Disclaimer: Los personajes no me pertenecen, son propiedad de Stephenie Meyer (a excepción de algunos). Ls trama sí es mía y está prohibido su uso sin mi permiso.

Capítulo 15:

Siento que en cualquier momento voy a explotar. Sí, explotar. Porque no hay otra palabra que defina mejor lo que estoy sintiendo en estos momentos. Porque nunca antes me he sentido tan al borde del colapso absoluto… La cabeza me da vueltas frenéticas, dándome un ligero mareo, y mi respiración no es más que un confuso y errático conjunto de jadeos que salen de mis labios sin control alguno. Quiero gritar, quiero romper en un llanto incesable, quiero correr, quiero… tantas cosas, pero no hago nada de eso. Porque no puedo. Porque, como si de un imán se tratase, mis ojos siguen fijos y pegados a las fotografías que están frente a mí; en especial en aquella frágil y pequeña bebé de ojos azules bordeados en verde jade…

Observo a la mujer que está junto a ellos en las fotografías. Es una desconocida para mí. Por más que la miro, no puedo ver semejanza alguna entre ella y yo. No cuando sus ojos azules brillan con esa felicidad que jamás recuerdo haber sentido, no cuando su boca se curva en una sonrisa que jamás he esbozado, no cuando sus brazos rodean a aquellos que ama con una seguridad que yo nunca he sentido… Y en ese momento, me sorprendo al darme cuenta de que siento envidia y celos de ella. Envidia de lo que tiene, envidia de su felicidad absoluta innegable, envidia de la seguridad que desprende en las fotografías al rodear con sus brazos a ellos, a los que ambas amamos con todo nuestro ser. Ella lo sabía en aquel momento, ella sabía que ellos le pertenecían, ella sabía que eran suyos por derecho propio. Yo… yo no.

Ella no es yo. Yo no soy ella. Ella es otra Bella. Ella es la Bella de Edward y Melanie. Ella es quién les pertenece. Ella es una esposa, una madre. Yo solo soy su despojo; el resto inútil y malogrado que ni siquiera es capaz de recordarlos como se debe, pero que guarda el corazón de aquella Bella que alguna vez existió para amar a los suyos con la misma intensidad.

Somos dos mujeres completamente distintas… compartiendo un mismo corazón, los mismos amores.

Darme cuenta de esto hace que un dolor me ataque justo en la boca del estómago, haciéndome encoger en mi lugar, con un nudo en la garganta y los ojos picando por formar aquellas lágrimas desesperadas que desean salir con toda su fuerza. Jadeo, en un intento de apartar esa horrible sensación, doblándome sobre mí misma pero incapaz de apartar la mirada de lo que se representa frente a mí. La imagen perfecta de lo que alguna vez tuve… y lo que perdí.

¿Cómo fue eso posible? ¿Por qué?

El no entenderlo, el no saber porqué algo tan horrible me sucedió a mí, provoca que finalmente las lágrimas caigan lentamente por mis mejillas, inundando mi rostro, y que los sollozos partan mi pecho resonando a través de mis labios. Es una sensación horrible, insoportable. Quema desde lo más profundo del pecho y abarca todo el cuerpo lentamente, extremidad por extremidad. Sollozo, tiemblo y me aparto, porque ya no puedo verlo más, porque duele cada segundo al ver aquella mirada azulada llena de vida y felicidad. Porque duele ver como ella lo tiene todo… y yo no.

Unas cálidas y familiares manos me sujetan desde atrás y no tengo que voltear para saber qué se trata de Carlisle. Él me sostiene con firmeza, logrando que mi estremecido cuerpo a causa de los sollozos se mantenga en pie tanto como pueda. Me rodea con sus brazos y, muy lentamente, me comienza a dirigir hacia el sofá que se encuentra a unos cuantos metros de nosotros. Casi puedo sentir las pisadas de los demás tras nuestras espaldas, siguiéndonos en total silencio.

Como una autómata, me siento en la superficie mullida y todos se acoplan a mi alrededor, dejándome en medio de Carlisle y Alice. Él, sin embargo, se decide por sentarse en el otro extremo de la sala, justo en frente del sofá en el que me encuentro. Y no pasan siquiera dos segundos antes de que la diminuta silueta de la niña se acople a la de él, buscando su cercanía, y finalmente acomodándose en sus piernas, con el cuerpecito inclinado hacia él en busca de su apoyo… su confort.

Él la rodea con sus brazos al mismo tiempo en que ella lo busca, estrechándola contra su cuerpo de forma suave pero intensa a la vez. Sus brazos tiemblan de forma leve alrededor de la niña, probablemente a causa de las incontables emociones que debe estar sintiendo en su interior, al igual que yo. Parece aferrarse a ella como quién se aferra a algo sólido para no caer. Y la imagen se me hace tan extraña y dolorosa a la vez, que se me encoge el corazón dolorosamente dentro del pecho...

Jamás lo había visto así, tan vulnerable a sus sentimientos y emociones. No, al menos, siendo el despojo de su esposa... sin recuerdos.

Por un momento, solo puedo sentir el deseo de estirar mi mano hacia él para tocarlo, para acariciarlo, para entregarle algún tipo de consuelo, para hacerle saber que estoy aquí para él, para ellos, siempre... Sin embargo, me mantengo firme en mi lugar, sin ceder a aquellos intensos deseos. No puedo. No tengo ese derecho. Solo la Bella que les pertenece, solo aquella que tuvo todos sus recuerdos intactos y con ella, puede. Solo ella puede darles el consuelo que ambos necesitan, solo ella posee ese poder y ese derecho. Y yo... yo no soy ella, no sin recuerdos.

En su lugar, alzo la mirada hacia él y lo observo con la mayor determinación y seguridad que puedo reunir en mi estado tan caótico. Para hacerle saber que estoy lista para escuchar la verdad, para hacerle saber que quiero continuar con esto. Y es que, en realidad, no importa si verdaderamente estoy lista o no, sino lo que importa es que al fin voy a obtener lo que quise por tanto tiempo; la verdad.

No obstante, algo parece hacer vacilar a Edward.

Sus ojos, que hace solo unos segundos atrás estaban fijos en mí, comienzan a deslizarse incontables veces desde mi figura inmóvil en el sofá, a la figurita de Melanie en su regazo, repitiendo el patrón una y otra vez. Y Carlisle, con aquella intuición suya tan desarrollada, parece comprender al instante qué es lo que le hace vacilar de aquella manera.

