Los personajes no me pertenecen, son propiedad de Stephenie Meyer. Solo la trama es mía y está prohibido su uso sin mi permiso.

Capítulo 1:

Me siento desorientada, perdida. Me duele todo el cuerpo y estoy tensa, no puedo moverme. Estoy perdida en la oscuridad, en la densa oscuridad que arremate contra mí sin piedad. Trato de abrir los ojos, más no puedo porque me pesan. Me duele la cabeza fuertemente y siento una punzada en la parte izquierda de mi cabeza que me molesta.

Siento una necesidad enorme por despertar, pero no entiendo de dónde viene esa necesidad. Sólo quiero despertar, sólo eso. Escucho a lo lejos un sollozo que me parte el alma, es tan desgarrador y doloroso que me parte en dos.

Entonces me dejo llevar por la oscuridad densa nuevamente….

Abro los ojos, exhausta y desorientada. No sé dónde estoy. Miro a mi alrededor; hay paredes blancas que me rodean, un ventanal grande que trae una brisa alentadora a mi rostro y también me doy cuenta que estoy en una camilla con sábanas blancas. Estoy en un hospital, no me gustan los hospitales. Volteo el rostro e inmediatamente me arrepiento de ello. Hay una aguja intravenosa atada al dorso de mi mano. Hago un gesto de dolor. Odio las intravenosas.

— ¡Ay! —exclamo haciendo una mueca de dolor.

Dos segundos después escucho todo un alboroto fuera de la habitación. Pasos rápidos se escuchan en el pasillo y de pronto escucho miles de voces hablando a la vez. La puerta de la habitación se abre y entra un hombre; un doctor, deduzco.

Tiene el cabello rubio, los ojos de un hermoso color miel, un dorado intenso. Su rostro es amable y en sus labios se halla una sonrisa alegre, aliviada. Al verlo me siento un poco más segura. Un doctor ha llegado para decirme que me ha sucedido, eso me tranquiliza un poco.

—Bella, que bueno que despertaste. Nos tenías preocupados —dice, sonriéndome alegremente.

Frunzo el ceño. ¿Cómo sabe mi nombre? Claro, es un doctor y los doctores saben los nombres de sus pacientes. Le sonrío y el rostro me duele al hacer ese esfuerzo. Trato de sentarme pero al intentarlo, mi cuerpo, agarrotado y tenso, reclama de dolor y me recuesto rápidamente. Tuerzo los labios en una mueca, no puedo moverme.

—Tranquila. Debes tomarte esto con calma, Bella —murmura el doctor acercándose a mí.

—Lo siento, doctor. —Le sonrío apenada.

El doctor frunce el ceño al escucharme y da un paso hacia atrás para mirarme el rostro. Le miro fijamente sin saber que decir, no sé porque me mira de ese modo. Él toma una ficha y comienza a escribir cosas en ella.

— ¿No me recuerdas? —pregunta con la voz llena de preocupación.

Niego con la cabeza, apenada y confundida.

—No, lo siento. ¿Desde hace cuánto que le conozco?

—H-Hace poco —tartamudea nervioso—. Después de tu accidente despertaste por un breve tiempo y ahí nos conocimos. Al parecer tú no recuerdas eso, ¿verdad?

Sigue escribiendo en su ficha, está con el ceño fruncido y parece preocupado. Vuelvo a intentar sentarme y esta vez puedo hacerlo, mi cuerpo agarrotado se está soltando cada vez más. Quiero hacerle un montón de preguntas al doctor, quiero preguntarle miles de cosas. Quiero saber qué fue lo que me pasó, quiero resolver todas mis inquietudes… pero decido comenzar primero por lo más importante.

—Usted dijo que hubo un accidente en el que yo estuve involucrada —murmuro, alzando la vista para mirarle—. ¿Qué sucedió? ¿Qué accidente tuve?

