Gracias a: BarbieRamos11, Justana97, KLAROLINE 4EVER, Elizabeth Mikaelson9, 1-2-3-4-5-Sofy-6-7-8-9-10, Ridy-Klaroline, Sabrina239, sara Lupin, Tachibana-Alexander, Betk Grandchester, SolSalvatoxic, SAJKlarolineIS15, CarolineSif, Jane Meyer, mundosentrelibros, ashleyswan, florentina, flor, Sabrina Motorpsico, Valistar26, MrsBarton, Isabel, luchi, Gissbella De Salvatore, Tepyta, kikivicente.

Primero que nada, quiero pedir una disculpa por la tardanza. Lamentablemente pasé por problemas personales y difíciles y estuve alejada de la tecnología por más de un mes. Espero que puedan comprender mis motivos.

Hablando del fic… bueno, las cosas están a punto de ponerse feas, si, lo siento chicas, pero esto debe suceder. Pero todo será para bien y verán que les gustará. Habrá mucha acción, suspenso, amor… sexo, pero más adelante, no coman ansias. Díganme sus opiniones acerca de este capítulo, espero que les guste mucho y que se sorprendan, rían y lloren por lo que está pasando.

Muchos besos, las amo y espero un comentario bonito. No se olviden de pasar a mi página de facebook (facebook cecilpierceff)y darle like para recibir las ultimas noticias de mis fic. El link está en mi perfil.


33.

―Oh por dios… no lo puedo creer. ¿Él te regaló eso? ¿En serio? ―preguntó Elena asombrada.

Caroline atinó a sonrojarse y Bonnie rio.

―De acuerdo, todas concordamos en que ese hombre de verdad gusta de ti.

Caroline no pudo decir no a aquello, porque desde la plática que Klaus y ella habían tenido, las dudas en su mente de verdad se habían dispersado. Ella lo quería, de verdad lo quería, lo quería para pasar el resto de su vida con él. Sabía que Klaus también se sentía de la misma manera, aunque no se lo había dicho y no quería crearse ilusiones innecesarias en su cabeza, pero su mirada aquella noche le había bastado para darle a entender que todo podía ser verdad y él también quería ese futuro a su lado.

― ¿Damon te invitó? ―preguntó Caroline.

Elena sonrió y asintió.

―Sí, así es. Pensé que Stefan estaría molesto pero aparentemente lo he visto con la hermana de Klaus ―se encogió.

― ¿Rebekah? Pero ella y Matt están juntos… o algo así ―dijo Caroline, rascándose la cabeza.

―Es cierto, recuerda ese día en el Grill.

―Tendremos que ver a quien eligió, estoy segura que llevará a uno de esos dos como cita al baile ―dijo Elena.

―Tienes razón, hay que esperar. Esta noche lo sabremos.

―Y tu… ―empezó Caroline―. Te invito Kol, lo sé todo. No de tu boca… y estoy enojada ―hizo una cara.

Bonnie rodó los ojos.

―Si sirve de algo, no pude decirle que no ¿de acuerdo? Ese hombre se presentó a mi casa dos veces diarias desde que lo conocí. No me agrada el chico y lo sabes, Caroline. ¡Él trato de aprovecharse de ti!

Caroline suspiró. Sí, eso era verdad y aunque había vuelto a tener pesadillas y a recordar cosas de su pasado, Klaus se había encargado de todo y había hecho que todo volviese a la normalidad.

―No lo justifico de ninguna manera, pero tal vez él quiera cambiar por ti, Care ―dijo Caroline.

Bonnie negó.

―No lo entiendes, eres mi amiga y él quiso sobrepasarse.

―Solo me tocó las caderas, sus manos nunca fueron a otros lugares. Bueno, y me quiso besar, pero es todo.

Bonnie rodó los ojos.

―Genial, otra buena razón para salir con él.

Elena, quien no había hablado, lo hizo.

―Ya se. ¿Qué tal si le das un periodo de prueba?

― ¿Qué? ―respondieron ambas amigas.

―Sí, ya saben… vi esta película en donde la protagonista hace que un chico la impresione y haga todas estas cosas por ella en un mes… si es suficiente bueno para ella, entonces él puede ser su novio, pero si no…

― ¡Lo vota! Genial, Lena ―dijo chocando manos con Elena.

Bonnie se agarró el puente de la nariz.

― ¿Tenemos quince?

