The Vampire Diaries/Diarios De Vampiros no me pertenece. Solo la trama es mía y algunos de los personajes ficticios.

N/A: Se sitúa dentro del programa de televisión, pero le he añadido unos pocos detalles del libro. Los dos primeros capítulos serán narrados desde el punto de vista de Caroline Forbes. El resto de la historia será narrada en tercera persona. Es mi primera historia de TVD. Espero que sea de su agrado.

1.

Después de tanto haberle rechazado, y de tanto hacerme creer que en realidad le odiaba…me di cuenta que no era así. Me di cuenta que desde un principio me había atraído toda aquella prepotencia que el hombre se cargaba, todo aquel poder de poder conseguir lo que quisiese, todo su porte de caballero y la forma en la que me hablaba solo a mí. Me enamoré de Niklaus Mikaelson. Un hombre extranjero, con un acento precioso y unos modales excelentes. Era un empresario, dueño de muchísimas empresas. Dueño de emporios multimillonarios, un magnate que no necesitaba trabajar. Tenía todo lo que quería, todo lo que deseaba lo obtenía. Él me había querido obtener, quería que yo fuese suya, pero yo me resistí. Me resistí tanto que me alejé de él, por ser orgullosa y no darle el gusto de obtenerme. Yo era más orgullosa que él, y aquella fue, tal vez, la razón por la cual no pude resistir irme y dejarle solo. Y ahora que me encontraba lejos y que mi corazón le deseaba más que nunca, no sabía cómo regresar y darle la cara. No sabía cómo arreglar las cosas, como dejar los problemas atrás. Tal vez el hecho de que el hombre hubiese sido un criminal peligroso y buscado, le alertó a mi cerebro que estar cerca de él no era lo más inteligente del mundo. Y me fui. Tan pronto cuando le dejé solo en la entrada de mi casa, pude ver sus ojos. Su mirada, su expresión de amor. Sabía que él y yo estábamos destinados a tener algo hermoso y a estar juntos por mucho tiempo. Yo lo sabía tan bien. Y aun así, me fui.

Dos años atrás.

―Cariño, te he dicho que las vacaciones no son para salir de compras todos los días. Me tienes que ayudar en la casa.

Mi madre empezó a recoger los platos de la cocina mientras que mi hermanito Daniel, estaba en el sofá de la sala pegado a la televisión.

―Siempre yo, mamá. Daniel no hace nada. Míralo ―le señalé con la mano―. No hace nada en todo el día y cuando tú te vas a la estación, él hace su desorden y tú no le dices nada. Solo me culpas a mí por no poder controlarlo ―enojada empecé a guardar trastes en los gabinetes―. ¿Así van a ser todas las vacaciones?

Los ojos azules de mi madre me vieron cansados y yo me arrepentí en ese instante.

―De acuerdo, lo siento. Pero podrías hablar con Daniel para que dé perdido recoja el desorden que deja.

Ella asintió. Su cabello rubio brillo un tanto cuando se acercó a la ventana de la cocina y los rayos del sol le iluminaron. Mi madre era Elizabeth Forbes y era el sheriff de Mystic Falls. Una mujer que a sus cuarentas, se veía de treintas y era muy bonita. Era rubia como yo y tenía unos bonitos ojos azules que yo le había sacado. Le gustaba mucho su trabajo y tendía a dejar la casa un tanto descuidada ya que se pasaba mucho tiempo en la estación de policía haciendo sabrá Dios que. No nos llevábamos del todo bien ya que éramos extremadamente diferentes. Ella era una mujer muy práctica, que veía la vida en un solo color. Y yo era una chica a la cual le gustaba experimentar muchas cosas y a la cual le gustaban los colores del arcoíris. Por esas razones, y varias más, mamá y yo éramos diferentes y no teníamos la relación que muchos creían. Claro, yo la amaba, era mi madre. Pero todavía nos faltaba trabajar en la relación.

―Me tengo que ir. No le des dulces a Daniel, ya ha comido suficientes ―dijo en voz alta haciendo que mi hermanito resoplara molesto.

―Está bien, te veré en un rato. Me quedé de ver con Elena en el Grill.

Después de despedirnos, y de que se hubiese ido, terminé de limpiar la cocina con la ayuda de mi hermanito flojo.

Daniel era un chiquillo de trece años que se la pasaba jugando videojuegos violentos y que le gustaba causar problemas. Tenía el cabello de un color mieloso, más oscuro que el de mamá y el mío. Le había sacado a papá y también tenía los ojos verdes de papá. No había mucho que decir de él, solo que era muy desordenado y flojo.

―Voy a casa de Alex a jugar Xbox ―dijo Daniel.

― ¿A qué hora regresas? ¿Tienes la llave de la casa? Recuerda que mamá llega tarde y yo saldré dentro de un rato.

El rodó sus ojos y yo le di una mirada reprobatoria.

―Sí, sí. Tengo la llave. Alex vive enfrente, Caroline. Te voy a mandar un mensaje cuando regrese a casa.

―Sí, haz eso. Yo estoy aquí para las ocho. ¿Está bien?

Daniel asintió y después salió de la casa y yo le seguí con la mirada hasta que entró a casa de los Green.

Suspiré cansada y terminé de recoger el desorden que Daniel había dejado y terminé limpiando toda la casa. Yo era muy ordenada y muy limpia, me gustaba todo en su lugar y odiaba que las cosas estuviesen desordenadas o en un lugar equivocado. Siempre había sido así, desde pequeñita. Me gustaba limpiar el cuarto de Daniel y mis Barbies siempre estaban bien ordenaditas, mi juego era ordenarlas, no jugar con ellas como las demás niñas hacían. Me gustaba la puntualidad y ser primera en todo. Eventualmente, aquella actitud perfeccionista me había ganado muchos puestos importantes a lo largo de mi vida estudiantil así como mi vida personal. En este momento estaba en mi segundo año de universidad, estudiando una carrera en administración de empresas y tomando dos cursos en diseño de interiores y en planificación de eventos. También era presidenta y encargada de planificar y decorar cualquier evento que tuviese que ver con la universidad. Claro, yo solo daba órdenes. Era buena haciendo eso. Tenía a todo un comité a mis pies, muchas chicas recién egresadas que adoraban a Caroline Forbes. ¿Y que era todo eso? Más votos positivos que me permitían ser Caroline Forbes, la chica alta de cabello rubio a la que una vez supe apodaban 'Barbie'. De todas formas, mi vida nunca había sido tan perfecta como aparentaba. Con el divorcio de mis padres, con tratar de ser mejor que todos y con la extraña relación que mi madre y yo llevábamos, mi vida estaba lejos de la perfección.

Esa tarde que salí, mi vida cambió por completo. Cuando salí de casa, era una chica universitaria, que vivía una doble vida muy solitaria. Pero cuando regresé…ya no me sentía sola en aquel mundo lleno de perfección y de vidas perfectas falsas. Le había conocido y él había resultado ser igual que yo.