—Pueden dejar a la niña fuera de esto, si así lo desean —dice, alzando las cejas en dirección a Edward... y luego repitiendo el mismo gesto hacia mí.

Mi corazón da un desesperado salto dentro de mi pecho cuando me doy cuenta de que mi querido doctor ha tomado en consideración mi elección sobre Mel tanto como la de Edward. Es tonto, lo sé. Pero aún se me hace maravillosamente increíble el hecho de que ella sea tan mía como de Edward y lo que acaba de hacer Carlisle solo hace que ese extraño sentimiento se intensifique.

De todas formas, hay algo dentro de mí, algo que despertó el día en que mis ojos se posaron por primera vez en Mel en aquel parque, algo que había estado durmiendo todo aquel tiempo hasta que ella llegó a mí nuevamente... Algo natural, que yace en mí desde lo más profundo... que proviene de aquella Bella que es madre, esposa... y que se ha mantenido en mi interior todo este tiempo para ayudarme a desarrollar esta conexión que siento con ella desde el primer instante. Algo que me hace responder, por primera vez en mucho tiempo, con seguridad.

—No —digo, sacudiendo la cabeza... al mismo tiempo que Edward.

—Ella merece estar aquí tanto como Bella y yo —agrega él, sonriéndole con extrema dulzura a la niña cuando ella le mira sorprendida. Alza una mano y le acaricia con suavidad los rizos cobrizos, tan idénticos en color a su propio cabello, y mi corazón se estremece ante el amor que desborda aquel gesto tan suave—. Incluso me atrevería a decir que más.

Entonces, él busca mi mirada para saber si estoy de acuerdo y solo atino a asentir con la cabeza, incapaz de formular palabra alguna.

Es en ese momento en que todos se voltean a ver, como si estuvieran sincronizados, a Edward, esperando como yo a que él comience a decírmelo todo, a no guardar ni un solo detalle por más tiempo. Y él lo sabe, él sabe que lo estoy esperando, él sabe que ha llegado el momento de la verdad y es precisamente por eso que se ve tan nervioso, tan retraído. Pero no puede retrasar más el momento, ambos estamos meramente conscientes de eso.

Toma entonces una bocanada profunda de aire por la boca, medio escondiendo el rostro en los rizos suaves de Melanie. Se queda allí por un breve instante y sé que lo hace para infundirse el valor y la fuerza necesaria para hablar. Hasta que alza la cabeza nuevamente y clava aquellos ojos verdes suyos en mi rostro ansioso.

Él sabe por donde comenzar... y yo también lo sé. En la único que nos unió desde el primer instante, por lo poco que he podido recordar acerca de eso.

Jared.

—Lo primero que debes saber... —comienza, en voz tan baja que tengo que esforzarme un poco para poder escucharlo—, es que Jared y yo éramos amigos de toda la vida —continúa, haciendo una mueca con los labios al decir la última oración. El corazón se me encoge. ¿Eran? —Nos conocimos cuando apenas teníamos cinco años... bueno, él cinco, yo seís. Y desde entonces, fuimos inseparables. Éramos un quipo en todo lo que hacíamos y confíabamos plenamente el uno en el otro. Éramos para el otro la familia que nunca tuvimos, éramos hermanos. Por ello, cuando Jared me informó que se mudaría a La Push, no pude evitar sorprenderme bastante, pero no dudé en querer seguirlo. Vivíamos en Los Ángeles en aquel tiempo y, aunque mi plan no era mudarme a La Push con él pues siempre fuimos muy independientes en nuestra vida, si quería conocer el lugar donde él se quedaría y asegurarme de que él estuviera seguro de su decisión. Después de todo, era sorprendente que él quisiera mudarse a vivir con una familia qué, yo sabía, apenas había tenido contacto en toda su vida. Me causaba curiosidad y sabía que había una razón por la cuál él quisiera dejar todos sus sueños que involucraban Los Ángeles atrás.

Entonces, cuando al fin pude llegar a La Push luego de meses sin ver a Jared y asistí a aquella fiesta que tus amigos habían organizado por Jared en mi honor, fue cuando comprendí porqué lo había hecho, porqué se había mudado. —Sus ojos verdes, de pronto, toman un brillo que me quita el aliento, a la espera de sus siguientes palabras—. Fue por ti, Bella. Fue a visitar a su familia lejana por un breve tiempo y le bastó tan solo conocerte para querer dejarlo todo y mudarse a La Push, donde sabía que estaría más cerca de ti. Fuiste tú la razón por la que él abandonó todo en Los Ángeles. Y, sí soy sincero, no me sorprendió en absoluto en cuanto te vi por primera vez.

Hace una pausa, porque como siempre, sabe lo que necesito incluso antes que yo. Sabe que tengo que digerir esto que me acaba de decir. Y me concede unos minutos para hacerlo, guardando silencio... y todos los demás a nuestro alrededor hacen lo mismo.

Formo una mueca sorprendida con mis labios. Aunque, si lo pienso bien, tiene sentido. En mi primer recuerdo sobre Jared, era bastante obvio que yo no le conocía, que jamás en la vida lo había visto por los alrededores de la Aldea y se suponía que yo siempre andaba por allí para ir a visitar a Jacob y sus amigos, por ende, solía conocer a todos.

—Desconozco como sucedieron las cosas entre ustedes al principio, por desgracia —continúa Edward después de unos minutos, soltando un profundo suspiro por lo bajo—. Jared quiso mantener lo suyo en secreto para mí y no me contó absolutamente nada sobre ti durante los meses que estuvimos lejos el uno del otro, para que cuando te conociera, me llevara una gran sorpresa. Y cuando llegué, las cosas ya estaban bastante desarrolladas entre ustedes. —Esboza entonces una sonrisa, que es demasiado seca como para considerarla genuina y se pasa una mano por el cabello de forma nerviosa—. Irónicamente, el propósito principal de Jared se cumplió... y definitivamente me llevé una gran sorpresa al conocerte, pero no de la manera en que él planeaba, sino de una forma que él nunca pudo haber intuido.

