Notas: A partir de este capítulo no se dividirán por años. No sé en qué orden irán –se cubre con la sartén- pero espero que esto siga siendo de su agrado.

Disclaimer: Matsuri Hino es la ilustre autora de Vampire Knight. Todos los derechos reservados para ella.


Capítulo III: Comprender.

«Hubo un tiempo en el que podía respirar vida de ti. Uno a uno, tus pálidos dedos empezaron a moverse. Y toqué tu cara, y se borró toda la vida. Sonreíste como un ángel con gracia celestial»

Resurrection - HIM


Esa noche tuvo pesadillas.

Revolcándose en su cama, intentando buscar una posición cómoda para dormir, resistió el impulso de levantarse y salir corriendo de las cuatro paredes que parecían aprisionarlo. Si lo hacía estaba seguro de cometer alguna torpeza y llamar la atención de Yuki o de su padre adoptivo, que era lo último que quería en estos momentos.

Al final, optó por sentarse en la cama secándose los últimos rastros de frío sudor con la manga de su pijama. Sus ojos violetas vagaron por la habitación, con la vana esperanza de encontrarse con la familiar figura del sangrepura como era costumbre cada vez que tenía un mal sueño de pequeño y Kaname, quien le vigilaba durante toda la noche, le abrazaba por detrás, ofreciéndole suaves mimos hasta dormirse finalmente. En su lugar, encontró nada más que un profundo y oscuro vacío.

No supo en qué momento sus manos se convirtieron en, si es posible, aún más pálidos puños a causa de la presión. ¡Si no hubiese sido por esa…!

Sacudió la cabeza. Debía comenzar a sacarse de la cabeza esa tonta fantasía de monopolizar al vampiro por su egoísta deseo de mantenerlo a su lado siempre.

Resultaba obvio que, perteneciendo a una clase tan alta dentro de su mundo, el príncipe de los vampiros ya haya conseguido a alguien a quién cortejar, es sólo que Zero en su pequeño intento de creer que era la persona más importante para él, se había autoencerrado en una pequeña burbuja de la que veía bastante difícil salir. Es más, si lo pensaba correctamente, consideraba a esa vampira como la mejor opción en comparación con perder a Kaname ante cualquier ser desconocido que vagase por la tierra. Si le preguntaran el porqué no se elegiría a sí mismo era simplemente porque, siendo el humano que es, probablemente no aspiraría a nada mejor que llegar a ser un nivel C. Ni siquiera siendo un vampiro tendría la oportunidad de cumplir su deseo.

Ruka Souen era una noble, era evidente que viviría aún más años que él.

Y así sin quererlo demasiado, se encontró sumido en sus pensamientos enumerando todas y cada una del porqué-no-era-un-buen-partido para Kaname hasta que los primeros rayos se colaron por la ventana, cegando momentáneamente su vista en cuanto alzó el rostro para mirar con profundo odio a la inocente luz que inundaba lentamente su habitación.

Apartó todo pensamiento de su mente y apartó la colcha de una patada, saliendo finalmente fuera de su habitación a regañadientes.


El desayuno no fue mucho mejor tampoco, o eso fue lo que pensó al ver una mezcla extraña de cereales flotando en algo que se suponía debía ser leche, pero que de alguna extraña manera Cross se las había arreglado para darle un color verde que le revolvía el estómago.

— Qué… rayos… Yuki frunció el ceño ante su plato, aún restregándose la palma de su mano contra sus ojos intentando despejarse las legañas que parecían no dejarla despertar. En alguna otra ocasión, el chico se abría burlado de su apariencia, pero el único que parecía estar animoso dentro de la casa era Cross, a quien Yuki había enviado a ordenar el desastre que había dejado en el baño rompiendo una de las cajoneras ¡¿Qué diablos?! ¡Ese hombre enloqueció si cree que voy a comer esto!

— No sé respondió. Yuki le miró ceñuda por unos instantes y Zero no hico más que observar su plato durante el resto del desayuno. En cuanto la morena se levantó, dejándolo solo frente a la mesa, agradeció el pequeño rato de discreción que le había brindado.

