Ga Eul POV

Abrí los ojos y me di cuenta de que estaba acomodada sobre el pecho de Yi Jeog. Sin poder evitarlo, me sonrojé suavemente, mientras desviaba la mirada. Había venido la noche anterior para pasar la tarde con él, viendo películas o viéndolo trabajar en alguna de sus hermosas obras de barro. Debimos habernos quedado dormidos al ver el último dorama de la noche.

Levante mi mirada para tratar de enderezarme y al hacerlo, me encontré con las figuras de Woo Bin y Tae Kyung, esta última se había vuelto una de mis mejores amigas junto con Jan Di y era novia del ex Don Juan del F4, ellos estaban entrando alegremente a la sala. Sus rostros mostraban un gesto feliz, Tae Kyung se acercó hacia donde estábamos Yi Jeong y yo.

—Es una verdadera lástima —comentó Tae Kyung alzando los ojos, mientras señalaba a mi acompañante, quien dormía plácidamente, con la cabeza recostada sobre el respaldo—. Hacen tan linda pareja. Hermosa, simplemente hermosa.

Suspiré ante su constante insistencia, aunque sin decir nada.

Tae Kyung y Woo Bin, al igual que Jan Di, sabían que yo no estaba TAN enamorada de Gong Soo como antes; así como también eran conscientes de mi furtivo interés por aquel joven al que llamaba mejor amigo. Por ese motivo, no sólo vivían haciendo alusiones a la bonita pareja que hacíamos ambos, sino que también insistían en cuestionar mi extraña y estable unión con alguien como Gong Soo. Las evasivas por mi parte, en ambas cuestiones, eran la mejor respuesta. Además yo quiero a mi novio. Es solo que también quiero a Yi Jung…

Tae Kyung quería decir algo más, pero Woo Bin le tapó la boca con una de sus manos, de forma sutil. Le hizo una mueca a Tae para que dejara de moverse y, después, sus ojos castaños viajaron hacia mí.

—Iremos a dormir —comentó—. Que descansen tranquilos. No se preocupen por el ruido que puedan hacer. No diremos nada- esto último lo dijo guiñándome un ojo. No puede evitar sonrojarme, Woo Bin se la mantenía haciéndome ese tipo de insinuaciones respecto a su amigo, sospechaba que le gustaba meterme en situaciones embarazosas.

Luego de una pícara sonrisa, Woo Bin se dirigió a la dirección por la que había entrado con Tae, la arrastró fuera y al poco tiempo cerró la puerta. Me reí suavemente después de la escena y, cuando miré otra vez el sofá, me encontré con los ojos negros de Yi Jung, mirándome de forma adormilada.

Lucía demasiado adorable.

—Buenos días —murmuró, con una sonrisa cansada.

—Buenos días —respondí de igual manera, incorporándome al sentir que la presión de su brazo en mi cintura había cedido—. ¿Quieres algo para desayunar o prefieres seguir durmiendo?

Sonrió de lado, suavemente.

—Creo que un vaso de tu avena especial no me vendría nada mal —comentó, enderezándose también y arrancándome una sonrisa.

Después de un largo tiempo trabajando en la tienda de avena, había aprendido algunas cosas básicas. El dueño era gente muy agradable y nos llevábamos bastante bien.

Yi Jung y yo nos dirigimos, a duras penas, a la cocina. Mi amigo se acomodó en la larga barra de madera, ubicada en el centro de la habitación, subiéndose a uno de los taburetes de nogal. Con cuidado, bajé de la alacena las cosas que necesitaba y puse un poco de agua a calentar. Vi como Yi Jung se estiraba y rebuscaba algo dentro de un gran tarro azul, ubicado a un lado de la barra. Acercándolo un poco a él, sacó un par de galletas y las dejó en un plato. Se puso de pie y me ofreció una, que acepté gustosa, mientras el agua seguía sobre el fuego. Vi como él también se llevaba una galleta a la boca.

Nos quedamos en silencio por un rato y, cuando estaba preparando la avena, un sonido estridente nos alteró a ambos. Me sobresalté y miré confundida a Yi Jung.

— ¿Timbre? —inquirí, frunciendo el ceño.

Yi Jung se encogió de hombros en su lugar.