El doctor me mira con la duda escrita en los ojos. Está preguntándose mentalmente si contarme o no lo que sucedió. Esto me altera. Si no me quiere contar es porqué sucedió algo verdaderamente malo y no me quiere alterar diciéndomelo. Me preocupo inmediatamente, tal vez le sucedió algo a mi familia.

—Por favor, doctor, dígamelo —pido casi rogando.

El corazón me late con fuerza contra mi pecho, las manos me sudan y el cuerpo me tiembla ligeramente. Estoy asustada, muy asustada por la salud de mi familia. ¿Cuánto tiempo llevo inconsciente? ¿De qué tanto me he perdido en el tiempo que estuve inconsciente? ¿Qué me sucedió?

—Carlisle Cullen —musita. Le miro extrañada—. Mi nombre es Carlisle Cullen, Bella.

—Señor Cullen, dígame, por favor, qué es lo que me sucedió.

Suspira y se pasa una mano por su cabello, alborotándolo y dándole un aspecto más rebelde, más juvenil. En ese momento me pregunto cuanto años tendrá y luego me pregunto de dónde diablos a salido ese pensamiento. Debo concentrarme en lo que el señor Cullen me diga, no en cuántos años tiene él.

—Sufriste un accidente automovilístico. Chocaron contra un camión que los chocó por el costado con fuerza. Tú, que ibas en el asiento del copiloto, saltaste fuera del coche inconsciente y tu cabeza se golpeó demasiadas veces contra el asfalto. A causa de aquello, sufriste daños severos en el cerebro y también sufriste un coma.

Trago saliva en seco luego de escuchar todo esto. No lo puedo creer. No puedo creer que haya sufrido tal accidente tan grave y no recuerde nada de eso. No puedo recordarlo, por más que me esfuerzo no puedo. Al tratar de indagar en mi mente el doloroso recuerdo de mi accidente, me duele la cabeza con fuerza y no puedo seguir tratando de recordar, no puedo.

Recreo el escenario en mi cabeza. Mis padres y yo en un carro, los tres sonriendo y más felices que nunca, sin saber del maldito accidente que nos espera. Yo yendo de copiloto mientras Renée, mi madre, va en el asiento de atrás riendo y cantando a todo pulmón una canción que están sintonizando en la radio. Charlie, mi padre, concentrado en la conducción del carro pero sonriendo bobaliconamente, como enamorado, al escuchar a mi madre tan feliz y cantante, mientras yo sólo me río de mi madre y la sonrisa tonta de mi padre.

No puedo creerlo, no quiero creerlo. El cuerpo me tiembla y mis ojos están llenos de lágrimas. Mi cuerpo entero se estremece al pensar en que mis padres puedan estar con mala salud, heridos y dañados física y mentalmente. No, ellos tienen que estar bien. Tienen que estar bien.

— ¿Cómo están mis padres? ¿Ellos están bien? —La voz me suena desesperada, ahogada en el llanto y la histeria.

El doctor Cullen frunce el ceño.

— ¿Sus padres?

Le miro extremadamente confusa. La cabeza me da vueltas de tanto aturdimiento.

—Usted me dijo que sufrí un accidente automovilístico. Yo no soy muy… amistosa—me sonrojo—, no soy muy sociable que se diga así que no tengo amigos, eso quiere decir que no pude haber salido con amigos. Tampoco salgo a paseos escolares ni nada por el estilo. También usted dijo que yo iba en al asiento del copiloto y con ello deduzco inmediatamente que fui a un paseo o algo por el estilo con mis padres, ya que ellos nunca me dejarían conducir, y si no salgo con nadie, solamente salgo con mi familia. Así que estoy segura que salí con mi familia.

El doctor sonríe tan ligeramente que no estoy muy segura si está sonriendo verdaderamente o no. Sus ojos brillan de una manera extraña que no llego a comprender. Al ver mi mirada incrédula, disimula su sonrisa y se dedica a mirar fijamente la ficha que tiene en sus manos. Sonrío al ver su esfuerzo por mostrarse profesional nuevamente.