Conocerte... fue un golpe muy bajo para mí —admite en voz baja, y sus palabras provocan un dolor agudo en mi pecho, pero me niego a hacer cualquier gesto que pueda expresar esto. No puedo flaquear ahora. No puedo—. El efecto que ejerciste sobre mí fue inmediato y lo más fuerte que había sentido nunca en toda mi vida. El hecho de que fueras novia de mi mejor amigo y el saber que yo ejercía el mismo tipo de atracción sobre ti, solo me hacía sentir como el peor amigo y hermano del universo. No necesitamos palabras para saber que ambos sentíamos lo mismo y tampoco para saber que teníamos que hacer al respecto. Yo no iba a engañarme a mí mismo con algo que jamás iba a suceder, con algo que no podía suceder, y no estaba dispuesto a echar a perder algo tan valioso para mí como lo era mi amistad con Jared por alguien que acababa de conocer. Además, sabía que lo amabas, lo podía ver en el brillo de tus ojos cada vez que lo observabas y las sonrisas que le obsequiabas, y sabía que él te amaba también o de otra forma jamás hubiera dejado Los Ángeles atrás. Así que tomé mi decisión al respecto... En realidad, fue como si tú y yo hiciéramos un trato sin emitir palabra alguna, solo comunicándonos a tráves de una sola mirada. Sabíamos que lo que sentíamos no era suficiente para herir nuestros lazos con Jared así que llegamos al acuerdo silencioso de mantenernos tan lejos el uno del otro como nos fuera posible.

Fue sumamente díficil porque Jared, obviamente, quería ejercer un tipo de lazo entre su novia y su mejor amigo para tenernos constamente a su alrededor, para tener consigo a las dos personas más importantes para él. Pero de alguna forma conseguimos desarrollar lo que él quería que sucediera, conseguimos estar al mismo tiempo para él, pero manteniéndonos lejos el uno del otro.

Terminé quedándome más tiempo del que planeaba principalmente porque me fue imposible negarme a Jared cuando él me pidió que me quedara un tiempo más. Y aunque al principio me estaba quedando con él en el pequeño apartamento que su familia le había construido cerca de su terreno, no dudé en irme en cuanto encontré otro lugar. Quedarme acarreaba muchas oportunidades para encontrarme contigo ya que, al ser su novia, pasabas bastante tiempo por allí.

Muy amablemente, Jacob y su padre no dudaron en darme asilo por un tiempo, en el cual me hice bastante cercano a Jake. Y durante mi estadía en La Push, Jared me presentó a todos sus nuevos amigos que había conocido desde que se había mudado, con la esperanza de que yo congeniara tan bien con ellos como lo había hecho con él desde el principio. Sin embargo, las cosas no salieron como él las había planeado. Por alguna razón que yo no comprendía, no podía simpatizar con su nuevo grupo de amigos, que era conformado por su primo, Sam, y toda la pandilla de este, que Jacob, tu y yo llamábamos burlonamente "la manada de Sam". Algo tenían ellos que no me gustaba, aunque al principio no pude determinar que era exactamente. Me causaban constante intriga y desconfianza, de modo que no fui muy abierto con ellos, lo que produjo de manera inmediata que sintieran cierta... adversión por mí. Sabían que yo no me fiaba de ellos y eso les enfurecía por completo, pero por respeto a Jared nunca dijeron ni hicieron nada.

Al cabo de unas semanas y con la ayuda de Jacob, conseguí arrendar un pequeño apartamento en pleno centro de Forks. No quería seguir molestando a Jacob y su familia, siempre fui muy independiente. Además, el apartamento me brindaba la oportunidad perfecta para mantenerme lejos de ti como habíamos acordado, ya que a pesar de no estar viviendo bajo el mismo techo que Jared, te seguía viendo constantemente por tu amistad con Jake. Bajaba a la Aldea cuando sabía que no estabas y compartíamos solamente cuando era estrictamente necesario; como las juntas y fiestas que realizaba Jared en su casa. Él nunca se dio cuenta de nuestro alejamiento porque siempre fuimos muy cuidadosos. De ninguna forma quería arruinarlo todo. Jared y tú se veían tan felices estando uno al lado del otro, que nadie dudaba siquiera de su relación. Ni siquiera yo.

Edward para de forma repentina y baja la mirada hacia su regazo.

Como estoy tan ensimismada en el relato que él me está ofreciendo, me toma varios segundos salir del trance que me produce todo y darme cuenta de que Mel ha caído rendida en sueño entre sus brazos. Supongo que ya es demasiado tarde para ella, pero Edward no parece estar dispuesto a soltarla aún así, por lo que la acomoda de tal modo que ella queda totalmente extendida en el sofá, con su cabecita en el regazo de él, manteniéndola en todo momento a su lado.

Esme, silenciosamente, se coloca de pie y extiende sobre la niña un largo abrigo oscuro, tapándola por completo. Y cuando se vuelve a su asiento y nuestras miradas se cruzan, no puedo evitar sonreírle en forma de agradecimiento, gesto que ella corresponde con otra de sus suaves sonrisas maternales.

Por un momento, y solo un momento, me pongo a cavilar sobre lo increíble que es el hecho de que esté tan tranquila con todo lo que Edward me está contando. Y al pensarlo con detenimiento, llego rápidamente a la conclusión de que no es tan increíble como parece. Cada cosa que él me dice tiene sentido, después de todo, y el escuchar al fin la verdad me proporciona tal alivio y maravilla, que no puedo sentir nada más que ansiedad por saber más.

—Por ello... —continúa Edward en voz más baja esta vez, para no despertar a Mel—, es que me sorprendí bastante cuando un día, al ir a visitarme Jacob al apartamento, me contó que las cosas entre tú y Jared no iban muy bien. Qué, de hecho, estaban bastante mal. De inmediato, me preocupé por ello. No podía dejar de preguntarme qué había pasado para que una relación tan estable como la suya pareciera tener un quiebre tan repentino. Y, por alguna extraña razón, tenía el raro presentimiento de que todo eso tenía algo que ver con los amigos de Jared. Yo sabía que ellos tampoco te agradaban mucho y que habían tenido un par de discusiones por ellos. Esas discusiones comúnmente no duraban demasiado porque Jared odiaba discutir contigo, pero al parecer, las cosas habían cambiado un poco.

