Gracias a: Francisca, Jimin, Justana97, SolSalvatoxic, Norma Snchez, ana03lilo, candela mazzini, VictoryReed.


34.

Caroline observó con atención a la mujer que ahora bailaba con Klaus. Era una mujer bonita, con la tez más hermosa que jamás había visto, era morena y tenía un cabello negro de envidia. No, no lo haría… la Caroline insegura no volvería, no… no se compararía con ella. No aunque Klaus estuviese bailando con ella en ese mismo instante.

¿Antiguo amor? ¿Loco de amor? Caroline odió insistir a Klaus que bailara con ella, alegando que de todas formas tenía que revisar algo con los meseros, y aunque fuera verdad, estaba muerta de nervios porque Klaus pudiera ver de nuevo a esa mujer con los ojos que ahora solo le estaba dando a ella, esa mirada de algo que él solo le regalaba a ella, Caroline se sentía feliz por aquello… aunque todavía seguía teniendo miedo por la vida que Klaus, la profesión que se cargaba le ponía los pelos de punta.

Los observó de nuevo, ambos hablaban, el rostro de él era uno lleno de incomodidad y furia, justo como la había visto antes de que ella insistiera en marcharse, dejándole un casto beso en los labios… no, no se sentía amenazada por esa mujer, solo eran ella y sus viejas inseguridades asomándose por detrás de su espalda de nuevo. Era como si la antigua Caroline quisiera emerger desde dentro de su ser, no lo permitiría. Esa mujer era hermosa pero por algo Klaus ya no estaba con ella… las cosas estaban bien.

Caroline dejó atrás el rostro sonriente de esa mujer y empezó a poner orden aquí y allá mientras que Klaus seguía bailando con esa mujer.

―No recuerdo haber enviado una invitación a tu nombre, Tatia ―dijo entre dientes Klaus.

―No he necesitado una para entrar ―comentó como si fuera nada.

Klaus prefirió no comentar nada.

―Has interrumpido mi baile con mi novia. ¿A qué has venido, Tatia?

Tatia sonrió y se movió al ritmo de la música, pegando su cuerpo a Klaus, haciéndolo incómodo y tieso como una tabla.

―¿Novia? Ni siquiera yo fui tu novia… pero apuesto a que me amaste más que a ella. ¿No es así?

Klaus apretó la mandíbula y la tomó fuertemente de la mano y espalda.

―No pretendo hablar de Caroline contigo. Dime que es lo que quieres o me veré forzado a sacarte por la fuerza ―amenazó.

Tatia sonrió de nuevo, una sonrisa que la hacía ver segura de todo, Klaus la odió en esos momentos.

―Te lo he dicho antes, vengo a recuperarte, los necesito de vuelta, Nik…

―No me llames Nik ―dijo parando de bailar y volviendo a tomarla fuertemente de la muñeca.

Ella arrugó el ceño.

―Me lastimas ―murmuró viendo hacia otra parte.

―Sal de aquí, no te quiero ver, Tatia.

Tatia lo vio por última vez y dejó a Klaus solo.

Klaus trató de calmarse con un trago de champagne y yendo a esconderse a uno de los pasillos en donde varia gente platicaba quedamente. No podía dejar que esa mujer se volviera a meter en su vida y la destruyera. Esa mujer no era buena para los Mikaelson, había hecho la vida de él y de su hermano un infierno y ahora regresaba para poner todo de cabeza. No la dejaría, no cuando tenía a Caroline por un lado y cuando tenía una vida estable en Mystic Falls. Sus hermanos al fin estaban congeniando y aunque hubiera respuestas aniñadas de parte de Rebekah, le gustaba como iban las cosas en ese lugar.

No dejaría que Tatia se volviera la responsable de su ruina una vez más.

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Rebekah tomó sus cosas y comenzó a vestirse.

― ¿A dónde vas? ―preguntó Stefan, sentándose en la cama y observándola.

Rebekah volteó a verlo y sonrió apenas.

―Necesito preparar varias cosas, gracias por esto… fue bueno.

Stefan no pudo decir nada, después de haber pasado una de las mejores noches de su vida, con una mujer que pensaba querer, no podía hablar sabiendo que ella se alejaría de ahí.

―No tienes por qué irte… yo estoy aquí, no estás sola.

Rebekah lo vio sin ninguna expresión en el rostro.

―Estaré bien, lo prometo.

Stefan negó.