―No, pero eso en realidad podría funcionar. Dale una oportunidad ―dijo Elena, emocionada.

Bonnie suspiró.

―Tengo que arreglarme, las veo en la noche ―y salió de la habitación de Caroline dejando a ambas amigas solas.

―Bueno… eso no fue tan bien como yo quería ―comentó Elena pensando para sí misma.

―Está bien, algo bueno pasará entre ellos.

Después de haberse mostrado sus respectivos atuendos, Elena también regresó a su casa y las tres chicas empezaron a arreglarse. El baile sería esa noche y no había nada más que se hablara en Mystic Falls, el baile organizado por Caroline Forbes para la familia fundadora de Mystic Falls, era el tema de conversación del momento. Los Mikaelson casi se habían vuelto celebridades en aquel pueblo en donde salían y eran observados como si fueran de otro planeta. Las mujeres deseaban a los hermanos Mikaelson y los hombres morían por Rebekah, quien coqueteaba sin saberlo, con sus miradas desinteresadas y sus piernas largas.

Caroline había tenido que soportar el cuchicheo sobre Klaus Mikaelson, el hermano sexy. Cada día se ponía más celosa y lo peor de todo es que no quería admitirlo o sentirse de esa manera. Si, bueno… había admitido sus sentimientos hacia Klaus pero no quería sentirse así, como si él fuese de su propiedad, como si hubiese algo tan mágico entre ellos que ella tuviera el derecho a sentirse así, a sentirlo suyo…

Su celular sonó y el nombre Klaus apareció en la pantalla, haciéndola suspirar porque se encontró a si misma emocionada por solo ver su nombre ahí.

―Hola…

― ¿Cariño?

Ugh, la forma en la que él le llamaba cariño, su acento, su voz…

― ¿Si?

Él rio.

―Pasaré por ti ―avisó.

Ella sonrió.

―Claro que no, tengo que estar ahí en dos horas ―dijo viendo su reloj de muñequera, que marcaba las doce del mediodía.

―Pero aquí se están encargando de todo.

―Sí, solo por unos momentos. Estuve en tu casa hace un par de horas, Elijah estaba ahí pero tú estabas fuera.

Klaus carraspeó.

―Sí, tuve que arreglar un problema.

Ella levantó una ceja.

― ¿Un problema? ¿Qué problema? ―Preguntó de inmediato―. ¿Algo del baile? ¿Está todo bien? Yo revisé todo y…

―Caroline ―habló él, parándola―, todo está bien, cariño. Nada importante, relájate.

Ella inhaló y exhaló.

―Bien, entonces… te veré en unas horas. ¿Estarás en tu casa?

―Pasaré por ti ―dijo de nuevo.

Ella rodó los ojos.

― ¿No te puedo dar la contraria jamás?

Él sonrió.

―Me temo que no, te veo en dos horas.

Y así, Caroline se arregló con el caro vestido azul que Klaus le había comprado, esperando verse bien para él. Sorprendiéndose a sí misma por aquel pensamiento, por querer impresionarlo y sintiéndose vulnerable. Una vez que se hubo visto en el espejo, pudo reconocer que había hecho un buen trabajo y que Klaus iba a apreciarlo. Si, ella quería que él la viera y se quedara sin palabras… ¿Qué tan ridícula estaba siendo? No mucho, porque dos horas después, fue exactamente lo que un guapo Klaus hizo. Verla de arriba abajo, examinarla y comérsela con la mirada. Caroline mantuvo la respiración al sentir los ojos penetrantes de Klaus sobre todo su cuerpo, sintiéndose desnuda ante ese hombre tan poderoso.

―Te ves radiante.

―Gra…

―Hermosa.

Ella se sonrojo.

―Graci…

―No he acabado ―susurró acercándose a ella, tomando su rostro y besándola con tanto fervor que ella tembló llena de deseo, jamás se había sentido así con nadie más―. Terminé… ―dijo viendo sus ojos.

Ella tragó en seco, falta de aire y con una necesidad increíble de ser tocada por él.

―Gracias… ―bajó su mirada―. Tú también te ves muy guapo, eres muy guapo ―corrigió, haciéndolo sonreír.

―Vamos, cariño. Si no salimos de aquí podría hacer cosas que no podría hacer frente a tu casa.

Eso la puso nerviosa y subió a la gran camioneta negra mientras que él le abría la puerta del copiloto. Se permitió respirar cuando él entró al auto y le sonrió con aquella autosuficiencia tan característica de él.