Los días siguientes a la vista de Jacob, bajé siempre que podía para ver a Jared y preguntarle qué sucedía. Pero, por vez primera desde que nos conocimos, él se negó a contarme algo. Simplemente, no quería hablar nada que tuviera que ver contigo y eso solo me daba mala espina; Jared te adoraba con locura, y el hecho de que ni siquiera quisiera hablar de ti cuando antes eras su principal fuente de conversación, me preocupaba bastante. Algo estaba pasando con él, podía sentirlo. Y no me avergüenzo al admitir de que tuve miedo, porque comencé a ver en él cambios que no me gustaban para nada, además del hecho de que cada vez que tu nombre salía de mis labios, se ponía extremadamente hosco y hasta un poco violento, cosa que nunca, de todo el tiempo que nos conocíamos, había pasado antes. Como puedes imaginar, mi preocupación llegó a límites inalcanzables, pero por más que lo intentaba, Jared no daba su brazo a torcer y hasta comenzó a alejarse de mí con tal de que no insistiera en cuanto a ti se refería.

No podía ir y hablar contigo tampoco. No podía romper el acuerdo que teníamos. Y sinceramente, no me creía lo suficientemente fuerte para hacerlo. Los días que había pasado intentando mantenerme alejado de ti solo habían bastado para que la atracción fuera más poderosa a cada maldito instante, y sabía que correríamos un gran riesgo si llegaba a romper nuestro silencioso pacto. Pero estaba tan desesperado, tan ansioso de ayudar a Jared y comprender el porqué de su actitud tan impropia de él, que me encontré pensando mil veces en ir a buscarte para pedirte que me contaras que estaba pasando. Y después de todo, ni siquiera fue necesario. Fuiste tú quién acudió a mí cuando menos lo esperaba... y bastó esa sola vez para que todo lo que habíamos construido por tanto tiempo en completo silencio y cuidado, fuera derrumbado de un solo golpe...

Una sesión de fuertes y apresurados golpes en la puerta de su apartamento, despertaron abruptamente a Edward de su profundo pero inquieto sueño. Afuera llovía a cántaros, lo que era común en Forks, y el sonido del agua cayendo incesantemente sobre los tejados eclipsaba cualquier otro sonido de su alrededor en una sinfonía placentera... pero aquellos caóticos golpes rompieron toda tranquilidad que aquella suave vibración pudo haberle proporcionado.

Se removió entre las sábanas, aún medio grogui, y pestañeando un par de veces para acostumbrar a sus ojos a la penumbra que había en su habitación. Luego, con los golpeteos sin césar de fondo en su puerta, dirigió la mirada hacia el reloj digital que descansaba en su mesita de noche.

Las 3:00 de la madrugada.

¿Quién diablos podía ser a esa hora y con semejante torrencial afuera?

Se levantó de la cama con desgana, rompiendo en un bostezo, y se puso los primeros zapatos que se encontró a mano por la habitación. No tenía necesidad de ponerse nada más ya que, al estar viviendo en Forks, no se podía dar el lujo de dormir sin ropa, como comúnmente hacía, porque sino se moriría de hipotermia. Luego, con la misma tranquilidad ya que su cerebro adormilado le impedía moverse con más apremio, caminó hacia la puerta principal de su apatarmento, encendiendo las luces en el camino. Y al llegar al fin a su objetivo, la abrió de golpe, ya disgustado con quién fuera que estaba al otro lado por su insistencia con los golpes.

En cualquier otra situación, el viento helado que se estrelló contra su rostro de inmediato y las gotas de lluvia extremadamente frías que vinieron con él, hubieran sido la razón por la que de pronto su mente se encontraba totalmente despierta y alerta. Pero no en esa situación. En ella, en particular, solo le bastó observar los azules y brillantes ojos de su inesperada visita, para sentir como cada célula de su cuerpo despertaba de golpe, dejando el sueño en el más terrible de los olvidos.

Sin embargo, ella no se veía muy contenta de verlo.

Antes de que incluso pudiera articular palabra alguna, las pequeñas y esta vez congeladas manos de ella chocaron con impetú contra su pecho, proporcionándole un empujón que lo impulsó con fiereza hacia atrás, y volvieron a repetir el gesto, provocando que él se viera obligado a retroceder entre tropezones y zancadas torpes debido a la sorpresa y la fuerza que ella estaba ejerciendo.

Sus ojos azules parecían destellar en la poca iluminación que les ofrecía la salita de estar.

Tú lo sabías, ¿verdad? ¡Por supuesto que lo sabías! Eres su mejor amigo, te lo debe decir todo. ¡Tú sabes incluso quién es!

Aturdido por su mera presencia, por sus empujones inesperados y sus palabras, Edward se la quedó mirando de hito en hito, sin poder siquiera formular palabra alguna en sus labios. Desorientado y confuso, intentó concentrarse, sacudiendo la cabeza de un lado a otro y pestañeando un par de veces para asegurarse de que no era un sueño o una ilusión y ella verdaderamente estaba allí, frente a él, a solas, por primera vez.

Fue entonces cuando se fijó en el aspecto de ella aquella noche... y era fatal.

Toda su ropa se encontraba totalmente empapada, destilando. Su cabello caía pesadamente alrededor de su bello rostro y su color caoba parecía haber adquerido una nueva tonalidad más oscura debido a la húmedad. Y si era observada con detenimiento, como él justamente lo estaba haciendo en aquellos momentos, se podía notar que las gruesas gotas que caían lentamente por sus mejillas no eran de la lluvia que había caído sin piedad sobre ella... sino de las lágrimas que estaban acumuladas en sus ojos enrojecidos y las cuales ella parecía querer retener con toda su fuerza de voluntad... pero no lográndolo en absoluto. Además, era presa de horribles espasmos que le estremecían el cuerpo por completo y su rostro carecía de color alguno, estando totalmente pálido.

A Edward le tomó solo un par de segundos el observar todo esto con detenimiento... y un solo segundo más para comprender qué sucedía y qué debía hacer con exactitud.

No sé de qué me estás hablando —le aclaró, mientras se apresuraba a caminar hacia la puerta tras ella para poder cerrarla y evitar así que el viento frío entrara aún más en el apartamento—. Pero primero que todo, tienes que entrar en calor. Debes estar congelándote. —Sin pensarlo dos veces siquiera, extendió una mano y tomó una de las de ella con cuidado. Un jadeo sorprendido y horrorizado escapó de sus labios cuando sintió sus témplados dedos entrar en contacto con su piel y de inmediato cubrió su pequeña mano entre las suyas para empezar a frotarlas con suavidad, en un intento de producir la fricción que la piel de ella necesitaba para entrar en calor—. Dios mío, ¿acaso te has vuelto loca? ¡Estás tan fría como un cubo de hielo! ¿Cómo pudiste permitir que esto sucediera? ¿Cómo se te ocurre salir con semejante diluvio cayendo afuera y el frío que hace? ¡Unos minutos más bajo esta tormenta y hubieras muerto! ¿Cuánto tiempo llevabas bajo la lluvia?