―No lo estarás. Estarás sola… sin tus hermanos y―

―No los necesito, Stefan. Tengo diecinueve años… he pasado por mucho, siento que tengo cuarenta, cincuenta cuando mucho ―bromeó con poco humor―. Me se cuidar sola, lo sabes.

Stefan lo sabía, esa mujer era más capaz y valiente de lo que él mismo era. La había visto en acción antes, era increíble pero también era peligrosa. Estaba preocupado por ella, y así se lo dijo, ella solo lo vio por unos segundos antes de voltear y recoger sus ropas, haciéndole saber que ella no le creía.

―Es verdad ―vociferó suavemente.

Ella no dijo nada.

―No miento ―repitió―. Te quiero, Bekah.

Ella se quedó de piedra unos segundos y después terminó de arreglarse el cabello frente a un espejo.

―Stefan… fue bueno pasar esta noche contigo ―le dijo en la puerta―. Cuídate ―sin más, salió de ahí y Stefan se maldijo internamente por dejar ir a esa mujer.

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―Usted… ¿no quiere tomar un descanso? ―preguntó Katherine al hombre que no la había soltado en toda la noche.

―Para nada ―respondió Elijah, con una visible sonrisita que a ella le erizó la piel de la espalda.

Katherine asintió y bajó la mirada a su pecho, era masculino aunque fuera un hombre delgado y con pocos músculos.

― ¿Usted quiere parar? ―preguntó él, después de unos momentos.

Negó de inmediato.

No quiero, quiero seguir sintiendo sus manos contra mi cuerpo.

―Estoy bien ―habló.

Elijah asintió y ella pudo ver algunas canas a los lados de su cabello, eran apenas notorias pero ella las había notado por estar tan cerca de él. Trató de juntar sus piernas en un vano intento de desaparecer la picazón de lujuria que había aparecido entre sus piernas al ver esos cabellos plateados, Katherine tenía una debilidad por los hombres grandes y aunque sabía que Elijah ni siquiera tenía treinta años, no pudo evitar desearlo más de lo que había deseado a cualquier otro amante furtivo.

―Usted… ―habló observando sus ojos con mucha atención.

― ¿Si? ―respondió él.

Ella negó con una leve sonrisa en su rostro.

― ¿Podemos bailar toda la noche? ―pidió como si fuera nada.

Elijah se detuvo un poco junto con ella y entrecerró sus ojos.

―No se me ocurre hacer algo mejor.

Katherine sonrió y se atrevió a rodear su cuello con sus brazos, dándole una mirada que prometía mucho, haciendo un poco nervioso al hombre que tenía enfrente.

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―Lo siento, Kol… pero no puedo hacer como si nada después de lo que le hiciste a Caroline.

Kol la vio con ojos que rogaban un perdón, pero Bonnie, al parecer, no quería ceder.

―He pedido perdón, Bonnie. No le iba a hacer nada, de todas formas… solo quería saber que era lo que Nik había visto en ella ―murmuró.

Bonnie se le quedó viendo.

―No es una excusa, lo siento… no sé qué pensar de ti, Caroline es mi mejor amiga y ahora ella actúa como si lo que pasó fuera nada… tú también lo haces.

Kol se restregó el rostro con vehemencia.

―De acuerdo, seguiré intentándolo… ¿bailas conmigo?

Bonnie rodó los ojos y se alejó de él.

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Caroline llegó, tocando su brazo, haciéndole saber que estaba ahí para él.

― ¿Te ha dicho algo malo? Te ves… furioso ―dijo ella suavemente.

Klaus apretó su mandíbula y la tomó en brazos, la vio bien a los ojos y después la atrajo fuertemente contra su pecho.

―Lo siento, amor… no debiste dejar que bailara conmigo.

Ella tragó en seco.

― ¿Qué te ha dicho? ¿Estás bien? Klaus…

―Sí, estoy bien, furioso pero bien.

Caroline suspiró y lo apretó tan fuerte como él a ella.

―Lo siento… no quise parecer una loca celosa… aunque si sea una loca celosa ―admitió contra su pecho.

Klaus rio bajito.

―No veo a nadie más que a ti, Caroline.

Ella se relajó entre sus brazos.

―Es bueno saberlo.

― ¿Lo dudabas? ―preguntó, la apartó de su cuerpo lo suficiente para interrogarla con la mirada.

Caroline vio a su pecho y se mordió el interior de las mejillas. ¿Cómo le decía a Klaus que sus inseguridades siempre la habían controlado? Por eso ella había decidido tomar el control de todo lo que hacía en su vida, de todas las situaciones por pequeñas que fueran, también de las personas a su alrededor.