Camino despreocupado como siempre hacia la puerta, cuando abrió, mi rostro debió desfigurarse bastante por la sorpresa: allí se encontraba Eun Ge, con un aspecto sumamente sombrío.

— ¡¿Dónde está ella?! —gritó, con vehemencia. Su voz seguía teniendo aquel tono impersonal.

Yi Jung me había dicho que tardaría meses en regresar pero al parecer se adelantó y no es como si estuviéramos haciendo algo malo, solo que si podía notar que se avecinaba una pelea en la cual yo no debería estar presente.

—¿De qué demonios hablas, Eun Ge? —pregunto Yi Jung, mirándola confundido.

—¡De ella! —gritó y me apunto con su dedo cuando me localizo.

—¿Puedes hablar más bajo? —Mascullo Yi Jung—. Te agradecería si me dijeras que demonios te pasa,- todo esto lo dijo pero sin alzar la voz.

—¡Ella! —balbuceó, tambaleándose y apuntando hacia delante, con su brazo extendido.

Me volví para ver a Yi jung, quien tenía una mueca de incredulidad en su rostro.

—¡Chu Ga Eul, te voy a mat…! —Eun Ge intentó acercarse a mí, mas tropezó con el borde de la puerta y acabó cayendo de frente al suelo del salón.

Vi que Yi Jung rodaba los ojos y mascullaba algo que me sonó a ¿ Que le sucede?. Me sorprendido que no mostrara la preocupación necesaria por su novia.

Ambos nos quedamos mirando a Eun Ge tirada en el suelo. Pasados unos segundos, al ver que no se movía, aparto mi mirada de ella y la alcé, para encontrarme con los ojos negros Yi Jung. En su rostro podía observarse una mezcla de cansancio y diversión.

— ¿Crees que ha muerto? —pregunté, confusa, aunque con una sonrisa.

—No, no creo—replicó Yi Jung, mientras ponía los ojos en blanco.

Le pegué suavemente en el brazo, a modo de reprimenda. Él me sonrió, de forma suave, antes de agacharse al lado de Eun Ge. Con cuidado, asegurándose primero de que no la lastimara, la alzó y la cargó en sus brazos. Comenzó a moverse por la sala, con innata gracia, hasta llegar al sillón, donde la dejó descansar.

—Supongo que ahora podremos tomar nuestra avena en paz, ¿no? —dijo suavemente—. Cuando duerme, no hay razón por la que despierte.

Le sonreí y asentí, mientras ambos nos dirigíamos a la cocina.

Nos quedamos allí durante un tiempo indefinido, tomando la comida que había preparado, comiendo galletas y hablando de temas de poca relevancia. Hablar con él me resultaba casi tan fácil y natural como respirar y me hacía sentir sumamente feliz. Cuando vi que el reloj de la cocina marcaba las doce y diez del mediodía, encendí el televisor pequeño, que pendía de una de las paredes de la cocina, para sintonizar las noticias.

Comencé a preparar alguna cosa para comer, con ayuda de Yi Jeog, ya la avena y las galletas no habían bastado para saciar nuestro apetito, Estábamos poniendo unos platos sobre la barra de madera, cuando Woo Bin ingresó en la cocina, aquí todos entrabamos como si fuera nuestra casa.

—¿Por qué este ser humano con olor a vagabundo está durmiendo sobre tú sofá? —preguntó de forma lenta y suave, pero divertido mientras se sentaba, con dificultad, sobre uno de los taburetes. Se podía oler que Eun Ge había bebido.

Mientras Yi Jeong reía suavemente, rodé los ojos ante los constantes e innovadores apodos que Woo Bin encontraba para Gong Soo. Siempre decía que eran sólo una broma y que lo respetaba por ser mi novio, aunque, en realidad, ni él mismo podía creer aquello.

—Estaba ebria y quería pegarme —comenté, restándole importancia, mientras ponía a calentar una taza de té para Woo Bin.

El ex – Don Juan abrió los ojos con sorpresa, y una sonrisa divertida se dibujó en su rostro mientras robaba algunas galletas que habían quedado en el plato.

—¿Quería pegarle? —Preguntó, incrédulo, a Yi Jeong—. ¿Y eso por qué?

