Notas: Estoy realizando revisión a fondo de este fanfic. Sufrirá cambios constantes de aquí en adelante, pero sólo en el estilo de escritura, nada de cambios importantes.

Aclaración:

Advertencias: Universo alterno (AU), OOC y cambio importante de roles.

Disclaimer: Matsuri Hino es la ilustre autora de Vampire Knight. Todos los derechos reservados para ella.


No tenía otra opción más que hacerlo, se dijo mientras cogía una brillante daga dorada de detallada empuñadura. Se había negado profundamente en comprar algún regalo que pudiera llegar a hacerle daño en un descuido, pero eso era lo que había elegido.

Takuma había regateado su decisión un par de veces más, insistente en que no debía de comprar aquél peligroso regalo e incluso Aido, quién siempre era tan servicial en cuanto a los deseos del sangrepura, se había opuesto a la idea. Ya fue el colmo para cuando Ruka expresó su descontento silencioso con sus miradas inquisitivas y malhumoradas. Pero a él le daba exactamente igual, pensó mientras observaba a la muchacha del autoservicio envolver fácilmente el objeto en un bonito papel.

Era su primera fiesta de cumpleaños en un buen tiempo después de todo y Kaname no tenía la más mínima idea de qué regalarle –más bien, quería comprarle todo lo que veía, porque pensaba que todo se le vería bien- así que no tuvo más opción que sacar al pequeño humano en un paseo para ver qué reacciones tenía éste ante diferentes objetos al pasar por las vitrinas de la tienda.

¿Qué es lo que miras tanto, Zero? ocultó su sonrisa al ver al menor tan concentrado en un objeto a través del vidrio; los orbes amatistas de Zero brillaban con curiosidad mientras la comisura de sus labios se curvaba en un amago de sonrisa. El muchacho se giró en dirección al mayor, señalando el escaparate o más bien, a un pequeño objeto brillante en él.

El sangrepura abrió los ojos de par en par, sorprendido al ver el intenso brillo de lo que parecía ser un cuchillo. No pensaba comprarle eso…

Es bonita. ¿Verdad, Kaname-sama? flexionó sus dedos enguantados en mitones haciendo énfasis en la extravagancia del objeto. Una vez había visto a Yuki usando una parecida y, secretamente, quiso una igualYuki no comparte las suyas… el mohín casi inconsciente que realizó a continuación fue el culpable de la seguramente más peligrosa decisión que había tomado en todo el tiempo que llevaba de "niñero" para con el humano.

Y ahora se encontraba ahí, intentando convencer de manera ortodoxa –la otra opción sería hipnotizarla, pero que va…- a la ahora hiperventilada dependienta de recibir el bono por la envoltura pero luego de unos minutos de intentar convencerla simplemente dejó el dinero ahí y se fue. No tenía tiempo para discutir nimiedades, sobre todo si considerábamos el hecho de que iba tarde.

Se ocultó lo más que pudo del resto de los ojos humanos, sus ojos tornándose ligeramente carmesíes. Iba realmente tarde.


Zero cumplía doce dulces años ese día y el Director había insistido en que debía celebrarlo ya que era una fecha especial, pero en realidad no fue hasta que Kaname accedió a asistir que el pequeño chico dio su visto bueno a la ocasión.

Sus ojos bajaron hasta sus rodillas mientras se mordía el labio nerviosamente y sus manos se enroscaban al borde del mantel, un ridículo sombrero de fiesta descansaba sobre su cabeza y un pomposo pastel se plantaba frente a sus ojos y éste era tan grande que ni siquiera podía ver a su hermana que se encontraba en el otro extremo de la pequeña mesa de cuatro personas. Kaien Cross, que a pesar de ser consciente de no ser su verdadero padre, no podía dejar pasar la tristeza que surcaba la expresión de su hijo menor a medida que pasaban los minutos.

Ya vendrá, Zero-kun musitó intentando aligerar el pesar del menor y sonrió delicadamente en cuanto éste posó sus ojos sobre los de élEs imposible que lo haya olvidado. Quizás aún no decide tu regalo, ya sabes cómo es él. el menor asintió intentando convencerse de aquellas palabras, pero una parte mínima llena de pesimismo dentro de él seguía fuertemente arraigada a su joven corazón.