―Yo… si, lo siento ―dijo al final, negándose a ver esos ojos grises que tanto adoraba.

Klaus se tensó por un momento y la tomó de la mano hasta que ambos se sentaron en un pequeño asiento para dos personas, en un pasillo en donde no había nadie.

―Caroline… mírame ―pidió.

Ella vio sus ojos.

―Yo…

―Está bien.

―No, no lo está… yo nunca… he tenido una buena razón para confiar en la gente, en nadie, ni siquiera en mi propia familia, no me puedo disculpar contigo por ser insegura, solo me sobra pedirte que me entiendas ―dijo viéndolo con casi desesperación.

Él asintió y acarició su mejilla.

―Siento que hayas pasado por tanto, cariño.

Ella se encogió.

―Así son las cosas. Yo solo… te vi con esa mujer hermosa y… ella dijo eso… ―no lo veía, no podía verlo.

―Si… Tatia fue… alguien a quien creí amar, era solo un crio y ella era… una mujer mayor que nos manejó a mi hermano Elijah y a mí y jugó con nosotros. Es una mala mujer, Caroline, y no significa nada para mí. Lo juro.

Klaus la vio con un rostro serio y duro, ella sabía que decía la verdad, solo que era de verdad difícil ver a una mujer tan hermosa a su lado.

―Lo sé, es solo que… lo sé, te creo ―le aseguró, tomando sus manos en las suyas.

―¿Es solo qué? ―insistió.

―Ella era tu antiguo amor…

―Antiguo, lo has dicho, tú eres mi presente ―le prometió―. Volvamos a bailar ―le pidió.

Caroline asintió de inmediato, queriendo tomar el cuerpo de Klaus en el de ella, perderse en él y en sus ojos.

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La noche pasó sin contratiempos y la matriarca Smith dio un pequeño discurso junto con Klaus quien la mencionó como la culpable de aquella hermosa velada, Caroline recibió aplausos y algunas proposiciones de trabajo, entregó varias tarjetas con su información y recibió ofertas para organizar algunas bodas ahí y también en ciudades vecinas, Caroline jamás se había sentido más realizada como profesionista.

Estaban por dar las doce y ya mucha gente se empezaba a retirar, había todavía varias personas que disfrutaban de la música suave de la banda y de los aperitivos que quedaban. La velada había sido todo un éxito y muchos invitados se lo hicieron saber a Caroline.

―Te lo dije, sería perfecto ―le dijo Klaus tomándola de la cintura.

― ¡Care! Fue perfecto ―dijo Elena llegando a ella―. Hola Klaus ―le sonrió.

―Señorita Gilbert ―asintió con su cabeza, sin soltar a Caroline de la cintura.

Elena rió.

―Solo Elena está bien. Me iré, Care. Kol fue a dejar a Bonnie a su casa y Damon me va a dejar a la mía. Nos vemos, Care. Gracias por la invitación, Klaus ―dijo antes de caminar junto a Damon.

Caroline sonrió y bailó un poco más con Klaus mientras que otras parejas hacían lo mismo. Varias piezas más y quedaban pocos invitados. Suspiró al separarse de Klaus cuando una melodía había terminado.

―Vaya, deseaba hacer eso toda la noche ―suspiró ella

―También yo, cariño. Siento que todo haya sido tan demandante.

― ¿Lo sientes? ¿Estás loco? Fue una de las mejores noches de mi vid-

La voz de Caroline fue interrumpida por explosiones y toda la gente dentro del salón comenzó a gritar.

― ¿Qué carajos? ―preguntó Caroline.

―Balazos ―murmuró Klaus―. ¡Todos adentro! ―Gritó de inmediato a la gente que no sabía que hacer―. ¡Adentro! ―Gritó haciendo que los pocos invitados caminaran hacia a uno de los pasillos para que entraran en una habitación―. La policía está en camino, estarán seguros aquí.

La gente preguntaba cosas y un Elijah había llegado junto con un Kol que se veía despeinado y mal vestido.

―Esos cabrones me tomaron desprevenido, ni siquiera tenía un arma encima ―dijo de mala gana a sus hermanos―. ¿Dónde carajos esta Bekah?

Caroline marcó de inmediato a su madre.

―Mamá… se escucharon tiros fuera de la mansión Mikaelson ―dijo con las manos temblorosas.