Bien, estás haciendo negocios, Caroline, recuerda eso. Ne-go-cios. Negocios, por el día de hoy se responsable y deja a un lado la increíble atracción que sientes por él, se regañó mentalmente.

Klaus la observaba de reojo, queriendo introducirse en su mente y saber que pensaba. Sus manos agarraban el vestido largo y de aquella fabrica azul que se pegaba tan bien a su cuerpo que sus ojos pudieron haber sangrado por no querer dejar de observar sus curvas. Esa mujer era peligrosa y él lo sabía.

― ¿Klaus? ―habló ella, sacándolos a ambos de su trance.

― ¿Si?

―Yo… bueno, ¿pensaste lo que te dije ayer en la noche? ―susurró.

Él se aflojó un poco la corbata, lo suficiente para que su corazón corriera como loco.

―Si.

Ella asintió pero él no dijo nada más.

― ¿Y…?

―Te he dicho antes que es peligroso…

―Lo sé, lo sé… ―respondió con miseria en la voz―. Es solo que… me gustas mucho ―carraspeó, sintiéndose tonta por haber dicho eso más de una vez, a los hombres no les gustaba estar atados a nada, pero ella se sentía tan atraída por él que después de esa noche, pensó seriamente en que no solo gustaba de Klaus, pero que le quería y se sintió aterrada―. Y yo…

Klaus no pudo evitar sonreír por su nerviosismo, la veía de reojo de vez en cuando y sus mejillas teñidas de rosa era lo más hermoso que había visto nunca. Esa no era la típica Carolina que siempre lo retaba y era segura de su misma, esa Caroline estaba batallando para hablar y tenía mucho más en la cabeza de lo que la Caroline normal.

― ¿Si?

―Olvídalo ―suspiró, sintiendo que todo el aire salía de sus pulmones.

Él levantó una ceja.

― ¿Qué pasa, amor? ―preguntó con suavidad―. Sabes que me puedes decir todo.

Ella sonrió.

―Lo sé. Pero no es nada importante, olvídalo, de verdad.

Klaus negó.

―No, quiero saberlo. Quiero saber todo lo que piensas, déjalo salir.

Caroline suspiró.

―No lo haré y no me vencerás, olvídalo… te lo diré uno de estos días, lo prometo ―le sonrió y tomó una de sus manos para entrelazar sus dedos―. Solo espera.

Klaus la vio mientras paraba en un semáforo, sintiendo que Caroline le diría algo que podría cambiar la vida de ambos y no sabía si sentiría preparado para eso. Así que asintió y apretó su mano con firmeza para dejarle saber que todo iba bien.

Cuando llegaron a la mansión Mikaelson a eso de las dos de la tarde, Caroline se dio a la tarea de colocarse su aparato de comunicación que la comunicaba con todos los empleados importantes que estaban al mando de sus diferentes áreas. Había encargados por todo el lugar, encargados de estacionar los autos, del banquete, de la decoración, de las personas que dieran la bienvenida, de la música, bebidas… y un sinfín de cosas que Caroline se había dado vuelo a preparar.

Klaus se divirtió viendo a la rubia bonita con un montón de gente a su alrededor ladrando ordenes con un rostro serio y casi escalofriantes.

―No quiero errores ―advirtió a todos, quienes asintieron con casi miedo en los ojos―. ¿Qué esperan? ¡Muévanse! ―exclamó haciendo que todos ahí salieran disparados a hacer sus deberes.

Klaus rio y se fue de ahí, sintiéndose orgullosa de esa mujer, sintiendo que podía ir a abrazarla y besarla aun en ese salón lleno de gente.

― ¿Por qué sonríes? ―preguntó Henrik, quien iba por ahí con ropas casuales, no como él que ya estaba vestido en su smoking desde tempranas horas al igual que Caroline.

―Nada de importancia ―se encogió y se acercó para revolverle la cabellera―. ¿Estás listo para esta noche? ―preguntó mientras Henrik lo seguía hasta su despacho.

―Sí, bueno… será aburrido, pero mamá quiere que este ahí. Me quiere presumir o algo así ―se encogió.

Klaus sonrió.

―Típico de madre.

Henrik arrugó el ceño.

―Le puedes llamar mamá…

Klaus no comentó y se limitó a platicar con él acerca de Caroline.

― ¿Caroline está ahí? Ella es muy buena ―asintió Henrik.