Él le había prometido que iría, se lo había jurado y aunque sabía que debía creerle, no podía evitar pensar en que tal vez lo había dicho para satisfacer sus demandas y que, como muchas otras ocasiones, terminaría llamando a casa excusándose de tener otras cosas que hacer. Otras cosas más importantes que él.

Zero-kun, el direc…Yuki calló al ver la sonrisa de advertencia del hombre mayor y se corrigióNuestro padre tiene razón… es primera vez que veo a un vampiro comportarse así con un humano se estiró por sobre el pastel intentando buscar al albino con la mirada, y en cuanto lo vio esbozó una sonrisa con la esperanza de calmarlo.

El director abrió la boca una vez más para afianzar las palabras de la cazadora, pero el sonido de una puerta abriéndose de par en par seguido por la brisa fresca de la tormenta de nieve que había afuera causó que todos los presentes se voltearan sorprendidos –hasta asustados, o al menos Yuki quien empuñó automáticamente el tenedor sobre la mesa- hasta un bastante agitado Kaname, quién cerraba la puerta tras de sí sacudiéndose la nieve que ya se derretía sobre sus hombros. Los ojos de Zero se abrieron de par en par, y olvidando su pequeña agonía a causa de la ausencia del vampiro, dio un pequeño salto de su puesto y cuando llegó a su lado, extendió sus delgados brazos hacia el mayor.

¡Kaname-sama! los ojos marrón carmesí del mayor se entrecerraron ante la ternura que le causaba todo eso. Había estado mirando por la ventana antes de entrar y casi, casi, se sintió culpable de haberse deleitado con la expresión de total sufrimiento del menor mientras envolvía sus largos brazos en la cintura de éste, afianzándolo cariñosamente contra élPensé que no ibas a venir el sangrepura no pudo evitar reír ante la tierna trompita que le ofrecía su humano, y en un impulso le besó la frente cariñosamente.

Era cierto que habían sido varias las ocasiones en las que había tenido que disculparse con el menor en una corta llamada telefónica por no visitarle siempre que quería, pero aquél maldito consejo de decrépitos ancianos parecía no querer dejarlo en paz. Y todavía ni siquiera cumplía la mayoría de edad. Sacudió la cabeza fuertemente, no, ahora que Zero estaba con él al fin, debía olvidarse de esos viejos que no merecían un lugar dentro de su mente.

Ahora el único que debía estar allí, era la persona que estrechaba en sus brazos.

Bienvenido, Kaname la voz de Cross le hizo desviar la mirada del peli-plateado para dirigirla a los demás. Una niña que no conocía –de presencia al menos- estaba sentada al revés de su silla para no darle la espalda, sintió un impulso de reír al ver cómo empuñaba con fiereza el tenedor en sus manos pero se contuvoPerdóname que no te reciba correctamente, pero estamos un poco apresurados ya que Zero no quería comenzar sin ti. el ex cazador se levantó, ofreciéndole al vampiro su ayuda al quitarse los implementos que llevaba encima, pero en cuanto éste hizo amago de tomar la pequeña bolsa que llevaba, el vampiro negó.

Gracias, pero de eso me encargo yo acunó con cuidado el regalo entre sus manos y prosiguió a sentarse en aquella modesta mesita, en realidad, la casa le parecía pequeña pero acogedora. Perfecta para él.

Intentó ignorar la mirada fija que la cazadora depositaba sobre él, pero Zero no parecía pendiente de su propósito.

Yuki-san, ¿Qué sucede? ¿Estás molesta por algo? a pesar de que cuando la muchacha no estaba se tomaba la libertad de llamarla por su nombre, cuando ésta estaba en presencia le daba algo de vergüenza aún cuando la mayor insistía en que deje formalidades. Yuki pareció sorprenderse de la pregunta y se disculpó al notar que no había dejado de observar al vampiro, soltando al instante el "arma" que tenía en mano.