― ¿Qué? ¡Llevaré refuerzos! ¡Quédate ahí, Caroline! Pídele un arma a Klaus ―fue todo lo que dijo para después colgar.

― ¿Care? ¿Qué carajos está pasando? ―dijo Katherine quien llegaba a ella sin aliento y viendo el salón desierto.

Stefan también acababa de llegar, un poco desarreglado y de dentro del pasillo en donde había habitaciones.

― ¿Dónde estabas tú? ―preguntó Caroline con una ceja arriba.

―Caroline, necesito que entres ahí y tranquilices a esas personas, no son muchas, necesito que uses tu carisma y los calmes ―dijo Klaus tomándola por los hombros.

Caroline asintió de inmediato.

―Eres la hija del Sheriff, sería bueno que te escucharan ―dijo Stefan.

Kol y Elijah ya se habían desaparecido del pasillo.

― ¡No te muevas de ahí, Katherine! ―le gritó Elijah a Katherine.

Katherine arrugó el ceño.

―Odio que me den órdenes ―se quejó―. Necesito un arma ―murmuró.

―Yo también ―contestó Caroline antes de entrar al salón en donde había por lo menos veinte personas.

―Hola… soy Caroline Forbes, la hija del Sheriff de esta ciudad. Sé que muchos de ustedes son de ciudades vecinas y no conocen la ciudad pero les aseguró que mi madre está en camino y hace un maldito buen trabajo. Por favor, mantengan la calma ―dijo yendo hacia una adolescente que lloraba―. Está bien, cariño. Estamos a salvo.

― ¿A salvo? Un tiroteo aquí fuera ¿y nos dices que todo está bien? ―dijo una mujer en sus cuarentas quien se aferraba de su esposo.

―Está bien, Liz Forbes es un excelente policía ―salió al rescate un hombre que Caroline sabía era amigo de su mamá, era dueño de varios negocios en el centro―. Nos quedaremos aquí, Caroline ―le dijo.

Caroline asintió.

―Gracias a todos, estaré fuera de esta puerta, se manejar armas y estaré preparada, por favor, les prometo que nada les pasará, nada ―los vio con seriedad y le dio una última mirada al hombre que parecía tener una buena aura para calmar al público―. Estaré aquí fuera ―le dijo a él, el hombre asintió y comenzó a hablar, calmando a varias mujeres.

Caroline salió y se topó con Katherine.

― ¿Qué pasó?

Katherine se encogió.

―Elijah se fue junto con Kol, Klaus y Stefan también se fueron.

― ¿Señoritas? ¿Dónde están mis hijos? ―preguntó Esther Smith.

―Señora Smith, se han ido a―

Más balazos y Esther Smith entregó armas a cada mujer.

―Sé que las pueden usar, quédense aquí y protejan a esa gente ―dijo con dureza en la mirada y en la voz.

Katherine y Caroline asintieron.

―Mierda, no me vestí para esto ―murmuró Katherine quien revisaba su pistola.

Caroline suspiró.

―Espero que todo esté bien, no me gusta para nada esto ―dijo tratando de escuchar algo más.

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― ¡Que carajos estás haciendo sola! ―preguntó Klaus a Rebekah quien estaba despeinada y con raspones en el cuerpo.

― ¡Cállate! Están aquí en un maldito lugar ―dijo mientras que Klaus veía a todas partes por igual.

― ¿Bekah? Pensé que estabas dentro en tu habitación ―dijo Stefan llegando a su lado y tomándola en brazos.

―Stefan, aléjate, estoy sudada, sangrada y he corrido como la mierda ―se quejó haciendo una cara de fastidio.

― ¿Quién está aquí? ―preguntó Elijah quien había llegado junto con Kol.

Los cinco se encontraban escondidos entre los pocos autos estacionados.

―Estaba tomando el aire aquí afuera, no había nadie más que yo, algunos carros habían salido pero después me quedé sola… entonces alguien disparó ―dijo Rebekah con el ceño fruncido―. No lo hicieron para lastimarme, lo hicieron para advertirme que había alguien… después comenzaron a disparar y tuve que correr hacia la parte del bosque, me caí varias veces pero sabía que venían tras mi… ―maldijo por lo bajo.

Stefan apretó los puños al ver el estado de Rebekah y vio que sus hermanos estaban peor que él.

―Quien carajos se atrevió a disparar en mi propiedad… ―gruñó Klaus.

― ¿Estás bien, Bekah? ―preguntó Kol con preocupación en el rostro.

―Sí, Kol… me raspé las rodillas y el rostro, pero estoy bien ―se encogió.