Klaus sonrió.

―Lo sé. ¿En realidad te agradó, huh?

Henrik sonrió.

―Ella regaña a Daniel pero es graciosa ―se encogió―. Rebekah grita mucho… podría ser un poco más como Caroline.

Klaus sonrió.

―Concuerdo con eso, Bekah es mal humorada y fastidiosa ―se encogió Klaus.

Los chicos continuaron su plática sin percatarse que la rubia Mikaelson los había escuchado mientras iba pasando por ahí. La rabia y la tristeza por haberse suavizado con esa mujer le hicieron aguar los ojos. ¿Quién iba a decir que sus hermanos prefirieran a otra rubia? Lo había estado pensando desde hacía meses… quería dejar esa casa, tal vez hasta dejar esa ciudad o incluso el país. En unos meses cumpliría diecinueve y su madre le había dejado manejar sus financias, todo el dinero era de ella y bueno, era asquerosamente rica. Podría irse de ahí y hacer que las misiones fueran transmitidas a ella en donde estuviera… así no tendría que ser mal humorada, fastidiosa, o más como Caroline en esa casa.

No Te Vayas Sin Mí

―Vaya… se ve hermoso, definitivamente necesito dejar de dudar de ti ―dijo Bonnie haciendo rodar a Caroline los ojos.

Elena rio.

―Podrías dedicarte a esto, caray, todo brilla como en una película de princesas ―dijo viendo todo con grandes ojos.

Caroline se encogió sin modestia.

― ¿Dónde están sus citas? ―preguntó Caroline.

―Damon está allá atrás ―dijo señalando al hombre de cabellos negros y sonrisa burlona hablar con un hombre―. Le dije que vendría con ustedes primero ―sonrió.

Caroline arrugó los ojos pero asintió.

―Kol… bueno, él me dijo que pasaría por mí pero dije que no. Insistió tanto pero le dije que no de todas formas así que se rindió y dijo que lo vería aquí. Pero no lo veo ―se encogió―. Iré por un trago, lo necesitaré para lidiar con él ―Caroline y Elena sonrieron viendo a su amiga debatirse internamente―. No me vean así, odio al tipo, todo esto es culpa de ustedes, adiós ―se despidió dramáticamente yendo directo a un mesero que andaba por ahí.

―Caerá redondita ―asintió Elena.

―Completamente.

El evento empezó con la llegada de mucha gente, empresarios importantes de Mystic Falls y ciudades vecinas, Caroline estaba a la entrada y después entre la gente, unas veces con la música y otras veces con el equipo de meseros que repartían bocadillos y bebidas. Klaus la observaba de lejos, sabiendo que ella estaba haciendo el mejor trabajo que nunca había hecho y que él no había visto hacer mejor a nadie más. Era perfecta en lo que hacía, perfecta en todos los malditos sentidos. Estaba sintiendo más de la cuenta y no se lo podía permitir, no podía permitirse sentir aquello y dejar en peligro a la mujer que empezaba a querer, era demasiado arriesgado, el solo pensar perderla le revolvía el estómago.

Su atención se centró en la multitud donde consiguió distinguir a alguien familiar que no le puso feliz.

―Te ves hermosa ―susurró Kol a Bonnie, quien la había asustado mientras ella tomaba una copa de vino viendo desinteresadamente a los invitados.

Ella saltó apenas.

― ¿Dónde estabas? ¿Por qué me has invitado si no ibas a estar aquí? ―dijo volteando a verlo, con una mueca de desagrado en el rostro.

―Lo siento, unos empresarios me mantuvieron ocupados, pero te he estado observando todo el rato.

Ella se removió incomoda con él tan cerca.

―Si… lo que sea.

―Bailemos ―dijo y la arrastró a la pista sin que ella dijera mucho.

A un lado de ellos, Rebekah sonreía contra Matt quien la tenía bien agarrada de la cintura. Sus rostros a la par y sus sonrisas centellando el salón entero.

―Estás muy sonriente hoy ―susurró él acercándose a sus labios.

Ella se sonrojó.

―Yo… he estado pensando en algo ―se encogió.

Matt levantó una ceja.

― ¿Algo que quieras compartir?

Rebekah se mordió el labio rojo y bajó la mirada.