Sin darle tiempo a responder el tumulto de preguntas apresuradas y horrorizadas que habían salido de sus labios, la tomó por los hombros y comenzó a guiarla en dirección a su habitación, donde estaba la calefacción y la ropa seca que él iba a proporcionarle.

Fue un poco díficil, ya que el cuerpo de ella no paraba de temblar cuál hoja de papel al viento, por lo que se vio obligado a finalmente tomarla entre sus brazos y caminar así con ella hacia el cuarto. Su mente, totalmente alerta ya, trabajaba a toda velocidad en busca de diversas formas de hacerla entrar en calor por completo otra vez, así que apenas se detuvo a pensar cuando la sentó en su cama y corrió hacia su armario para ir por ropa seca.

Sabía que sus prendas le iban a quedar bastante grandes a ella, que era menuda y baja en comparación a él, pero eso era mucho mejor que dejarla con aquellas ropas suyas que estaban absolutamente empapadas.

Toma, cámbiate de ropa mientras voy a la cocina para prepararte una infusión bien caliente. —Le extendió el montón de prendas que había sacado de su armario, pero vaciló cuando vio las temblorosas manos de ella alzarse en su dirección. Le clavó la mirada con fijeza, frunciendo ligeramente el ceño en preocupación—. ¿Puedes hacerlo sola o necesitas ayuda?

Ella se limitó a sacudir la cabeza, haciendo un gesto con la mano para hacerle saber que podía sola. Así que Edward no se lo pensó demasiado antes de salir corriendo a la cocina para preparar la bebida caliente que ella necesitaba.

A su regreso, la encontró sentada en medio de su cama, abrazándose las rodillas y con el cuerpo aún temblándole fuertemente. La camisa blanca de él le quedaba demasiado grande, por lo que era ideal para taparle los brazos y el torso por completo, pero el pantalón de chandál que él le había dejado había sido rechazado y descansaba estirado a un lado de ella. La camisa era lo suficientemente larga, incluso, para llegarle a la mitad de los muslos, tapando lo esencial...

Y como si le hubiese leído el pensamiento, ella murmuró en voz baja y entrecortada por los espasmos del frío:

Se... se me c-ca... c-caían po... p-por lo gr... grandes...

Edward simplemente asintió con la cabeza y se apresuró a dejar la taza caliente en el velador junto a su cama. Luego, se volteó hacia ella nuevamente y le abrió las mantas de esta para finalmente volverla a tomar entre sus brazos y meterla bajo ellas, arropándola tanto como las mantas se lo permitieron y utilizando sus manos para frotar y acelerar el proceso de calentamiento. Y durante los siguientes minutos, le ayudó a tomarse la infusión, ya que los espamos no le permitían sujetar la taza siquiera, y se sentó a su lado en cuanto le fue posible para entregarle un poco de calor corporal.

Entonces, cuando ella acabó el contenido de su infusión, él le tomó de las manos y las llevó hacia sus labios, para darle el calor que su aliento podía proporcionarles. Cuánta habría sido la baja temperatura del cuerpo de ella que ni siquiera luego de cambiarse ropa, arroparse con mantas y tomar una infusión caliente, se le habían quitado los espasmos aún, aunque ya eran con menor intensidad que al principio. Tómo varios minutos el que, al menos, las manos dejaran de temblarle.

Lo siento.

Frunciendo el ceño, Edward alzó la cabeza para fijar su mirada en la chica de cabellos caobas que se encontraba a su lado. Y casi sintió un alivio desmesurado al darse cuenta de que, poco a poco, el color del rostro de ella iba recuperándose. Incluso podía atisbar un tono rosado muy leve en sus mejillas, lo cuál tomo como una muy buena señal. Ella siempre tenía ese adorable sonrojo en sus mejillas.

¿Porqué te estás disculpando exactamente, Bella? —inquirió él, alzando una ceja en su dirección—. ¿Por casi morir de hipotermia en mi apartamento y matarme del susto?

Una pequeña sonrisa se fue formando en los labios de ella en respuesta, al mismo tiempo que bajaba la mirada hacia sus manos unidas.

Fue entonces cuando él se dio cuenta, en todo el tiempo que Bella llevaba en su apartamento, que era la primera vez que se estaban tocando por voluntad propia el uno al otro... Que era la primera vez que estaban tan cerca, ya que con el transcurso de los minutos se habían ido acercando sin darse cuenta y ella se encontraba ya prácticamente apoyada en su pecho mientras él mantenía sus manos unidas a la altura de su rostro para darle el calor de su boca. En definitiva, era la primera vez que rompían las barreras que se habían auto impuesto desde que se conocieron.

De pronto, él sintió una sensación muy similiar al vértigo.

Los latidos de su corazón comenzaron a resonar con fuerza en sus oídos y se sintió mareado, extasiado de una forma que jamás en la vida había experimentado. Y allí, donde su cuerpo entraba en contacto con ella, sentía un cosquilleo horriblemente placentero que se extendía por cada extremedidad, hasta llegar a la punta de sus pies. La atracción, incluso, que ella ejercía sobre él, pareció intensificarse mil veces más y su cuerpo respondió con ansia a eso, deseando inclinarse hacia ella y absorver completamente esa energía que destilaba con cada respiración profunda. Era algo tan fuerte, tan poderoso, que lo jalaba con un ímpetu descomunal y cargaba el aire alrededor de ellos con una electricidad estremecedora...

Cerró los ojos con fuerza entonces, obligándose a tomar respiraciones profundas por la nariz y en pensar en Jared, su mejor amigo y hermano del alma, una y otra vez.

Me estoy disculpando por haberte asustado —murmuró ella entonces, con la voz entrecortada y Edward se sintió peor al saber que ella estaba experimentado las mismas emociones que él y que era eso lo que le aceleraba la respiración—. Por haberte despertado en plena madrugada, haber llegado sin avisar, darte esos horribles empujones por desquite y, principalmente, por acusarte de algo que, desde el principio, he sabido que no tienes culpa alguna.

