Inazuma Eleven GO! (c) Level-5


Capítulo 8

"Días A[normales]"

Al llegar la hora del receso, Shindou se dirigió a las escaleras para bajar a la cafetería, sin embargo, antes de hacerlo, vislumbró a Kirino en las escaleras que daban a la azotea, éste notó su presencia también.

—Oye, Shindou, ¿te apetece comer en la azotea?—lo llamó.

—Sí, ¿por qué no?—respondió el moreno al tiempo que se acercaba.

Shindou tenía que aceptar que estaba emocionado. Había probado ya la comida de la Sra. Kirino en muchas ocasiones, pero jamás le había preparado un obento exclusivamente para él. No podía evitar el preguntarse por qué lo había hecho ahora.

Al llegar los dos chicos a la azotea, se sentaron en el piso, de espaldas a la malla ciclónica.

Kirino desenvolvió los dos obentos, dándole uno a Shindou.

—Gracias por la comida. —dijo Shindou.

—No, para nada.

Shindou rio para sus adentros ante la situación tan común que se le presentaba. Incluso con las cosas como estaban, podía parecer de repente como si nada hubiera cambiado. Aunque le gustaba esa perspectiva, no podía permitirse olvidar las circunstancias en las que se había metido.

Recordó entonces que había algo que quería comentarle.

—Por cierto, Kirino, el viernes vamos a tener un partido. ¿Te gustaría ir a verlo?

Kirino se sorprendió por la súbita invitación. —¿Van a jugar?

—Sí. Estamos en medio del torneo.

—Vaya, supongo que sería divertido. Tendré que preguntarle a mi madre, no sé cuánto cuesta la entrada así que no puedo asegurar nada…

—Oh, por la entrada no te preocupes. Nos dan cierto número de entradas a los jugadores para nuestros familiares, pero como mis padres casi nunca pueden acudir, termino regresando las mías. Pero si tú y tu madre quieren ir, se las puedo dar a ustedes.

Kirino lo miró estupefacto. —Vaya, eso es… muy amable, Shindou. ¿No hay alguien más a quien se las quieras dar?

—No realmente. Todos mis compañeros tienen las suyas y nadie necesita más. ¿Así que qué dices?

—Bueno, supongo que es una muy buena oportunidad como para rechazarla. —se encogió de hombros. —Lo único será convencer a mi madre de ir. No es muy aficionada al fútbol que digamos.

—Entonces en la salida te las doy. ¿Vas a estar en la biblioteca?

—Sí.

Shindou asintió. —Muy bien.

Siguieron comiendo y platicando alegremente.

—¿Tienes un gato?

—Sí. Siempre he preferido los gatos sobre los perros.

—Son más tranquilos, ¿supongo?

—Sí. Creo que me entiendo más con ellos.

—Me imagino el por qué. —se rio Kirino.

Shindou alzó una ceja curioso y bufó.—Por cierto, deberías ir a mi casa uno de estos días.

—¿Uh?

—Ya me habías dicho que me querías escuchar tocar el piano y sería divertido que fueras a pasar el rato.

Kirino se quedó pensándolo.—Ah, sí…seguro.

Kirino tomó una de sus coletas inconscientemente, en símbolo de nerviosismo. Shindou siempre le daba curiosidad el por qué Kirino se peinaba de aquella manera. Sabía que había habido ocasiones en que molestaban a Kirino por su apariencia "femenina", pero a pesar de eso, Kirino seguía arreglándose de la misma forma. Shindou respetaba y admiraba mucho a su amigo por eso, pero a pesar que le había preguntado en múltiples ocasiones por qué usaba su cabello así, Kirino siempre le contestaba evasivamente.

Queriendo probar su suerte, intentó en ese momento.

—Oye, Kirino. ¿Por qué usas el cabello largo?

Kirino hizo una mueca. Era un tema incómodo, pero Shindou no pareció darse cuenta de ello.

—No sé. —Contestó a secas. —Es costumbre ¿Por qué usas el cabello largo?

—Bueno, a mi madre siempre le ha gustado y supongo que a mí también.

—Ya veo...

Fue entonces que Shindou notó el humor de Kirino.—Pero creo que te va bien.—le dijo a forma de enmienda.

Kirino frunció el ceño, en primera instancia creyendo que Shindou se estaba burlando de él. Pero la expresión de su cara era muy franca. Kirino se había fijado en el poco tiempo que tenía de conocer a Shindou que él era muy transparente al momento de mostrar sus emociones. No pensaba que Shindou fuera capaz de ocultar sus intenciones con facilidad.

—Gracias. —fue todo lo que dijo al respecto.

La conversación se fue apagando y el silencio se asentó entre ambos. Ninguno tenía nada pertinente que decir.

—Hace calor hoy.—comentó Kirino de repente, tratando que la incomodidad no se hiciera presente.

—Sí,—Shindou volteó al cielo despejado, confirmando lo que había dicho. —¿te molesta el calor?

—No realmente, al menos no tanto como el frío. Supongo que por eso me gusta más la primavera, no está muy caliente ni muy frío.

—Tienes razón.—Shindou coincidió. —Es el mejor momento para salir y jugar un rato.

—¿Te refieres al soccer?

Shindou asintió. —Es muy divertido.

Kirino sonrió. —Lo entiendo.

Shindou miró fijamente a su amigo. Se preguntó por qué Kirino no se había unido al club de futbol pero antes de poder sacar el tema, Kirino le preguntó sobre su música y Shindou se vio obligado a dejarlo de lado.

