PRÓLOGO

Diciembre, en la actualidad.

El hombre de cabellos blancos está tendido en la cama, haciendo todo lo posible por mantener su respiración constante y sus ojos abiertos. Sus hijas han llegado y es hora de hablar sobre su secreto… aquel secreto que ha guardado recelosamente desde que se casó con la madre de sus tres pequeñas.

—Padre —susurra Tania, entrando en la habitación.

Él intenta erguirse en la cama, y recibe ayuda de sus tres hijas al mismo tiempo. Finalmente su espalda queda recta contra la cabecera de la cama; les dedica un intento de sonrisa a sus hijas y éstas se la devuelven, pero con los ojos llorosos.

—Susana —llama el padre—, ¿querrías pasarme aquella biblia?

La aludida se mueve en dirección de la mesita de noche y toma la desgarbada biblia que su padre ha mantenido a su lado, sin dejarla un solo minuto desde que fue diagnosticado, como si ésta fuese una clase de amuleto para él.

—Lee para mí, primera de corintios, capítulo 13, versículos del cuatro al ocho —pide.

La muchacha mira llorosa hacia su padre, nunca ha leído la biblia y él lo sabe muy bien ¿por qué se lo pide a ella, entonces? Dirige su mirada hacia Tania, su hermana que solía leer la biblia junto a su padre cada domingo después del servicio dominical cuando ambas eran unas niñas. La mirada de Susana pedía ayuda en un quedo gritito.

—Léelo tú, hija. Significa mucho para mí que seas tú quién lo lea.
—Pero, padre… yo nunca he leído la biblia antes —tartamudea.
—Sólo hazlo… por favor.

La joven suspira y abre la biblia con sumo cuidado, tarda varios minutos en encontrar el libro que su padre le ha indicado y otros más en encontrar la cita. Cuando lo hace, aclara su garganta y lee en voz alta.

"El amor es sufrido y bondadoso. El amor no es celoso, no se vanagloria, no se hincha, no se porta indecentemente, no busca sus propios intereses, no se siente provocado. No lleva cuenta del daño. No se regocija por la injusticia, sino que se regocija con la verdad. Todas las cosas las soporta, todas las cree, todas las espera, todas las aguanta. El amor nunca falla".

El anciano sonríe débilmente. Sus ojos se cierran y exhala un suspiro.

"Que el esposo dé a su esposa lo que le es debido; pero que la esposa haga lo mismo también a su esposo. La esposa no ejerce autoridad sobre su propio cuerpo, sino su esposo; así mismo, también, el esposo no ejerce autoridad sobre su propio cuerpo, sino su esposa. No se priven de ello el uno al otro. . ." —susurra él, un minuto después. Y su cuerpo entero se estremece ante el recuerdo.

—Padre —llama Vanessa.

Él abre los ojos y se da cuenta de que su hija sostiene un viejo recorte de periódico entre sus manos, dicha fotografía ha estado guardada recelosamente entre las hojas de la biblia.

En el recorte de periódico se ve a sí mismo del brazo de una joven castaña vestida de blanco, están fuera de la capilla de Forks, Washington y en sus rostros se exhiben unas enormes sonrisas. En el encabezado se puede leer "ISABELLA MARIE SWAN & EDWARD ANTHONY MASEN, CONTRAEN NUPCIAS".

Los ojos se le llenan de lágrimas al ver su angelical rostro de nuevo.

—Hay muchas cosas que no les he contado, hijas míos —susurra el anciano, sosteniendo entre sus temblorosas manos la fotografía del mejor día que ha tenido—. Ella es mi ángel. El amor de mi vida.
— ¿Y mamá? —Pregunta Tania, recelosa.
—Tu madre era una mujer estupenda y la amé, pero de una manera diferente.
— ¿A qué te refieres con "de una manera diferente"? —cuestiona Susana.
—Sabía que tenía que contarles esto antes, pero mi desidia no me lo permitía… además, no quería lastimarlas. Pero ya estoy viejo y no estaré con ustedes por mucho tiempo; tengo que contarles qué pasó en el aquel invierno…

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CAPÍTULO 1

Entré al salón de clases con un ligero retraso de cinco minutos, no es que me preocupara mucho llegar temprano a esa clase en específico; era teatro, y solo la tomaba porque necesitaba una A+ para reunir los créditos suficientes para acreditar el semestre y poder graduarme para ir a la universidad.