Pensó en hacerse el enfermo y retorcerse en su sufrimiento sobre su cama por el resto del día, pero ya podía imaginar que si lo hacía Cross tendría al hombre-en-el-cual-no-quería-pensar frente a su puerta en menos de lo que canta un gallo. Y mira que si sabía que el vampiro podría hacerlo.

De forma perezosa dejó su plato sobre el fregadero, sacando de paso su uniforme de la pila de ropa sobre el mesón. Observó su ropa mientras la estiraba sobre la cama una vez volvió a su habitación, notando los diferentes cambios desde que había ingresado a la famosa Academia Cross; el pantalón ya no calzaba horizontalmente dentro de la cama y ya no era necesario el doblez que debía hacerle cada día a la chaqueta. Pronto cumpliría quince años, y aún seguía sintiéndose como el pequeño niño que llegó a casa esa noche de tormenta.

Durante el resto del día no volvió a darle muchas vueltas al asunto. Debía concentrarse en sus deberes en vez de andar como esas apestosas niñas de su clase pensando en la clase nocturna, o por lo menos no estar pendiente de los minutos que faltaban para acabar sus clases y realizar el cambio de edificio. Incluso hizo el intento de poner atención a lo que Yuki le conversaba de tanto en tanto entre una clase y otra, pero al final del día se dio cuenta de que no podía recordar nada de lo que la morena le había dicho.

No despertó de su pequeño -se quiso autoconvencer de que no era tan grande- problema hasta que el sonido de las puerta abriéndose y los chillidos histéricos de las chicas que él y Yuki intentaban contener retumbó en sus oídos. Desesperado, intentó empujarlas hacia atrás, deseando por una vez mezclarse entre la masa desordenada de mujeres gritando diferentes nombres en diferentes direcciones.

Alguien pisó su pie, enterrándole una especie de tacón puntiagudo que probablemente le dejaría una marca. ¡Las mujeres estaban locas!

— ¡Retrocedan!

Como era de esperarse, el silencio que se produjo tras su "pequeña" exaltación no se hizo esperar, pero sabía que era demasiado tarde para cantar victoria todavía porque en cuanto uno de e-…

— ¡Buenos díaaas! todas las chicas, absolutamente todas, levantaron sus cabezas al mismo tiempo como si de cachorros entrenados se tratasen al escuchar la cantarina voz del estúpido vampiro de hielo abriéndose paso entre sus propios compañeros para dirigirse a ellas. Zero gruñó en su dirección, ese idiota siempre arruinaba el momento justo en cuanto lograba calmar a toda esa masa de hormonas.

Aunque Yuki parecía haber pensado ya en eso previamente.

— Aidou-senpai, por favor no se detenga y siga su camino a clases objetó la morena, ganándose la mirada furiosa de todas las chicas que rodeaban al vampiro. Aidou sonrió paulatinamente, girándose hacia la prefecta. Ya creía él que podía ejercer el mismo poder sobre ella que con las demás, ¡ni en sus sueños!

— Yuki-chan, siempre tan responsable. ¿No será que estás celosa? preguntó el noble, aún sonriendo con suficiencia.

— Le pediría, Aidou-senpai, que por favor se abstenga de hacer preguntas estúpidas. Recuerde que sólo me estoy reprimiendo porque así lo requiere el reglamento general.

A ninguno de los presentes le pasó desapercibido el temblor que recorrió el cuerpo del noble ante la notable amenaza de la cazadora, y no dudaban en que no decía más que la verdad. Después de todo no era secreto que al único vampiro al que no atacaría sin una buena razón, era a su líder. Y eso porque la chica le tenía gran afecto a su hermano menor.

Si no fuera por él, probablemente nadie se encontraría ileso.

Zero sonrió desde su posición mientras veía a su hermana adoptiva discutir con el vampiro. Era imposible que pase un día en que esos dos se encontrasen y no discutieran, no al menos hasta que Kaname hacía acto de presencia y mandaba a callar al noble.