—Tienes razón, Bella. Viajabas con tu familia cuando ocurrió el accidente y no te preocupes, ellos están bien.

—Gracias a Dios —susurro suspirando aliviada. Llevo una mano a mi corazón, tratando de calmar sus locos latidos—. ¿Cuánto tiempo llevo inconsciente?

Mientras está revisando mi suero, me mira de nuevo con esa duda en los ojos.

Suspiro, sabiendo que no quiere contarme esto… de nuevo. Pero la verdad es que necesito saber cuanto tiempo estuve inconsciente, necesito saber cuánto tiempo estuve dejándome llevar por esa oscuridad densa que me embargaba. Me estremezco al recordar esa oscuridad densa que predominaba en mi inconciencia y que me quería llevar con ella a no sé dónde.

—Un año —murmura y contengo la respiración debido a la impresión que su confesión me da—. Bella, llevas un año en coma.

No puede ser, no lo puedo creer. Lo que pareció para mí un solo segundo, en realidad fue un año completo. Un año donde estuve en la oscuridad total mientras mi pobre familia sufría por mí. Un año donde me perdí de muchas cosas y donde estaba en la inconsciencia completamente.

—No puede ser —murmuro shockeada.

—Así es, estuviste un año en coma. Pero no te preocupes por ello. De lo único que debes preocuparte es de mejorarte y recuperar tu memoria, tu familia necesita que recuerdes.

—Lo sé… y haré mi mejor esfuerzo por recuperar mi memoria. Lo juro.

En ese momento no podemos seguir hablando pues entra un remolino a la habitación e inmediatamente sé quién es. Renée se para en el umbral de la puerta y me mira con sus ojos azules, iguales a los míos, brillando llenos de alegría al verme despierta… al fin. Detrás de mi madre está papá, mirándome igual de conmocionado que Renée y con sus ojos marrones llenos de lágrimas no derramadas.

Las lágrimas caen de mis ojos e inundan mi rostro. Sollozo fuertemente y abro mis brazos para recibir a mis padres. Los necesito conmigo, los necesito a mi lado para que me den de ese apoyo que siempre he recibido de su parte. Quiero sentir sus brazos rodeándome y calmándome inmediatamente…

… y lo siento cuando ellos se arrojan a mis brazos llorando de felicidad. Yo también lloro.

Al otro día…

Estoy sentada en la misma camilla en la cual desperté el día de ayer. Mi espalda está apoyada cómodamente contra la almohada y en frente de mí se encuentran mis padres sentados en un sofá. Los dos están abrazados y mirándome fijamente mientras esperamos a mi doctor; el doctor Carlisle Cullen. Mi cabello color caoba cae rendidamente sobre mis hombros y mi piel ya no se ve tan pálida como lo estaba ayer, aunque siempre ha sido pálida.

—Tienes que ser sincera con Carlisle, Bella —dice mi padre con gesto preocupado.

Renée asiente con la cabeza, de acuerdo con su marido.

—Responde todas sus preguntas con sinceridad, hija —musita mirándome seriamente

—. Sólo así Carlisle puede ayudarte con lo de tu memoria.

—Lo sé, mamá. Y seré completamente sincera con el señor Cullen.

Entra por la puerta el doctor Cullen en ese momento y me sonríe alegremente. No puedo evitar devolverle la sonrisa. Aunque solamente lo he visto dos veces en mi vida, ya que ayer se fue rápidamente cuando mis padres llegaron y luego no pude verlo más pues estuve el día durmiendo, me siento segura con él aquí. El doctor Cullen toma asiento en la silla que está junto a mi camilla y saca del bolsillo de su bata una pequeña libreta y una pluma para escribir.

—Buenos días, Bella. ¿Cómo te has sentido hoy? —Su voz suena tranquila y amable.

—Buenos días, doctor Cullen —murmuro. Le sonrío educadamente—. Hoy me he sentido muy bien, a decir verdad.