―Sé que… nos conocemos de poco, en realidad ni siquiera un mes ―dijo viendo su pecho―… pero… yo quería saber si… querías tomar unas vacaciones conmigo… ya sabes, por lo que resta del verano. Y después podemos volver a Mystic Falls… y estar en la universidad juntos.

Matt no supo que responder y se quedó viendo su rostro con mucha seriedad, ella lo entendió a la perfección.

―Yo pagaría todo… y no, no quiero herir tu orgullo de macho, solo quiero pagar por todo. ¿Si?

Matt tragó en seco se alejó un poco de ella.

―Yo… no puedo aceptar, lo siento Rebekah.

La tristeza pura apareció en el rostro de ella y sonrió débilmente.

―Si… entiendo, está bien, no te preocupes ―dijo a punto de llorar, casi nunca se dejaba ver tan débil pero las cosas que había escuchado de sus hermanos la habían puesto sensible―. Yo… lo siento Matt, me retiraré de la fiesta… diviértete ―le sonrió y huyó de ahí a su habitación.

Matt se quedó ahí parado, viendo a la rubia huir de él, maldiciendo se fue por ahí.

Stefan Salvatore observó todo desde un punto ciego de aquel salón mientras tomaba un sorbo de su copa de vino. Tenía que ir por Rebekah, esa sería su última oportunidad de hacerle saber que ella y él podían tener algo… que ella tal vez significaba algo para él.

La siguió hasta que él ruido de la música y la gente se hizo menos audible y fue tras ella mientras que ella pasaba pasillos, puertas, y más pasillos. Esa sí que era una mansión gigante. Rebekah volteó cuando él hizo un ruido con los zapatos y se le quedó viendo con ojos rojos y mirada perdida.

― ¿Qué haces aquí? ―dijo limpiándose el maquillaje de los ojos y componiéndose.

Stefan la vio como nunca la había visto y se acercó a ella.

― ¿Estás bien?

Ella logró bufar dentro de su estado.

―Como si te importara, déjame en paz, Salvatore ―dijo y siguió caminando.

Él la siguió con sigilo.

― ¿Por qué me sigues? ―preguntó comenzando a irritarse, volteando levemente para verlo parado tras ella.

―Quería ver como estabas ―dijo caminando hacia ella.

― ¿Me ves bien? Solo aléjate, no estoy de humor para lidiar con tus tonterías, todos los hombres me tienen harta.

Cuando trató de caminar de nuevo, él la tomó de la muñeca y la puso entre la pared y su cuerpo.

―Me gustas ―susurró viendo su boca.

Rebekah arrugó el ceño.

― ¿Qué?

―Eres hermosa.

Rebekah forcejeó.

―Déjame.

―No. Ese chico no sabe apreciarte como yo a ti.

Ella le pegó muy fuerte en el pecho.

―No me hablas de apreciar porque fuiste tú quien te alejaste de mi cuando volví a la ciudad y te fijaste en esa insípida Gilbert ―siseó en su cara―. Jugaste con mis sentimientos por unas semanas y después dejaste de hablarme, ahora, suéltame.

―Lo siento.

―Aja, ¿Qué más?

―Me cegué. No quise creer nada entre nosotros, eres la hermanita de mi mejor amigo ―dijo aturdido porque aquella mujer no quisiera nada más con él, ella solía desvivirse por él pero ahora de verdad parecía quererlo lejos―. Klaus patearía mi culo.

―Al demonio con Klaus, siempre me has ignorado, no quiero tener nada que ver contigo o con nadie más. Me voy del país ―anunció haciendo que él arrugara el ceño.

― ¿Qué?

―Sí, me voy. Me iré lejos de aquí, no quiero saber nada de nadie más. Estoy harta de esto, de mi familia, de no ser igual a Caroline, de siempre ser la niña fastidiosa y mimada de la familia. Me llevaré mi fastidio y mi mal humor lejos de este lugar, tampoco quiero verte a ti, solo déjame ―dijo forcejando por última vez, haciendo que él la soltara esa vez.

La vio caminar sin saber en qué pensar… ella se iba y no la volvería a ver. Caminó rápidamente tras de ella y la tomó de los brazos con fuerza, haciéndola voltear y besándola sin su consentimiento.

―Stefan…

―No te vayas.

Rebekah le vio a los ojos, tratando de descifrarlo.

― ¿Por qué no? Solo soy yo, no soy Elena Gilbert o todas esas mujeres con las que te vi siempre. Siempre te hiciste cargo de hacerme saber que no estabas interesado en mí. ¿Qué cambia ahora?