Y hablando del sangrepura, Zero estaba haciendo todo lo posible para evitar hacer mayor contacto con él ahora que se encontraban en el mismo lugar. Sabía que el mayor le observaba, porque era algo que ya sucedía cada día que cruzaban camino, pero también sabía que si él no le miraba de vuelta, eran pocas las probabilidades de que él se acerque primero, por lo que llevaba ya un buen rato fingiendo estar luchando contra la horda de chicas que, misteriosamente, se mantenían más ordenadas de lo normal. Aún así, Zero creía verse lo suficientemente ocupado como para tener una excusa y dejar pasar el día sin dirigirle la palabra a Kaname.

El vampiro que le cuidaba, el que le salvó, el que no debería estar ignora-

— ¿Sucede algo, Zero? el muchacho brincó al escuchar la suave voz de Kaname justo tras de él, mientras una mano se aferraba gentilmente a su hombro izquierdo.

El de ojos violáceos se dio media vuelta, encontrándose con la mirada preocupada del sangrepura.

Ya no había caso. Había perdido.

— Estoy bien, Kaname-sama murmuró en respuesta. Su voz había sonado más patética de lo que estaba acostumbrado.

Si el vampiro había creído o no sus palabras, no pudo saberlo a ciencia cierta, ya que cuando alzó la vista en su dirección, buscando después de tanto tiempo la mirada de la que el mayor era dueño, unas manos delgadas y femeninas se ciñeron delicadamente sobre el brazo del sangrepura. Zero no pudo evitar sentirse aún más miserable al ver que la dueña de esas manos no era otra más que Ruka Souen, la culpable de su actual sufrimiento.

«Espera… ella no tiene la culpa de tu obsesión con Kaname-sama…»

— Deberíamos marchar a clases ya, Kaname-sama con voz más melosa de lo normal, la vampira logró ganarse la atención de su líder, quien asintió inmediatamente. Esto al principio sorprendió a la chica, ya que no esperaba que cediera tan fácilmente, pero no le tomó mucha importancia al ver que, por una buena vez, el sangrepura parecía estar reacio a la compañía del humano.

— Sí murmuró Kaname, soltando al menor de su agarre Ten cuidado, Zero.

El muchacho simplemente asintió, intentando ignorar la extraña molestia que parecía estar constantemente apuñalando su pecho cada vez que veía la espalda del vampiro vuelta hacia él.

Cada vez que sucedía, era como si sintiera que no lo volvería a ver nunca más.

Yuki se acercó a su lado, estirando los brazos por su cabeza, ignorante a los pensamientos que cruzaban la mente de su hermano.

— ¡Al fin acabó! ¡A que no me ganas la carrera, Zero!


Lidiar con el papeleo de la Academia era molesto.

Lidiar con el comportamiento de Aidou era molesto.

Y podría decir que incluso el tener que levantarse muchas veces también era molesto.

Pero de ahí a tener que sacrificar su tiempo para los malditos ancianos… eso era otra cosa. Algo que no podía comparar con nada.

Eran esas cosas las que rondaban la mente de Kaname en esos momentos, quien ya no se molestaba en leer ninguno de los papeles presentes y sólo firmaba, uno tras otro, y otro, y otro… algo que ya llevaba haciendo hace ya unas buenas horas, y los papeles parecían no dejar de venir.

Firmó una vez más antes de recargarse sobre el respaldo, su espalda levemente encorvada a medida que se hundía más y más en su asiento. El que haya entrado a la Academia Cross con el propósito de crear una convivencia pacífica entre ambos mundos era algo que todos sabían, algo que no se preguntaba y algo que el propio Kaname había empezado a creer, muy en el fondo de su mente.

Pero la verdadera razón estaba lejos de ser tan noble como se veía.

En realidad, si se miraba desde fuera, no había un motivo válido del porqué un vampiro como él debía estar encerrado en un aula con otros que no eran de su clase. Él no tenía porqué sentarse cada día al lado de una ventana, escuchando las mismas palabras que ya se sabía de memoria y realizando las mismas lecciones como un obediente alumno responsable. No tenía porqué firmar acuerdos ni vigilar a un grupo de inmaduros nobles y evitar que causen daño alguno a los humanos de ese lugar. Ni siquiera tenía la necesidad de quedar bien a los ojos de Cross.

Pero todo eso no importaba, porque cada vez que pensaba en todo eso, sólo era suficiente que un rostro venga a su mente y sabía que podía consolarse con el motivo real del porqué hacia todas esas cosas.

