron, notando mi incomodidad.

—¿Aún queda la carta de Dumbledore? Quizás él pueda aclararte algo. —Terminó con eso.

Ginny me devolvió mi varita… Mi varita… suena extraño. Pude apreciarla mejor de cerca. Ginny tenía razón, era de un metal raro, de un color que rondaba el café, el dorado, y el plateado. Era delgada, y parecía según la regla de Ginny, medía veintiocho centímetros.

Cuando iba a guardarla en su estuche (por instrucciones de Hermione, porque me dijo que era peligroso que la cogiera si no sabía usarla), las puertas se abrieron abruptamente.

En la puerta aparecieron dos larguiruchos, pelirrojos, pecosos e idénticos chicos.

—¡Potter! —cantaron repetidamente— ¡Potter! ¡POTTER! ¿¡DONDE ESTÁ POTTER!?

Todos los presentes se taparon los oídos como reflejo a sus gritos.

—¡Dios, ya cállense! —chilló Ginny

—Harry te presentó a mis hermanos —dijo Ron lamentándose.

—¿Otro Potter? —dijo el de la izquierda.

—Solo del cabello… —contestó el de la derecha.

—Y de los ojos…

—Pero los de este son verde azulado…

—Y el cabello es más oscuro…

—No tiene cicatriz…

—Ni lentes…

—Tal vez no es otro Potter…

—Su nombre es Percy —los interrumpió Hermione.

Ambos gemelos esbozaron una sonrisa maliciosa y dijeron al unísono:

—¡Es otro Percy!

Me lo veía venir.

Los gemelos se instalaron con nosotros el resto del viaje, y platicamos todos agradablemente hasta que las chicas decidieron que era hora de ponerse sus túnicas, y se fueron al baño.

—Pero si solo hay que ponerse la túnica encima. —Ron se rascó la cabeza. Él y sus hermanos parecían tan confundidos como lo estaba yo.

Nos pusimos las túnicas. Hablando por mí: esto es raro. Digo, traía un pantalón y una camisa debajo, pero eso no lo hacía menos extraño.

En unos minutos llegamos a Hogwarts.

—Hum… ¿Percy? —me llamó Hermione—. Tenemos un problema. —La miré—. Tú deberías ir con los de primer año porque es tu primer año, pero también con nosotros porque tienes nuestra edad, ¿tienes nuestra edad, verdad? Además, todavía debes entregar tu carta a Dumbledore.

Un hombre con una barba larguísima apareció detrás de Hermione con un —¡CRAC!—. Me recordaba vagamente a como retrataban a Merlín. Barba blanca, y túnica azul con estrellas doradas (aunque el anciano detrás de Hermione no tenía una túnica de estrellas).

—¿Carta para mí? —preguntó.

Es de suponer que era Dumbledore.


[1] No me importa si no hay lechuzas negras, Percy tiene una lechuza negra, ¿Por qué? Porque es Percy.

[2] Para quién no lo sepa, Pig en inglés es cerdo.

[3] Del latín: detecta elemento.


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