Stefan la retuvo con fuerza.

―Eres tú, ahora, aquí, tú.

Ella tragó en seco.

―No me creo tu charla de coqueteo, dejam―

Pero Stefan no la dejó terminar y la besó con fuerza, haciendo que ella pensara seriamente en disfrutar de sus últimos días en Mystic Falls con aquel hombre al que había amado durante toda su vida.

Katherine Pierce caminaba entre los invitados, sabiendo que aquel hombre guapo y poderoso la observaba mientras hablaba con unos hombres de buen parecer.

― ¿Pierce? ―alguien habló a sus espaldas―. ¿Katherine Pierce? ―era una mujer, la recordaba vagamente, había hecho negocios con ella.

Katherine se puso a platicar con la mujer y Elijah siguió observándola, viendo cada movimiento de aquella mujer. Esa mujer que lo volvía loco y lo hacía sentir cosas que ni él mismo sabía. El misterio que ella se cargaba y el pasado que no había logrado investigar parecía hacerla todavía más atractiva, no sabía que era exactamente pero ella no era quien decía ser y eso lo interesaba.

Cuando la mujer se despidió de ella, Elijah se acercó y la tomó con suavidad pero firmeza hasta la pista de baile.

―Concédame un baile ―dijo sin en realidad darle una opción.

Ella sonrió por lo bajo.

―Ha sido muy amable de su parte preguntar antes, señor Mikaelson.

Él rio suavemente.

―No soy ningún señor.

Ella se encogió divertida.

―Lo sé.

―No pude evitar notar que ese hombre ha bailado contigo ―dijo mientras se movía lentamente por la pista, con ella bien agarrada de la cintura y pegada por completo a su cuerpo, pudo jurar que nunca había sentido a una mujer encajar tan bien en su cuerpo.

― ¿Está celoso, señor Mikaelson?

Él la apretó un poco más de la cintura.

―Tal vez lo esté ―susurró a su oído, haciendo que ella se quedará callada y presionara su mejilla contra su hombro.

―Tal vez no deba estarlo.

― ¿Por qué? ―preguntó.

―Porque solo he querido bailar con usted en toda la noche.

Ella levantó su cabeza y ambos se vieron lentamente a los ojos, despertando cosas en ambos que ninguno sabía que podía sentir.

―Caroline Forbes ―saludó la matriarca Mikaelson.

Caroline se quedó de piedra al ver a una mujer terriblemente parecida a Rebekah. Era hermosa y con cabellos blanquecinos y dorados. También veía un poco de Klaus en ella.

―Señora Smith ―saludó amablemente, inclinando la cabeza un poco―. Es un placer conocerla.

Esther la examinó cuidadosamente con la mirada.

― ¿Das un paseo conmigo? ―dijo haciendo que Caroline se le quedara viendo pero asintiera de inmediato.

―Claro que sí.

Klaus las observó de lejos, arrugando el ceño ante eso, no había tenido oportunidad de bailar ni siquiera una pista con Caroline y ahora su madre había decidido jugar a la madre investigadora para llevársela lejos.

Caroline siguió de cerca a Esther quien saludaba a personas y más personas.

―Tengo claro que sales con mi hijo ―dijo ella hablando quedamente, solo para que Caroline la escuchara.

Caroline se puso a la par de inmediato.

―Si… eso hacemos.

Esther asintió.

―Él va enserio contigo. ¿Tú con él?

Caroline suspiró.

―Sí, también yo.

―Bien ―asintió, pero sin decir más―. Tú madre está preocupada ―dijo de repente, haciendo que Caroline pensara en lo que su madre había dicho por el teléfono cuando había hablado con ella.

―Lo sé, yo…

―Sabes lo de Niklaus, lo sé también.

Caroline tragó en seco.

―Usted… ¿no se preocupa por él? ―preguntó viéndola.

Esther paró y volteó a verla.

―Claro que lo hago, pero es un chico grande, es bueno en lo que hace y sabe cuidarse. Me preocupo lo suficiente sabiendo que regresará a casa sano y salvo.

Caroline asintió, aun un poco aturdida por saber que Esther sabía y ver tanta tranquilidad en ella.

―Viendo que usted no está paranoica al respecto me hace sentirme menos paranoica a mí ―suspiró y sonrió con nerviosismo.

Esther sonrió apenas, viendo el amor de esa muchachita en sus grandes ojos azules.