Si por su seguridad debía enfrentarse incluso a su raza entera, lo haría sin pensarlo dos veces.

Si debía traicionar, romper y tiranizar a quien se cruce en su camino, no le importaría mancharse las manos con la sangre de sus más fieles seguidores. O amigos, como prefieran llamarles.

Si debía ofrecer su propio corazón por la seguridad y felicidad de Zero, él mismo se lo arrancaría sin chistar.

Kaname podía ser todo lo que se esperaba de un sangrepura; paciente, amable, responsable y, aunque un tanto cruel, bastante cercano a quienes le rodeaban. Pero la bestia no siempre suele mostrarse como en realidad es, ¿no?

El sólo imaginar el cuerpo lívido, desarticulado entre sus brazos de la única persona que le mantenía en pie, esos ojos que tanto amaba completamente vacíos y sin rastro de la alegría que alguna vez portaban, hacían que la sangre del príncipe hirviese bajo sus venas.

Un pequeño y casi inaudible 'crack' fue suficiente para indicarle a Kaname que era tiempo de detener el hilo de sus pensamientos. No, ahora la única imagen que debía proyectarse era la de un rostro sonriente, la de delgados brazos esperándole a la entrada de la vieja casa del ex cazador y la voz más hermosa que había escuchado invitándole a fundirse en el afecto que el humano le profesaba.

« Si», se dijo, «"Kaname-sama" siempre te protegerá.»

El sangrepura se vio interrumpido cuando un leve toque en su puerta le hizo volver a la realidad. Una leve esencia a fresas le indicó exactamente quién era la que se encontraba frente a la puerta. Kaname simplemente le hizo pasar y la vampira, quien llevaba un rato debatiéndose entre si llamar o no, asomó la cabeza por la apertura.

— ¿Qué quieres, Ruka? si había otra cosa aparte del papeleo que le estaba dando dolores de cabeza, eran las incesantes miradas que recibía por parte de la rubia. Si bien aún recordaba lo que había sucedido, nada de ello indicaba que ella podía hacer lo que quisiese. Después de todo, todo y absolutamente todo había sido por Zero.

— Me preguntaba si quería asistir a la cena de esta noche, Kaname-sama preguntó ya una vez estando completamente dentro. El vampiro ni siquiera la miró antes de contestar.

— No tengo tiempo para esas cosas eso fue todo lo que dijo antes de que unos largos minutos de silencio se instalasen entre ellos, poniendo a la vampira aún más nerviosa de lo que ya estaba. Kaname quería solamente cerrar esa maldita puerta y terminar con el trabajo que tenía en manos, pero… ah, bendita reputación.

— Pero es bueno que…

El sonido de un grave gruñido detuvo a la chica de seguir hablando, dejándola completamente petrificada al ver al castaño quebrar la pluma metálica que tenía entre sus largos dedos.

— Ruka, eso no se repetirá nuevamente. Jamás.

La vampira se quedó estática por unos momentos, intentando comprender a qué era a lo que su príncipe se estaba refiriendo. La imagen del último encuentro entre ellos surgió en su mente, recordando también las oleadas de dolor que venían del insignificante humano husmeando tras la puerta de su líder.

Ruka estaba acostumbrada a vivir con un corazón roto cada día, tanto que casi sentía como si fuera completamente natural el que se encuentre en permanente daño. Aún así se sintió extrañada al sentir otro tipo de malestar surgir dentro de ella.

Ah, casi había olvidado lo que se sentía el dolor mezclado con pura envidia.

— ¿Es por ese niño? pese a que sabía que debía simplemente asentir y retirarse, no pudo detener esas palabras que brotaron de su boca e instantáneamente temió por la reacción que obtendría del sangrepura.

Fue por eso que abrió sus ojos enormemente, sorprendida al ver una pequeña y enigmática sonrisa aparecer en el rostro del otro vampiro.

— Todo es por él.


Ya era hora de la cena cuando Zero se apartó de la olla repleta de fideos a abrir la puerta, a la cual alguien llevaba llamando hace un rato y Zero no lo había escuchado gracias al incesante parloteo de Kaien por el teléfono.

