Joker 2

Después de ganar el anhelado concurso nacional de bandas, Lysandro y Castiel debían seguir preparándose para impresionar a más agencias y obtener el mejor de los contratos. O al menos ese era el pensamiento que luchaba por mantener en mente; la verdad era que no dejaba de pensar en lo que Debrah le había dicho sobre Sucrette:

Le tienes muchas consideraciones — Le mencionó aquella vez. ¿Era que los había espiado? O se acercó a Sucrette y le pregunto directamente que tipo de relación tenían… En tal caso, ¿por qué Su no le dijo nada al respecto?

Sin pensarlo dos veces, envió un texto a Sucrette para verla. Ella le rechazó la invitación con el pretexto que debía estudiar. Castiel se enfadó y frutó al mismo tiempo.

No vas a reprobar el examen con una hora que tomes libre — le escribió en un segundo mensaje.

En dos semanas estoy libre.

En cinco palabras, supo que no la haría cambiar de opinión. Suspiró enojado e hizo bola la hoja de composición frente a él con solo dos líneas escritas. Fue entonces cuando recordó que no tenía por qué seguir el ritmo de la chica ahora, cuando desde el inicio de su relación habían tenido un estira-afloja nada convencional.

Dejó la guitarra a un lado y emprendió el camino a la casa de la chica y la obligaría a contarle todo.

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— ¿Es que no puedes tener un no por respuesta verdad? — lo reprendió al chica haciéndose a un lado para dejarlo entrar; Castiel ni se inmutó al verla en ropa deportiva-casual en lugar de sus calcetas largas y mini faldas.

—No cuando algo me interesa. —Sucrette sonrió y fueron a la sala. Se sentó en el sillón grande y vio la mesa de centro solo con un arreglo floral, sin rastros de libros o cuadernos. —Dijiste que estabas estudiando

—Estudio en mi cuarto no en la sala. — respondió divertida.

— ¿Y tus padres?

—Fueron a comer con un amigo suyo. O algo así. ¿Por qué?

—Quiero preguntarte varias cosas. —sintió la boca amarga solo de recordar a su ex, pero debía saber qué había pasado. Por él, y por ella. Si Debrah le hizo algo, ya se las cobraría. Sucrette alzó las cejas con gesto inocente. — Cuando esa chica vino al Sweet Amoris, ¿habló contigo?

Sucrette se quedó callada pero seguía viéndolo a los ojos; leyó un Si de respuesta, marcado en su mirada. Era oficial: esa chica lo frustraba, enfadaba y preocupaba al mismo tiempo. — ¿Por qué no me dijiste?

— No tenías por qué saberlo — contestó sin rodeos. —No me mires así. Llegó conmigo, quiso hacer de las suyas con sus mentiras baratas y la detuvimos. Alexy, Armin, Kentin, Lysandro. Todos ellos ayudaron a que su plan de robarte la canción fallara. Ella ya no está, ganaron el primer premio. Fin de la historia.

—Cuéntame que paso

— ¿Para qué?

—Habla — tajó el chico.

Sucrette empezó a narrar lo sucedido muy a su disgusto, cabe aclarar.

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El jueves estaba por salir del colegio y vi a Nathaniel con Debrah: Él estaba enojado y se me hizo raro, cuando quise ir con ellos, Lysandro me detuvo y me hizo señas para que no hablara, luego nos escondimos en el pasillo. Vimos como Nathaniel la guiaba a la salida y ella no quería, en eso nos vio y Nathaniel la soltó. Lysandro se puso delante de mí y aunque se me hizo raro me quede callada por que Debrah lo saludó… muy efusivamente. Casi como Nina lo hace. Y ella no notó mi presencia hasta que preguntó por ti y le dije que si era para molestarte, yo misma le diría donde estabas.

— ¿Así que pretendías ser su aliada? — Soltó Castiel ofendido. Sucrette rio apenada. —Tengo más enemigos de lo que parece.