―Es mejor que entres, Rebekah ―le dijo Elijah, siendo la cabeza fría y calculadora, la mente cuerda del equipo.

―Ni de mierda huiré después de que ellos me provocaron. ¡Son de la policía! Estoy segura.

Elijah la vio por unos momentos antes de ceder y empezó a dar órdenes.

―Nos separaremos, Kol ve con Rebekah, Stefan y Klaus, yo iré solo. Caroline y Katherine se quedaron dentro con los invitados, a estas alturas, imagino que madre les ha dado armas a las dos. Ellos estarán seguros, sé que esas dos mujeres son buenas con un arma en la mano. Bekah… en realidad quisiera que entraras con ellas ―pidió Elijah con la mirada.

Rebekah negó de inmediato.

―No.

Elijah suspiró.

―De acuerdo, si ven algo sospechoso, marquen a los celulares.

Todos asintieron y las parejas se fueron por cada lado.

―No puedo creer que se hayan atrevido a meterse a nuestro hogar y mucho menos a disparar, malditos cabrones cuando los vea…

Kol sonrió viendo a su hermana con raspones ahí y allá.

―Está bien, Bekah. Los tipos malos siempre ganan y esos somos nosotros ―le guiñó un ojo.

Rebekah rodó los ojos y siguieron su camino entre autos.

A lo lejos, varios tiros más se escucharon y ambos supieron que Klaus y Stefan habían encontrado a alguien. Ambos escucharon que los tiros se acercaban y con sus cabezas agachadas siguieron avanzando, Kol se asomó por debajo de los autos pero no vio ningún par de zapatos desconocidos.

―Vamos… no se quien carajos esté disparando pero sé muy bien que esos idiotas se saben cuidar ―maldijo Rebekah.

―Así que tú y Stefan… ¿huh? ―canturreó Kol a su espalda.

―Cállate.

Varios tiros más y ambos decidieron correr a donde todo sucedía.

Pero el sonido de algo a sus espaldas los alertó y Rebekah fue más rápida al escucharlo y ver a un hombre de negro apuntando su arma a Kol.

― ¡Kol! ―gritó y lo aventó al suelo, interponiéndose entre la bala y su hermano.

― ¡Rebekah! ―gritó Kol, al ver que Rebekah disparaba al hombre y casi le daba―. ¡Quítate de ahí! ―dijo Kol quien ya se había levantado y corría hacia ella.

Rebekah seguía disparándose con ese hombre hasta que una bala le dio en el hombro y después el hombre huyó dejando a Rebekah mal herida.

― ¡Bekah! ―gritó mientras que Rebekah se tambaleaba y se recargaba contra un auto.

―Mierda… ―se quejó poniendo una mano en su hombro sangrado.

― ¡Bekah! ¡Por dios! ¡Te dije que te quitara, con un puto carajo! ―Dijo viendo la herida―. ¡Maldito cabrón, me las vas a pagar! ―gritó Kol hacia donde el hombre se iba.

― ¡Ve! ¡Ve por él! ―gritó Rebekah de mala gana.

―Pero…

―No es grave, Kol, me han disparado antes, ¡corre! ―le ordenó.

Kol se debatió entre ir o no ir y después de darle un beso en la mejilla, salió corriendo hacia donde ese hombre había salido.

―Niñato estúpido…

Rebekah maldecía por lo bajo y se apretaba la herida con un dedo lo más que podía, empezaba a ver borroso pero tenía que llegar a la mansión y entrar para poder recibir ayuda.

―Mierda, mierda… ―decía mientras caminaba de poco en poco, tambaleándose y dejando un camino de sangre.

Podía sentir la sangre derramarse sobre sus ropas, sobre su mano y sus brazo, iba dejando un gran camino de sangre pero tenía que llegar a la casa. Entró por la entrada principal y tuvo que aferrarse a la mesa en donde había habido varias cosas del evento para no caerse.

― ¡Rebekah! ―alcanzó a escuchar antes de caer al suelo desmayada.

― ¡Le dispararon a Bekah! ―gritó Kol llegando a ellos.

― ¡Que! ―Gritaron Klaus y Stefan―. ¡Donde le dispararon! ¡Donde esta! ―gritó Klaus empezando a correr.

―Traté de alcanzar a ese cabrón pero se desapareció, Bekah se quedó en el estacionamiento.

― ¡La dejaste sola! ―gritó Stefan enojado.