Y no es mentira, me siento mucho mejor que ayer. Mi cuerpo ya no está agarrotado gracias a las duchas exquisitas que me he dado en estos dos días despierta y ya no lo siento tenso. Los dolores en mi cuerpo disminuyeron de tal manera que ya no siento nada, sólo una cierta molestia en mi costilla izquierda y me he dado cuenta que allí tengo un cardenal muy formado, no muy grande, pero bien marcado. Tal vez me golpeé en la costilla en el accidente y como el golpe fue fuerte, la piel se me quedó marcada con un cardenal. Tampoco siento la molesta punzada en mi parte izquierda de mi cabeza pues la enfermera me dio una medicina perfecta para calmar el dolor y el mareo ha desaparecido por completo.

—Me alegra mucho escuchar aquello —admite sonriendo—. Bueno, tengo unas preguntas que hacerte para averiguar a qué grado va tu amnesia. Pero lo que más me importa es saber si tú estas de acuerdo con esto. ¿Estás de acuerdo con esto?

—Totalmente —confieso.

—Está bien. —Se acomoda en su silla y toma de nuevo su papel profesional, como el doctor que es—. ¿Cuál es el último recuerdo que tienes antes del accidente?

Entrecierro los ojos, concentrada en encontrar mi último recuerdo antes del accidente. No me cuesta demasiado encontrarlo, porqué me llega el recuerdo inmediatamente a la cabeza. El último recuerdo que tengo es cuando me estaba yendo de Phoenix, cuidad donde nací y me críe, para irme a vivir en el pueblo de Forks, donde estamos ahora, con mis padres ya que a Charlie le habían ofrecido un nuevo trabajo en este pueblo. Ese es mi último recuerdo que guardo en mi mente antes del accidente.

Se lo cuento al doctor Cullen:

—M-Mi último recuerdo antes del accidente es cuando mis padres y yo nos estamos mudando de Phoenix para venir a Forks. Recuerdo que nos cambiábamos de casa porque a mi padre le habían ofrecido un nuevo trabajo en este pueblo.

Al momento que termino de hablar, mi madre suelta un sollozo ahogado que me desarma por completo. Volteo el rostro y la veo llorando desconsoladamente mientras se tapa con su mano la boca para acallar sus sollozos. Mi padre está abrazándola para calmarla lo máximo posible. Retengo con fuerzas las ganas de llorar desconsoladamente, como mi madre, porque no quiero verlos sufrir aún más por mí. Tengo que ser fuerte, no me tengo que debilitar. Tengo que resistirlo por ellos.

—L-Lo siento —se disculpa mi madre, secándose las lágrimas—. Pero… es que olvidaste tanto, Bella. Me duele todo esto, pero tengo que ser fuerte.

—No se preocupe, señora Swan. La comprendo perfectamente. —El señor Cullen le sonríe enternecido a mi madre.

—Gracias, Carlisle.

—Bueno, ahora que sabemos tu último recuerdo, debo preguntarte esto—dice el doctor, más serio de lo normal—. ¿Has tenido sueños extraños estos dos días? Algo fuera de lo común que tú no comprendas, quiero decir.

Lo pienso con delicadeza. Si recuerdo bien—qué irónico eso—, ayer sí tuve un sueño raro. Recuerdo que en mi sueño reinaba la oscuridad densa, recuerdo que yo me encontraba en medio de esa caótica oscuridad y esta me consumía poco a poco. En el sueño yo comenzaba a buscar algo desesperadamente, pero algo que ni yo misma sabía que era, pero lo buscaba con tanta desesperación que llegaba a llorar. Y también había pasos que se escuchaban a lo lejos con el sonido de la sirena de la ambulancia.