—Claro que no. Cuando a ella la rechazó al instante, parecía como si el diera asco que lo tocara. Eso fue lo que me alertó. Para que Lysandro-siempre-amable la tratara de esa forma, es que algo muy malo había con ella. Y Nathaniel intervino a tu favor.

Castiel al miró sorprendido y casi al instante cambio su expresión a una de odio.

—Continua. Ya pensaré en tu castigo por confabular con mi ex.

Como te decía, Nathaniel le dijo que se fuera de una vez o dejaría de pedírselo amablemente. La tipa… digo, Debrah obedeció y se fue. Nathaniel regresó con nosotros ya más tranquilo y les pregunté qué pasaba pero Lysandro dijo que se le había quedado la libreta en el salón y Nathaniel le dijo que corriera o iban a cerrar el aula. Aunque me quedé con él, tampoco quiso decirme quien era ella o que quería. El punto es que también huyó y no me quedo de otra que irme. Cuando iba pro el patio se me puso adelante y se presentó conmigo como si fuera la primera vez que nos veíamos. Obviamente su tono infantil me dio menos confianza y le seguí el juego.

Castiel hizo un gesto al escuchar aquello; a diferencia de él, Sucrette fue inteligente al no dejarse engañar por un tono de amabilidad y una sonrisa amplia.

Me invitó a comer, y no pude rechazarla cuando Lysandro llegó y lo hizo por mí. Me dijo que tenía cosas que preguntarme de la escuela y solo así Debrah me dejó en paz, porque supo que no iba a poder con Lysandro. Caminamos hasta el parque y ahí me contó lo que él sabía de ti y ella que aunque no era a detalle, bastó para que empezara a odiarla. Le ofrecí mi ayuda para que ganaran si o si el concurso. Lysandro me dijo que no tomara represalias contra ella. Pero apenas se fue, yo le llamé a Kentin para que me ayudara a vengarme de alguien. Al otro día era el plan: Fuimos con Lysandro y le quitamos sin que lo notara su móvil. Tenía dos llamadas perdidas, ambas del día anterior. Marcamos y nos contestó Debrah. No ha de haber visto el numero porque nos dijo Si, estoy en la escuela. Todavía no lo veo, pero hay alguien que sabe dónde está Nos quedamos mudos y fue cuando Rosalya, Armin y Alexy entraron al salón. Ella iba diciendo cosas como Tenemos que evitar que se encuentre con Castiel Para entonces Kentin ya había cortado la llamada y nos hicimos los desentendidos pero el móvil sonó. Kentin contestó y lo cubrí pero los chicos fueron escucharon todo. Era tu llamada, diciendo supuestamente a Lysandro, que se verían en la escuela. Les conté lo que sabía, ellos hablaron lo que sabían y armamos el plan: la prioridad era que ella no te encontrara y todos ayudaríamos. Ah, en ese momento Nathaniel llegó y quería hablar contigo para regañarte o algo así, por lo que todos nos separamos y yo fui con Nathaniel al sótano para esperarte y que pudieran hablar. Rosalya fue a vigilar al patio, Alexy y Armin a los pasillos y Kentin se quedó en la puerta de entrada. Rosalya me advirtió que pasara lo que pasara, no fuera sola a ver a Debrah

—Pero como siempre hiciste tu voluntad y fuiste a buscarla. — la regañó y se cruzó de brazos. Sucrette evadió su mirada al instante.

—Estaba preocupada por lo que pudiera hacer, y tú no contestabas el móvil. Entré en pánico. — su voz se fue haciendo más baja conforme hablaba. La última frase fue apenas un murmullo.

—Oh, la fría chiquilla, perdiendo la sangre.

—Siempre logras eso en mí, no es nada nuevo.

Castiel sonrió satisfecho y se sintió feliz, inmensamente feliz. Sucrette en cambio estaba con las mejillas rojas y mordiéndose la lengua por haber dicho lo último: palabras que sin querer ni planearlas, subían el ego de Castiel. Cuando se calmó un poco, continúo.

