Buenaaaas! ^^ Esta no es la primera cosa que subo a fanfiction, pero si la primera en este fandom xd. Para hacerlo me he inspirado en un desafio que vi en tumblr y me llamo mucho la atencion (seguramente ya lo conozcais). Es el 30 Days OTP Challenge: post/26596382488/ericandys-30-day-otp-challenge. La gracia esta en ir subiendo un capi por dia y no perder el hilo (vamos, que tu musa acaba hasta las narices de trabajar xd). Os animo a hacerlo, es super entretenido y tal, yo he pasado un buen rato escribiendo ^^. Bueno, no os entretengo mas xd. Espero que os guste este primer dia :3.

Disclaimer: los personajes no me pertenecen ni nada. Son de Andrew Marloooooowe (creedme, si me pertenecieran Always habria tenido otro final, IF YOU KNOW WHAT I MEAN e.e).


Día 1: Manos

A ella le encanta sentir su mano sobre la suya. Sentir cómo sus dedos encajan de manera perfecta entre los suyos como si dios les hubiera creado siguiendo un patrón a medida como si formaran parte de un mismo puzzle. Como si estuvieran predestinados desde incluso antes de nacer a que esa perfecta armonía solo pudiera conseguirse entre los dos. Y eso a Kate le eriza cada centímetro de su piel porque, aunque ella nunca se ha considerados una creyente en el destino ni esas mierdas puramente mitológicas y primigenias, le está resultando bastante complicado desde hace unos meses no echar por tierra todos sus esquemas idealizados sobre lo mecanicista que es el mundo. Y eso le asusta, básicamente porque ninguna persona ha conseguido cambiarla de una manera tan, tan radical.

También en parte es culpa de ella. Lo malo de ser poli es que acabas por dejar de creer en las coincidencias. Y todo eso que lleva desde hace cuatro años era una de ellas y muy grande. Demasiado. Lo inevitable era terminar teniendo esta clase de monólogos interiores.

-Beckett –su monólogo se ve interrumpido por una voz exterior. Articula un sonido de interrogación, dirigiendo su mirada desde sus manos entrelazadas hacia sus ojos-. No me mires mal, pero… –ruega, parece dubitativo- hay veces en las que no sé si solo me estas agarrando la mano o realmente lo que estás haciendo es usar tu sutileza para pedirme que nos enrollemos.

La policía ahoga una carcajada, le resulta hasta adorable esa torpeza innata que tiene para cargarse cualquier clímax más o menos romántico- Venga ya, Castle. ¿Eres escritor y no eres capaz de usar tu imaginación en un momento así? –lo mira con sorna y cierta tentación, haciendo fugaces viajes de sus ojos a sus labios y viceversa.

-¿Te recuerdo cómo nos despedimos hace unas semanas? –pregunta, burlón.

-¿Te recuerdo quién lo inventó?

Castle desiste, no contestando. En su lugar, suelta un bufido de desaprobación en un intento de parecer enfadado que Beckett toma a la ligera. La incipiente sonrisa del escritor en medio de su pobre cara de póker esclarece de todas las maneras posibles sus intenciones y Kate lo único que puede hacer ante ese gesto es derretirse por dentro admirando lo terriblemente tierno que es su novio. Ella sonríe, complacida, acurrucándose sobre su pecho. Castle no tarda en rodear su cintura con sus brazos, aferrando más su posición, acercándola más hacia su cuerpo y ella se deja, sentándose entre sus piernas. Le encanta cuando acaban los dos tirados en el sofá, de esa manera. Se sentía segura entre los brazos del escritor. Cuando Kate se quiere dar cuenta, otra vez esta jugueteando con las manos del otro, sobre su estómago. Él suelta una carcajada y ella le sigue.

-¿Sabes qué? –susurra ella, en voz baja, lo suficiente para obligar al escritor a acercarse más, hasta tener sus labios a poco más de medio centímetro de los suyos. Nota cómo el clímax vuelve a formarse- Tenerte así me reconforta, Castle –confiesa, observando sus manos-. Siempre lo ha hecho –traga saliva, le entra un curioso pero placentero cosquilleo en el estómago cuando nota sus pulgares haciendo masajes circulares sobre el dorso de sus manos. Esta es la clase de detalles que provocan que a Kate le cueste asimilar que están juntos, porque lo que siente está cerca de parecer un sueño, es demasiada perfección asentada en la realidad-. Siempre que me encontraba mal, bien por lo de mi madre o por cualquier otra cosa me ayudaba mucho que me cogieras de la mano y me dijeras que todo iba a salir bien. No sé por qué, pero hacías que todo fuera mucho más fácil.

