დ Capítulo 4

E

stampé mis labios contra los suyos, los cuales eran suaves, cálidos, y con sabor a espaguetis. Sentí un cosquilleo recorrerme el cuerpo e involuntariamente solté un gemido en su boca. Ella enredó los dedos detrás de mí cuello y jugueteó con mi cabello, encajando su cuerpo al mío.

Rompí nuestro beso antes de que perdiera el control y di un paso hacia atrás para medir su reacción.

Sus dedos volaron a sus labios, los tocó levemente con las yemas de los dedos y disparó su mirada hacia mí. Sus ojos estaban ampliados y su respiración se acercaba la hiperventilación.

—Lo… lo siento —tartamudeé, sin llegar a saber por qué me estaba disculpando.

—No lo sientas —respondió, sonriendo tímidamente y bajando la mirada a sus palmas.

La señora Grey llegó en ese momento, demandando nuestra presencia en el salón para cantar con los niños. Isabella saltó detrás de la señora Grey y yo las seguí de cerca.

En el medio del salón descansaba un piano de cola negra, los niños se arremolinaban a su alrededor, sentados en el suelo y con las piernas cruzadas.

— ¿Tocas? —preguntó Isabella, cuando se dio cuenta de que no le quitaba el ojo de encima al piano.

—Muy poco —contesté, encogiéndome de hombros.

Me sorprendió, tomándome de la mano y llevándome hasta el piano.

—Tú tocas. Yo canto —ordenó, sin eliminar la sonrisa de su semblante.

Mi cerebro ni si quiera quiso pensar en una excusa. Me senté en el banquillo y pasé la yema de los dedos sobre las teclas, saboreando las sensaciones que el rose de mi piel contra el frío material, provocaba en mí.

Mientras yo tocaba "Santa Claus is coming to town" en el piano, Isabella cantaba con una sorprendente voz de soprano y los niños se mecían en sus lugares y cantaban en voz baja, aplaudiendo y sonriendo, sin perder a Isabella de vista. Justo como yo.

Ella pasaba sus dedos entre su cabello de vez en cuando y al cantar el coro, cerraba los ojos y su ceño se fruncía ligeramente. El recuerdo de la visión de su rostro sereno y concentrado es algo que jamás cambiaría, ni por todo el oro del mundo.

Salimos del orfanato antes de las nueve de la noche, el viaje fue en silencio pero no me sentí incómodo. Había entendido que Isabella era de esas pocas personas que podían apreciar el silencio y vivir cómodas entre él.

La dejé en su casa y después partí a la mía con un montón de imágenes suyas bailando en mi cabeza. No me había atrevido a besarla en el umbral de la puerta de su casa, no se sentía correcto y aun sentía el sabor de sus labios de miel sobre los míos. En lugar de eso, ella me dio un tímido "Gracias por lo de hoy" y entró a su casa. Ni un beso en la mejilla ni una mirada de soslayo. Pero no me alarmé, esto era tan nuevo para ella como lo era para mí.

Al día siguiente, en clase de Teatro, la vi entrar llevando esos feos suéteres dos tallas más grandes y su cabello alzado en un moño. No negaré que me desilusioné un poco, esperaba ver a la misma Isabella del día anterior; me recordé que ella había vestido así desde que la conocía, tal vez la escuela le intimidaba en sobremanera.

Ella se sentó a mi lado, como siempre. Me miró de soslayo pero se mantuvo su vista en el libro frente a ella, conociéndola, sabía que estaba leyendo la biblia y que, como cualquier buen lector, le molestaría si le hablara, por lo que me hundí en mi asiento y miré a un punto muerto en el frente del escenario.

Ese día terminamos de ensayar el primer acto y comenzamos el segundo, yo había memorizado mis líneas a la perfección y la señorita Rosenbeg estaba extasiada, parloteando con que la obra de este año sería la mejor de la historia.

Los días pasaron y cada vez Isabella y yo estábamos más y más cerca. Después de lo sucedido en el orfanato, había tomado la costumbre de llevarla a casa; Emmett y Jasper se habían mostrado sorprendidos por mi relación con ella, pero aún nada era formal. Solía llevarla a casa, pero sólo eso. Nuestra relación era la de unos buenos, buenos amigos.

—El baile de navidad está cerca —dijo Jasper, un día de noviembre en la cafetería.

—No sé ustedes, pero yo ya aseguré a Rosalie Hale como mi pareja —alardeó Emmett.