La profesora Rosenberg, era una mujer pequeña y menuda, daba la impresión de que el mismo soplo del viento podría matarla. Era una de esas mujeres que siempre llevan una sonrisa adornando su rostro, era simpática al grado de que muchos alumnos la evitábamos, otra de las razones por las que había decidido lidiar con ella todo un semestre era porque su clase era conocida por ser nada estresante.

Me arrastré al último lugar al final del auditorio, donde podía ignorar fácilmente a la profesora y preocuparme por otras cosas… como mi padre. Mi padre era un hombre sumamente ocupado, raras veces estaba en casa y salía del pueblo constantemente, dejándonos a mi madre y a mí solos por largas temporadas. Cuando volvía siempre traía algo para mí y un millar de obsequios para mi madre, como si quisiera mitigar su culpa por dejarnos tanto tiempo solos. Desde hacía un par de años, me habían dejado de importar los regalos que él pudiera traer para mí, lo único que había añorado durante toda mi vida, era poder pasar unas cuantas semanas con mi padre, fuera de este asqueroso y poco atractivo pueblo.

La idea me hizo pensar en mi madre, ella era una mujer esplendida y aunque había tenido que criarme prácticamente sola, nunca se había quejado ni había peleado con mi padre. Ella era mi mujer perfecta. No podía concebir una mujer más hermosa y más noble que ella…

—Señor Cullen.

La chillante voz de la profesora Rosenberg me sacó de mis pensamientos. Me obligué a levantar la vista hacia ella, encontrándome con un rostro sonriente y una mirada iluminada.

—No lo había notado estando allá atrás, tan quieto —continuó— ¿por qué no se acerca? Apuesto a que ni si quiera puede escuchar bien la clase.

"Eso es precisamente lo que quiero" pensé para mis adentros.

—No se preocupe, la escucho perfectamente, profesora Rosenberg —respondí, dibujando una sonrisa en mi propio rostro.

Su sonrisa se endureció y me di cuenta de que esa, definitivamente, no era la respuesta que ella estaba esperando.

—No sea tímido, señor Cullen. Acérquese —ordenó, con un tono de voz más fuerte.

Suspiré. Necesitaba un A+ y si no obedecía a la maestra loca, no habría manera de conseguirla.

Guardé mis cuadernos en la mochila y me puse de pie, caminando hasta la primera fila del auditorio. La profesora señaló un lugar, al lado de una tímida chica de cabellos castaños, su nombre, si no mal recordaba, era Isabella Swan y era la hija del sheriff.

Me dejé caer en el asiento contiguo al de ella, mi compañera ni si quiera me miró. Isabella Swan era incluso más extraña que la profesora Rosenberg.

Isabella tenía el mejor promedio de toda la escuela, y por mucho. Era ultra callada y, hasta donde yo sabía, no tenía ni un solo amigo de su edad en todo el pueblo. Solía pasar las tardes en la capilla, ayudándole al reverendo Weber con todo lo que concernía a la iglesia, se había llegado a escuchar el rumor de que al terminar la escuela ella se iría a un convento para apoyar a los misioneros.

La observé de refilón. Tenía los cabellos alzados en un apretado moño, llevaba una sudadera dos tallas más grandes, por lo que era un enigma saber que era lo que se escondía debajo, sus pantalones vaqueros eran más grandes y sus zapatillas deportivas estaban desgastadas. Inmediatamente me pregunté si el salario de Sheriff era tan bajo como para no poder permitirse pagar un par de ropa nuevo para su única hija.

—Este semestre tengo algo nuevo para la obra de navidad —anunció felizmente la profesora Rosenberg—. El título de la obra es "No tan lejos"; un drama navideño.

Mi compañera sostuvo el aliento y dio un pequeño respingo, creí que estaría irritada, pero cuando me permití darle una mirada furtiva, por debajo de mis pestañas y me di cuenta que estaba masticando su labio inferior, en una mueca deliberadamente atrayente, mientras sofocaba una sonrisa.

—Es una obra cristiana con temática navideña estupenda, señorita Rosenberg —saltó mi compañera, dejando que una sonrisa se expandiera por su rostro abiertamente.
—Lo es, señorita Swan —acordó la profesora.