—Por haber dormido conmigo —respondió, dándole a la frase la entonación necesaria para que supiera que, en realidad, Eun Ge había malinterpretado las cosas. Aunque no teníamos idea como lo habrá sabido, Aunque por la hora, era demasiado temprano, así que era muy obvio.

Woo Bin llenó la cocina con su melodiosa carcajada.

—Yi Jung, discúlpame por mis palabras; pero es tan idiota —comentó Woo Bin, gesticulando e insultando a la novia de su amigo.

—No porque pensara que ustedes hubieran dormido juntos porque, bueno, eso es algo posible —comentó Woo Bin, quien nunca desperdiciaba ninguna ocasión para emparejarnos a su amigo y a mí de algún modo. Rodé los ojos, con un leve sonrojo en mis mejillas, mientras su hermano sólo reía de forma suave—; pero… ¡mira que querer pegarle a Ga Eul! —exclamó—. ¡Es obvio que no tiene posibilidades!

—Woo Bin, hablas como si yo fuera intocable, de hecho creo que si no se hubiera quedado dormida me hubiera derribado—comenté, con una fingida mueca de espanto.

Pasamos gran parte de la tarde entre comida, chistes y conversaciones banales. Tae Kyu se unió a nosotros pasadas las dos de la tarde y, cuando ya eran alrededor de las cuatro, Eun Ge apareció por la puerta con aspecto cansado. Todos nos quedamos mirándola, mientras entraba en la cocina con paso lento.

—¿Hay algo con cafeína? —preguntó, con voz ronca.

Asentí, intentando con todas mis fuerzas no reír, y me acerqué a la encimera para prepararle una cargada taza de café. Tae Kyu se acercó también para servirse un vaso de agua y me miró mientras trabajaba.

—¿Por qué no le pones un poco de cianuro? —susurró, de forma inocente, señalando la taza. Habló tan bajo que tan sólo yo pude escucharla.

Alcé los ojos al techo de la cocina, aunque con una suave sonrisa, mientras terminaba de preparar aquello.

Cuando Eun Ge estuvo apta para mantenerse en pie y armar frases coherentes sin desvariar, Yi Jung se ofreció a llevarla a su casa y se fueron poco tiempo después, asegurándome que me llamaría a la noche, como generalmente lo hacía, para contarme que había sucedido. Dejé escapar un suspiro al llegar a mi departamento, hace tiempo que ya no vivía con mis papas y, arrastrando los pies, me dirigí al sofá y me dejé caer pesadamente sobre él. Tae Kyu, pocos minutos después, se sentó a mi lado con dos tazas de té en sus manos. Se lo agradecí, con una cansada sonrisa, y hundí mi cabeza entre los almohadones. Escuché como encendía la televisión.

Ni siquiera habían pasado algunas horas de que llegáramos, cuando el teléfono comenzó a sonar, con insistencia. Tae se estaba dando una ducha, por lo que, haciendo un esfuerzo, me levanté de mi lugar y caminé hasta el teléfono.

—¿Hola?

Ga Eul, mi amor, soy yo —habló rápidamente Gong Soo.

—Gong Soo, ¿qué pasa? —pregunté, con tono monótono.

Tae, que salía del baño, rodó los ojos y fingió vomitar, para después dirigirse a su habitación con grácil caminar.

-¿Qué te parece si salimos los dos juntos y vamos al cine?

Hice una mueca. Hace días que no hacíamos planes juntos, ya que él había conseguido un nuevo trabajo, por lo que nos quitaba tiempo. Adoraba salir con mi novio, pero en verdad que me encontraba agotada.

—Gong Soo, la verdad es que estoy algo cansada y…

¡Vamos, Ga Eul! ¿Qué mejor que una buena película con tu novio?

Finalmente, acabé guardándome mis palabras y aceptando la propuesta de Gong Soo con resignación. Después de todo yo era la culpable de todo esto. Cuando fui rechazada por Yi Jung se me hizo fácil buscar el consuelo con él, quien dulcemente me quería, él no tenía la culpa que yo no tuviera claros mis sentimientos. Habíamos quedado en encontrarnos en la puerta de los enormes cines del centro de la ciudad para las nueve de la noche. A sabiendas de que tenía sólo una hora y media para prepararme, después de cortar la comunicación me dirigí al baño con pesadez y me di una rápida ducha. Con despreocupación, me envolví en una toalla y comencé a rebuscar en mi guardarropa alguna cosa para ponerme. Escuché que alguien llamaba a la puerta y, después de permitirle el paso, Tae entró en mi habitación.