Secó sus manos húmedas por el vapor en el delantal que llevaba puesto, para luego entreabrir la puerta y ver así quién era.

El viento helado y la completa oscuridad de la noche fue todo lo que recibió como respuesta, por lo que frunció el ceño extrañado y decidió echar un vistazo más allá de la puerta, topándose con un pequeño sobre protegido por el alero sobre la puerta.

Tomó el sobre extrañado, dándole vueltas y sin encontrar nada que indique su procedencia. Al entrar a la casa, Cross le miraba de la misma forma que él miraba la carta.

— Cross, ¿esto es tuyo? preguntó el menor, dando breves miradas a la ventana que se encontraba al costado de la puerta. Kaien negó simplemente, pero aún así tomó entre sus manos el sobre que le ofrecía el de cabello plateado.

Zero observó expectante al ver a su padre adoptivo abrir el pequeño sobre, pero la sonrisa que apareció en el rostro del mayor y el silencio que le siguió no le ofrecían mucha información.

— ¿Y? ¿Qué dice?

El ex cazador sacudió la cabeza, aún sonriendo ligeramente. Ya era hora de que esto pasara de una vez por todas, después de todo Zero ya no era más el pequeño niño que había llegado hacía unos años.

— Ve a tu habitación a quitarte el uniforme. Yo me encargo de la comida ofreció el mayor.

Por unos momentos, la alarma de lo que esa frase significaba resonó en la mente de Zero. ¡Al diablo si el hombre creía que arruinaría su comida!

— Ni hablar. Sólo cierra la tapa y en cinco minutos vuelvo.

El rubio volvió a sacudir la cabeza.

Dudaba que sólo fueran cinco minutos.


Zero entró apresuradamente a su habitación, sin molestarse en echar un vistazo a su alrededor antes de comenzar a quitarse el uniforme que aún llevaba encima. Iba a comenzar a desabotonar los primeros botones de su camisa cuando se percató de que algo parecía estar fuera de lugar.

No iba mal, sólo fuera de lugar.

Sus ojos amatistas vagaron por la penumbra de su habitación, ya que no acostumbraba a encender la luz cuando entraba a su cuarto. No fue hasta que dio con la oscura y larga silueta de alguien más recostada en su cama que, apresuradamente y sin pensarlo dos veces, sacó a su brillante Bloody Rose del bolsillo de su cinturón y apuntó directo a quien fuera que estuviese frente a él.

Una suave risa, que sonó más melancólica que alegre, llegó a sus oídos logrando que, por unos breves instantes se quedase sin saber qué hacer antes de soltar la pistola, que calló con un ruido sordo sobre la alfombra bajo sus pies.

Su corazón se aceleró furioso, enviando leves temblores por todo su cuerpo. Tardó bastante tiempo en encontrar su voz para hablar nuevamente.

— ¿… Kaname-sama? la mención de su nombre no salió más fuerte que un susurro y sus rodillas temblaron al captar al fin la mirada que el vampiro posaba sobre él.

No supo en qué momento sus pies le habían llevado al borde de la cama, frente al sangrepura que permanecía ahora sentado sobre ella.

Dos delgadas y pálidas manos se alzaron hasta tomar una de las suyas entre ellas, la cual llevó hasta su nariz, enterrando su rostro en ella. A este paso, Zero no sabía si estaba flotando o su cuerpo se había comenzado a evaporar por sí solo en el aire.

En ese momento justo, sintió que todas las preocupaciones que llevaban consumiéndole desde hace unos días estaban desapareciendo mágicamente, dejándolo vulnerable frente al vampiro.

Lo que no sabía era que la situación era completamente al revés.

Era Kaname quién parecía perderse más y más en ese instante, todos sus sentidos siendo invadidos completamente por la presencia frente a él. El dulce aroma que llenaba la habitación lograba hacer su garganta arder, pero enterró en lo más hondo de su mente esa pequeña voz que le recordaba que todo volvería a ser como antes si sólo hundía sus colmillos sobre la suave y tierna carne en el cuello del humano. Pero sabía que era imposible. Absolutamente nada sería igual.

— Te veías triste hace unas horas…

La voz tranquila pero preocupada del vampiro sacó a Zero de sus cavilaciones, quien sólo sonrió brevemente, negando firmemente.