Jamás había escuchado hablar sobre esa obra de teatro… y eso que había sido arrastrado a la iglesia cada domingo desde que tenía uso de razón.

"No tan lejos" es una obra de Navidad con coro —continuó la profesora—. Víctor y Blanca son una joven pareja que ha sido criada en la iglesia pero que cree que han pasado página respecto al aspecto religioso de sus vidas. Dios utiliza un viaje de regreso a casa por Navidad, la fe de una madre vagabunda, y una crisis personal para llamar su atención y volverlos hacia Él. Ellos se dan cuenta de que no están tan lejos de Dios como pensaban. El coro es también un personaje de la historia y un alivio dramático.

— ¿Ya tiene previsto a los personajes, profesora? —preguntó una chica pelirroja, que estaba sentada justo detrás de mi. Su voz era fingida, como si escondiera un gruñido debajo de una amabilidad subida de tono, que todos en la sala habíamos percibido.

—Sí, sólo son nueve personajes… el resto serán el coro.

¡Genial! Estaría en el coro de una patética obra cristiana, ¿qué podía ser peor?

—Blanca será interpretado par Isabella Swan —chilló la profesora, entregándole una copia del guion a mi compañera de al lado.

Isabella dejó que la sonrisa se extendiera abiertamente por su rostro y se pavoreó mientras tomaba la copia entre sus manos y susurraba un débil "Gracias" antes de volver a su lugar.

La profesora comenzó a nombrar al resto de los personajes, dejando en la oscuridad el nombre de la persona que interpretaría el personaje principal masculino. Me alegró que mi nombre no estuviera en su lista de personajes secundarios, ya que basándome en mis nulas participaciones en obras teatrales en el pasado, la posibilidad de que me diera el papel principal, era ridícula.

—Eso deja libre el espacio para Víctor —chilló la profesora. En las pocas horas que había pasado en el aula, me había dado cuenta que los chillidos eran parte de ella y que en realidad debería de preocuparme cuando ella pareciera seria—. El cual será interpretado por… el señor Cullen.

Me atraganté con mi propia saliva al escuchar mi nombre, ¿yo? ¿Había escuchado bien? Sentí que al menos veinte pares de ojos se posaban en mí y mi reacción instintiva fue tensarme y levantar la vista hacia la profesora.

— ¿Yo? —pregunté.

"Un cuestionamiento bastante inteligente, Cullen" me dije a mi mismo, pero en esos precisos momentos fue lo único que logró salir por mis labios. Estaba sumamente desconcertado por la declaración de la profesora.

—Así es —canturreó, entregándome una copia del guion. La cual no tomé.
— ¿Por qué yo? —pregunté, parpadeando constantemente y dedicándole un, nada amigable, ceño fruncido.
—Luces como Víctor en mi imaginación —contestó, encogién-dose de hombros.
— ¡Esa no es una respuesta válida! —le acusé, saltando fuera de mi asiento.

La profesora me dedicó una sonrisa de oreja a oreja y me llamó al frente. Con renuencia, me dirigí hacia donde estaba ella; mis manos iban convertidas en puños, enterrando mis uñas en las palmas para tratar de calmar el enojo ¿qué le había echo a ella para que me quisiera como el personaje principal?

—Sé que necesitas un A+ para acreditar el semestre, Edward —susurró, lo suficientemente bajo para que sólo yo pudiera escucharla—. Y pienso aprovecharme de ello.

Me tendió la copia del guion, sin borrar su sonrisa, la cual había pasado de amigable a cínica, ¿sólo yo veía eso? Mordiéndome la lengua y tragándome todas las protestas que tenía, tomé la copia y me dirigí a mi lugar, dejándome caer en el asiento. Sentí la mirada de Isabella taladrarme, pero hice uso de mi último gramo de paciencia y la ignoré, posando la mirada en el escenario, en un punto muerto.

La señorita Rosenberg comenzó a parlotear sobre la obra de teatro y nos dijo la importancia de interpretar correctamente a nuestros personajes, de conocer sus sentimientos y saberlos entender para poder expresarnos debidamente. La mayoría de las cosas que ella dijo, las eché en saco roto, no quería escuchar a esa loca abusadora.