—Tuve un sueño raro —reconozco perdiéndome en el recuerdo de mi sueño—. En mi sueño reinaba la oscuridad densa y caótica. Yo estaba en medio de esa oscuridad y esta me estaba consumiendo poco a poco. Estaba desesperada, alarmada buscando algo que ni yo misma sabía que es, pero era tal mi desesperación por encontrar eso, que lloraba desconsoladamente por no poder encontrarlo. Entonces en ese momento escuchaba unos suaves y coordinados pasos acercándose y viniéndome por mí. Eso me desesperaba

aún más pero no de miedo, sino porque quería encontrar al autor de esos pasos. Y luego me desperté.

El señor Cullen anota todo lo que dije y veo que está preocupado pues frunce el ceño mirando fijamente la información que está guardando en su pequeña libreta. Quiero preguntarle qué es lo que le preocupa, pero no se lo pregunto pues no quiero arruinar su trabajo. Tal vez luego le pueda preguntar.

—Bien. —Deja de escribir y me mira nuevamente—. ¿Cómo te llamas?

Le miro de hito en hito, totalmente impresionada por la estúpida pregunta que me está haciendo. Él ríe al ver mi mirara escéptica.

—Debes responder.

—Mi nombre es Isabella Marie Swan —digo muy convencida. Si no es así, ¿cómo mierda me llamo entonces?

Se ríe por lo bajo y es ahí cuando oigo las risas ahogada de mis padres. Me volteo y los fulmino con la mirada a los dos. Se están divirtiendo a mi costa, y eso no me gusta. Renée me envía una sonrisa apenada y sonrío.

— ¿Cuántos años tienes?

Lo medito por un momento. Sí, lo sé, es estúpido el ponerse a pensar cuántos años tienes, se supone que eso lo sabes siempre. Pero mi lugar es diferente, dado el hecho de que estuve en coma por un poco más de un año.

—Mmm, contando el año que estuve en coma…. Tengo dieciocho años —murmuro no muy convencida.

Carlisle levanta la vista de su libreta y me mira con una emoción totalmente desconocida para mí. No puedo descifrar cual es la emoción que predomina en sus ojos en estos momentos.

—No, Bella, eso no es así —susurra con la voz quebrada.

Le miro totalmente desconcertada. ¿De qué diablos me habla?

— ¿Cómo?

—Bella —la quebrada voz de mi padre me habla ahora—, hija, no tienes dieciocho años. Tú, hija, tienes veintitrés años.

Me quedo boquiabierta, sin poder musitar ni media palabra. Mis manos tiemblan y mi corazón parece congelarse en estos momentos, no me late. Quiero hablar pero siento la garganta seca y mis labios están sellados momentáneamente. No sé qué hacer, no sé qué decir.

—Eso no puede ser —susurro con voz ronca.

—Es así. Estamos en el año 2015.

— ¿Eso quiere decir que he olvidado casi cinco años de mi vida?

—Sí —me responde Carlisle—. Bella, olvidaste cinco años de tu vida completamente. Incluso un poco más de cinco años.

—No lo puedo creer.

Las preguntas de Carlisle siguen, yo las contesto automáticamente pero mi mente no está ahí. Mi mente vuela en otra parte, en el tema de hacer olvidado tantos años de mi vida. No lo puedo creer y no quiero creerlo. ¿Cómo es que pude haber olvidado tantos años de mi vida? ¿Cómo se me pudo borrar la memoria de tal manera? Es imposible, inaudito que exista algo así en la vida. La amnesia es lo peor del mundo, de eso estoy segura.

Entonces siento un mareo horrible y el cuerpo liviano; como una pluma. Las manos me sudan y mi frente también. Mis ojos comienzan a pesarme y oigo exclamaciones a mí alrededor, pero se escuchan lejos, muy lejos. Un aire, que desconozco su procedencia, me llega al rostro y lo agradezco mentalmente. No puedo hablar, no puedo moverme. Mis ojos comienzan a cerrar y… me dejo llevar nuevamente por la oscuridad densa que me vence y me lleva a su reino.

A la semana después…

—Bien, Bella —murmura Carlisle enderezándose en su asiento—, ha llegado la hora. Es hora de dar el veredicto.