Y así al extenderse en la conversación sobre partituras, orquestas y conciertos, el receso llegó a su fin.

Al dirigirse a sus respectivos salones, Shindou quiso quitarse la duda sobre otro asunto.

—Kirino, ¿por qué tu mamá me hizo un obento?

Kirino contestó avergonzado: —Se emociona a veces por cosas mínimas, es todo. Le conté sobre ti y dijo que como nuevo amigo mío, tenía que prepararte algo. Por eso lo hizo.

Shindou se quedó pensativo sobre ello. —Bueno, —sonrió—dale la gracias de mi parte.

Kirino aceptó y después de eso se despidieron.

Al darse el timbre de salida, Shindou guardó sus cosas y caminó hacia el club de fútbol. En el trayecto por el patio, Shindou se topó con Haruna-san.

—Shindou-kun, que bueno que te encuentro.

—¿Ocurre algo?

—Tuvimos algunos contratiempos y el entrenamiento de hoy se canceló.

Shindou escuchó aquello algo sorprendido. Le parecía extraño que estando en medio del Holy Road, el entrenador fuera a cancelar una práctica.

—Si ves a alguno de tus compañeros, ¿me harías el favor de avisarles?—continuó Haruna.

—Sí, por supuesto.

—Gracias, Shindou-kun.—y con eso, Haruna se dispuso a seguir su camino, pero Shindou la detuvo.

—Disculpe, Haruna-san, usted tiene los boletos para el partido del viernes, ¿verdad?

—Sí. ¿Acaso esta vez los vas a ocupar?

Shindou asintió.

Haruna sonrió, gratamente sorprendida. —Bueno, los tengo en la sala de maestros, vamos, te los daré allá.

Shindou siguió a la maestra. En el camino se encontraron con Hayami y Hamano al igual que con Kurumada y Amagi, a quienes se les dio también el aviso. Hamano no pareció muy molesto por el anuncio e incluso invitó a Shindou a ir a pescar, pero éste le dijo que tendría que ser otro día, después de todo él tenía otros deberes que atender.

Sin demora, llegaron a la sala de maestros. Haruna se acercó al espacio que le correspondía y tomó una caja, de la cual sacó los boletos. Se los entregó a Shindou.

—Me alegra saber que irán tus padres.

—Oh, bueno, no son para mis padres. Ellos están ocupados. Invité a un amigo.

Haruna se apenó por el error. —Vaya, así que un amigo ¿eh? Al menos usarás tus boletos y alguien te estará apoyando desde las gradas.

Shindou sopesó la idea. —Supongo que sí.

A Shindou nunca le había importado eso, él se concentraba en el juego y olvidaba prácticamente todo lo demás, sin embargo la expectativa extrañamente le agradaba.

—Con su permiso, Haruna-san. —se inclinó con respeto y salió de la sala.

Entró a la biblioteca, que aquel día tenía unos cuantos alumnos más que de costumbre. Shindou ubicó inmediatamente a su amigo y se acercó a él.

—Kirino, te traje los boletos.

El chico se sorprendió un poco de ver a Shindou ahí. Miró los boletos que sostenía en la mano y torció la boca.

—¿Realmente me los vas a dar?

—Claro.—Shindou le extendió los boletos.

Kirino dudo un momento antes de tomar los boletos.

—¿Estás seguro que no los necesitas?

—Ya te dije que nunca los uso, además me gustaría que fueras.

Kirino sonrió. —Entonces me aseguraré de animarte.

—Gracias.

—Por cierto, ¿qué no tienes actividades de tu club?

—Cancelaron el entrenamiento, así que estoy libre. Pensé que sería útil buscar unos libros para la tarea

—Oh…bueno, si necesitas ayuda, dime. Conozco donde están la mayoría de los libros.

—En verdad te gusta pasar tiempo en la biblioteca.

—No es tanto eso… pero sí. He pasado mucho tiempo aquí.

—Entonces, dime en que pasillo están los libros de matemáticas.

—Los más aburridos siempre están al fondo. —se rio. Shindou se unió a sus risas y posteriormente fueron reprendidos por hacer ruido.

Tres libros fueron los que Shindou tomó prestados. Se los llevaría a casa y los leería a fondo allá.

—Creo que me voy o se me hará tarde. —le indicó a Kirino.

—Esté bien. Te veré mañana.

—Sí, hasta mañana.

Al retirarse de la escuela, el capitán se encontró a los de primer grado jugando en la orilla del río.

No pueden quedarse sentados ni un día sin jugar fútbol. Se rio.

Tenma lo vio desde lejos y le hizo señas para que se acercara a jugar con ellos.

—¡Capitán! ¡Juegue con nosotros un rato! —le gritó el chico.

Shindou aceptó de buena gana. Él tampoco se podía quedar sentado, los nervios del próximo juego lo obligaban a practicar todavía más, por lo que dejó su mochila por un lado y se acercó a jugar con ellos.

Shindou recordó de nuevo a Kirino y la duda embargó su mente. Realmente quería saber por qué no había entrado al equipo de soccer.

Entonces se le ocurrió que tal vez Kariya sabría, pero en ese momento no era sensato preguntarle. Lo dejaría para después finalmente.

Al irse haciendo tarde, el cielo comenzó a cambiar de color y Shindou decidió que era tiempo de irse. Se despidió de sus compañeros de equipo y tomó su mochila nuevamente.

Había sido un día extrañamente común y el chico estaba agradecido por ello. Era agradable tener un día sin preocupaciones por una vez.

Sin ningún otro pendiente, Shindou caminó hacia su casa.


No se preocupen, acepto tomates podridos.