Tan pronto como sonó el timbre, tiré mis cuadernos y la copia del guion en mi mochila y me la colgué en el hombro, dispuesto a salir pitando del auditorio. Pero una pequeña mano tomó mi brazo y me hizo volverme.

— ¿Podemos hablar? —preguntó Isabella.

Me revolví incómodo fuera de su toque.

—Llevo prisa —mentí.
—Sólo será un minuto —insistió.

Suspiré. Dedicarle unos cuantos minutos de mi tiempo a la chica podría ayudarme a hacerle ver que trabajar conmigo como coestelar no era algo que ella quisiera. Si era inteligente, persuadiría a la profesora para que me mandara al coro con los demás, no es algo que me agradara pero me parecía más tolerable que ser la estrella de la obra.

—Está bien —acepté.

Ella me sonrió débilmente y esperó a que el auditorio quedara vacío, entonces se aclaró la garganta y levantó sus ojos achocolatados hacía mí.

—Se ve a primera vista que eres un chico problema —dijo, sin andarse con rodeos.
—Eres lista —contesté, dedicándole mi sonrisa torcida.
—Como sea, esto es importante para mí y para la señorita Rosenberg y me gustaría que le pusieras todo tu empeño.
—A mi no me importa si esto es importante, ¡es una mierda! Yo no quiero ser el personaje principal masculino, tal vez deberías decirle a la profesora que soy un asco actuando y que mejor me mande al coro, o mejor aún, que me saque de la obra.
— ¡No haré eso! —sus mejillas se iluminaron de un pálido color rojo… y me sorprendí encontrando dicho color adorable.

Sacudí la cabeza para desechar la idea y le dediqué una mirada hostil a la chica frente a mí.

—Pues no pienso cooperar en esto. No quiero actuar.
—Tendrás que hacerlo —debatió, su voz tomó un aire de de-terminación y tuve que morderme la lengua para no reír ante su rostro malhumorado—. La profesora Rosenberg me contó sobre tu A+

Mi humor se desplomó, le di una mirada fría y me di media vuelta, encaminándome a la salida.

—Quiero ensayar —gritó detrás de mí.
—Suerte con ello, espero que disfrutes ensayar tú sola —grité en respuesta, antes de abrir las puertas del auditorio y salir sin mirar atrás.

Más tarde me encontré con Jasper y Emmett, mis únicos amigos en todo el pueblo. Jasper era un tipo estudioso, se la pasaba con las narices metidas en los libros. Emmett, por otro lado, era más parecido a mí, pasábamos la noche de fiesta en fiesta y pocas veces nos preocupábamos por la escuela.

—Ya escuché las buenas nuevas —se burló Emmett.

Le di una mirada asesina. No era novedad que los chismes volaran en ese diminuto pueblo.

—No bromees, Emmett. Por un momento sopesé la posibilidad de lanzarme contra la profesora Rosenberg y estrangularla con mis propias manos.

Emmett soltó una risotada.

—Por primera vez, estoy feliz de haberme inscrito en literatura como optativa —se burló—. Creo que actuar junto a la santurrona Swan será bueno, ¿te la imaginas sin esos feos suéteres de anciana? Creo que jamás la he visto sin ellos ¿recuerdas cuando íbamos en el jardín de niños y ella no soltaba su biblia? Me alegra saber que al menos ya aprendió a dejarla en casa, era tan extraño verla por ahí leyendo salmos y todas esas cosas.
— ¡Cierra el pico, McCarty! —gruñí, masajeando mis sienes.
—No es bueno que te burles de ella —regañó Jasper—. Escuché que ella realmente irá al convento el año entrante. Pienso que le sentará bien, es una buena persona.
— ¿Podrían, por favor, hablar de otra cosa que no sea la chica Swan? —Rogué.

Jasper se limitó a asentir y Emmett bufó alto y susurró "princesa" para mí. Decidí dejarlo pasar, no tenía ánimos de discutir con la montaña de músculos descerebrada.

Nos encaminamos hacía la cafetería, compré mi almuerzo y me fui directo a nuestra mesa habitual al final del salón.