Renée se echa a reír de sopetón y todas las miradas se posan en ella con incredulidad. Mi madre sólo sigue riendo al ver nuestras miradas. Charlie, que está a su lado, sonríe ligeramente pero su cuerpo de nota tenso. Yo sé por qué se encuentra así de tenso, hoy es el día en que me dirán que tipo de amnesia tengo y si se puede hacer algo para que recupere la memoria o no.

No he recordado nada en esta semana y desde aquel desmayo que sufrí el día que Carlisle me hizo las preguntas me tratan con más delicadeza. Carlisle (él me pidió que lo llamara así) ha ido de a poco conmigo, teniendo cuidado con mis ataques de dolores de cabeza. Todos los días viene a mi habitación en el hospital y comenzaba a hacerme unas pocas preguntas, asegurándose de que no revelen tanta información tan repentinamente para que no me desmaye de nuevo.

Me siento frustrada al no recordar nada. Por más que lo intente, ningún recuerdo me llega a la mente. No puedo recordar nada de cinco años de mi vida, y eso me frustra y me molesta. Quiero recordar, lo deseo con toda mi alma, pero no puedo. Además tengo el maldito presentimiento de que tanto Carlisle como mi familia me están ocultando algo que es de vital importancia para mí y quiero saber qué es.

Y siguen los malditos sueños raros que no han dejado de perseguirme desde que desperté de mi coma. Son sueños raros y caóticos que siempre hacen despertarme agitada, con el corazón en la garganta y con un dolor agudo inundando mi pecho. No sé qué es esto, no sé de qué diablos se trata, pero lo que sí sé es que no quiero tener más esas pesadillas. Las odio.

— ¿Por fin nos dirán que tipo de amnesia tiene mi hija, Carlisle? —La voz de Charlie me saca bruscamente de mis pensamientos—. ¿Nos dirás si podrá recordar esos cinco años?

—Sí, por fin les diré eso —murmura Carlisle pero no sonríe.

Le miro fijamente y su rostro me lo dice todo. Su rostro me dice lo inevitable, lo que no quiero oír de sus labios pero que es la verdad de todo. Mi respiración se vuelve errática, mis manos tiemblan y mis ojos se me llenan de lágrimas. No, esto no puede ser. ¡Yo quiero recordar!

Carlisle me mira y nota en mi semblante, triste y decaído, qué lo sé todo. Sus ojos se vuelven dolidos y su expresión seria cambia a una de total tristeza y dolor. Alza una mano y me acaricia el cabello suavemente mientras yo le miro hecha pedazos. No quiero oírlo. No quiero oírlo.

Mis padres al ver esto ahogan jadeos y se ponen a llorar. No pueden creerlo al igual que yo, los dos no se esperaban esto. No quiero oírlo, así que me recuesto de nuevo en mi camilla y me hago un ovillo, tapándome con las sabanas todo el cuerpo; de los pies a la cabeza. Pero de igual forma, aunque no quiero, escucho lo inevitable.

—Bella tiene una amnesia severa —dice Carlisle, respirando con dificultad—. Sus recuerdos de los cinco años que ha olvidado… jamás van a volver. Los siento, pero Bella no recordará jamás esos años de su vida, los daños de su cerebro son muy severos y eso causó la amnesia.

Me tapo los oídos, no quiero escuchar nada más. Agarro mis piernas y las coloco las rodillas en mi pecho, flexionando las piernas. Las lágrimas bañan mi rostro y no quiero nada más que la tierra me trague viva, o qué, por último, caiga en un sueño profundo del cual nunca despierte. Las amables manos de Carlisle me ofrecen consuelo, y aunque las acepto, no hay nada en este mundo que pueda consolarme de esta pena que tengo adentro de mí.

Duele mucho, demasiado. Duele saber que olvidaste más de cinco años de tu vida, años en los cuáles pudiste pasar cosas que no se repiten dos veces, cosas que pueden ser de vital importancia para ti pero que ahora lo olvidaste y no hay vuelta atrás. Ya no queda nada de esos cinco años de mi vida, absolutamente nada. Quiero dormir y no despertar nunca más. ¡Me quiero morir!

