14/11/2014 EDITO: He incluido guiones -sí, guiones- a la historia. Ahora si está un poco más decente.

Disclaimer: Todo le pertenece a Matsuri Hino, personajes e historia original. El resto es de mi autoría.


Prólogo.

Sigo queriéndote, es fácil de ver
Pero adivina qué cariño, tú no eres así de bueno para mí.

Bittersweet Memories – Bullet for my valentine.


― ¡Zero-nii!

Cubrió como pudo sus ojos con sus pequeñas manos mientras corría hacia afuera. El frío de la nieve caló sus huesos, obligándolo a bajar sus brazos para abrazarse a sí mismo.

― ¡Zero-nii, la cena está lista! ―llamó una vez más, apenas oyéndose a sí mismo bajo aquella avalancha de viento blanco. Sacudió la nieve de sus hombros tan sólo cubiertos por un frondoso chaleco de lana.

Aún a pesar de que no podía ver nada, supo exactamente que unos ojos iguales a los suyos le observaban desde algún punto, por lo que no se sorprendió cuando unos brazos lo envolvieron, cobijándolo del frío.

― ¿Por qué has venido a buscarme? Te vas a enfermar, Ichi. ―gruñó el mayor de los gemelos, cubriendo a su hermano lo más que podía. Ambos corrieron abrazados hasta el tejado del corredor, refugiándose de la nieve.

― Pero yo quería buscarte como mamá lo hace… ―murmuró Ichiru, tosiendo al mismo instante en que terminó de hablar.

Zero frunció el ceño, disgustado.

― No vuelvas a salir hasta que la tormenta pase. Si mamá no te deja ir al río conmigo porque estás enfermo, me enojaré. ―el menor asintió, entristecido por el regaño de su hermano. Zero suspiró, poniendo ambas manos sobre los hombros de Ichiru para luego besar su frente en un gesto de total hermandad― Quiero que te mejores y salgamos a jugar juntos… ¿prometes que lo harás?

Ichiru sonrió ampliamente, enganchando su meñique con el de su gemelo.

― ¡Ichiru, no te demores tanto allí fuera y trae a tu hermano! ―la voz de una mujer se escuchaba levemente, opacada por la nevazón. Ambos asintieron y Zero jaló de la mano a su hermano, arrastrándolo con él hacia el interior de la casa.

Ichiru sacudía los restos de nieve de sus zapatos, cuando la luz apenas visible de un vehículo frente a la casa llamó su atención. Vio una figura de casi su misma estatura bajar de él con nada más que algo que parecía una bufanda desde aquella distancia sobre los hombros.

Hizo una pequeña visera con sus manos, pensando que funcionaría como en los días de calor, pero no daba resultado. La pequeña figura parecía observarlo y él, en un acto inocente, agitó la mano en su dirección saludándolo alegremente.

― ¿Quién es? ―Ichiru brincó al sentir la voz de su hermano rozar su oído, Zero simplemente apoyó su mentón sobre su hombro con expresión aburrida. Entonces fue que con un poco de esfuerzo, pudo ver unas enormes gemas carmesíes brillar en la blancura.

Sus ojos amatistas se abrieron de par en par mientras un débil aroma que ya tan bien conocía llegó a sus fosas nasales, activando todas sus alarmas mentales.

Sabía que debía jalar a su hermano tras de sí, enviarle a buscar a sus padres y quedarse protegiendo la entrada con las pocas técnicas de cazador que había aprendido del Maestro, sabía que debía ponerse a la defensiva…

… pero no pudo.

En vez de jalar de su hermano y sacar la cuchilla de su pantalón, lo único que hizo fue quedarse allí, observando detenidamente esos ojos que le parecieron extrañamente inusuales. Nunca había visto unos ojos tan brillantes como esos.

No sabría decir cuánto tiempo exactamente se quedaron así, los tres sin moverse un ápice de sus puestos, sólo mirándose de hito en hito.

― … Zero-nii, es un vampiro ―susurró el menor sin despegar los ojos de la lejana figura. Su hermano asintió, sin apartarse de él.

No fue hasta que la sombra se fue que se atrevieron a moverse. Ichiru observó a su hermano sin saber muy bien qué decir, y Zero parecía estar en la misma situación.

Así que simplemente posó su dedo índice sobre sus propios labios, sonriéndole cómplice a Zero, quién también rió.

Era un secreto.


Takuma pinchó el hombro de su amigo, distrayéndolo.

― ¿Qué hay ahí fuera? ―preguntó curioso al ver como los ojos de Kaname permanecían quietos, observando algo en la distancia.

El pequeño Kuran exigió querer bajarse, siendo obedecido sin dudarlo por parte de los sirvientes de Ichiou, quien aún era su tutor en ese entonces. Los orbes esmeraldas de Takuma observaron al vampiro purasangre con curiosidad, queriendo ver él también.

«Ah… pero se está tan cálido aquí dentro…»

Las botas de Kaname golpearon la nieve con un sonido sordo. Tanto él como Takuma no aparentaban más de doce años humanos, pero aún así eso no afectaba en lo absoluto en su jerarquía.

Arrastró sus pies hasta la reja que le separaba del jardín de aquella modesta casa, apoyando su frente en ella. A la distancia podía observar como dos figuras corrían en busca de refugio, encontrándolo debajo de algo que parecía ser un corredor antes de internarse en la casa.

O al menos eso supuso, porque cuando pensó haberlos perdido, unos brillantes e inocentes ojos color lavanda clavaron su mirada en él, dejándolo totalmente estático bajo la tormenta.

Ocurrió en ese momento, cuando vio una mano siendo agitada en el aire a modo de saludo, que creyó que nada le podría parecer más hermoso que aquella mirada llena de pureza y candidez. No al menos hasta que otro par de ojos, idénticos a los primeros, fijaron igualmente su vista en él.

Pero los últimos en vez de mirarlo con la misma curiosidad que los otros, parecían más bien escrutarlo lo más que podían en aquella tormenta, retándolo a acercarse aún más.

Fue recién cuando el suave murmullo de ambas voces conversando llegó a sus oídos, que se percató de un molesto fuego subiendo desde su pecho hasta afianzarse en su garganta. Estaba sediento.

― ¿Kaname? ―la voz de Takuma proveniente de la ventana semi abierta lo sacó de su estupor, logrando distraerlo lo suficiente― Estamos llegando tarde, Kaname. Mi abuelo se enojará.

El vampiro asintió, pero antes de adentrarse en el vehículo, se giró hacia el sirviente su costado y con voz demandante, preguntó:

― ¿Quiénes son ellos? ―levantó la voz, asegurándose de ser escuchado.

― Los gemelos malditos de los Kiryuu ―le contestaron. Pero honestamente, al pequeño purasangre sólo le parecieron terroríficamente hermosos.


N/ A: Espero que haya quedado más presentable que la primera vez.