―Elijah, le dispararon a Bekah, ven aquí ahora ―gritó al celular y colgó la llamada.

― ¿Dónde está? ―preguntó Stefan.

―Aquí, aquí la dejé… ―dijo apuntando al auto que tenía sangre en el.

Los tres hombres vieron el camino de sangre y después muchas patrullas empezaron a llegar al lugar.

―Yo me haré cargo, vayan con Rebekah ―dijo Elijah quien llegaba al lugar y acababa de ver la sangre en el suelo.

Rápidamente se dirigió hasta las patrullas y dejando a los hombres seguir el camino de sangre.

―Maldita sea, Kol, puede estar desagrada en este momento ―dijo Klaus de mala gana entrando al salón y viendo a Caroline arrodillada junto a una Rebekah pálida y con sangre a su alrededor.

― ¡No me interesa! ¡Necesito una ambulancia ahora! ¡Ha perdido mucha sangre! ―gritó al celular y después lo aventó por ahí―. ¡Klaus! ―Gritó Caroline desde el suelo―. ¡Necesito alcohol, necesito pinzas, necesito guantes, agua caliente, ahora! ―gritó.

Kol se restregó el cabello y fue hasta Rebekah para tomarle el pulso.

―Fue una herida en el hombro pero tiene el pulso débil, necesitará una transfusión de sangre. ¿Y qué pretendes? ¿Sacar la bala tú? ―preguntó Kol a Caroline quien tenía los ojos rojos de llorar.

― ¡Si! ¡Eso pretendo! Klaus, te estoy hablando ―repitió.

Klaus no podía quitar la vista de su pequeña hermana rodeada de sangre. Antes le habían disparado pero no había podido ver la sangre tan bien como la estaba viendo ahora.

― ¿Klaus? ―preguntó Stefan zarandeándolo.

Su hermana pequeña e indefensa, esa muchacha arrogante y estúpida estaba en el suelo de la entrada y no estaba gritando ni maldiciendo, solo estaba ahí, tirada.

― ¡Componte, Klaus! ―Dijo Stefan pegándole una leve cachetada en el rostro―. Estará bien, es Bekah, estará bien ―le dijo viéndolo a los ojos.

― ¡Caroline! ―gritó Liz Forbes al entrar―. ¡Aquí! ¡Hay un herido! ―gritó Liz a paramédicos que entraban a la casa con una camilla y otras cosas.

―A un lado, necesita espacio ―dijo un paramédico.

―Klaus… ―dijo Caroline yendo a su lado―. Estará bien, estará bien ―dijo llorando.

―Estaba pensando en irse ―susurró Stefan viendo a los paramédicos trabajar sobre Rebekah.

Eso pareció sacar de su estupor a un Klaus que no había podido dejar de ver a Rebekah.

― ¿Qué? ¿De qué hablas? ―preguntó Klaus con el ceño arrugado.

Caroline había ido con su madre y ellos se habían quedado frente viéndolos.

―Ella… estaba hablando de irse, estaba enojada y triste, quería alejarse de ustedes, dijo que se sentía reemplazada por Caroline y también por Elena… ―sonrió con ironía―. El chico Donovan y ella tuvieron un argumento y me la topé en el pasillo. Me dijo que se iría, que ya no tenía nada que hacer en Mystic Falls.

Klaus vio como ponían a Rebekah en la camilla.

―Estabilizada, herida de bala en el hombro izquierdo, es profunda. Necesita una transfusión de sangre B positivo, tengan todo listo. El paciente sigue inconsciente ―dijo un paramédico a un radio de larga distancia.

― ¿Klaus? ¡Rebekah! ―Esther llegaba a la escena con Henrik en pijamas.

― ¡Bekah! ―gritó Henrik yendo hasta su hermana.

Ambos corrieron hasta la chica que era transportada en la camilla.

― ¡A donde llevan a mi hija! ―gritó Esther, histérica como Klaus y Kol jamás la habían visto―. ¡Mi hija! ―gritó yendo hacia ella.

―Está estabilizada, señora, necesita una transfusión de sangre ahora, la llevaremos a la ambulancia y lo haremos, será operada en el hospital ―le respondió una mujer paramédico.

― ¡Bekah! ¡Quiero ir con ella! ―gritó Henrik con lágrimas en los ojos.

Elijah y Kol hablaban con varios policías, describiendo a los criminales y dando detalles de lo acontecido con Rebekah.