Oigo perfectamente el llanto desconsolado de mi madre y los sollozos ahogados de mi padre. No me gusta hacerles sufrir, no me gusta verlos sufrir. Sollozo yo también y me aprieto las rodillas al pecho.

—Bella —me llama Carlisle, pero lo ignoro. Luego de unos segundos, insiste—: Bella. Bella… ¡Bella, mírame!

Unas manos me despojan de las sabanas con delicadeza. Escondo el rostro aún más pero luego unas manos me toman la cabeza y me obligan a levantar la mirada. Es Carlisle, me mira con los ojos serios y toma de nuevo su papel de doctor prestigiado de Forks. Con ternura me toma los brazos para separarlos y luego toma mis tobillos y tira de ellos para que estire las piernas, lo hago obedientemente. Él estira la mano y me seca las lágrimas que brotan de mis ojos, pero estas siguen saliendo sin control.

—Bella, yo tengo una esperanza. Es una esperanza no muy respaldada médicamente, pero tengo fe de que puede realizarse.

Me sorbo la nariz, un gesto no muy digno de una señorita, y le miro fijamente. No puedo evitar que un poco de esperanza se tiña en mi alma al escucharlo decir esto. Quiero tener esa esperanza que tiene él, quiero que me contagie de aquella esperanza que le llena el alma.

— ¿Cuál es esa esperanza? —pregunto.

—Los recuerdos no son cosas que se puedan borrar o recordar médicamente o científicamente, eso lo sé. Los recuerdos son cosas que están en tu mente y qué, por lo tanto, sólo tú puedes manejarlos y mandar a tu mente como tú quieras.

—No comprendo —admito mientras me siento en la camilla nuevamente—. ¿Qué me quieres decir con todo esto, Carlisle?

Carlisle suspira y se pasa una mano por sus cabellos rubios. Sus ojos color miel brillan ilusionadamente con la esperanza que le está embargando. Quiero tener su fe, pero no puedo.

—A lo qué me refiero, Bella, es que tú puedes recordar esos cinco años de tu vida, yo creo que sí. Pero para ello tienes que poner empeño en recordar. Recuerdo esto, Bella: sólo tú puedes mandar en tu mente. Tengo la esperanza de que recuerdes, y sé que lo harás mientras pasa el tiempo. Ten fe, Bella.

Fe es la última cosa que tengo en estos momentos, pero Carlisle tiene razón. Tengo que tener fe, aunque sea un poco de fe. Eso me ayudará por el momento. Asiento con la cabeza. Quiero tener fe.

—Gracias, Carlisle. Gracias por tu amable ayuda y por todo lo que hiciste por mí. Te lo agradezco de verdad.

Me sonríe alegremente y me contagia la alegría que irradia.

—No hay nada que agradecer, Bella.

Al año después del accidente…

Me siento en el sofá de cuero negro que está en la sala de mi casa. Cierro los ojos con cansancio y me froto las sienes en un vano intento de quitarme de encima el dolor de cabeza que traigo. De nuevo me han despertado esas malditas pesadillas, esos malditos sueños que me dejan un dolor de cabeza todos los días.

Ya ha pasado un año desde el accidente… y no he recordado nada, absolutamente nada. Es como si estuviera en el principio de todo nuevamente, como si recién el día de ayer haya despertado del coma largo que tuve. Mi mente sigue en blanco sobre esos cinco años de mi vida que olvidé, como lo estuvo desde el comienzo de todo, en el hospital. No recuerdo nada, a pesar que he seguido el consejo de Carlisle al pie de la letra. Sé que yo tengo dominio de mi mente, más no puedo recordar esos cinco años de mi vida. Y lo peor de todo es que las pesadillas siguen, pero no son las mismas que las del principio. Cambiaron las pesadillas, ya no es esa donde estoy en la oscuridad densa que me consume poco a poco y ya no son esos pasos que se escuchaban en la lejanía.