—Yo se lo pediré a Alice Brandon en clase de Químicas —anunció Jasper.

Ambos me miraron cuando yo no dije nada. Con los ensayos de la obra, me había olvidado por completo del baile de navidad.

—Se lo preguntaré a Jessica Stanley —murmuré, jugando con mi tenedor.

Emmett bufó.

—Buena suerte con Stanley —dijo Jasper.

Me encogí de hombros. Es cierto que había pasado bastante tiempo con Isabella, pero llevarla a ella al baile de navidad eran palabras mayores. Sí, era linda y sí, me atraía en una manera que no podía explicar fácilmente, pero el baile de navidad… bueno, en realidad me esperaba llegar al baile del brazo de la señorita Stanley, una linda pelirroja, con la piel más pálida del pueblo y la sonrisa más dulce del condado.

Vale, tal vez estaba exagerando, pero Jessica Stanley era muy hermosa y yo quería con ella al baile.

—Si quieres ir con ella, deberías ir apresurándote. Escuché decir a Newton que la invitaría después del partido de mañana —dijo Emmett.

Newton era nuestro quarterback estrella, y era bien sabido que estaba muerto por Jessica pero, como toda chica, se hacía del rogar para el pobre de Newton.

Esa tarde, al terminar la clase de teatro, Isabella se acercó a mi volvo y subió al asiento del copiloto. Se mordía el labio constantemente y sus manos temblaban levemente.

— ¿Todo va bien? —pregunté, viéndola de reojo.

Ella asintió.

—Parecer nerviosa —insistí.

Se volvió hacia la ventana y no dijo nada. Yo tampoco hice nada por salvar nuestra conversación, tenía cerca de una semana hallándose así de nerviosa.

Cuando llegamos a su casa, bajé del coche y abrí su puerta. Sus ojos chocolates se fijaron en mí y parecían gritar algo que yo no podía entender.

— ¿Vas a invitarme al baile de navidad? —preguntó. Parecía esperanzada.

Tragué audiblemente y aparté la mirada, ¿qué podía decirle? Meses atrás había dicho que sería una buena idea, pero sinceramente solo era para hacerla sentir incómoda.

—Planeaba ir con Jessica Stanley —murmuré.

Isabella bajó la mirada a sus dedos entrelazados y asintió una vez.

—Es una buena chica, nunca falta al servicio los domingos —susurró, levantando sus ojos hacia mí.

Había un brillo en ellos que no logré identificar y me pregunté por un segundo si ella habría querido ir conmigo al baile de navidad.

Después de eso, ella se despidió y yo me fui a casa. Más tarde pasé por casa de Jessica y ella accedió a ir conmigo al baile, diciendo que pensaba que nunca se lo pediría.

Los días siguieron su curso e Isabella no volvió a mencionar el baile de navidad, aun cuando los carteles estaban pegados por toda la escuela. Hice el intento de mencionarlo un par de veces pero ella se salía por la tangente, siempre cambiándome el tema.

A finales de noviembre casi podíamos decir que la obra de teatro estaba lista para ser montada, todos estábamos sumamente nerviosos pero la que se veía más afectada era Isabella. Habían aparecido bolsas negras debajo de sus ojos, su piel perdió el color habitual y pocas veces se sonrojaba, sus ojos lucían apagados y sus labios rojos estaban pálidos. Le había cuestionado varias veces sobre su salud pero ella decía que era simple estrés lo que la mantenía así, que una vez pasada la obra de teatro volvería a la normalidad.

Me obligué a creer en su palabra, pero había algo en sus ojos que me decía que no podía creerle, que algo andaba mal con ella y que se negaba a decírmelo.

Días después de haber terminado los ensayos de la obra, cuando sólo faltaban tres días para el baile de navidad, me dejé caer por la oficina del Sheriff.

—Edward, ¿qué sucede? —preguntó al verme atravesar el umbral.

Recordé la última ocasión en que nos habíamos visto y comprendí la razón de su preocupación. Levanté las manos para calmarlo y él señaló a la silla frente a su escritorio.

—Tiene que ver con ella —preguntó.

Asentí.

—Habla —me ordenó.

—Ella no ha querido decirme que es lo que le sucede pero he notado como sus ojos han perdido brillo, como su cuerpo se estremece con mayor facilidad y como sus mejillas están apagadas casi todo el tiempo—susurré—. Le he preguntado una y otra vez que es lo que le pasa, pero ella se ha cansado de venderme la patética idea de que todo es debido al estrés de la puesta en escena de la obra de navidad.