—No me digas que vas a salir con él… —murmuró, viendo como tomaba unos pantalones negros y me los ponía, de forma despreocupada.

—De acuerdo, no te lo digo —respondí como una autómata, mientras buscaba un par de sandalias bajas.

Tae me sacó la lengua, ubicándose delante de mi espejo para ponerse un par de pendientes. Yo seguí en búsqueda de mis zapatos y, finalmente, desistí en mi misión, resignándome. De mala gana, miré los zapatos que había utilizado la noche anterior y los tomé. Después de todo, no necesitaba caminar demasiado para una visita al cine.

—Saldré con Woo Bin —me comentó, cuando hubo acabado de arreglarse—. Si no estás de vuelta aquí para las dos de la mañana, yo misma iré a aplastar a la molesta mosca de Gong Soo. Ella vivía conmigo desde hace unos meses. Ya me encontraba acostumbrada por los apodos que esta le daba a mi novio.

Reí suavemente ante el apodo, mientras alzaba una ceja.

— ¿Tú y cuantos más? —pregunté, divertida.

—Yo sola —respondió, segura de sí misma—. Ese fanfarrón no puede ni contra una chica.

Cuando mi pequeña amiga acabó con sus comentarios agresivos y, en cierto punto, divertidos, tomó su bolso y me dijo que nos veríamos cuando volviéramos. Yo me maquillé, apenas lo necesario para cubrir aquellas ojeras que habían quedado en mi rostro como recordatorio de la noche anterior, y salí del apartamento, busqué algún taxi que pudiera llevarme al centro de la ciudad. Después de algunos minutos de viaje, llegué a mi destino. Cuando llegué al centro, le pagué al taxista y me acomodé detrás de la enorme puerta de cristal del cine para esperar a Gong Soo.

No sé cuánto tiempo estuve allí, pero la monotonía de cada minuto estaba comenzando a volverme loca. Al principio, pensé que sólo era un problema con el tráfico; pero, cuando estuve segura de que, por lo menos, había pasado una hora allí, me resigné. Refunfuñando cosas incomprensibles para cualquiera que me oyera, comencé a buscar el teléfono móvil en mi pequeño bolso. Cuando lo hallé, pasé por los contactos rápidamente, hasta dar con el nombre que buscaba. Llamé una vez y nadie respondió. Volví a intentarlo, pero nada. Dejé el teléfono llamando incluso por más de un minuto, pero nada sucedió.

¿Le había pasado algo a Gong Soo?

Suspiré, con cansancio y preocupación, caminando de un lado al otro de forma impaciente. Mientras caminaba, mi zapato se torció y, si bien tuve suerte de no caerme, el tacón quedó prácticamente desprendido de la suela. Mirando mi pie con horror, me agaché y, a duras penas, pude quitar la parte del tacón que casi había perdido. Con aquel pedazo de zapato en mi mano, comencé a caminar hasta recostarme contra una pared.

Volví a tomar mi teléfono móvil y, en un acto desesperado, comencé a pasar los contactos con la pequeña tecla del aparato. Entonces, mis ojos se toparon con su nombre y, casi de forma inconsciente, marqué el botón para iniciar la llamada.

¿Ga Eul-ha?

—Sunbae, ¿estás muy ocupado? —pregunté, de forma lastimera.

No, ¿por qué? —preguntó suavemente, con confusión en su voz.

—¿Crees que podrás venirme a buscar al centro? —pedí, casi en un triste gemido.

Sí, pero… ¿por qué? ¿Pasó algo? Te llamé a tu casa, pero… —preguntó, con preocupación.

Lo interrumpí y le dije que luego se lo contaría. Él aceptó, sin queja alguna. Rápidamente le di mi ubicación y me dijo que en pocos minutos estaría conmigo. No quería asustarlo, por lo que le repetí que no sucedía nada grave.