Ella sigue un poco desconfiada, pero se le pasará. mencionó el Director en cuanto entró de vuelta a la habitación, esta vez sin el delantal de cocina que llevaba anteriormente. La chica asintió, avergonzadaBueno, ya que estamos la familia completa, prosigamos.

Yuki se removió incómoda ante las palabras del director cosa que no pasó desapercibida para el sangrepura quien intentó sonreírle, hecho que valga la redundancia, no pasó desapercibido a los ojos del cumpleañero, formando un extraño círculo vicioso de sonrojos, sonrisas y celos correspondientemente. Cross suspiró, los niños de hoy en día…

Después de unos minutos, se veía a un Zero casi empotrado en la mesa intentando apagar las lejanas doce velitas que reposaban sobre la enorme tarta y una vez las hubo apagado todas, los aplausos no se hicieron esperar causando que el albino sonriese con sus mejillas levemente sonrosadas. Su corazón estaba repugnantemente henchido de felicidad. Felicidad que, aunque no lo admitía en voz alta, sólo esas tres personas eran capaces de brindarle.

El sangrepura habría dado lo que fuera por hacer de ese día y esa sonrisa tan especial para él de algo eterno.


Yuki observaba con la imperiosa curiosidad de una quinceañera al mirar su primer vestido de fiesta, a una pequeña especie de vara que descansaba sobre la mesa de la oficina del Director, era "Artemis" según se le había explicado y podría hacer uso de ella cuando cumpla dieciséis. Por ahora sólo podía contentarse con el entrenamiento.

De todas formas, extendió un brazo vacilante hasta rozarla gentilmente con la yema de sus dedos, preguntándose qué reacción hubiese tenido el arma si ella hubiese sido vampira y sus dedos la rozaran como lo hacían en este momento. Nunca había tenido ocasión de usarla con un vampiro real.

Una idea algo loca cruzó su mente en cuanto se escabulló por el pasillo y divisó la cabellera peli-plateada de su hermano, quien observaba de manera ausente al exterior por la ventana como solía hacer a veces. Sabía quién estaba en sus pensamientos ahora mismo y ella misma estaba pensando en esa persona, aunque con un propósito totalmente distinto al del chico.

Kuran Kaname era un único vampiro con el cual podía entrar en contacto libremente estando cerca. Sonrió pensando en que tal vez una pequeña broma como esa, gracias a su naturaleza, no le afectaría en lo más mínimo al sangrepura y el seguramente momentáneo disgusto de Zero por sus acciones se pasaría luego de un rato. Decidida y con un nuevo plan de entretención formulándose dentro de su cabecita, se encaminó a la oficina de su padre contenta.

Yuki-chan debería ser una buena niña. Yo no te crié así, Yuki-chan, niña mala. la chica se sobresaltó quedándose estática a medio coger a "Artemis", mientras observaba casi con temor la ahora oscura figura de Cross KaienPapá está dispuesto a jugar así que Yuki-chan debería dejar a Kaname-kun y venir a jugar conmigo. Yuki tragó saliva, sabiéndose pillada en su maléfico plan y tembló al ver la –para ella- psicótica sonrisa del mayor que le dirigía.

Di-director…. ¡digo! Paaaaaa… ¿papá? el aura casi maníaco que desprendía el hombre se suavizó notablemente al oír las palabras de su hija, pero como ya se había hecho costumbre, alguien más se había adelantado a sus palabras.

Yuki-san va a jugar conmigo, Director. sin más ni más, Zero, quién había hecho acto de presencia, se llevó a rastras a la chica de cabellos caoba fuera de la habitación hasta la suya propia asegurándose de tener la privacidad que iba a necesitar para hacer lo que iba a hacer.

Yuki tragó saliva nuevamente, bajando la vista ya resignada a no llevar su plan a cabo.

No le iba a hacer daño. Musitó atropelladamente, a sabiendas de que de todas las personas, Zero sería la última que le perdonaría el hacerle algún daño al sangrepura. Por más extraño que le fuese admitirlo.