El sheriff me observó por un largo rato, luego dejó descansar su rostro entre las manos.

—Ella no quiere que lo sepas —murmuró.

—Pero tengo derecho a saberlo —salté.

El Sheriff negó con la cabeza.

—No necesitamos tu lástima —dijo, descubriendo su rostro.

— ¿Lastima? ¿Quién está hablando de lástima?

—Será mejor que te vayas, muchacho —soltó, poniéndose de pie.

—Pero no hemos terminado de hablar.

—Sí, ya he terminado —respondió hostilmente.

El día del baile de navidad llegó. Me preparé con un traje negro y una corbata azul. Pasé por Jessica a las ocho, llevaba un vestido negro, entallado y le llegaba a media rodilla, su cabello rizado estaba alzado en un moño, dejando caer mechones enmarcando su rostro.

Al llegar a la escuela, nos reunimos con Emmett, Jasper y sus respectivas parejas. Jessica y yo nos tomamos la fotografía del recuerdo y después nos encaminamos hacia el grupo de sus amigas.

Nos hallábamos cerca de la puerta, escuchando chismorreos de chicas, cuando el ángel más hermoso que había visto nunca, atravesó las puertas del gimnasio.

Llevaba un vestido azul con la espalda descubierta, un escote disimulado pero tentador, el cabello cayendo en cascadas sobre sus hombros, marcando los rasgos de su rostro, sus ojos achocolatados se veían un poco más brillosos y sus labios estaban adornados con un labial rojo. Tan tentador.

Sin darme cuenta, comencé a caminar hacia ella. Sus ojos se fijaron en mí y fue como si todo se desdibujara… dejándonos solo a ella y a mí en el lugar.

Llegué frente a ella, sin separar mis ojos de los suyos. Busqué a tientas sus manos y al encontrarlas, entrelacé sus dedos con los míos y la atraje hacia mí.

—Te ves… —dudé en encontrar la palabra correcta y finalmente me decidí por—: hermosa.

Sus mejillas se tiñeron de un rosa pálido.

— ¿Me concedes esta pieza? —pregunté, llevándola a la pista.

— ¿Y Jessica? —respondió, viendo en su dirección.

—Ella sabrá apañárselas sola —respondí, besando el dorso de su mano y guiándola a la pista de baile.

Comenzó a mover sus pies al ritmo de una canción calmada. Me embriagué inhalando su aroma a fresillas y la exquisitez de su rostro. No podía negarlo más… no podía engañarme más. Aquella chica que me desagradaba en un principio, que parecía tan pura y santa… me tenía con la cabeza vuelta al revés.

Tomé su barbilla y la halé hacia atrás, dejándome observar su rostro más de cerca. Ella sonrió. Yo sonreí. Y nuestras miradas, al igual que nuestros labios, se encontraron.

—Isabella. Isabella —susurré su nombre como una letanía—. Hay algo en ti que me tiene loco… no puedo explicarlo. Sólo sé que cuando estoy contigo mi corazón se acelera a velocidades inimaginables.

—Me pasa lo mismo cuando estoy a tu lado —susurró, hundiendo su rostro en mi pecho.

Me quedé sorprendido ante su declaración, retuve el aliento por un momento y me tensé en mi lugar. Ella levantó la cabeza, alzó una mano para acunar mi rostro y sonrió.

—La vida es en extremo corta, Edward. He comprendido que no hay mayor cosa que desee que pasar mis días contigo —susurró, poniéndose de puntillas para rosar sus labios con los míos.

La tomé de la cintura y la pegué a mí, no quería separarme de ella. Quería que el momento fuera mágico… inolvidable. Incorrompible.


Espero que les guste el capítulo. Lamento mucho la demora pero mi vida es un completo CAOS, así con letras mayúsculas y pintadas en rojo brillante. La U de letras, la U de contaduría, el trabajo, el drama en mi casa por el cambio de carrera (y facultad, obviamente) y las deudas... ah, literalmente me estoy ahogando con todo lo que me pasa. En fin, afortunadamente las cosas se van arreglando poco a poco, aunque mi sueño de ir a la U de letras se verá truncado por un par de añitos más. Como sea, eso se los contaré otro día con más tiempo.

Les mando un besote y pronto les traigo actualización de "Sencillamente Perfecta", justo ahora estoy escribiendo el capítulo.

Gracias por toditito su apoyo... y hasta pronto :)