Kate puede notar la sonrisa de Castle sobre su frente. Realmente, es así. En esos momentos, sentir el roce de su piel contra la suya cuando le daba la mano provocaba que de repente el peso del mundo se redujese de manera casi inverosímil. Que la tensión del ambiente se deshiciera, igual no totalmente, pero si lo suficiente como para que empezara a respirar tranquila e incluso sonreír. Sentir que pisaba sobre tierra firme.

Y bueno, ahora también. Solo que ahora es mucho más sencillo.

-Por eso –continúa- no puedo evitar agarrarte la mano siempre que puedo. Porque me recuerdas a todos esos momentos en los que me estaba ahogando con mis propios miedos y venías tú a sacarme de toda esa mierda –acaricia suavemente la palma de la mano de Castle con las yemas de sus dedos, casi al mismo ritmo que sus respiraciones-. Hasta hace nada, prácticamente, no he dejado de sentirme sola.

Rick la mira como si no le contase nada nuevo, como si él ya lo supiese y ella casi se asombra de lo mucho que él la conoce- Pero no estás sola. Nunca lo has estado.

-Y lo sé, pero es difícil darse cuenta cuando ves como todo tu mundo se viene abajo. Y pensaba que siempre iba a ser así, hasta que un día apareciste en mi vida. No sabía cómo, pero llegué a un punto en el que me di cuenta de que tenerte a mi lado hacía que me olvidase de todo eso. Sobre todo cuando me dabas la mano.

-Vaya –murmura, medio sorprendido, conservando el intimismo de aquella situación-. Qué bonito.

-No te lo esperabas, ¿eh?

-La verdad es que no. Quiero decir –se incorpora levemente, deslizándose hacia atrás para recostar mejor a su novia, hasta poder apoyar su barbilla sobre su cabeza-, siempre he intentado animarte cuando te veía así, ¿sabes? Porque pareces una personas fuerte. No, eres una persona fuerte. Pero en esos momentos, aunque te esforzaras por mantener esa imagen, te caías. Te estabas derrumbando. Y no sabes lo frustrante que era para mí verte así y no saber cómo hacer que levantaras cabeza. Por eso te daba la mano.

-¿Y eso qué significaba para ti?

-Cuando le das la mano a alguien estás creando una especie de vínculo. Es un símbolo de unión que dependiendo de las personas y del contexto, tiene un significado u otro.

-¿Y en nuestro contexto? ¿Qué significaba?

Richard entrelaza sus dedos con los de Beckett- Una promesa.

-¿Promesa?

-Promesa de que no te iba a dejar sola. Es una unión, ¿no? –Beckett asiente levemente por debajo de la barbilla de Castle- Y de que cada vez que te viera perdida, te daría la mano para hacerte entender que nunca ibas a caer. Que estaría ahí para levantarte.

-Eso sí que ha sido bonito –responde sin ocultar el orgullo ante las palabras del escritor. Esta es una de esas veces en las que Beckett se responde a sí misma cuando se pregunta qué tendrá Castle para despertar en su interior todas esas emociones que la hacen ponerla el organismo del derecho y del revés y de todas las formas posibles como si estuviera dejándose llevar por un huracán.

-A que sí –responde, jactancioso e ilusionado-. Soy genial.

-Vale, escritor, no te lo creas tanto –ambos se ríen, él estrecha más el contacto, arropándola con más fuerza entre sus brazos. Beckett sigue sin soltarle las manos.

-¿Pero ha funcionado o no?

Sonríe como pocas veces lo ha hecho, asintiendo- La pena es que no creo que nunca llegues a hacerte una idea de cómo me has hecho sentir todo este tiempo.

-Ya, bueno. Puede que no.

Ambos se quedan en silencio, y eso les basta. Beckett puede sentir los latidos del corazón de Castle sobre su espalda, su respiración y cómo su pecho sube y baja. El calor que le transmite y está segura de que puede pasarse horas y horas así. Incluso días porque se siente segura y protegida. Como siempre le ha hecho sentir. Siempre desde que un día a Castle se le ocurrió agarrar su mano cuando lo veía todo negro.

Y sabe que, solo con eso, podría vivir como la persona más feliz del mundo en lo que le resta de vida.

-Ni tú tampoco te la harás conmigo –finaliza Castle.


Ale, aqui esta el primer dia. Espero que os haya gustado y eso ^^. Ya sabeis, un review revive a un muerto de la felicidad *-*. Mañana nos vemos! :D