— No es nada de lo que tengas que preocuparte murmuró. El vampiro le miró por unos momentos, antes de jalarlo repentinamente sobre sus rodillas causando que el menor soltase una leve exclamación ¡Kaname-sama!

— Shh, sólo quédate quieto susurró el sangrepura, sonriendo al sentir el delgado cuerpo entre sus brazos estremecerse Déjame estar así un poco más.

Por supuesto que a Zero le gustaba sentir el cosquilleo del cabello del vampiro sobre sus mejillas cada vez que éste apoyaba su mentón sobre su hombro, pero había algo en el ambiente que aún seguía incomodándole, por lo que muy a su pesar, se giró en dirección al mayor, apoyando ambas manos a en cada mejilla del otro.

Era la primera vez en mucho tiempo que Zero tenía la oportunidad de tener a tan corta distancia el rostro del moreno, casi sintiendo la respiración del otro sobre su piel. Las pestañas largas que rozaban sus pómulos cada vez que cerraba los ojos, como ahora, o la manera en que dejaba entreabiertos los labios sin llegar a cerrarlos completamente era algo ante lo que Zero no podía evitar que un intenso rubor cubriese sus mejillas.

— Sé que no tengo derecho a saber todo lo que piensas, pero… ¿podría Kaname-sama confiar en mí, sólo esta vez? susurró quedamente, la preocupación tiñendo el bajo volumen de su voz. El sangrepura pareció dudar unos instantes, pero finalmente abrió los ojos nuevamente y asintió, apoyando su frente contra la del muchacho al cual comenzaba a abrazar más que meramente sostener.

No era simplemente porque sí el que haya venido a este lugar, por supuesto que no; el vampiro había intentado por todos los medios relajar la tensión que le consumía ya sea tomando un largo baño luego de terminar de revisar cada papel y firma e incluso decidió ir escaleras abajo cuando la cena que Ruka había anunciado se estaba desarrollando. Fue después de una larga lista de conversaciones fallidas que decidió que nada allí le servía.

Que necesitaba su dosis de Zero justo en ese momento.

Y así fue como terminó en esa posición, resumiéndole lo más breve posible y sin detalles, cada problema que le venían aquejando. Resultaba obvio que tuvo que mentir en ese instante, pero el simplemente sentir el toque del otro viajar ligeramente por su rostro y percibir su suave aroma envolverle lentamente era suficiente para devolver a su mente al estado controlado y tranquilo de siempre.

Zero siguió administrando sus pequeñas caricias sobre el rostro del otro incluso cuando hubo terminado de hablar. Los brazos que le mantenían aprisionado se habían cerrado de tal forma que su cuerpo inevitablemente se apoyaba contra el pecho del mayor.

Fue gracias a la situación y a la influencia que ejercía el aroma del mayor sobre sus sentidos lo que le llevó a pronunciar las siguientes palabras. Palabras que desde niño no había repetido jamás una vez se percató de sus verdaderos sentimientos hacia el vampiro.

— Te quiero…

Simplemente fueron esas dos palabras, cortas pero importantes, las que rompieron inmediatamente todos los esquemas, de los que estaba bien y lo que no, dentro de la mente de Kaname. Esas dos palabras que Zero parecía no dejar de repetir de pequeño pero que ahora extrañaba tanto, muchas veces casi como al mismo muchacho.

Fue por todo eso y más que el vampiro no supo en qué momento dejó de sentir el toque sobre su rostro y en cambio, rozaba levemente sus labios contra los de Zero, quien permaneció en silencio, sin aún poder reaccionar.


Mientras tanto en la cocina, una muy furiosa Yuki intentaba salvar la ya insalvable masa negra que se suponía debían ser pasta.

¡Sacrificaría a Cross a los cerdos si creía que tenía que comer eso!


Notas: Kaname no sufras nosotros te amamos! Aquí está el capítulo que sigue. Realmente dediqué mi cerebro a esta pequeña cosa y quedé sumamente contenta porque me gusta verlos sufrir. Jajá.

Y Yuki va a terminar con indigestión y Kaien terminará siendo comida de cerdo. Y eso.

Hasta la próxima!