— ¿Qué harán este fin de semana? —pregunté tratando de despertar el entusiasmo en Emmett y hacerlo llenar los espacios en blanco.
—Yo iré con mi abuela, mi tía victoria llamó a mi madre para decirle que ella está realmente mal —dijo Jasper.
—Oh —no fui capaz de decir nada más, en parte que no sabía que decir y en parte porque un movimiento detrás de Jasper llamó mi atención.

Levanté la vista y me topé con esos irritantes ojos chocolate, ¿acaso no iba a dejarme en paz?

—Edward, de verdad debo hablar contigo —susurró, sin levantar la vista de su bandeja de comida.

Emmett levantó la vista hacia ella y sonrió malosamente hacía mí.

—Hey, Isabella —comenzó, le di una patada por debajo de la mesa pero eso no inmutó su rostro sonriente— ¿Por qué no te sientas con nosotros?

Ella alzó la vista y le dedicó una sonrisa genuina que iluminó su rostro de mil maneras distintas.

—Muchas gracias, pero solo quiero cruzar unas cuantas palabras con su amigo.

Emmett me miró de refilón.

—Vamos, insisto en que te sientes con nosotros. Apuesto a que mi amigo Eddie está encantado.

Fulminé a Emmett con la mirada y le di otra patada por debajo de la mesa pero él no se movió ni un centímetro, sino al contrario, ensanchó su sonrisa y separó la silla que estaba a su lado y se puso de pie para ayudar a Isabella a tomar asiento.

—No creo que sea una buena idea —apuntó ella sabiamente.

Pero Emmett no escuchó. Le quitó la bandeja de las manos y la puso en la mesa, luego la tomó del brazo y la hizo tomar asiento. Sentí la furia arder dentro de mí, esa chica lograba ponerme de malas con su simple presencia.

—Dime, Isabella ¿ya tienes pareja para el baile de navidad de este año? —preguntó Emmett, tomando asiento a su lado.

El rubor volvió a subir por sus mejillas y negó con la cabeza, fijando la vista en su bandeja de comida.

—Vaya casualidad, nuestro amigo Edward tampoco tiene una pareja —señaló Emmett.

Lo miré aterrado… él no… no sería capaz de… de comprometerme con ella. No con ella.

—Hey, tal vez deberían ir juntos —dijo Jasper, uniéndose a Emmett para fastidiarme.

Ella levantó la mirada, su ceño estaba fruncido y sus labios estaban despegados, dejando que sus dientes frontales se asomaran ligeramente. Tragó inaudiblemente y fijó su mirada en mí.

Algo pasó en ese momento. En el instante en que sus ojos achocolatados se fijaron en los míos, todos mis argumentos para desechar la idea, se disolvieron. No fui capaz de volver a juntar dichos pensamientos, me sentía aturdido, como si una corriente eléctrica me hubiese sacudido todo el cuerpo. No podía pensar en nada más que en el líquido achocolatado dentro de sus ojos y en el calor que los mismos destilaban.

—Eso estaría… bien —me encontré diciendo en medio de mi aturdimiento.

El ceño fruncido de ella se desvaneció y el mismo aturdimiento que me invadió con anterioridad, se reflejó en su semblante. Ella pareció desconcertada por un minuto. Luego de darse cuenta de que la miraba fijamente, bajó la vista hacia su bandeja de comida y un delicado y adorable rubor escaló hacia sus mejillas.

—Creo que sentarme con ustedes no fue una buena idea —susurró, tomando su bandeja y poniéndose de pie—. Te llamaré, Edward, para concretar los ensayos. Te agradecería encarecidamente si al menos memorizaras tus líneas del primer acto.

Dicho eso, soltó un suspiro y se dio la media vuelta.


Hola, mis amores (L) Bueno, este es un fic que escribí en diciembre del año pasado como regalo para todas aquellas personas que me leen, está disponible en lectura online y descarga en Scrib pero muchas me preguntaron que si no pensaba subirlo acá, y les dije que con el tiempo lo haría. Bueno, hoy quise pasar a dejárselos. Es un fic corto pero con capítulos largos (como ya podrán haberlo notado) Espero que les guste y que me dejen sus rr's :D

El minific ya está terminado por lo que estaré dejándoles capítulos constantemente. Una vez que termine de publicar este les dejaré el minific que escribí para san valentín.

Pd: El fic está inspirado en el libro de Nicholas Sparks, "A walk to remember", hermoso libro y más que recomendado.