Gracias a Dios, So Yi Jung siempre estaba para salvarme.

Afortunadamente, mi incondicional compañero cumplió con su promesa y, a los pocos minutos después de haberlo llamado, apareció con su reluciente auto naranja en la puerta del cine. Caminando, a duras penas, con el zapato en aquellas condiciones, me subí del lado del copiloto, ante la divertida mirada de Yi Jung.

—¡No preguntes! —gruñí, de mala gana, cuando vi que sus ojos se dirigían a mi zapato.

—No iba a hacerlo —aseguró, con su mejor cara de niño bueno, mientras arrancaba el automóvil.

Todo el camino lo hicimos en silencio, aunque podía sentir las miradas furtivas que Yi Jung me dirigía. Igualmente, a pesar de estar resistiéndome, sabía que al final terminaría contándole todo lo que había sucedido.

Siempre era así con él.

Llegamos al edificio de su estudio, Yi Jeong aparcó su coche y me abrió la puerta. Con cuidado, me obligó a apoyarme en su brazo para poder caminar un poco mejor. Conmigo casi a cuestas, abrió la impecable puerta de cristal de la entrada y nos deslizamos por el mármol del recibidor, con cuidado, entramos en la sala, donde una cálida alfombra crema hacía juego con los muebles de roble. Apenas llegamos al lujoso y ordenado estudio, me quité los zapatos y comencé a andar por la mullida alfombra, hasta llegar al sofá y acomodarme en él.

Yi Jeong se sentó a mi lado, mientras yo cruzaba mis pies descalzos sobre el sofá.

—¿Mejor? —inquirió, con una sonrisa de lado.

Asentí.

—Mucho mejor.

—Entonces… ¿me contarás que fue lo que pasó? —me preguntó, con su suave voz de terciopelo.

Me recosté un poco sobre el sofá y procedí a contarle la breve historia de cómo Gong Soo me había dejado plantada en la puerta del cine. Durante mi relato, lo vi rodar los ojos varias veces y esbozar alguna que otra.

—Es un idiota —sentenció —. Y sabes que lo digo con todo respeto, considerando que es tu novio.

Rodé los ojos.

—Lo sé —admití, mientras me apoyaba contra su hombro—. ¿No le habrá pasado algo? Él nunca es así-

Puso una mueca dudosa en su rostro.

—Sí, puede ser —aceptó, con el semblante preocupado—. Quizás Tae Kyung y Woo Bin intentaron anudarlo a un ancla para tirarlo al río.

Reí y le pegué suavemente en el hombro ante su broma.

Pase un rato más con Sunbae, hablando de cosas con poca importancia, hasta que decidió que ya era hora de llevarme a mi casa. Después de todo, siendo la una de la mañana, temía que Tae se preocupara y saliera a cumplir su promesa de asesinar a Gong Soo.

Llegamos a mi edificio y Yi Jung me acompañó hasta la puerta, con mi zapato provisionalmente pegado con alguna cosa que habíamos encontrado en su casa. Cuando me vio cojear, rió suavemente, mientras depositaba un suave y cálido beso en mi frente.

—Ve a dormir, pequeña —pidió, cuando ya tenía las llaves en mi mano—. Hoy no ha sido tu día.

Reí suavemente, asintiendo.

—Gracias por hacerme sentir un poco menos miserable, querido Sunbae—respondí, pegándole en el pecho de forma suave.

Sonrió y, después de volverme a besar en la frente, de forma cuidadosa, comenzó a caminar hacia su auto. Recordé que no me había dicho que había sucedido con él y Eun Ge. Por lo que grite.

— Ya! Sunbae!- Se dio la media vuelta, prestándome atención. - ¿Todo bien con tu novia? – dije con una ligera sonrisa, la cual el me la devolvió, antes de contestarme.

— Ya no tengo novia- contesto despreocupado y siguió su camino

PAZ! Tratare de seguir tus consejos de expresar lo sentimientos de los personajes, Ademas de un toque divertido. Gracias por tus consejos :3

Pueden pasarse a la historia que me han dado permiso de traducir : Amor Rivalizado. Creo que les gustara y más si les gusta ver a un Yi Jeong celoso. Bueno los dejo. Cuidense!