El sueño es otro.

El sueño se trata de que estoy en un automóvil, justo en al asiento de copiloto. A mi lado va alguien conduciendo el carro, pero no le puedo ver el rostro aunque sé que es un hombre, lo deduzco por su silueta. En el asiento de atrás va otra persona que tampoco puedo ver, ni siquiera veo su silueta, pero puedo sentir su presencia. En la radio del carro se escucha una canción que conozco, pero que no sé de dónde la conozco ni cuando la conocí, sospecho que la conocí en unos de esos cinco años que no recuerdo. El nombre de la canción es Claro de Luna, según me dijo mi madre, y es de Debussy. Al escuchar esa canción un sentimiento de paz me invade totalmente y en el sueño me veo sonriendo alegremente y tarareando la canción. Entonces, cuando miro al frente, unas luces muy grandes me encandilan y me borran la vista, desde ahí es todo un alboroto. Escucho unos gritos míos y de otras personas, también escucho un gran estruendo que me pita en los oídos. El carro de da vuelta y me golpeo contra la puerta, esta se abre y salgo volando fuera del carro mientras escucho una voz llamándome a gritos, desesperada y angustiada. Escucho un llanto también pero no sé de donde procede… y luego despierto agitada y exaltada.

Ese sueño se repite hace unos meses atrás y me hace despertar muy mal; con dolor de cabeza, mareo, el corazón latiéndome locamente y las manos sudorosas, sin contar los jadeos. Todas las noches sueño lo mismo, todas las noches despierto de esta manera y ya no quiero más, no quiero más pesadillas, me dejan exhausta.

Pero a pesar de todo, no puedo negar que he descansado este año. Me he tomado un año sabático para curarme bien, tanto como mental y físicamente, pensar bien en las cosas que sucedieron y, lo más importante, poder recordar… aunque el esfuerzo es en vano pues no he recordado nada. Ni siquiera el estar en mi casa de Forks me ayuda a recordar.

Pero el descanso ya se ha acabado… y el intento de recordar también. Junto con mis padres, he decidido qué, cómo no recuerdo nada antes del accidente, quiero terminar mis estudios. Se supone que ya los terminé, pero como no recuerdo nada de esos cinco años, decido estudiar de nuevo esos años que se olvidaron así que voy a entrar de nuevo al instituto. Es irónico todo esto; una mujer de veinticuatro años en un instituto con jóvenes que no pasan de los dieciocho años. Me siento como si todo empezara de nuevo, como si fuera mi primer día de clases. Me río al pensar en aquello.

Mañana mismo empieza mis clases y espero que también empiece una nueva vida. Ya no quiero pesadillas, ya no quiero acordarme de esos malos momentos que pasé en el hospital, ya no quiero recordar esa época mala de mi vida. Quiero comenzar una nueva vida, una nueva etapa. Mis padres y Carlisle me apoyan totalmente en la decisión de terminar mis estudios y eso lo agradezco verdaderamente.

Y pasando a otro tema; no he perdido contacto con Carlisle. Al contrario de ello, hablo con él casi todos los días, él se asegura de llamarme. Siendo sincera, le tome mucho cariño a Carlisle y lo veo como mi segundo padre. Él ha sido muy bueno conmigo, se ha preocupado por mí bastante y no me ha dejado sola en este proceso de los recuerdos, él ya es un miembro más de mi pequeña familia. Le quiero como un padre y siempre será así.

Sacudo la cabeza, necesito dormir pues me estoy quedando dormida en el sofá. Me levanto del sofá y camino hacía mi habitación. Una vez llegada allí, me recuesto en mi cama y cierro los ojos.

Mañana comienza mi nueva vida… y ojala que me vaya bien en esta nueva vida.


Aquí se encuentra el capítulo dos, ¿qué les parece? Déjenme saber sus opiniones. Besos.