Eso fue suficiente para que Edward dejara sus emociones de lado, abriera los ojos, y se concentrara meramente en las palabras de Bella.

No entiendo. ¿De qué me estabas acusando? —preguntó confuso.

Bella hizo una mueca con sus labios, negándose a hacer contacto visual con él.

Tiene que ver con lo que me gritaste cuando te abrí, ¿no? —aventuró entonces Edward, sintiendo que su corazón se congelaba por un momento.

Lamentablemente, sí.

Ambos se quedaron en silencio por unos minutos luego de eso, sumidos cada uno en sus pensamientos.

Edward sabía que había llegado su oportunidad perfecta para saber qué estaba sucediendo realmente ya que, si Jared no estaba dispuesto a hablar, solo le quedaba Bella. Y ella no estaba allí por mera coincidencia, ¿no? Ella no rompería su mudo acuerdo si no fuera algo muy importante para ambos, de eso él estaba seguro.

Cuéntamelo todo —le pidió entonces en voz baja.

Bella suspiró profundamente, pero asintió con la cabeza, como si esperase que él hiciera exactamente eso. Sin embargo, permaneció en silencio por los siguientes minutos, tomando respiraciones profundas a cada segundo, como si intentase darse el valor suciente para hablar... lo cual solo preocupaba a Edward cada vez más. Entonces, sin previo aviso, lo soltó.

Creo que Jared tiene a alguien más.

Edward se quedó congelado en su lugar, totalmente estupefacto.

No era estúpido, y definitivamente sabía a qué se refería Bella con aquel "alguien más". Solo pudo atinar a buscar la mirada de ella con cierta desesperación, en un intento de determinar si aquello era una broma de mal gusto o no. Pero ella no parecía estar bromeando. De hecho, sus ojos azules se habían llenado de lágrimas contenidas una vez más y parecía estudiar con detenimiento la reacción de él ante sus palabras.

Sea lo que sea que estuviera buscando, no lo halló, ya que esbozó una triste sonrisa y sacudió la cabeza de un lado a otro lentamente.

¿Ves? No lo sabías.

A él le costó bastante encontrar su voz dentro de sí para hablar.

¿Qué...? ¿Qué te hace pensar eso?

Muchas cosas, Edward —contestó ella con voz quebrada, bajando la mirada una vez más hacia el punto en que sus manos se mantenían unidas. Aunque esta vez, era por una razón diferente—. Supongo que sabrás lo mal que van las cosas entre Jared y yo últimamente. Y si te soy sincera, todo ha sido por diversos motivos. Pero nunca creí... —De pronto, la voz de ella comenzó a quebrarse aún más y su respiración se aceleró. Edward podía sentir como su cuerpo se estremecía entre sus brazos al contener sollozos dentro de sí misma—. Jamás pensé que me haría algo así.

Entonces, ella comenzó a llorar.

No era un llanto bullicioso ni dramático. Era un llanto contenido que poseía mil emociones en una sola expresión. Era el dolor más puro representado en forma de lágrimas que caían sin césar de unos ojos azules tan preciosos como expresivos. Y verlo ahí, a su lado, siendo padecido precisamente por ella, por la chica que había puesto todo su mundo de cabeza apenas se miraron por primera vez, le hizo sentir terriblemente desdichado...

Desesperado por entregarle algún tipo de consuelo, Edward la rodeó con sus brazos y la estrechó con fuerza contra su pecho. Ella se estremeció contra él y, en un movimiento inesperado, le rodeó el torso con sus pequeños brazos, apretándose tanto como podía contra su cuerpo.

Bella yo... —Edward vaciló, luchando por encontrar las palabras idóneas—. No creo que eso sea posible. Él no es así, no hace ese tipo de cosas. Jared te adora...

Tal parece que ya no —murmuró ella, en voz tan baja que hasta Edward, que estaba aferrado a ella, le costó escucharlo.

Sacudió la cabeza lentamente. No sabía qué decirle para consolarla, no sabía siquiera si todo lo que ella decía era verdad. No es que dudaba de ella, por supuesto que no, pero se le hacía tan increíble la idea de que Jared, su hermano del alma, su mejor amigo y a quién creía conocer tan bien como a sí mismo, fuera capaz de semejante cosa. No podía ser, si Jared jamás hubiera hecho daño a propósito a nadie, menos aún a la mujer que ama.

¿Qué estaba pasando con él?

La novia de Jake un día me comentó que lo vio un poco ebrio y coqueto con una chica en casa de Sam —dijo Bella en un susurro, y Edward se inclinó hacia ella para escucharlarla mejor—. Desde ahí comenzaron nuestros problemas, sí. No quería desconfiar de él tan rápidamente, pero sabía que Leah jamás me mentiría con una cosa así, no sabiendo cuánto me dolería. Así que decidí tomar cartas en el asunto un día y se lo pregunté directamente, pero se puso tan furioso cuando lo hice, que vacilé. Solo me quedó una opción; averiguarlo por mis propios medios. Así que lo seguí un día cuando salió con Sam y su maldita manada de idiotas.

Al principio solo eran ellos en la casa de Sam, pero al cabo de unas cuantas horas comenzaron a llegar chicas que en mi vida había visto siquiera. Era bastante obvio que no eran de la Aldea, ni tampoco de Forks. Y justo cuando había reunido el coraje suficiente para acercarme a la casa y encararlo, Sam y su pandilla salieron.

Intentaron a toda costa impedir que yo entrara en la casa, cosa que me enfureció demasiado. Era la típica acción de cubrirse entre amigos... Estaba tan dolida y enfadada. Así que insistí, y cuando comprendieron que yo no me iba a rendir fácilmente, se pusieron bastante hoscos conmigo. Dos de ellos incluso intentaron sacarme a la fuerza de allí, y si no fuera porque Jacob y Quill llegaron a defenderme, tal vez las cosas se hubieran puesto bastante más feas de lo que ya eran.

Bella guardó silencio entonces al sentir la tensión indiscutible en el cuerpo Edward, quién apretaba fuertemente los puños y la mandíbula, y tensaba los brazos alrededor de ella. Incluso su respiración era errática a causa del intenso enfado del que era preso.

No... puede...

No intentes excusarlo, Edward —le cortó Bella con desesperación—. Por favor, no lo hagas. No tú.