―Me alegra escuchar eso. Ahora… creo que alguien te busca, fue bueno hablar contigo, Caroline Forbes.

Caroline sonrió y la mujer se alejó. Al instante sintió la mano de alguien apoderarse de su cintura.

―Un baile, Caroline… no te me has acercado en toda la noche ―le reprochó en voz baja al oído.

Caroline se deshizo ante su toque y volteó para tener el radiante rostro de Klaus frente al suyo.

―Lo siento ―dijo tomando su rostro―. Te ves muy guapo ―sonrió mientras acariciaba sus mejillas con suavidad.

Él no pudo evitar sonreír ante eso, viendo el cabello largo y sedoso de esa mujer.

―Tú te ves aún mejor, vamos a bailar ―la instó.

Caroline se dejó guiar y ambos empezaron un buen baile con la orquesta suave de fondo.

―Esto es bueno, no he parado en toda la noche ―suspiró ella contra su pecho.

Klaus pudo haberla mantenido en sus brazos toda la noche si fuera posible, se arrepentía un poco de haberle pedido que organizara el baile porque no había tenido tiempo de estar con ella durante toda la velada.

―Lo siento, cariño. No debí pedirte que organizaras el baile si sabía que no ibas a estar conmigo ni un minuto.

Eso la hizo sonreír.

―Pero si lo hubiera organizado alguien más… solo mira a tu alrededor, hice un maldito buen trabajo ―dijo orgullosa de sí mismo.

Él rio entre dientes.

―Claro que sí, amor.

Ella sonrió con brillo en los ojos.

―Me gusta cuando me llamas así ―susurró cerca de sus labios.

Klaus sonrió de lado.

―Antes lo odiabas.

―Antes no quería caer rendida ante un tipo como tú ―se encogió.

― ¿Y ahora?

Ella bufó, mientras sentía la mano de Klaus bien firme en su espalda baja, él la acariciaba de momentos.

―Caí rendida ante ti en el bar, Klaus. Fue así de rápido, ¿patético, no?

Él negó de inmediato, tomó su rostro con grandes manos y la detuvo.

―Yo también te deseé de inmediato, ¿patético, no?

Ella sonrió.

―No. Claro que no ―susurró mientras sentía los labios de él descender sobre los de ella.

Fue un beso dulce y casto, había gente a su alrededor y no podían besarse como lo habían hecho la noche anterior.

―Entonces… ¿estamos de acuerdo en que fue atracción a primera vista? ―dijo ella jugando con la solapa de su traje.

Él rio.

―Estamos de acuerdo.

―Y que ahora… ―ella no terminó aquello, obligando a callarse.

― ¿Si? ―la alentó, él quería escuchar eso, quería escucharla, lo ansiaba.

Ella negó levemente con su cabeza y recargó su mejilla contra su hombro.

―Dilo ―susurró el con una voz de terciopelo que le hizo enchinar su piel―. Vamos, dilo ―le pidió de nuevo.

Caroline abrió la boca pero una mano tomó el hombro de Klaus, ambos voltearon sus cabezas y Caroline sintió que el agarre de Klaus se intensificó en su cintura.

― ¿Me permites este baile, Nik? ―la mujer sonrió con malicia.

El estómago de Caroline se revolvió al ver a esa mujer bonita parada frente a ellos.

―Estamos bailando ―dijo Caroline con todo el tacto posible.

No sabía quién era esa mujer pero la forma en la que veía a Klaus no le gustaba para nada. Y encima de todo, había tenido el descaro de llamarlo Nik ¿Se conocían? ¿Por qué Klaus la veía tan fijamente?

―Seguro que puedes encontrar a alguien más ―respondió la pelinegra con una sonrisa falsa.

―Estamos bailando ―repitió Klaus.

― ¿Quién es ella? ―preguntó Caroline viendo a Klaus.

― ¿No me presenté? ―exclamó la mujer con ironía―. Soy Tatia Petrova, Niklaus estuvo loco de amor por mí, ¿no es así, Nik? ―dijo viéndolo.

El corazón de Caroline empezó a latir como loco, sintiendo los brazos de Klaus tensarse a su alrededor. Maldición ¿por qué todo tenía que ir mal en el momento más perfecto de la noche?


Chanchanchan... ¿que pasará ahora?
¿Caroline huirá? ¿Klaus permitirá que Tatia destroce su relación con Caroline?
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