El menor sonrió gentil, mientras acariciaba uno de los largos mechones de la chica en un gesto de afectiva hermandad. A pesar de la naturaleza de la chica, él era veces mucho más macabro que ella misma.

Yo quiero ayudarte. También tengo curiosidad de mi Bloody Rose casi como haciendo algún tipo de énfasis en sus palabras, señaló una mediana pistola que descansaba en un velador de la esquina más lejana. La muchacha abrió los ojos sorprendida, así que Zero la había robado tal como ella planeaba con la suya… y con una euforia renovada, sonrió cómplice.

Por supuesto que ningún plan maquiavélico logró llevarse a cabo, no completo al menos, ya que en cuanto el sangrepura hizo acto de presencia dos días después, casi lo matan de un susto al atacarlo sorpresivamente recibiendo una grave reprimenda del Director. Después de enterarse de que podrían haberle hecho un serio daño a Kaname, ninguno de los dos intentó tocar sus armas correspondientes por un buen tiempo –sobra decir que Zero devolvió a la "Bloody Rose".


El porqué sus padres habían muerto era algo que aún no podía asegurar a ciencia cierta sin sentirse aún débil. El resultado de todo eso era aún peor.

Observó la cajetilla de pastillas entre sus dedos, sabía que aún estaban en fase de experimentación pero Kaname no podía darse el lujo de beber de alguien más sin convertir o crear lazos con la persona en cuestión. Y ésa era una de las pocas cosas que lo llevaban a cuestionarse si sería lo suficientemente fuerte como para soportarlo todo por sí mismo.

«No puedes darte el lujo. No si él sigue esperando…». Mordió una pastilla sin siquiera darse el trabajo de disolverla en agua.

Deberías esperar a que terminen la elaboración, Kaname. Takuma, uno de los pocos y más confiables amigos del sangrepura, ingresó en la habitación. A pesar de que el incidente en la mansión Kuran había pasado hace ya más de cinco años, su mejor amigo seguía teniéndole cierto recelo a volver a aquel lugar que alguna vez consideró un hogar; por supuesto, él le tendría bajo su techo el tiempo que fuera necesarioA ese chico seguro le molestaría verte tan mal alimentado. sonrió.

Kaname continuó mordisqueando algunas pastillas más, pero no pudo evitar reír ligeramente ante la frase –que seguro no estaría errada en nada- que el Ichijo pronunció. Sabía que Zero a lo mejor relacionara su hambre con comida, cuando lo único que podría saciar por completo al sangrepura no era nada más ni nada menos que él mismo.

Pero él jamás se lo permitiría a sí mismo. Ni se lo perdonaría, cabe decir.

Él no tendría por qué molestarse cuando no me puede ver, y ahora mismo está más seguro que nunca. Muy, muy lejos de mí. «y muy lejos de mi hambre»Sabía cuánto le molestaba al humano el que se ausentara los días que prometía ir a verle, pero hoy había estado más sediento que de costumbre y aunque le molestase admitirlo, se debía justamente a la cercanía que tenía con el muchacho los últimos díasNo tienes que preocuparte, estaré bien mientras él esté bien.

Takuma le observó recostarse casi con dificultad sobre la cama, él más que nadie sabía cuánta energía había gastado el único sobreviviente de los Kuran esta última semana y eso que ni siquiera había tenido que hacer visitas indeseadas a los vetustos Ancianos. No quería imaginarse el martirio que debía sufrir Kaname cada vez que se plantaba voluntariamente cada día sólo a contemplar de lejos –algunas veces más cerca que otras- a lo que seguramente sería el mejor bocadillo que jamás probaría. Aunque había insistido varias veces al sangrepura en desistir de su tarea, éste, al igual que un testarudo niño pequeño, se había negado rotundamente a cada palabra pronunciada por el rubio y su abuelo. Suspiró pesadamente mientras abandonaba al otro vampiro para dejarlo descansar tranquilamente.

Definitivamente, se dijo Takuma, el sangrepura era el ser más pesado y tal vez hasta estúpido que había conocido en toda la tierra y en lo que sería su larga, larga vida.