Él sacudió rápidamente la cabeza.

No lo hago, de verdad —le aseguró con una pequeña mueca de disculpa—, porque si en verdad está haciendo lo que sospechas, no hay excusa alguna que pueda respaldarlo. Y jamás en la vida te haría algo así a ti. Pero no me cabe en la cabeza como puede hacer algo así. Intento de todas formas comprenderlo y no puedo. ¡Esto no es algo que haría el Jared que yo conozco!

Está cambiando —concordó Bella con un profundo y agónico suspiro—. Yo también lo puedo sentir y ver. Y si te soy sincera, me asusta.

Fue entonces cuando Edward, con determinación absoluta, se echó un poco hacia atrás y extendió las manos para tomar entre ellas el rostro de Bella, inclinándolo en su dirección de tal manera en que ambos pudieran observarse a los ojos sin menor problema. Y cuando vio aquellos par de ojos azules clavados en los suyos, sintió como esa sensación de cosquilleó le bailaba por todo el cuerpo.

No tengas miedo, ¿de acuerdo? Esto no es algo eterno. Encontraremos la forma de averiguar qué le sucede y como traer a nuestro Jared de vuelta.

Lo estoy perdiendo, ¿verdad? —susurró ella. Parecía en trance.

Edward tragó saliva.

Los ojos intuitivos de Bella parecieron encontrar la respuesta que buscaba en su mirada y de pronto, sin previo aviso, se volvieron a llenar de lágrimas silenciosas pero desgarradoras. Asintió, pero el movimiento fue demasiado mecánico, demasiado calculado para considerarse genuino, y la luz constante que siempre parecía brillar en su mirada se extinguió en solo una fracción de segundo.

Él no pudo soportar ver aquello y no dudó ni un solo segundo al inclinarse hacia ella y dejar un suave y cálido beso en su mejilla, en un intento de consolarla.

Pero fue entonces cuando el ambiente alrededor de ellos pareció cambiar por completo.

La miró, con el corazón latiéndole a un ritmo frenético dentro del pecho, sintiendo como el aire a su alrededor parecía cargarse de una electricidad que vibraba intensamente entre sus cuerpos, sintiendo esa desesperación por apoyarla y entregarle todo de sí mismo en un intento de darle algún tipo de consuelo, acoplándose a ese deseo que rugía desde lo más hondo de su ser...

Y sin saber cómo o cuando sucedió, sintió como sus labios se encontraron a través de ese largo y díficil camino que esa noche habían forjado los dos. Un camino lleno de lágrimas y errores, un camino que no era perfecto, que tenía sus fallas... igual que ellos. Porque la barrera que habían construido, porque aquello por lo que tanto se habían esforzado, se había hecho trizas en solo un segundo, cayendo a sus pies y demostrando que ambos eran demasiado débiles para resistir o tratar de menguar esa atracción, ese sentimiento que yacía en ambos, tan maravilloso, complicado y doloroso a la vez...

Así mismo, el corazón se le encogió dentro del pecho de una forma extremadamente dolorosa cuando, al profundizarse el beso, pudo desgustar el sabor de las lágrimas de ella, que se deslizaban sin control alguno por el rostro de ella, mojándole sus propias mejillas. Estas tenían un sabor que, horriblemente, se le hizo muy cercano a la culpa y el anhelo prohibido, los mismos sentimientos que bullieron en su interior durante largos y agónicos meses y qué, en esos momentos, era más intensos que nunca.

Parecía ser que la desesperación y anhelo que por mucho tiempo había sido reprimido los estaba absorviendo por completo en aquellos momentos, carcomiéndolos desde su interior y simplemente se dejaron llevar por ello, sin medir nada, sin querer cambiar nada, sin pensarlo siquiera. Solo sintiendo una y otra vez aquellas maravillas pero a la vez horribles sensaciones y emociones que los ataban el uno al otro, que los unía de una manera más allá de toda comprensión.

La ironía se estaba burlando de ellos de una forma extremadamente cruel y despiadada.

Entonces, sucedió.

El cuerpo de ella se apretó contra el suyo y, debido a que solo estaban las débiles telas de sus camisas como barreras entre ellos, pudo sentir cada curva, cada rincón de su cálido cuerpo presionado contra sí, despertando sensaciones y emociones en él que, contra todo pronóstico, fueron las que le hicieron reaccionar al fin.

Lentamente, y en contra de los más recónditos deseos que rugían en su interior, se fue separando de ella.

Bella —murmuró, con voz ronca y entrecortada, quedando a solo centímetros de su rostro. Abrió los ojos, llevándose una gran sorpresa al ver que, sin darse cuenta siquiera, se habían ido deslizando en la cama hasta quedar recostados, con él sobre ella. Volvió a cerrar los ojos cuando su corazón saltó ante eso y respiró profundo, intentando concentrar sus pensamientos y emociones. Ella no le ayudaba al buscarle los labios con los suyos y tuvo que ponerle una mano en la mejilla para hacerla volver en sí—. Bella, no... Espera. No está... bien.

Ese fue el momento en que ella pareció darse cuenta de lo que estaba sucediendo. En un segundo, su rostro se volvió tan pálido como la cal.

Oh, Dios... —jadeó.

Bella...

Edward se echó rápidamente hacia atrás en la cama y le tomó de las manos para llevarla con él y quedar así ambos sentados, uno frente al otro.

Bella parecía tener un ataque de desesperación. Jadeaba y se estremecía, sin dejar de pasarse los dedos por sus labios ligeramente hinchados a causa de su apasionada sesión de besos.

Dios mío, ¿qué...? ¿Cómo pude...?

Bella, respira —le dijo él, tomándola con firmeza por los hombros, ya preocupado por la apariencia de su rostro. Concentrarse en ella le ayudaba a dejar de lado la horrible sensación de culpa que lo carcomía por dentro—. No fuiste solo tú, ¿recuerdas? No es solo tu culpa, es mía también. No... no debí darte ese beso en la mejilla. No debí dejar que nos acercáramos tanto... ¡Maldición!

La culpa le brotó las palabras e hizo que estas salieran precipitadas por sus labios, sin control alguno.

Tuvo la necesidad de cerrar los ojos y respirar profundamente, una vez más, para calmarse. Pero entonces escuchó el sollozo ahogado que soltó Bella contra el dorso de su mano y su estómago se contrajo con dolor.