—Sí, fui a buscarla. Pero no fui sola, le pedí a Armin que me acompañara.

— ¿Por qué él?

—Le encanta el papel de detective — soltó ella con un suspiro.

Le dije a Nathaniel que iba al baño y le mande mensaje a Armin que nos veíamos en el jardín, porque era la única forma de salir sin que nos vieran. Corrimos con suerte y cuando estábamos a dos calles de la escuela, la vimos salir de una cafetería. Le mandé un texto a su celular de parte de Lysandro citándola afuera de tu edificio, pero en la noche. Cuando lo leyó hizo otra llamada y entro a la cafetería de nuevo. Armin y yo la seguimos sentándonos en otra mesa de donde podíamos ver y oír todo sin que lo notara. Al principio estaba sola, pero como en diez minutos llegó un tipo alto y gordo. Ni se saludaron cuando ella dijo En la noche voy a verlo. Toma, aquí está la dirección. Y le enseñó su celular. Imagino que le mostro el mapa de cómo llegar. El tipo no habló pero ambos se fueron por el mismo lugar. Volvimos a la escuela y después de encontrar a Lysandro y darle su celular le dijimos que Debrah iría esa noche a tu departamento. Contigo no hablo esa noche, pero conmigo sí. Me conto a su modo las cosas, poniéndose de víctima y diciendo que el malo había sido Nathaniel. La muy… descarada, incluso me pidió ayuda para volver contigo. Pero yo fui más lista que ella, y le solté de golpe que si su regreso no tenía nada que ver con el concurso de bandas. Aunque lo negó, pude ver como se ponía nerviosa.

—Y eso fue todo. Ahora te toca a ti. ¿Cómo te diste cuenta que te engañaba?

El chico soltó una risa aguada.

— ¿Qué sería de mi vida sin tu insaciable curiosidad?

—Un infierno — soltó ella orgullosa.

—El paraíso, diría yo,

—Tú en el paraiso, no duras ni medio segundo antes de volverte loco. Desde aquí, se te ven los cuernos y el trinche…

—Y hay que ver quien lo dice…

—Como sea. ¿Me vas a contar o qué?

—Que molesta… — Sucrette se cruzó de piernas sobre el sillón como si adelante tuviera la película más premiada del siglo. Castiel, ahora el a disgusto, narró lo menos detallado posible. —La vi, rompí las partituras que tenía en la mano y por poco, me lio a golpes con el tipo con el que estaba. Fin de la historia.

—Eres horrible

—Tú preguntaste y respondí, Nadie más que tú sabe que estuve a punto de darle la golpiza del siglo a ese imbécil.

—Y sin embargo no es algo imposible de creer.

—Cierto. Y en un futuro, mi puño conocerá la cara el idiota delegado.

— ¿De nuevo con eso? Ya te había dicho que eres un tonto si ves a Nathaniel como rival… o lo que sea. Así como me dijiste que no debía preocuparme por Debrah, es lo mismo con él. Solo somos amigos. ¿Te acuerdas o no?

—Me acuerdo. Pero siempre es agradable saber que te mueres por mí. ¡Mírate! Ya Estas roja como tomate. Eres un caos.

Sucrette se levantó de golpe del sillón para esconder su cara avergonzada. Castiel la detuvo a penas a dos pasos de distancia.

— ¿Qué, ya te vas? Si aún no te digo tu castigo por ser tan cabezota.

—Después del examen

— ¿Lo que yo quiera? —La chica asintió — Bien. Esperare una semana más. Y te digo desde ahora, el castigo empeorará día tras día. — Sucrette tragó saliva, arrepintiéndose de sus palabras al momento en que vio la sonrisa torcida y la mirada oscura del chico. Castiel se encaminó a la puerta; saciada su curiosidad podía seguir con sus labores de composición y su perversa imaginación se ocuparía de elegir un buen castigo. —Sigue estudiando. — le deseó, mostrándole un semblante que la hizo estremecer.