―Alguien limpie esto, necesitamos sacar a los invitados de ese salón y no pueden ver esto ―dijo Klaus, restregándose el cabello como un maniaco, viendo a su madre y a su hermano gritar por Bekah y a Rebekah ser sacada de la mansión en una camilla.

―Katherine y yo limpiaremos, vayan con Bekah, los necesitará ―dijo Caroline de inmediato, viendo a Klaus.

Klaus asintió y se alejó con Esther, Henrik y Stefan a seguir a la ambulancia al hospital.

Kol y Elijah se habían quedado para dar información a la policía.

― ¡Katherine! ―gritó Caroline, Katherine se asomó por el pasillo y fue hacia ella―. Necesitamos limpiar este desastre antes de que dejen salir a los invitados, mamá hablará con ellos y nos dará tiempo.

Katherine asintió.

―Gracias, hija, estoy feliz de que no les haya pasado nada a ustedes… vi el rostro de esa mujer y jamás quisiera pasar por eso, espero que todo salga bien ―dijo dirigiéndose hasta el salón en donde había gente.

Katherine y Caroline se vieron antes de suspiran con más tranquilidad, pero aun con los nervios de punta al ver la sangre y al saber lo que le había pasado a la hermana menor Mikaelson.

― ¿Con que limpiaremos? ―dijo Katherine tratando de pensar en dónde había artículos para limpiar.

Caroline vio hacia todas partes.

―Manteles, los usaremos, por el momento es todo lo que hay, los usaremos y los desecharemos para que la gente no los vea. Vamos.

Katherine se le quedó viendo como si estuviera loca.

― ¿Manteles? Necesitamos cloro, Caroline.

―Si, después, Kat, ahora empezaremos con esto, vamos, mamá nos está dando tiempo.

Katherine se rindió y comenzó a tomar manteles.

―Iré afuera, de seguro hay un rastro de sangre afuera también.

Caroline asintió mientras que vio a Katherine salir con varios manteles y ella comenzó a limpiar dentro.

Klaus se paseaba frente a la entrada de las salas de operación. Henrik había dejado de llorar y ahora se mantenía con un rostro casi pálido, sentado junto a Esther quien estaba por igual. Stefan estaba recargado contra una pared, recordando la imagen de Rebekah ensangrentada en su cabeza. No podía creer que le había sucedido eso a esa mujer, no dejaría vivos a los hombres que se habían atrevido a hacer eso.

Klaus se acercó a él, exigiendo respuestas.

― ¿Qué más te dijo? ¿A dónde quería ir? ¿Con quién? ¿Cuándo? ―presionó.

Stefan se restregó una mano en el rostro.

―No lo sé, viejo. Solo me dijo que estaba harta de no ser igual a Caroline y de ser la hermana fastidiosa o algo así… ―dijo negando levemente―. También me reclamó a mí por cambiarla por Elena… ―se quedó viendo el suelo blanco del hospital―. Nunca quise acercarme a ella porque tú… ―lo vio brevemente―. Tu sabes porque. Eres mi mejor amigo y ella es tu hermanita. También estaría enojado si tu hicieras algo así… lo siento Klaus. No quise lastimarla.

Klaus no dijo nada, su mandíbula apretada no lo dejaba decir mucho.

―Henrik y yo estuvimos hablando antes del banquete… acerca de cómo era una hermana fastidiosa, fue una broma, pero… creo que tal vez nos escuchó ―maldijo por lo bajo.

Stefan suspiró y se recargó contra la pared.

―No sé qué es lo que vaya a pasar, pero por favor no la dejes ir.

Klaus no dijo nada. Su celular sonó y Elijah habló:

― ¿Cómo está? Desearía poder estar ahí pero la policía está interrogando a los invitados y a los que quedamos en la mansión, no puedo dejar la mansión sola.

―No nos han dicho nada, está en operación.

La línea quedó en silencio y Elijah suspiró.

―Maldita sea, Klaus… en nuestro propio hogar, en nuestra casa, han disparado a nuestra hermana.

―Se quiere ir, Elijah.

― ¿Qué? ¿De qué hablas?

―Bekah.

― ¿Bekah se quiere ir? ¿A dónde?

Klaus apretó las manos en puños.

―No lo sé, Stefan me lo acaba de decir, me dijo que Bekah estaba harta de no ser suficiente… no lo sé, pero no dejaré que se vaya.

Elijah no dijo nada y ambos cortaron la llamada. ¿Cómo lidiar con algo como eso? Habían estado juntos como una familia por muchos años, y habían pasado por tanto… ¿Por qué de repente Rebekah quería irse? Era ella la que siempre se portaba como una…

Hermana fastidiosa…

Klaus suspiró y se sentó a un lado de Henrik.

