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-Gunter, he tomado una decisión, ya que ambos estamos perdidamente enamorados, le pediré matrimonio a la Dulce Princesa.

-¡Cuek!

-Lo sé Gunter, quizá le parezca que es algo apresurado, pero cuando 2 personas se aman ¿para qué esperar?

-¡Cuek!

-¡Oh cierto! Casi lo olvido Gunter.- Tras unos cuantos movimientos con las manos el Rey helado logro formar un pequeño anillo de hielo, lo alzó sosteniéndolo con el índice y el pulgar de su mano derecha- ¡Listo!, con esto le pediré su mano a la Dulce Princesa.

-¡Cuek!

-Tienes razón Gunter, pero ya lo pensé, para que el anillo no se derrita lo meteré en sal.

Un grupo de pingüinos, que al parecer jugaban un poco, venía por detrás del Rey Helado y ocasionaron su caída junto con la del anillo que se rompió en cientos de pedacitos. En medio de su enojo el Rey Helado concentró sus poderes en sus manos de tal manera que más allá de parecer hielo se aproximaba a la imagen tenebrosa de unas llamas poderosas.

-¡Tontos pingüinos, han roto el anillo!

-¡Cuek!

Las palabras de Gunter lograron que se calmara y reflexionara sobre lo ocurrido.

-Una vez más debo admitir que estás en lo cierto Gunter, no puedo pedirle matrimonio con una argolla tan frágil. Iré al cuarto del pasado para ver si encuentro algo que me sirva.

Comenzó a volar en camino a la habitación del pasado. Tras unas cuantas estalactitas, otras muchas estalagmitas y los espirales donde se encontraban llegó a su objetivo. Rebuscó entre las montañas de cosas que tenía, hizo a un lado su tabla de surf, abrió los cajones de su mesita hasta que finalmente encontró una cajita diminuta que en su interior tenía uno de esos barrilitos sin fondo con un diamante enorme.

-Aquí está Gunter, ahora vamos al Dulce Reino.

Salió de su castillo de hielo volando, tenía a Gunter abrazado y el anillo en el bolsillo. No se había dado cuenta de lo que este tenía grabado.

Llegó al castillo y entró por la ventana sin problemas. Finn y Jake ayudaban a la Dulce Princesa a una investigación científica que hacía.

-Chicos-dijo el Rey helado-No tienen idea de lo mucho que me alegra que estén aquí. Quiero invitarlos a mi boda.

-¿Ahora a quién embrujaste?- Preguntó Jake recordando lo ocurrido con la princesa Anciana.

-Esta vez no he embrujado a alguien, a decir verdad ella aún no me ha dicho que sí, pero espero que lo haga.- Buscó en el bolsillo el anillo con el que planeaba pedirle matrimonio a la dulce princesa y se apoyó en una rodilla-Dulce Princesa, ¿quieres casarte conmigo?

El Rey Helado se fue cabizbajo hacia cualquier lado, Finn y Jake lo miraban desde la ventana.

-Híjole, ahora sí da cosa verlo. -Finn no podía evitar sentir un dolor en el pecho por él, después de todo, también había sido rechazado en una gran cantidad de veces por la misma chica. –Jake, vamos a darle una ayudadita.

-Estás loco hermano, ese tipo secuestra princesas, no merece que lo ayudemos.

-Pero mira su carita de borrego, no podemos dejarlo así.

-¡Chicos! Necesito su ayuda. –La dulce princesa parecía no tener remordimiento alguno por el rechazo tan seco que acababa de hacer con el Rey Helado.