Oh, Edward. Lo siento mucho, no sabes cuanto. Oh, yo...

Él no la dejó continuar. La empujó suavemente hacia sí y la abrazó con fuerza, intentando transmitirle en aquel abrazo como se sentía y cuánto la comprendía. Porque ahora tenían una razón, finalmente, para sentirse desdichados y culpables juntos...

Lo sé —le susurró en voz baja, sin soltarla—. Yo también, Bella. Yo también.

Ella lloró hasta dormirse.

Fueron unas horas dolorosamente largas, en las cuales esa sensación amarga y dolorosa en su pecho no disminuyó, como tampoco la culpa que, al contrario, parecía crecer y crecer con cada segundo... y su sufrimiento empeoraba mil veces al ser el observador potencial del sufrimiento de Bella. Y es que verla llorar sin césar y murmurar repetidas disculpas, fue una imágen demasiado dolorosa para presenciar.

La observó dormir por unos momentos, casi deleitándose ante la falta de lágrimas en su rostro pues odió verla llorar, pero aún así, sintiendo puntadas en su pecho al ver que, incluso en sueños, ella parecía estar sometida a un gran dolor y un gran peso... El mismo que padecía él en esos momentos.

Pero, a diferencia de Bella, él sabía qué hacer ahora.

Se obligó a soltar los brazos alrededor de ella y se fue deslizando hasta permitir que la chica terminara recostada justo en medio de la cama. Al acabar, la arropó como hace unas horas atrás lo había hecho pero no tuvo el coraje para hacer nada más. Simplemente la soltó, sintiendo un gran vacío dentro de sí al hacerlo, y se fue a su armario.

Una vez cambiado, salió rápidamente de su apartamento.

El cielo comenzaba a aclarar muy lentamente cuando finalmente estuvo fuera. Una brisa helada y fuerte lo envolvió, alborotándole los cabellos y poniéndole la piel de gallina incluso con su abrigo puesto. Sacó las llaves de su motocicleta y se montó en esta, partiendo tan rápido como sus extremidades, entorpecidas por el frío, se lo permitían.

No le tomó mucho tiempo llegar a la Aldea y mucho menos encontrar la casita que estaba buscando.

A pie ya, rodeó la casa y se dirigió directamente a la ventana del lado izquierdo, sabiendo de antemano que de nada funcionaría tocar la puerta principal siendo tan temprano y que la ventana estaría abierta de par en par.

Jared siempre dormía con las ventanas abiertas, no importaba el frío que hiciera.

Al estar ya dentro, arrugó la nariz. Un olor muy desagradable lo recibió. Era una temerosa mezcla de alcohol, cigarrillos y otro tipo de cosas que, desesperadamente, Edward esperaba que realmente no hubieran sucedido allí. Pero entonces sus ojos se encontraron con la mesita de noche, donde descansaban un sinfín de botellas vacías de todo tipo de alcohol... unas pastillas de dudosa reputación... y un polvillo blanco que se encontraba dispersado por toda la superficie de forma irregular.

Pero lo peor no era eso.

El corazón se le cayó a los pies cuando finalmente divisó a su mejor amigo en el desastre que había en aquella habitación.

Jared estaba profundamente dormido, como Edward había imaginado desde un principio... pero completamente desnudo. Y su lado, un chica de cabellos rubios descansaba también, abrazada a él por el pecho... y sin una prenda encima.

Lo único que pudo pensar Edward fue:

"Bella estaba en lo cierto".

- Continuará... -

Bien, bien, bien. Sé que ha pasado muchísimo tiempo y, siendo sincera, no tengo las palabras suficientes para expresar cuanto lo siento, de verdad. Pero lo cierto es que estoy en una etapa de mi vida que requiere toda mi concentración y mucho de mi tiempo, por lo que los momentos de escritura se han reducido a... casi nada. Lamentablemente.

Tal vez no me crean, pero llevo formando este capítulo (no escribiendo) durante meses. Lo tenía casi completo, pero cuando lo leía, sentía que algo le faltaba, que algo se me escapaba entre los dedos y que era de vital importancia. Y hace muy poco, finalmente el faro en mi cabeza se prendió y encontré el complemento perfecto, ese algo que le faltaba, ese cierre perfecto. Y, si soy sincera, me gustó bastante el resultado final.

¿Y a ustedes?i

Cabe mencionar que siempre estoy al pendiente de ustedes; de sus mensajes, comentarios y publicaciones. Y muchas pueden corroborar que siempre les respondí en cuánto podía y con la verdad, intentando que comprendieran mi atraso. Nunca quise hacerlas esperar tanto.

Y también surgió la incógnita para algunas sobre si había dejado todo esto de lado y, para aquellas que lo dudan aún, quiero dejarlo en claro: NO PIENSO ABANDONAR EL FIC. De que esto va a llegar hasta el final, llegará. El tema aquí es el tiempo que me lleve acabarlo... y me temo que ahí ustedes tendrán que tenerme paciencia. Prometo que las esperas valdrán la pena. Sólo... sin presión, por favor. Y esto último lo digo porque me llegaron un par de mensajes y comentarios que no me gustaron para nada y no me hicieron sentir bien. Pero bueh, no se puede tener a todo mundo contento y yo me conformo con que ustedes puedan comprenderme y sepan que no pienso dejar esto, que siempre continuaré hasta el final.

Ahora díganme, ¿qué les pareció el capítulo? ¿Se imaginaban que el comienzon del romance entre Edward y Bella hubiera sido así; tan conflictivo? ¿Qué hay de Jared?

En el próximo capítulo veremos un poco más de la relación de Jared tanto con Bella como con Edward. Y como esta cambia a base de las acciones que cada uno de ellos cometió... y cometerá.

Creo que les di lo que muchas, en capítulos anteriores, me pidieron. Una narrativa en perspectiva de Edward... sólo que lo hice en un tiempo diferente. De todas formas sirvió, ¿no? Para saber como piensa y siente él. Para conocer su interior.

Creo que eso es todo por ahora. No sé cuando vaya a actualizar de nuevo, pero prometo intentar no demorar tanto esta vez. El próximo capítulo ya está en proceso de formación.

Sin nada más que agregar, me despido. Gracias por comprenderme y seguir conmigo a pesar de todo. Las quiero un montón.

J. D. Salvo.