― ¿Nik? ¿Rebekah estará bien? ¿Cierto? ―preguntó sin ninguna emoción en el rostro.

Klaus le palmeó la espalda.

―Claro que si, Henrik. Estará bien, lo prometo.

El niño asintió.

―Sabes… lo que dije hoy… ¿qué quería que Bekah fuera más como Caroline? ―lo vio a los ojos, Klaus sintió tristeza, una tristeza que apenas lo había invadido desde haber visto a Rebekah rodeada de sangre. No se había permitido pensar en nada, había estado en un estado comatoso, con esa horrible imagen de Rebekah en su mente―. Mentí, no quiero que Bekah sea como Caroline, no importa si es fastidiosa o gritona… quiero a Bekah de vuelta, Nik. Quiero que salga de ahí y me grite algo, lo que sea ―dijo mientras que las lágrimas salían de sus ojos.

Klaus palmeó la espalda de Henrik y vio a su madre con un rostro igual de perdido al que Henrik había tenido hacia unos momentos. La matriarca Smith no se permitía decir ni una palabra. Ella y Rebekah nunca habían llevado una relación estelar; Esther había sido más apegada a Henrik y a sus demás hijos, Rebekah siempre había terminado en segundo plano. Sabía que una de las razones principales del porqué del comportamiento de Rebekah, había sido por el trato que Esther había decidido darle. Con el tiempo, Rebekah comenzó a tratar de llamar la atención por medio de rabietas, caprichos y una rebeldía que le había costado meses de castigo.

Klaus había tratado ser su compañero del crimen en muchas cosas, pero con los años, Bekah había crecido en ser una mujer fastidiosa, como él mismo le había dicho a Henrik ese día. ¿Qué harían si esa mujer fastidiosa lograra salir de sus vidas?

Su celular sonó de nuevo y esta vez, Caroline habló:

― ¿Klaus? ¿Cómo está? ¿Qué ha pasado?

―No lo sabemos, sigue en operación, no sé qué este pasando.

Caroline suspiró.

―Lo siento, Klaus… todo estará bien. Hemos limpiado y han dejado ir a los invitados. Mamá y los demás policías, junto con algunos detectives, están viendo la escena del crimen junto con la ayuda de tus hermanos. ¿Cómo está tu madre?

―Gracias, Caroline… fuiste de gran ayuda hoy. Ella… ―se paró para caminar un poco y alejarse de su madre y Henrik―. No lo sé, no ha hablado desde que llegamos al hospital.

―Debe estar en shock. Mamá está preocupada por ella… sé que no se conocen mucho pero ha simpatizado con ella, ya sabes… por mí.

―Gracias. Te llamaré si algo pasa. Gracias de nuevo, amor.

Ambos terminaron la llamada y todos fuera de la sala de operaciones, esperaron a que alguien les diera noticias de Rebekah.

Continuará...


...


Wow, hola a todos los que siguen leyendo… he regresado después de un break muy largo y lo siento mucho. No sé si todavía haya seguidores… pero espero que sí porque esta historia todavía tiene mucho que contar. En el capítulo anterior vimos el comienzo del baile y ahora veremos un poco de él y también el final. Si, ha aparecido Tatia y ha "marcado su territorio" para que Caroline lo sepa también. Bueno, claro que ella piensa que es su territorio pero no lo es, lol. Solo quería molestar a Caroline, pero bueno, tiene que haber un villano en las historias. En esta habrá muchos!

Gracias a los lectores que dejan review, esta historia era muy exitosa pero como dejé de actualizar seguido, muchos dejaron de dejar reviews y me imagino que también de leer… estoy triste pero sé que ha sido mi culpa :( Espero que varios lectores que lean esto me dejen algún comentario, aunque sea uno pequeñito para saber que todavía leen, se los agradecería mucho. Si piensan que la historia ya ha durado mucho y tal vez no vayan a dejar más reviews, supongo que podría dejar de escribirla :/ No quisiera pero siento que escribo y solo una persona lo lee, jaja, me da la depresión masiva.

Bueno, los quiero mucho a todos. Espero sus comentarios. Un beso y ¿Qué les pareció este nuevo capítulo? ¿Qué pasará con Rebekah? ¿Klaus podrá detenerla? Más Klaroline en el próximo capítulo, prometido. Espero sus opiniones!